viernes, 1 de mayo de 2026

Cancionero nocturno

Un bar abandonado, recuerdos de un solitario músico y canciones nostálgicas. Esta sobrecogedora atmósfera rodea a “Cenizas” (2025), espectáculo íntimo armado con una precisa selección de escenas, boleros y amores que dejaron huella.

El pianista (Bárcenas) y Ella (Eyzaguirre)

El libreto de Eduardo Adrianzén (Lima, 1964) sostiene su brillo en su naturaleza ecléctica, entre un álbum musical –sin autoría exclusiva– y un drama de amores pasados. Las pistas musicales evocan los años 1940 y 1950, época en la que los amores solían ser elegantes y poéticos, pero no menos apasionados o intensos. Bajo la cuidadosa dirección de Alberto Ísola, el sobrio montaje conjuga con eficiencia el talento vocal, actoral y técnico de su elenco. Tras su primera experiencia, el montaje reafirma esta premisa con su segunda temporada, siempre desde el Auditorio Británico de Miraflores. La trama se cierne en torno a la venta de un olvidado bar, pero con una historia por contar. Este sutil pretexto involucra a un refinado agente inmobiliario (Álvaro Pajares) y un hombre ya mayor (Pepe Bárcenas), cuya infancia estuvo marcada por este recinto.

El agente inmobiliario (Pajares)

Lo que sigue son flashbacks que conectan el pasado del músico con una misteriosa mujer. Aquí aparece la fantasmagórica Ella (solvente actuación de Irene Eyzaguirre), diluida entre la nostalgia, la muerte, los inolvidables amores juveniles o, incluso, la voz de la recordada cantante mexicana Toña La Negra (1932-1982)Estas querencias o desencuentros se plasman en impecables ejecuciones de Bárcenas al piano, con boina o sombrero habanero, y la dulce voz de su compañera. Un buen detalle es el bolero “Cenizas”, que da título a la obra y transmite a la perfección el profundo vacío de las despedidas. Otros sublimes himnos como “Contigo aprendí”, “Historia de un amor” o “La barca” susurran el recuerdo del amado ausente. La complicidad y la ilusión llegan con los versos y acordes más melódicos de canciones como “Nosotros”, “Sabor a mí” o “Bésame mucho”.

La delicada iluminación en "Cenizas" 

Mientras la lista suma otros temas populares, se develan otras aristas subyacentes en su historia. Entre ellos, la lucha constante entre la modernidad y la memoria, visto en el apremiante rol de Pajares, el valor de los recuerdos que imprime Bárcenas, y la resiliencia puesta en marcha por Eyzaguirre en sus enigmáticas identidades. El diseño de iluminación convierte a la escenografía vacía en un lienzo temporal y emotivo. Durante cerca de una hora, el público viaja en tiempos, espacios y sentimientos que, por su aura de recital íntimo con micrófono cromado, perdura en nuestra mirada. Entre lo realista y lo simbólico, “Cenizas” reproduce esas voces de dolor y esfuerzo que inspiran las canciones del imaginario latinoamericano. Una herencia que pone a la música –y, al arte, en general– como el último refugio para la memoria o como un ritual para despedir los aciertos y errores de la vida en una brumosa noche.

Crédito de fotos: Paola Vera 

FICHA ESCÉNICA
Cenizas” de Eduardo Adrianzén
Dirección: Alberto Ísola
Elenco: Irene Eyzaguirre, Álvaro Pajares y Pepe Bárcenas
Temporada: Del 17 de abril al 03 de mayo de 2026
Funciones: viernes y sábados a las 8:30pm / Domingos a las 8pm
Lugar: Auditorio Británico Miraflores (Ca. Bellavista 531, Miraflores)
Entradas: S/ 50 (General) S/ 40 (Estudiante, adulto mayor y persona con discapacidad) en Joinnus
Un montaje en colaboración del Británico Cultural

domingo, 26 de abril de 2026

Miserias políticas

Todo tiene un precio en una república bananera por más siglos de democracia o libertad que acumule. Tal y como sucede con el país imaginario de “La coima” (2018), una de las piezas más lúcidas e incómodas de estos tiempos, y gestado a partir de “El inspector”, comedia del ruso Nikolái Gógol (1809-1852).

El presidente (Huamán) y el japonés (Cárdenas-Natteri)

Martín Velásquez Atoche (Marvelat), el espíritu creativo detrás de esta risueña adaptación, ha creado una nación tan “ficticia” que nos indigna y remece como si fuera nuestra patria. Con ingenio y sutileza, el autor y, además, director ha impregnado precisas dosis de peruanidad hasta concebir una sátira política brillante y eficiente. Tradujo las recientes vacancias y escándalos de corrupción en canciones –de versátil género– y rimas oportunas. En su tercera temporada, con ligeros cambios de elenco, pero siempre desde la Asociación de Artistas Aficionados (AAA), el montaje celebra una edición electoral entre pataletas de fraude y un país inestable. Pero lejos de aleccionar, la propuesta escarba –con facilidad– en la escasez moral de nuestra clase política corrupta, ambiciosa e ineficiente. La mejor muestra de ello es su presidente (el preciso y lúdico David Huáman), cuyo temor a las denuncias pasan desapercibido por su personalidad excéntrica y carismática.

La clase política de un país no tan 
imaginario es posible en "La coima"

En esa línea, le sigue su desconfiado vicepresidente (el ocurrente Miguel Agurto), una arribista premier de gabinete (la aceptable Francesca Vargas) y un fiero ministro de defensa (Daniel Suárez Lezama, de buen trabajo). Este trío representa la cruda forma en que se hace política: cálculo, intriga, traición y envidia. Los dos inefables parlamentarios de su partido (Paola Chacaltana y Víctor Barco, en una dupla que congenia torpezas y humoradas) no parecen ser de mucha ayuda. Y es por ellos que todo este andamiaje político entra en pánico cuando filtran la pronta visita de un importante comisionado japonés de lucha anticorrupción.
Ellos lo confunden con un persuasivo empresario, de camisa naranja y frases de coach de éxito (el solvente Luis Cárdenas-Natteri), acompañado de su fiel secuaz “Chupe” (el histriónico Marvelat). Los enredos salpican a todos, incluso, a la primera dama y su hija (Briscila Degregori y Nicole Nalvarte en roles divertidos e inesperados).

Marvelat escribe, dirige y actúa. Aquí aparece como
"El Chupe" junto a Cárdenas-Natteri y Agurto

El elenco disfruta sus roles y canciones al estilo de una peña de antaño (excelente trío de Manuel Antonio Áivar, Omar Velásquez y Luis Enrique Castillo) que sirve de cambio entre escenas, con el telón abajo. Y también en las desenfrenadas farras palaciegas con la incursión de Ester Fajardo, Melissa Gutiérrez y Kevin Gallegos. El diseño de luces y los desplazamientos están ordenados, así como la estética del vestuario y la utilería. La escenografía, mínima y funcional, sitúa una colección de cajas de colores (rojo, blanco y marrón) con un decorado fácil de mover para indicar el congreso, su restaurante, Palacio de Gobierno o una suite lujosa. Entre fajos de billetes, acuerdos bajo la mesa y mensajes clandestinos, la trama se aproxima a su desenlace tan irónico como desolador. Digno para los libros de historia, “La coima”, laureado trabajo de Butaca Arte & Comunicación, desnuda las trampas y corruptelas que, sean de arriba o abajo, hacen imposible el ideal de país que, tras dos siglos de república, seguimos esperando.

Crédito de fotos: Renzo Olaya

FICHA ESCÉNICA
La coima” de Martín Velásquez (Marvelat)
Basada en “El inspector” de Nikolái Gógol
Dirección: Martín Velásquez
Dirección adjunta: Alejandra Reyes
Elenco: David Huamán, Luis Cárdenas-Natteri, Briscila Degregori, Miguel Agurto, Francesca Vargas, Daniel Suárez Lezama, Paola Chacaltana, Víctor Barco, Nicole Nalvarte, Martín Velásquez, Ester Fajardo, Melissa Gutiérrez y Kevin Gallegos
Orquesta: Manuel Antonio Áivar, Omar Velásquez y Luis Enrique Castillo
Producción ejecutiva: Pilar Cornejo
Temporada: Del 10 de abril al 3 de mayo de 2026
(El 1 de mayo no habrá función)
Funciones: viernes y sábados a las 8pm / Domingos a las 7pm
Lugar: Asociación de Artistas Aficionados (Jr. Ica 323, Centro de Lima)
Entradas: S/ 35 (General) y S/ 25 (Estudiante) en Joinnus y boletería del teatro
Un montaje de Butaca Arte & Comunicación

viernes, 24 de abril de 2026

Misteriosas criaturas

Sergio Velarde recuerda cómo, a inicios de los años 90, una comedia del maestro Sergio Arrau (1928-2017), dramaturgo chileno y alto nombre de referencia para nuestro teatro, cambió su perspectiva. La obra en mención fue “Monstruos en el parque”, una puesta de pocos elementos, pero llena de dilemas de la vida moderna y tristemente vigentes.

El paleontólogo (Lucana) y la actriz (Viñas)

Con esa convicción, a la semana siguiente el futuro periodista cultural y crítico teatral se inscribió en las clases que Arrau dictaba en el Club de Teatro de Lima. Décadas después, Velarde traduciría esta impresión nostálgica en un montaje sobrio e imaginativo bajo la cuidadosa producción de Telón Mestizo y Ciudad Gris ProduccionesEsta vez, la banca de madera y metal, maraña de vegetación al fondo y un farol indiscreto se han instalado en el Centro Cultural CAFAE-SE de San Isidro. El eficiente trabajo de iluminación dentro y fuera de escena, convierten estos recursos de utilería en testigos de un inusual desfile de seres de excéntrica naturaleza. Tras un inicio desconcertante, aunque algo tibio en la escena, “Monstruos en el parque” cobra realce cuando aparecen sus fugaces protagonistas. La propuesta los intercala o combina lúdicamente sin importar si proceden de la realidad o alguna dimensión fantástica, o si sus aspiraciones suenan lógicas o caprichosas.

El esposo (Lucana) y la prostituta (Cuevas)

La galería está compuesta por 12 figuras arquetípicas que, tras su rótulo, ocultan (sin mucho esfuerzo) sus emociones, contrastes y temores más profundos. Como la payasita callejera que busca público infantil para su espectáculo o la actriz madura y algo desdeñosa que le enrostra su casi olvidado estatus. Luego les va a acompañar un paleontólogo invidente que pasea a su atemorizante mascota. Y con un sutil juego de entradas y salidas, pautado con buen timing, aparece una esposa que, con más disfuerzos y manías que razones, persigue el rastro de su descarado esposo infiel, así como a su sensual amante. 
Pronto, fulgura una curiosa niña que elude los peligros de la calle, con su muñeca y un poco de astucia que sorprende, incluso, a una prostituta empoderada que llega al parque. Un policía inusualmente dispuesto, un desenfadado ángel que desea volver al cielo y un ladronzuelo de poca monta completan la colección.

La niña (Viñas) y la prostituta (Cuevas)

Mientras comparten o “se juegan” el mismo espacio –a dúos o tríadas– se delinean entre ellos un sorpresivo vínculo, casual, inevitable y verosímil. Víctor Lucana, Romina Viñas y Mafy Cueva interpretan, con delirante gracia, estos roles entre sutiles cuotas de humorada, elocuente naturalidad y toques de absurdo.
El breve elenco no rehúye a este código escénico salpicado de existencialistas y desencantadas reflexiones. Con ellos, lanzan diálogos lúcidos para sus móviles más apremiantes y despavoridos, que funcionan a la perfección aun cuando Velarde ha respetado –quizá, en demasía– los giros del libreto original en su debut de dirección. Y es que, con décadas en vigencia, el texto de Arrau mantiene sus advertencias sobre una sociedad de seres desolados, quebrados e indefensos como la nuestra. Nacida como un homenaje, “Monstruos en el parque” vislumbra que lo impredecible y lo inevitable de las personas se esconden bastante bien bajo una sonrisa o un gesto amable.

FICHA ESCÉNICA

Monstruos en el parque” de Sergio Arrau

Dirección: Sergio Velarde

Elenco: Víctor Lucana, Romina Viñas y Mafy Cueva

Temporada: Del 15 al 24 de abril de 2026

Funciones: miércoles y viernes a las 8pm

Lugar: Centro Cultural CAFAE-SE (Av. Arequipa 2985, San Isidro)

Entradas: S/ 40 (General) y S/ 30 (Estudiante), S/ 70 (Entrada doble), S/ 90 (Entrada triple) y S/ 125 (Grupal 5 personas) a la venta al 934659298

Un montaje de Telón Mestizo y Ciudad Gris Producciones

viernes, 17 de abril de 2026

Lecciones de historia

En los últimos años la “incapacidad moral” se ha convertido en una poderosa arma de venganza que solo devela la inmadurez política de nuestro parlamento. Gracias a esta manoseada figura jurídica han desfilado ocho presidentes en los últimos 10 años sin que ello signifique una verdadera mejora para 35 millones de peruanos.

Elenco de "PIM", creación colectiva que dirige
Paloma Carpio Valdeavellano

PIM - Permanente Incapacidad Moral” (2024) ha insertado estas continuas crisis de gobierno en un montaje reflexivo, ameno y potente. Sus episodios históricos inspiran escenas que, bajo la solvente dirección de Paloma Carpio Valdeavellano, encuentran el tono de preciso sátira para calar en el espectador / ciudadano.
Tránsito Vías de Comunicación Escénica y Derramando Lisura eluden, con sumo cuidado, el panfleto y sesgos ideológicos hasta equilibrar su mensaje. Sus versiones de canciones famosas, movidas coreografías y estética “chicha” revierten lo denso de los entretelones sociopolíticos para deleite y asombro de su público. PIM” recrea su delirante fábula con personajes de nuestro pasado bajo una premisa irreverente que interpela nuestro presente sin disimulos. En un primer momento, Perú (la precisa Coralí Ormeño) aparece como una dama ingenua y soñadora, dispuesta a sacrificar su libertad por un vínculo duradero y con futuro.

La Ñaca (Oro) se luce en varios
momentos de la propuesta 

Estos romances resultan fallidos, sin importar si el candidato elegido –o, muchas veces, impuesto– fuera de estas tierras o extranjero. Esta larga lista inicia con el conquistador español Francisco Pizarro, continúa con el libertador argentino Don José de San Martín y se prolonga a lo largo de 130 presidentes republicanos. Ni el cambio de milenio ni la proximidad al Bicentenario de independencia trajo mejores prospectos. Y eso es aprovechado por el versátil elenco que, con desenfado y picardía, desfila con impunidad como un dictador de ojos rasgados, un disoluto académico de Harvard, un gringo pusilánime y, más cerca, un político precoz amante de los chifas. Estas escenas de amor se intercalan con sketches que reflejan –y critican– nuestra idiosincrasia. Un gratísimo ejemplo es La Ñaca (un ocurrente y lúdico Jesús Oro), que, con ropajes oscuros y velo en la cabeza, da consejos de moral y buenas costumbres a la desolada novia peruana bajo las excéntricas pautas de lo que parece un talk showY, como el país es más grande que sus dilemas, en otros momentos se perfila como un mercado de soluciones originales para sus problemas estructurales. A toda labia, se ofrecen camisas de color intercambiable (rojo y blanco) para acomodarse al vaivén político, o un práctico almanaque del emprendedor peruano.

El montaje utiliza canciones versionadas y
artículos en venta para nuestros problemas 

Si bien destacan Ormeño y Oro, las múltiples performances de Katiuska Valencia, Natalia Consiglieri, Paulo Cárdenas y Germán Díaz sostienen el montaje. Juntos y, casi sin respiro, los actores se apropian y despegan de roles con la facilidad de quien toma coloridos vestuarios y juega con la utilería exhibidas en escena. Con estas reglas, el montaje desliza sólidas reflexiones sobre la marginación social, la corrupción y las posturas autoritarias que arrastra el Perú desde su fundación. “PIM” reproduce estas taras con excelencia metódica que, cual pesadas cadenas, resuenan ya no solo en himnos libertarios, sino también en la memoria de los peruanos más comprometidos con su historia.

NOTA: “PIM” presentará dos funciones con ingreso libre fuera de Lima gracias al apoyo de los Estímulos del Ministerio de Cultura y el vicerrectorado de Investigación de la PUCP.

El viernes 17 de abril a las 11am en el auditorio Belén Salvatierra, Campus de Ciencias Sociales de la UNSA (Estadio Monumental de la UNSA, Arequipa)

El domingo 19 de abril a las 5pm en el Auditorio del Centro Peruano Norteamericano (Jr. Luis N. Chevarría 128, Puno)

Crédito de fotos: Renzo Olaya

FICHA ESCÉNICA
PIM - Permanente Incapacidad Moral
Creación colectiva
Dirección: Paloma Carpio Valdeavellano
Asistencia de dirección: Pepe Santana
Elenco: Coralí Ormeño, Jesús Oro, Katiuska Valencia, Natalia Consiglieri, Paulo Cárdenas y Germán Díaz
Diseño y realización de escenografía: Colores Castillo
Grabación y mezcla de audio: Joseph Ojeda
Temporada: Del 26 al 29 de marzo de 2026
Funciones: jueves a domingo a las 8pm
Lugar: Nuevo Teatro Julieta (Pje. Porta 132, Miraflores)
Un montaje de Tránsito Vías de Comunicación Escénica y Derramando Lisura

lunes, 13 de abril de 2026

Universos distantes

Adaptar una obra clásica al presente es un desafío atractivo, a pesar de los riesgos que conlleva. Un buen ejemplo de ello es “Romeo y Juli” (2023), inédita reversión de la tragedia shakesperiana del dramaturgo galés Gary Owen (Haverfordwest, 1972) que se aproxima mucho a una deconstrucción de las relaciones actuales.

Romeo (Pérez) y Bárbara (Villalobos)

Su historia algo antojadiza, y, a su modo, coherente, sitúa a los jóvenes enamorados de Verona en los suburbios postindustriales de Cardiff. Desde ahí, este naciente amor debe lidiar con las diferencias socioeconómicas y culturales que los separan, así como con nuevas responsabilidades y expectativas personales. El director Mikhail Page traduce esta mezcla de contrastes emocionales y, sobre todo, políticos en un montaje actoral y estéticamente sólido de dos horas y media de función. Ello a pesar de que los dos actos que componen este drama romántico –con breves pasajes de humor negro– podrían resultar muy disímiles. 
En la primera parte, aparece un Romeo de 20 años (buen trabajo de Diego Pérez) como un padre rubio y soltero. Su bebe Lucy es la fuerza que lo impulsa en medio de sus inseguridades y torpezas, a los que debe sumar una desquiciante relación con Bárbara (la sobresaliente Erika Villalobos), su madre alcohólica.

Los padres (Arregui e Iza) de Juli (Morello)

Su contraparte, Juli (la sorpresiva Merly Morello) es una brillante alumna de 19 años. Este personaje reluce con sus líneas maduras y asertivas, algo llamativo en alguien tan joven, pero que la actriz conduce con verosimilitud, ya que es consciente de sus ventajas y es fiel a sus convicciones y aspiraciones. Aunque diferentes, ambos jóvenes luchan por aquello que podría cambiar su destino. Mientras Juli sueña con estudiar astrofísica en la prestigiosa Cambridge, Romeo empuja su coche de bebé en medio de trabajos agotadores y precarios, y, apenas, orientado por los descarnados consejos de su madre. Y aunque Owen plantea un abismo entre ambos, su nueva fábula los reúne en un idilio frenético, directo y sin tanto prejuicio que los acerca a estos tiempos. Las consecuencias de este acercamiento propician decisiones súbitas, impredecibles y cuestionables que, por ratos, saturan al espectador durante el segundo acto. Se ve a Juli como oposición natural de sus progenitores, quienes le avizoran un mejor futuro a toda costa. Su madre (Denise Arregui, intenso y entrañable según el momento) y su padre (un preciso Miguel Iza) encarnan el sacrificio parental que se interpone a los intereses de la pareja, pero que se impone a un alto costo.

Mikhail Page dirige esta propuesta con una
escenografía cargada de luces y sombras

La decisión de Page de mantener a los tres padres como silenciosos “observadores” del desarrollo de los hijos no es casual. Este detalle juega a precisión con una escenografía de gradas ondulantes y espacios demarcados por la luz y oscuridad que sólo se quiebran en las transiciones de música y fosforescencias.
Con proyecciones siderales y una escenografía de luces dinámicas, “Romeo y Juli” toca temas que evitamos por la corrección política y el postureo moral. Las dos almas de este montaje de La Ira Producciones intentan abrirse camino en un ambiente hostil y desfavorable que, rara vez, se soluciona con buenos sentimientos.

Crédito de fotos: Luis López

FICHA ESCÉNICA
Romeo y Juli” de Gary Owen Traducción: Mikhail Page Dirección: Mikhail Page Asistencia de dirección: Daniela Zea Elenco: Diego Pérez, Merly Morello, Érika Villalobos, Miguel Iza y Denise Arregui Temporada: Del 09 de abril al 31 de mayo de 2026 Funciones: De jueves a lunes a las 8pm. Domingos a las 7pm Lugar: Teatro Británico (Ca. Bellavista 531, Miraflores) Entradas: S/ 50 (Platea) y S/ 25 (Mezzanine) en Joinnus y boletería del teatro. Revisa los precios grupales (4 entradas desde S/ 25 cada uno) y lunes y jueves populares Un montaje de La Ira Producciones Redes sociales: Web / Facebook / Instagram

martes, 7 de abril de 2026

Puños justicieros

Bandoleros y forajidos del Lejano Oeste han tomado por asalto esta apacible villa. Por suerte, dos carismáticos cazarrecompensas han venido a poner orden a esta comarca sin leyes ni autoridades honestas –nuestra tragicómica realidad– en “Reticulatazo” (2025), una delirante aventura de coboyadas hecha para el teatro.

Retícula (Suárez) y Culatazo (Arroyo)
en el Bar de Jimmy (Ríos)

Sus autores, Nicolás Bazán y Fabrizzio Ferreira, han convertido su imaginativo texto en un eficiente revival del recordado género de acción. Sus escenas de pelea, remates cómicos –algunos mejor puestos que otros–, giros de trama inesperados y una entrañable amistad nos atrapan por hora y media de función. 
Esta mixtura narrativa con personajes de western americano, lucha escénica, dosis de absurdo y diversos gags revelan los aportes de Ojo de Loca Teatro, Grito de Calma y Coliseo Palestra en su realización. Y posibilita que el director Luca Reátegui entregue una inédita y amena historia que la platea disfruta sin límites de edad.
Tras una primera muestra en el Museo de Arte de Lima (MALI) el verano pasado, este dúo de justicieros vuelve al ruedo. Esta vez, los sombreros tejanos, fundas de cuero y botas largas tomaron las instalaciones del Centro Español del Perú de Jesús María por dos sábados, aunque con la sensación de tener más funciones.

Yanfri (Bazán) en una misión oficial

Entre juegos de palabras –una fina ironía del libreto– aparecen Retícula (Edson Suárez) y Culatazo (Juan Pablo Arroyo), cuyos nombres forman el título de la obra. Acrobática y divertida, esta arquetípica dupla irradia energía, complicidad y buena vibra que rememora las ágiles rutinas de Bud Spencer y Terence HillLos episodios de lucha escénica están bien pautados en la trama, aunque podrían aprovecharse más, y casi siempre suceden en la taberna de Jimmy (un ocurrente y risueño Paolo Ríos). Pero estos paladines no trabajan solos, sino para la gloriosa División de Recuperación de Fugitivos Relevantes (DREFURE). Desde ahí, y junto a Yanfri (el ingenuo e intrépido Bazán), han jurado limpiar las polvorientas calles de Puya Alta de bandidos, casi sin necesidad de desenfundar sus armas, les basta sus puños y trabajar juntos.
Pronto, deberán seguir la pista de una sustancia misteriosa que vuelve super fuertes a simples malhechores. 
En esas pesquisas, enfrentan a “Los Malditos de San Pepito” (Lucero Lazo, Rodrigo Valencia y Lucciano Murúa), un trío de asaltabancos algo torpes, graciosos y con talento musical, sin saber que detrás existe una peligrosa red criminal. Y aquí surgen los mejores villanos y, quizá, personajes, de la puesta.

Luca Reátegui, director de la puesta, actúa 
en esta propuesta al estilo western

Hablamos de Penitencia (Gabriel Soto de sólido trabajo actoral y despliegue físico) y Sacramento (Reátegui, en un oscuro personaje, en todo el sentido de la palabra). Sus roles como jefe intimidante y cruel secuaz no sólo desencadenan más combates, sino que aportan brillantes momentos de comedia que aprovechan buenos y malos. Un notable mérito de la dirección que dispone de una gran cantidad de actores y extras en varios momentos. Con sutil ingenio, “Reticulatazo” fusiona en su montaje estas escenas de western con secuencias audiovisuales a modo de locaciones, divertidos videoclips, audios de radio La Picosa o “flashes informativos” dirigidos a su público. Ese público que finalmente puede emocionarse con sanos episodios de acción justiciera.

Crédito de fotos: Renzo Olaya

FICHA ESCÉNICA “Reticulatazo” de Nicolás Bazán y Fabrizzio Ferreyra  Dirección: Luca Reátegui Elenco: Edson Suárez, Juan Pablo Arroyo, Nicolás Bazán, Gabriel Soto, Paolo Ríos, Luca Reátegui, Lucero Lazo, Rodrigo Valencia, Lucciano Murúa y David Dávila Temporada: 21 y 28 de marzo de 2026

Funciones: sábados a las 5pm  Lugar: Centro Cultural Español (Av. Salaverry 1910, Jesús María) Una coproducción de Ojo de Loca Teatro, Grito de Calma y Coliseo Palestra Redes sociales: Ojo de Loca Teatro Instagram Redes sociales: Grito de Calma Instagram Redes sociales: Coliseo Teatral Instagram

miércoles, 1 de abril de 2026

Dilemas de criollos y mestizos

Intereses personales, intrigas políticas, represión familiar y otras taras ya normalizadas se desprenden de cada escena de “Dos siglos de sobremesa” (2025). Esas postales tan limeñas –y, por extensión, peruanas– resuenan por su descarnada crítica a nuestra realidad política y social que, con evidente justicia, la van afianzando como un clásico de nuestro teatro contemporáneo.

Constanza (Bazán), Fernando (Chichizola)
y Mariana (Gibbons)

El texto de Eduardo Adrianzén (Lima, 1964) desarrolla esta alegoría sobre el Perú –una más en su extensa producción– con una sazón irreverente y satírica. Su ingeniosa pluma sitúa dilemas familiares, contrastes sociales y referencias históricas en dos épocas separadas por 200 años. En esta mirada a escala presentada por Continente Teatral se revelan los pocos cambios estructurales que ha sufrido el país desde su independencia.
Bajo la acertada dirección de Gustavo López Infantas este sólido montaje celebra su tercera temporada –con guiños de realismo– en la señorial casona de la Asociación Cultural Campo Abierto de Miraflores. 
Anteriormente lo hizo en el auditorio del ICPNA de Lima Centro entre agosto y setiembre del año pasado y, un mes después, en el teatro del Centro Cultural de la Universidad del Pacífico de Jesús María. Y siempre como una puesta en escena coherente en aspectos técnicos, estéticos lumínicos y escenográficos, así como un buen uso del vestuario y proyecciones multimedia.

Miguel (Salinas), Rodrigo (Molina)
y Fernando (Chichizola)

Dos siglos de sobremesa” presenta a dos familias limeñas en dos momentos cruciales para el país, quienes, desde el comedor de la casa, toman las decisiones más importantes. Por ejemplo, en 1824, Rodrigo (Gonzalo Molina, de buen trabajo) y Mariana (la lúcida Urpi Gibbons) arreglan un matrimonio para el “futuro” de su hija Constanza (la aguerrida Paulina Bazán). Por desgracia, y en medio de la disputa entre San Martín y Bolívar, la joven de 21 años no desea casarse con el español Fernando (Gianni Chichizola, verosímil en acento y presencia). Este empoderamiento (racional más que ideológico) de las voces femeninas de esa época juega a favor. Y sostiene a otros personajes de estamentos tan postergados como la criada Teresa (muy precisa Guadalupe Farfán) y la hija de los campesinos Aurelia (la aceptable Sol Nacarino). En especial, cuando se confrontan a Miguel (el eficiente Alaín Salinas), un cruel –y desclasado– capataz, mientras suceden las revueltas indígenas de la hacienda. Dos siglos después, esa familia afronta un nuevo dilema siempre a la hora de la sobremesa. Y aquí ocurre la magia de un guion pensado para un espectador ávido ya que, con sutiles cambios de vestuario, registros actorales, referencias políticas y nuevos personajes –algunos, con una milagrosa evolución social y económica–, logra situar su historia fácilmente en 2024.

La criada Teresa (Farfán)

Esta vez, los padres de Constanza, ya separados, deciden vender la casa de baldosas rojas y blancas a una inmobiliaria dirigida por un arquitecto español (Chichizola) y su asistenta peruana (Farfán). Pronto, las negociaciones involucrarán las opiniones de un ferviente activista político (Salinas) e, incluso, de una humilde encargada de reparto de comida (Nacarino). Estos intercambios de roles y saltos de tiempos resultan tan orgánicos que no distraen, sino refuerzan una decepcionante realidad: qué poco ha cambiado el Perú bicentenario y qué difícil es cambiarlo sin quebrar los privilegios instalados. Y, quizá, esa sea la mayor herencia de “Dos siglos de sobremesa”: poner al alcance de todos un debate histórico y social esperado y justo del que ya es hora tomar parte.

Crédito de fotos: Paola Vera

FICHA ESCÉNICA
Dos siglos de sobremesa” de Eduardo Adrianzén
Dirección: Gustavo López Infantas
Elenco: Gonzalo Molina, Urpi Gibbons, Paulina Bazán, Guadalupe Farfán, Gianni Chichizola, Alaín Salinas y Sol Nacarino
Temporada: Del 06 de marzo al 05 de abril de 2026 (Tercera temporada)
Funciones: viernes, sábados a las 8pm / Domingos a las 7pm
Lugar: Campo Abierto (Ca. Gral Recavarren 560, Miraflores)
Un montaje de Continente Teatral
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