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domingo, 30 de agosto de 2026

Frágiles apariencias

Pocas historias sobre el Perú han desafiado sus dilemas en perspectiva con tanta veracidad y angustia como plantea “Cáscaras” (2026). Este drama de 85 minutos compuesto por tres historias medianas en duración, pero de amplitud reflexiva, se aproxima a las herencias coloniales y taras sociales que ni artificios modernos o elegantes disfraces pueden ocultar.

La China (Chávez) y Cheche (Arce)
en "Cleopatra y Chechezade"

Con esta obra de tintes existencialistas, Eduardo Adrianzén (Lima, 1964) se desafía también a sí mismo. Habituado a “recrear” pasajes de nuestra historia con mirada oportuna y delirante ingenio, esta vez, el dramaturgo se ha propuesto explorar en el lejano y sombrío futuro, aunque sin dejar de anidar ficciones en el presente y, otra, a finales de los ochenta. La reciente producción de Dilectos Teatreros vuelve a reunir a este autor con un, cada vez, más consolidado y maduro director Giovanni Arce. Esta dupla creativa desliza preguntas incómodas que el peruano de hoy evitaría por temor o indiferencia, pero que fácilmente podría reconocer como una situación cotidiana a pesar de situarse en contextos atemporales. “Cáscaras” inicia con una historia futurista titulada “Capón”. Esta pieza viaja hasta el 2197, año en el que nuestra república forma parte de un poderoso imperio, uno oriental. En un centro de réplicas humanas “se despierta” Emilio (Rodrigo Chávez), un antiguo hombre de negocios peruano de 84 años, fallecido en 2046, ahora en un cuerpo de 33 años. Lo recibe Andreu-J19 (Arce), un amable ciborg programado para asistirlo en esta regeneración a costa de tres simples preguntas. Con brillantes atuendos, una iluminación magenta –atmósfera ciberpunk– y una enigmática estructura metálica –lo único permanente en este universo efímero–, ambos entablan diálogos que van desnudando su esencia.

Emilio (Chávez) y Andreu J-19 (Arce)
en la futurista "Capón"

Con un gran trabajo del dúo, el potentado aparece como un ser frío e incapaz de comprender las nuevas reglas del mundo, mientras que, en la otra antípoda, el androide de traje escarlata se muestra más cálido, asertivo y hasta agradecido. La segunda historia se llama “Tres dedos” e involucra un episodio de acoso escolar con graves consecuencias en la adultez. Aquí, Valentín (Arce), un afamado sanador holístico, recibe la visita de Ernesto (Chávez), un excompañero de colegio y culpable de su mayor trauma de adolescente. A pesar del daño hecho, éste lo busca como la última esperanza para que su pequeña hija pueda despertar del coma a cambio de una extraña oferta: perder tres dedos de la mano derecha. La dupla actoral trasciende orgánicamente por escenas de venganza, dolor y culpa, pero que fluyen hacia el equilibrio y la paz interior. Con luces y vestuarios neutros, telares con inscripciones en hindi sobre la misteriosa estructura, esta pieza avanza hacia un aura de reconciliación y salvación que se ensombrece con la tercera trama, “Cleopatra y Chechezade”. Es octubre de 1989, el año más difícil para un país que resiste en medio de apagones y crisis. En esta atmósfera lóbrega y mortecina –tan bien lograda en lo técnico y escenográfico–, Eugenio o “La China” (Chávez), un famoso drag de 33 años sobrevive postrado a una penosa enfermedad y con el apoyo de su fiel y ocurrente amigo Cheche (Arce).

Ernesto (Chávez) y Valentín (Arce)
en "Tres dedos"

Cada día se consuela recordando sus shows como “La reina del Nilo”, los amenos relatos de Cheche y un montón de ropa acumulada cerca de un mueble de extraña forma. Pero el dolor avanza al punto que La China ha tomado una decisión que sólo un verdadero compañero podría aceptar, aunque ello signifique resignarse a la nostalgia y la soledad. Con un buen trabajo en dirección, estas fábulas atemporales aprovechan la finitud del cuerpo para sondear el alma que, casi siempre, afronta todo y en silencio. “Cáscaras”, una de las propuestas más sólidas de Dilectos Teatreros, restituye la importancia de la esencia en los escaparates en donde hoy apenas brillan la vanidad, la arrogancia y la soberbia.

Crédito de fotos: Renzo Olaya

FICHA ESCÉNICA
“Cáscaras” de Eduardo Adrianzén
Dirección: Giovanni Arce
Asistente de dirección: Arturo Morán
Elenco: Giovanni Arce y Rodrigo Chávez Terrones
Temporada: Del 07 al 31 de agosto de 2026
Funciones: viernes, sábados y lunes a las 8:30pm / Domingos a las 8pm
Lugar: Auditorio del Británico Cultural (Ca. Bellavista 531, Miraflores)
Entrada: S/ 50 (General) y S/ 30 (Estudiantes, jubilados y CONADIS) en Joinnus
Un montaje de Dilectos Teatreros

miércoles, 19 de noviembre de 2025

Sangre mestiza

Encontrar un lugar en un mundo inestable podría ser una empresa difícil e inconclusa. Nuestro pasado plagado de sangre y dolor marcó a sus venideras generaciones con un sentimiento de desolación que algún autor interesado en este tópico se dignaría a convertirlo en un libreto.
"Herederos - Nuestra sangre, nuestra historia"
bajo la dirección de Giovanni Arce

“Herederos - Nuestra sangre, nuestra historia” (2025), nueva pieza teatral de ficción histórica del prolífico Eduardo Adrianzén (Lima, 1964), aborda la presencia inédita de los primeros mestizos en los orígenes del Nuevo Continente. Una descendencia formada por impulsivos apetitos europeos, ausencias familiares y desprecio por las culturas nativas que marcaría su destino y el futuro. Bajo la lúcida dirección de Giovanni Arce, este montaje retrocede casi cincos siglos para explicar nuestro presente bajo una perspectiva crítica y coherente. De ese modo, Dilectos Teatreros consolida su línea de investigación como base de obras inspiradas en episodios poco conocidos de nuestra historia. “Herederos - Nuestra sangre, nuestra historia” se centra en los hijos de Francisco Pizarro (1478-1541) y Diego de Almagro (1475-1538), los ávidos socios de una aventura que acabaría mal. La dramaturgia de Adrianzén los presenta en una ficción realista con paralelos temporales verosímiles y un humor conectado con nuestros días.

Aleyai (Rebaza) y El Mozo (Baca)

Su elenco paritario asume el enorme desafío de mimetizarse en, por lo menos, una veintena de papeles con aplomo y soltura. Aparecen como uno de los ejes de la historia Francisca Pizarro (buen trabajo de Astrid Villavicencio), la mestiza más importante de su época e hija de Francisco (un inescrupuloso Rodrigo Chávez Terrones). Destaca el protagonismo de su tía Inés Muñoz (la aceptable Valeria Conroy) al asumir su rol como madre de Francisca. Ello no solo revela el lado más oscuro de su progenitor, sino que evidencia los lastres (racismo, clasismo y machismo) que desde entonces arrastra la América mestiza. 

En el otro frente están Almagro (Joel Calderón, tan perturbado como déspota), su hijo Diego “El Mozo” (un acertado Jano Baca) y Aleyai (la muy eficiente Yaremís Rebaza), melliza ficticia de éste último. Estos personajes sobreviven a una crianza disfuncional e intrigas políticas que impiden o complican su desarrollo y búsqueda de identidad.

La propuesta de Dilectos Teatreros aborda la vida
de los primeros mestizos de América Latina

La propuesta abarca referencias y rangos temporales que, si bien son un deleite para historiadores, podrían saturar la fluidez de la trama. Para evitarlo, la dirección se apoya en proyecciones visuales que aligeran ciertas escenas (aperreamientos o epidemias) o dan un mejor contexto (locaciones geográficas). Pero es su trabajo colectivo, contagiosamente dinámico y enérgico, el factor que aprovecha al máximo la naturaleza del espacio, el vestuario y la utilería. Y es que “Herederos - Nuestra sangre, nuestra historia” cuenta no uno, sino infinitos relatos que esconden las afligidas fibras de nuestro continente.


Crédito de fotos: Renzo Olaya (photo.rzo)


FICHA ESCÉNICA

“Herederos - Nuestra sangre, nuestra historia” de Eduardo Adrianzén

Dirección: Giovanni Arce

Elenco: Astrid Villavicencio, Valeria Conroy, Rodrigo Chávez Terrones, Joel Calderón, Jano Baca y Yaremís Rebaza

Temporada: Del 01 al 23 de noviembre

Funciones: viernes y sábados a las 8:30pm / Domingos a las 8pm

Lugar: Asociación Cultural Campo Abierto (Ca. General Recavarren 560, Miraflores)

Entradas: S/ 40 (General) y S/ 25 (Estudiantes y Jubilados) en Joinnus

Un montaje de Dilectos Teatreros

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martes, 27 de mayo de 2025

Arengas del pasado

La historia peruana es un perverso bucle de eventos desafortunados con buen potencial para las ficciones históricas. Bajo esa perspectiva y con cierta grandilocuencia, llega “Clorinda” (2025), la primera obra de Giovanni Arce, inspirada en la escritora cusqueña y precursora del movimiento indigenista que desafió a su época.

Clorinda (Torres Vilar) y Juana (Rebaza),
un encuentro entre el pasado y el presente

En esta pieza teatral se plasman algo más que los pininos literarios de un artista comprometido por nuestra historia. En sus páginas se puede apreciar su afán de investigador peruanista e historiador apasionado –la idea del texto surgió en 2021, en tiempos del Bicentenario y pandemia–, roles que sabe conjugar con su activismo en la esfera pública. Arce complementa su debut como dramaturgo con una dirección eficiente en lo técnico y estético, y con un buen manejo de su elenco. Su montaje logra rescatar a una pensadora humanista silenciada y perseguida en su tiempo al punto de ser considerada una figura de segunda clase. Ya en la obra, “Clorinda” se sostiene en paralelismos temporales entre 2023 y 1909, y flashbacks que narran la vida de Grimanesa Mato Usandivaras (1852-1909), su nombre real. Cada episodio se desarrolla bajo una atmósfera de tensión o incertidumbre por lo que va sucediendo fuera de escena.

"Clorinda" es la primera obra
de Giovanni Arce


En medio de las últimas protestas, Juana, aspirante a actriz (una correcta Yaremís Rebaza) y Richi (un aceptable Ricardo Bromley) invocan a la autora en un supuesto ritual chamánico. De forma inesperada, estos jóvenes cusqueños abren un mágico portal por el que Clorinda (Natalia Torres Vilar, solvente e intensa) se conecta con el Perú actual. 
Aunque esperable, este suceso genera interesantes cuestionamientos sobre nuestra sociedad. La autora reconoce a un pueblo dividido, movido por intereses mezquinos e indeciso de asumir las riendas de su destino. Al parecer, poco o nada ha cambiado entre ambos siglos. Además de decepcionarse de la realidad, Clorinda descubre que su obra trascendió a pesar del menosprecio de sus colegas de época. Y lo hace con una mirada coherente: el exilio en Buenos Aires –su última morada– no impidió que imaginara una patria justa a pesar de la ingratitud de sus opositores.

Juana Gorriti
(Villavicencio)

Y mientras la dramaturgia se esfuerza demasiado por ensalzar la figura social o política de Clorinda, los flashbacks encierran los momentos más sublimes del montaje. Ahí la oficiosa Torres Villar se luce cuando encarna al Cusco y sus raíces incas –con la mística flor ñucchu–, su tierno amor con el doctor Turner o cuando se defiende de los injustos ataques de la crítica limeña. 
Y, sobre ello, es rescatable las tertulias que sostuvo la autora de “Hima Súmac”, drama teatral para el que se prepara Juana, y “Aves sin nido”, novela que le significó la excomulgación, con figuras como Juana Gorriti (Astrid Villavicencio) y Ricardo Palma (Rodrigo Chávez). Estos saltos de tiempo fluyen, entre brumas y apagones, con transiciones poéticas bien secuenciadas, y un vestuario impecable. “Clorinda”, sensible trabajo de Dilectos Teatreros, pone en contexto a esta importante escritora que, gracias a la ficción y una dosis de magia, alcanza su verdadera dimensión histórica.

FICHA ESCÉNICA
“Clorinda” de Giovanni Arce
Dirección: Giovanni Arce
Elenco: Natalia Torres Vilar, Yaremís Rebaza, Ricardo Bromley, Rodrigo Chávez Terrones, Astrid Villavicencio, Melany Soto, Luis Jiménez y Samir Giraldo
Funciones: viernes y sábados a las 8pm / Domingos a las 7pm
Temporada: Del 09 de mayo al 08 de junio
Lugar: Asociación de Artistas Aficionados (Jr. Ica 323, Cercado de Lima)
Entradas: S/ 35 (General) y S/ 20 (Estudiantes y Jubilados) en Joinnus. Consulta por promociones grupales
Una producción de Dilectos Teatreros
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domingo, 12 de noviembre de 2023

Susurros premonitorios

La inevitable muerte de una madre es capaz de quebrar los silencios de sus hijos: tres varones ya adultos. Esta situación límite no solo reunirá nuevamente a estos hermanos para afrontar algo más que la pérdida de su progenitora, sino que será el pretexto para terminar de conocerse y, por qué no, de reconocerse.

Lorenzo (Baca), Nicolás (Chávez)
y Gustavo (Arce) en "Infusión"

“Infusión” (2023), la reciente obra del prolífico Eduardo Adrianzén (Lima, 1964), propone desentrañar los secretos fraternales con una mirada aguda, cómica e indiscreta, un recurso desarrollado a lo largo de sus libretos escénicos y televisivos.
Desde esa óptica, cuestiona ciertos tabúes y paradigmas de nuestra sociedad conservadora y machista. 
Con dosis de humor y frases irreverentes, la pieza se sumerge en la mentalidad de estos hombres que, aunque mayores, son, en esencia, pequeños aprendices. Y es que, a pesar de sus edades, la vocación, la sexualidad y los compromisos sociales son algunos temas que los conflictúan.
La propuesta que codirige Adrianzén con Óscar Carrillo equilibra los momentos peliagudos y dolorosos con acertados contrapuntos confidenciales, musicales (la nueva trova) e, irónicamente, cómicos. Los personajes están claramente ideados para este fin.

Yaremís Rebaza interpreta a las tres enfermeras
llamadas Jady, July y Jenny  
Están Gustavo (Giovanni Arce, de buena presencia), el hermano mayor y encargado del negocio familiar; Nicolás (un preciso Rodrigo Chávez), el segundo, quien, además, rehúye a la idea de casarse; y finalmente Lorenzo (un aceptable Jano Baca), el menor, quien quiere dejar una buena carrera para seguir su verdadera vocación.
A esta inconfundible galería de arquetipos juveniles se suma una sobresaliente actuación de Yaremís Rebaza. Ella encarna con gracia y encanto a las tres enfermeras (Jady, July y Jenny) que asisten a la desahuciada mujer con un trabajo eficiente y detallista. 
Por ejemplo, le basta sujetar el cabello o cambiar su acento para diferenciar a una joven creyente y de otra más atrevida. Esta disparidad de personalidades entre hermanos y técnicas sostiene al montaje y lo rescata de su densidad narrativa del inicio.

Desde una cama de hospital, y oportunamente de espaldas al público, la desahuciada mujer yace inmóvil, pero no silente causando cierta sorpresa y confusión que se resuelve a medida avanza la trama. El uso del espacio y la iluminación son esenciales para elaborar las atmósferas de complicidad, coquetería y confesión.
Con “Infusión”, Adrianzén logra afianzar la visión de su propia dramaturgia de primera mano. Pero logra algo más: invitarnos a aceptar que la madurez puede llegar a cualquier edad y que las grandes lecciones de vida se aprenden, incluso, con la muerte.

FICHA ESCÉNICA
“Infusión” de Eduardo Adrianzén
Dirección: Óscar Carrillo y Eduardo Adrianzén
Elenco: Giovanni Arce, Jano Baca, Rodrigo Chávez y Yaremís Rebaza
Temporada: Del 19 de octubre al 13 de noviembre
Funciones: viernes, sábado y lunes a las 8:30pm / domingo a las 8pm
Lugar: Auditorio del Británico Cultural (Ca. Bellavista 531, Miraflores)
Entradas: S/ 30 (General) y S/ 25 (Estudiantes, jubilados y CONADIS) en Joinnus y en la boletería del teatro
Un montaje de Luftbalun
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viernes, 10 de enero de 2020

El balcón indiscreto

Desde “Deshuesadero” (2014) uno podría intuir la inquietante fascinación de Carlos Gonzales Villanueva por deslizar críticas lúcidas y mordaces en sus comedias negras de atmósferas surrealistas. Un rasgo presente en muestras de su, todavía breve, dramaturgia: “Al filo de la vereda” (2016) u “Oda a la luna” (2017).
Claudio Calmet, Giovanni Arce, Claret Quea
y Augusto Mazzarelli  en "El hombre intempestivo"
“El hombre intempestivo” (2019), contemporánea y existencialista fábula sobre la felicidad y el fracaso, avanza por esos linderos. La historia nace de una anécdota insólita, y se nutre de exploraciones introspectivas, una risueña mirada a la alteridad y los mundos posibles a los que David Carrillo, experto en obras divergentes, añadió personalidad escénica. En la reciente pieza escrita por Gonzales Villanueva, un personaje común, en apariencia, se enfrenta a una sociedad deshumanizada, disfuncional y egoísta, aunque sin saber bien cómo. Con estos pergaminos, la obra ganó el Segundo Concurso Nacional de Dramaturgia Teatro Lab 2017-2018 del Centro Cultural de la Universidad de Lima (CCUL). El protagonista es Emilio (Giovanni Arce y Pedro Cáceres en perfecto dúo), un dramaturgo a la caza de inspiración, que presencia el suicidio de un hombre parecido a él. Este suceso lo hará cuestionarse hasta “desdoblar” su personalidad tímida por otra desinhibida y, en ocasiones, impensada.
Emilio (Arce) y la jefa (Quea)
Desde entonces, el autor sorteará a las terapias de su psicoanalista (papel aceptable de Augusto Mazzarelli) y los anhelos familiares de su adorable esposa (Alejandra Saba en un interesante contrapunto). Sin embargo, no podrá escapar de sus ensoñaciones y pesadillas, las cuales serán inusuales pistas que el espectador irá descifrando desde su desconcierto. Con un trabajo sólido, Arce y Cáceres se intercalan lúdicamente (cada uno) en un plano real/racional y otro imaginario/delirante. Luego, ambos ejes –con roles inspirados de Saba, Claret Quea y Claudio Calmet– engranarán con fluida sincronía sin perder de vista los propósitos de la comedia. Carrillo resuelve esta historia laberíntica y brumosa hasta pulir una comedia fantástica con dosis de humor absurdo; género que exploró con incansable curiosidad en los recordados montajes de Plan 9. El director navega ahora por una puesta reflexiva y arriesgada sin ataduras nostálgicas ni estéticas.
Emilio y su esposa (Saba)
A nivel escenográfico, el detalle más llamativo es una “saliente” o “balcón colgante” que contagia de asfixiante vértigo a una propuesta dinámica: con entradas y salidas de actores y elementos todo el tiempo. 
Otro interesante es la conjunción inteligente de iluminación y utilería que convierten el espacio en una calle oscura, un parque solitario, una casa desolada... Este camaleónico lienzo le permite al director sostener una narrativa de realidad/posibilidad en torno a una pesadilla que desconcierta y atrapa al espectador hasta el inesperado desenlace. Desde su indiscreto balcón, “El hombre intempestivo” observa cómo la infeliz dictadura del éxito (laboral, personal, familiar...) invita a los incautos a desafiar el vacío.

FICHA ESCÉNICA
“El hombre intempestivo” de Carlos Gonzales Villanueva
Director: David Carrillo
Elenco: Giovanni Arce, Pedro Cáceres, Augusto Mazzarelli, Claret Quea, Claudio Calmet y Alejandra Saba
Lugar: Centro Cultural de la Universidad de Lima (Jr. Cruz del Sur 206, Surco).
Temporada: Del 17 de octubre al 01 de diciembre

sábado, 4 de febrero de 2017

Crisis latente

Lejos ser cíclica o lineal, la historia peruana parece ser una cadena de episodios inconclusos. Una tradición fraguada por políticos mesiánicos, revoluciones fallidas y catástrofes de proporciones bíblicas con que Eduardo Adrianzén supo imprimir con agudeza e ironía en “Silencio sísmico” (2016).
Giovanni Arce, Rosello Roggero y
Alain Salinas
Desde algún devastador terremoto –como el ocurrido en 1746– hasta las asonadas golpistas en los tres militarismos: todo confluye en una atmósfera de zozobra constante. El autor inserta pequeñas fábulas sobre nuestras creencias, miedos y sueños para esbozar una sociedad distante y fragmentada.
Óscar Carrillo transforma esta pieza –salpicada de simbolismos y vicios criollos– en un interesante y preciso ejercicio de memoria colectiva. Tras un sólido estreno en el Teatro de Lucía, “Silencio sísmico” instala su epicentro en la Asociación de Artistas Aficionados. Desde ahí estremece y confronta.

TEMBLORES OCULTOS
Esta historia apocalíptica rodeada de una idiosincrasia peruana es sostenida por tres mujeres. La joven Soledad (aceptable papel de Rosella Roggero) decide emigrar para empezar de cero. La detienen los recuerdos del padre, sus temores y dos ex enamorados con quienes extrañamente convive.
Elenco de la obra
Junto a Ariel y Christian (divertidos y opuestos Giovanni Arce y Alain Salinas), conformarán una tríada perfecta para jugosas escenas cómicas. Los atisbos bien logrados de inmadurez, alienación y frescura son equilibrados con la lucidez y cierto desencanto de dos buenos personajes femeninos.
Su madre Esther (delirante Ximena Arroyo) y lectora de cartas astrales, avizora en el viaje de su hija un designio fatal para la ciudad; y la risueña y desenfada abuela Doris (acertada Sonia Seminario). Ellas son el reflejo de un proyecto en diferentes tiempos que, como el país, intentaron –o intentan– no resignarse.

EPICENTRO ESCÉNICO
Adrianzén sitúa la pieza teatral en un momento crítico: 28 de julio de 2016, cuando se renueva la vieja promesa de un mejor país. Se instaura una sensación  de inminente peligro ­–como los tres siglos de silencio sísmico­ en Lima– que se acentúa en una sociedad alienada, indiferente y frívola.
"Silencio Sísmico" la AAA
Un detalle recreado con ironía en las historias paralelas mientras una tensa atmósfera ensombrece el futuro de Soledad y de la ciudad. 
La sobria escenografía apenas basta porque la conexión es inmediata, mérito a la confianza, solvencia e intensidad con la que Carrillo dirige a su elenco.
En sus contradicciones y peculiaridades, “Silencio sísmico” remece los cimientos de una sociedad –tan limeña– obnubilada por aparentes superávits y milagrosos “boom”. Este discurso, irónicamente pesimista, encierra alguna esperanza a la que aferrarse ante una desgracia que se avecina.

Fotos: Silencio sísmico / Lima Vaga / Alondra Florez Quiroz

FICHA ESCÉNICA
“Silencio sísmico” de Eduardo Adrianzén
Dirección: Óscar Carrillo
Elenco: Sonia Seminario, Ximena Arroyo, Giovanni Arce, Alain Salinas y Rosella Roggero
Las funciones van los viernes y sábados a las 8pm y los domingos a las 7pm
Temporada: Del 20 de enero al 5 de febrero
Lugar: Asociación de Artistas Aficionados (Jr. Ica 323, Lima)

sábado, 4 de octubre de 2014

Crisis en Dubái

El apetito voraz de corporaciones multinacionales extingue, de a pocos, la vida del planeta. Sucede ahora y pasará, con inquietante certeza, en 2049. En ese año del epílogo, quizá, cinco implacables gerentes dedicados a desarrollar proyectos de lujo se reúnen en una oficina en “Dubái”.
En esta nueva pieza teatral de Víctor Falcón (este año presentó “Japón”) se desnudan –tal cual– las conocidas ansias de la bonanza económica y la oscura vacuidad humana. Provocadora y monstruosa, “Dubái” es dirigida por Gonzalo Tuesta bajo una perspectiva pragmática, mecanizada y eficiente. Un escenario decadente sobre el que plantear conflictos profundos, temores ocultos y prejuicios acendrados. Que la puesta sea apta sólo para mayores de 18 años es un aliciente más para atreverse a verla. Va hasta el 28 de octubre en el Teatro Racional de Barranco.

Semana de cierre
Cincos ejecutivos deberán preparar un plan de negocios rentable: un resort perdido en la selva. Tienen siete días para elaborar el proyecto, tiempo suficiente para que pongan a prueba sus habilidades y demostrar quién es el mejor para liderar dicho proyecto y ganar la presidencia mundial de la corporación.
La premisa avizoraría una guerra sin tregua entre un buffet estelar integrado por Boris (Renato Medina), Erasmo (Jorge Bardales), Rómulo (Esteban Phillips), Abel (Giovanni Arce) e Ignacio (Ernesto Ballardo): todos astutos, egoístas, ávidos de poder, lascivos y, aunque no lo aparenten, vulnerables. El abogado y psiquiatra (Sebastián Eddowes) es el contrapunto neutro de algunos de los cinco conflictos transversales (familiares, profesionales o psicológicos). La puesta redunda en la sordidez de los personajes y abandona los escrúpulos (como los conflictos sociales) que habrían generado una mayor expectativa.

Caos capitalista
Este fraccionamiento de conflictos se torna difuso hacia el final sin establecerse mayores rivalidades en escena. El desempeño entregado y consciente del elenco es plausible tanto como su propuesta estética corporativa, circular y mecanizada, como los engranes de una fábrica gris.
Y es que “Dubái” no es un manifiesto anticapitalista, pero se le acerca. Derriba los mitos del éxito mercantil apelando al envejecido argumento de que “el fin justifica los medios”. La corporación latinoamericana que los ha contratado es sólo un espejo para reflejar bonanza y maquillar existencias vacías. Pero deja una estela detrás. El montaje escatima al transmitir ese desolador mensaje aunque, sin mal ánimo, olvida observar los reales estragos de un mesiánico capitalismo, sin hurgar en los excesos de sus causantes. “Cierra los ojos. Relájate. Disfruta del final del planeta”. Hacia allá vamos.

Crédito de fotos: Teatro Racional

Ficha escénica
“Dubái”, de Víctor Falcón
Dirección: Gonzalo Tuesta
Elenco: Giovanni Arce, Ernesto Ballardo, Jorge Bardales, Sebastián Eddowes, Renato Medina y Esteban Philipps
Temporada: Del 21 de agosto al 25 de octubre de 2014
Funciones: Jueves, viernes y sábados a las 8:30pm
Lugar: Teatro Racional (Av. Balta 170, Barranco)
Entradas: S/. 25 (General) y S/. 15 (Estudiantes y Jubilados)
Reservas: dubai.teatro@gmail.com