Adaptar una obra clásica al presente es un desafío atractivo, a pesar de los riesgos que conlleva. Un buen ejemplo de ello es “Romeo y Juli” (2023), inédita reversión de la tragedia shakesperiana del dramaturgo galés Gary Owen (Haverfordwest, 1972) que se aproxima mucho a una deconstrucción de las relaciones actuales.
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| Romeo (Pérez) y Bárbara (Villalobos) |
Su historia algo antojadiza, y, a su modo, coherente, sitúa a los jóvenes enamorados de Verona en los suburbios postindustriales de Cardiff. Desde ahí, este naciente amor debe lidiar con las diferencias socioeconómicas y culturales que los separan, así como con nuevas responsabilidades y expectativas personales. El director Mikhail Page traduce esta mezcla de contrastes emocionales y, sobre todo, políticos en un montaje actoral y estéticamente sólido de dos horas y media de función. Ello a pesar de que los dos actos que componen este drama romántico –con breves pasajes de humor negro– podrían resultar muy disímiles.
En la primera parte, aparece un Romeo de 20 años (buen trabajo de Diego Pérez) como un padre rubio y soltero. Su bebe Lucy es la fuerza que lo impulsa en medio de sus inseguridades y torpezas, a los que debe sumar una desquiciante relación con Bárbara (la sobresaliente Erika Villalobos), su madre alcohólica.
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| Los padres (Arregui e Iza) de Juli (Morello) |
Su contraparte, Juli (la sorpresiva Merly Morello) es una brillante alumna de 19 años. Este personaje reluce con sus líneas maduras y asertivas, algo llamativo en alguien tan joven, pero que la actriz conduce con verosimilitud, ya que es consciente de sus ventajas y es fiel a sus convicciones y aspiraciones. Aunque diferentes, ambos jóvenes luchan por aquello que podría cambiar su destino. Mientras Juli sueña con estudiar astrofísica en la prestigiosa Cambridge, Romeo empuja su coche de bebé en medio de trabajos agotadores y precarios, y, apenas, orientado por los descarnados consejos de su madre. Y aunque Owen plantea un abismo entre ambos, su nueva fábula los reúne en un idilio frenético, directo y sin tanto prejuicio que los acerca a estos tiempos. Las consecuencias de este acercamiento propician decisiones súbitas, impredecibles y cuestionables que, por ratos, saturan al espectador durante el segundo acto. Se ve a Juli como oposición natural de sus progenitores, quienes le avizoran un mejor futuro a toda costa. Su madre (Denise Arregui, intenso y entrañable según el momento) y su padre (un preciso Miguel Iza) encarnan el sacrificio parental que se interpone a los intereses de la pareja, pero que se impone a un alto costo.
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| Mikhail Page dirige esta propuesta con una escenografía cargada de luces y sombras |
La decisión de Page de mantener a los tres padres como silenciosos “observadores” del desarrollo de los hijos no es casual. Este detalle juega a precisión con una escenografía de gradas ondulantes y espacios demarcados por la luz y oscuridad que sólo se quiebran en las transiciones de música y fosforescencias.
Con proyecciones siderales y una escenografía de luces dinámicas, “Romeo y Juli” toca temas que evitamos por la corrección política y el postureo moral. Las dos almas de este montaje de La Ira Producciones intentan abrirse camino en un ambiente hostil y desfavorable que, rara vez, se soluciona con buenos sentimientos.
FICHA ESCÉNICA
“Romeo y Juli” de Gary Owen
Traducción: Mikhail Page
Dirección: Mikhail Page
Asistencia de dirección: Daniela Zea
Elenco: Diego Pérez, Merly Morello, Érika Villalobos, Miguel Iza y Denise Arregui
Temporada: Del 09 de abril al 31 de mayo de 2026
Funciones: De jueves a lunes a las 8pm. Domingos a las 7pm
Lugar: Teatro Británico (Ca. Bellavista 531, Miraflores)
Entradas: S/ 50 (Platea) y S/ 25 (Mezzanine) en Joinnus y boletería del teatro. Revisa los precios grupales (4 entradas desde S/ 25 cada uno) y lunes y jueves populares
Un montaje de La Ira Producciones
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