domingo, 30 de agosto de 2026

Frágiles apariencias

Pocas historias sobre el Perú han desafiado sus dilemas en perspectiva con tanta veracidad y angustia como plantea “Cáscaras” (2026). Este drama de 85 minutos compuesto por tres historias medianas en duración, pero de amplitud reflexiva, se aproxima a las herencias coloniales y taras sociales que ni artificios modernos o elegantes disfraces pueden ocultar.

La China (Chávez) y Cheche (Arce)
en "Cleopatra y Chechezade"

Con esta obra de tintes existencialistas, Eduardo Adrianzén (Lima, 1964) se desafía también a sí mismo. Habituado a “recrear” pasajes de nuestra historia con mirada oportuna y delirante ingenio, esta vez, el dramaturgo se ha propuesto explorar en el lejano y sombrío futuro, aunque sin dejar de anidar ficciones en el presente y, otra, a finales de los ochenta. La reciente producción de Dilectos Teatreros vuelve a reunir a este autor con un, cada vez, más consolidado y maduro director Giovanni Arce. Esta dupla creativa desliza preguntas incómodas que el peruano de hoy evitaría por temor o indiferencia, pero que fácilmente podría reconocer como una situación cotidiana a pesar de situarse en contextos atemporales. Cáscaras” inicia con una historia futurista titulada “Capón”. Esta pieza viaja hasta el 2197, año en el que nuestra república forma parte de un poderoso imperio, uno oriental. En un centro de réplicas humanas “se despierta” Emilio (Rodrigo Chávez), un antiguo hombre de negocios peruano de 84 años, fallecido en 2046, ahora en un cuerpo de 33 años. Lo recibe Andreu-J19 (Arce), un amable ciborg programado para asistirlo en esta regeneración a costa de tres simples preguntas. Con brillantes atuendos, una iluminación magenta –atmósfera ciberpunk– y una enigmática estructura metálica –lo único permanente en este universo efímero–, ambos entablan diálogos que van desnudando su esencia.

Emilio (Chávez) y Andreu J-19 (Arce)
en la futurista "Capón"

Con un gran trabajo del dúo, el potentado aparece como un ser frío e incapaz de comprender las nuevas reglas del mundo, mientras que, en la otra antípoda, el androide de traje escarlata se muestra más cálido, asertivo y hasta agradecido. La segunda historia se llama “Tres dedos” e involucra un episodio de acoso escolar con graves consecuencias en la adultez. Aquí, Valentín (Arce), un afamado sanador holístico, recibe la visita de Ernesto (Chávez), un excompañero de colegio y culpable de su mayor trauma de adolescente. A pesar del daño hecho, éste lo busca como la última esperanza para que su pequeña hija pueda despertar del coma a cambio de una extraña oferta: perder tres dedos de la mano derecha. La dupla actoral trasciende orgánicamente por escenas de venganza, dolor y culpa, pero que fluyen hacia el equilibrio y la paz interior. Con luces y vestuarios neutros, telares con inscripciones en hindi sobre la misteriosa estructura, esta pieza avanza hacia un aura de reconciliación y salvación que se ensombrece con la tercera trama, “Cleopatra y Chechezade”. Es octubre de 1989, el año más difícil para un país que resiste en medio de apagones y crisis. En esta atmósfera lóbrega y mortecina –tan bien lograda en lo técnico y escenográfico–, Eugenio o “La China” (Chávez), un famoso drag de 33 años sobrevive postrado a una penosa enfermedad y con el apoyo de su fiel y ocurrente amigo Cheche (Arce).

Ernesto (Chávez) y Valentín (Arce)
en "Tres dedos"

Cada día se consuela recordando sus shows como “La reina del Nilo”, los amenos relatos de Cheche y un montón de ropa acumulada cerca de un mueble de extraña forma. Pero el dolor avanza al punto que La China ha tomado una decisión que sólo un verdadero compañero podría aceptar, aunque ello signifique resignarse a la nostalgia y la soledad. Con un buen trabajo en dirección, estas fábulas atemporales aprovechan la finitud del cuerpo para sondear el alma que, casi siempre, afronta todo y en silencio. “Cáscaras”, una de las propuestas más sólidas de Dilectos Teatreros, restituye la importancia de la esencia en los escaparates en donde hoy apenas brillan la vanidad, la arrogancia y la soberbia.

Crédito de fotos: Renzo Olaya

FICHA ESCÉNICA
Cáscaras” de Eduardo Adrianzén
Dirección: Giovanni Arce
Asistente de dirección: Arturo Morán
Elenco: Giovanni Arce y Rodrigo Chávez Terrones
Temporada: Del 07 al 31 de agosto de 2026
Funciones: viernes, sábados y lunes a las 8:30pm / Domingos a las 8pm
Lugar: Auditorio del Británico Cultural (Ca. Bellavista 531, Miraflores)
Entrada: S/ 50 (General) y S/ 30 (Estudiantes, jubilados y CONADIS) en Joinnus
Un montaje de Dilectos Teatreros

martes, 25 de agosto de 2026

Cenizas y presagios

Los contrastes entre una vida presumiblemente feliz y su natural deterioro se reconstruyen con desencantada ternura en “Pequeño incendio” (2025). Con este singular libreto, Espacio Libre vuelve al ruedo escénico tras una necesaria pausa en la que la exploración de otros formatos creativos y los talleres-montaje inspirados en obras de autores peruanos mantuvieron al grupo en actividad.

"Pequeño incendio", montaje de
Espacio Libre por sus 27 años

Este retorno trae el inconfundible brillo de antaño: un texto de autoría a cargo de Karlos López Rentería, la respetada curaduría de Diego La Hoz y la vital presencia de Eliana Fry García-Pacheco en escena. Esta combinación afianza más esa indeleble filosofía de grupo que han sabido forjar por casi tres décadas por encima de alejamientos y pandemias. Bajo la eficiente dirección de La Hoz, la propuesta se ajusta a los estándares artísticos de Espacio Libre. Dramaturgia peruana, seres en conflicto y diálogos poéticos o metafóricos que parecen no remediar los abismos emocionales que los separan y que aparecen en esta temporada doble (que incluye “Llamada Mofa”) por sus 27 años de resistencia escénica. Pequeño incendio” desafía el tiempo dramático, pero no su ritmo ni energía. Su trama, en apariencia, doméstica oculta con delicadeza los serios estragos del miedo a la soledad o el temor a aceptarse como uno mismo a pesar de los indicios siniestros. Sus personajes encarnan un infausto encuentro entre dos vidas, a simple vista, ajenas y distantes.

Domingo (López Rentería) y Ana (Fry)
en el Club de Teatro de Lima

Por un lado, Ana (Fry García-Pacheco, intensa, frágil y soñadora), una encantadora profesora de yoga y dueña de un apartamento en un tercer piso. Y, por otro, Domingo (López Rentería, taciturno y sutil), un bombero retirado y ocasional compañero que, casi siempre juega a ser un distraído interlocutor o un escapista frustrado. Y logran convencernos de ello. Ambos protagonizan un vínculo ambiguo, exasperante y, a veces, inconexo, que se convierte en una de las mayores virtudes de esta dupla. A ello se suma un ingenioso uso del tiempo (cronología inversa) que va desmantelando esta relación en torno a pistas textuales y escenográficas que exigen a la audiencia, sin que los libre de una confusión inicial. Poco a poco, en esta historia inofensivamente melodramática surgen escenas “absurdas” guiadas por una comunicación imperfecta, en esencia, humana. En ellas, los personajes ensayan frases improbables, miradas esquivas, legendarias premoniciones, azarosas preguntas o enigmáticos silencios que delatan la tensión, nostalgia o desolación que los asedia.

Esta propuesta cuenta con la 
dirección de Diego La Hoz

A pesar de ello, el humor asoma en ciertos reproches conyugales, inefables huidas de mascotas, la aparición de un cuchillo “multiusos” o las fantasías románticas a la luz de las velas. La Hoz dirige este montaje como quien se enfrenta a un inesperado drama con precisos tonos de comedia oscura que su elenco cómplice entiende y aprovecha a la perfección. La iluminación es cálida y tenue adrede, quizá, para que el humo de los inciensos se disipe y dejen a la vista nuevas conjeturas. Cada transición intenta aportar más luces al extraño contubernio, con objetos y vestuarios que se reacomodan, acciones que se rebobinan y diálogos que retoman pistas anteriores en esta dramaturgia en donde la casualidad sobra. Todo este desperfecto regresivo que proviene de los personajes se traslada a un hogar irónicamente lleno de frases inspiradoras y superación personal que no trasciende. Casi a media luz y con un reloj fuera de hora, “Pequeño incendio” extingue las pocas esperanzas a las que nos aferramos cuando se han perdido de vista todas las alarmas y señales del camino.

Crédito de fotos: Espacio Libre 

FICHA ESCÉNICA
Pequeño incendio de Karlos López Rentería
Dirección: Diego La Hoz
Elenco: Eliana Fry García-Pacheco y Karlos López Rentería
Temporada: Del 01 al 28 de agosto de 2026
Funciones: viernes y sábados a las 9:30pm
Lugar: Club de Teatro de Lima (Av. 28 de julio 183, Miraflores)
Entrada: S/ 45 (General) y S/ 30 (CONADIS, Estudiantes y jubilados) en Joinnus
Un montaje de Espacio Libre (Web / Instagram / Facebook)

viernes, 21 de agosto de 2026

Una vida a medias

Existe obras que, por más que se repongan con regularidad, parecen no agotarse en escena. Con cierta modestia, “Ipacankure” (1968) se sitúa con facilidad en esta categoría gracias a los angustiantes dilemas y dolorosos silencios que habitan en sus protagonistas –dos hombres solitarios y marginales–, cuyas voces suenan sin artificios ni poses. Pero no es todo.

Dos (Corimanya) y Uno (Salinas)

El profundo misterio que envuelve a su título la volvió célebre y, como era de esperarse, también a su autor, César Vega Herrera (Arequipa, 1936). Con una trama, en apariencia, sencilla, diálogos desconcertantes, y agudas referencias nacidas de la cotidianeidad concibió un libreto existencialista que marcó un verdadero hito de nuestra dramaturgia. Bajo una cuidadosa dirección de Alberto Ísola, el montaje transita por las pistas poéticas y filosóficas de esta obra de dos actos y un epílogo hasta alcanzar dimensiones universales y humanas tan inesperadas como fascinantes. Un loable mérito para un texto que lleva cerca de seis décadas coexistiendo en el variopinto imaginario del teatro peruano. Ipacankure” presenta a dos personajes anónimos hermanados por la pobreza, el desarraigo y la precariedad. Ambos alquilan una pequeña y poco iluminada habitación, en condiciones todavía más extrañas para la época como compartir una misma cama, utilizar un único piyama entre los dos, o el sólo hecho de que uno duerma a los pies del otro.

"Ipacankure" de César Vega Herrera

Uno (un enigmático y dominante trabajo de Alaín Salinas) y Dos (un sobrio y preciso rol de Herbert Corimanya) racionalizan, a su modo, estas carencias en sus intermitentes conversaciones. Estas tentativas nacen, casi siempre, al amparo de “Ipacankure”, una extraña palabra que se asemeja más a una presencia, y que los acompaña en el descuidada recinto. La convivencia de ambos depende de un vínculo, a menudo, más forzoso que amigable. Y aquí brilla la dirección y la relectura hecha por el equipo de Butaca Arte & Comunicación. Ante el público Uno luce reservado, esquivo a los detalles, y consciente de su situación, pero, además, resignado por más que cambie de trabajo o que los días nublados lo persigan. Al otro extremo de la cama, aparece Dos, más espontáneo. Su modesta labor, un vendedor ambulante de baratijas, se integra a una personalidad optimista y carismática, a pesar de sus apremios económicos. Su curiosidad y preocupación por su compañero puede desquiciarlo, pero se compensa cuando el público disfruta su lado más honesto y conflictuado.

Esta nueva propuesta cuenta con la
dirección de Alberto Ísola 

Salinas y Corimanya aciertan con un trabajo orgánico y sostenido, aun cuando la mayoría de las acciones suceden sobre un viejo catre de metal que apenas cambia de posición. Con miradas fijas y gestos de extrañeza, la iluminación mortecina aporta atmósferas que recogen la rutina acumulada a la noche o la tenue ilusión que se desvanece de madrugada. Con estos elementos, la trama avanza entre diálogos que parecen ir en círculos y reiteraciones (identidad, origen y pertenencia) que van y vienen en la charla. En medio sorprenden fechas imposibles o enfermedades improbables que lindan con algún sentido de Destino o una premonición que difícilmente se pueda evitar, pero que trae un cambio, una pálida esperanza. No obstante, esa melancolía existencialista que impregna “Ipacankure” parece instalarse actualmente en los lúgubres zaguanes y rincones desolados por los que discurre la vida moderna. Quizá, sea una nueva alerta para responder las mismas preguntas que su autor planteaba a fines de los años setenta y cuya respuesta inspiró un grito que sacudiera el alba.

DATO: “Ipacankure” obtuvo una Mención Honrosa del Premio Casa de las Américas (Cuba, 1969), uno de los galardones literarios más importantes de América Latina.

Crédito de fotos: Paulo Yataco

FICHA ESCÉNICA
Ipacankure” de César Vega Herrera
Dirección: Alberto Ísola
Elenco: Alaín Salinas y Herbert Corimanya
Temporada: Del 07 al 30 de agosto de 2026
Funciones: viernes y sábados a las 8pm / Domingos a las 7pm
Lugar: Sala Ricardo Roca Rey de la AAA (Jr. Ica 323, Centro de Lima)
Entrada: S/ 40 (General) y S/ 30 (CONADIS, Estudiantes y jubilados) en Joinnus
Informes y reservas: 903 196 582

viernes, 14 de agosto de 2026

KORTAS – Temporada 23° (Miércoles)

Las noches de buenas historias continúan en KORTAS, uno de los formatos de ficción más esperados del acogedor Teatro Barranco. Su temporada 23 dejó una agradable estela de comedias inspiradas en recompensas improbables, charlas de alcoba y secretos íntimos que disfrutar entre copas y piqueos de su bar Tramoya.

KORTAS Temporada 23 (miércoles)

La noche inició con el ánimo arriba y un cliché interesante. Casa Paréntesis presentó “¿De qué tamaño es tu amor?”, una comedia ligera escrita y dirigida por Arturo Morán y que toca las delicadas hebras de la masculinidad en un mundo de apariencias y expectativas.
Una típica conversa de pareja, Pepe y su novia (Luis Jiménez y Cheli Vera) deriva en una charla sobre el miembro viril. Poco a poco, las bromas dan paso a los cuestionamientos que afectan la confianza del chico en medio de momentos cómicos y enredos divertidos. 
La dupla actoral cumple con estos propósitos hasta un desenlace que fusiona la aceptación personal de uno con los deseos privados de la otra. Con una iluminación sencilla y escenografía de alcoba sofisticada, dominada por un inspirador cartel, la pieza acaba en lo más alto. La siguiente historia instaló un aire fraternalmente macabro en la sala. Escrita por Leticia Arbelo y bajo la dirección de Johan Escalante, “Un arbolito con papá” enfrenta a dos hermanos que deberán cumplir con curiosa y ecológica condición para cobrar la herencia familiar.

"La rata de los dientes"
de Elliot Marcos 

Esta caprichosa premisa es alentada por las llamadas telefónicas de un abogado encargado de cumplir su última voluntad. Desde la funeraria “Sin Retorno”, Caro y Mario (Karin Morris y Walter Escobar) se sientan a negociar –hasta el desgaste– dónde sembrar el árbol del patriarca. Ambos actores apelan a sus recursos histriónicos para compensar la distancia entre ellos con la urgencia de sus apremios económicos. Con buenos apuntes de luz, pocos elementos en escena (dos sillas), el montaje de Butaca C avanza sin temores hasta un final previsible y anecdótico. Un personaje de fantasía y un día para el olvido fueron los ingredientes de la tercera historia de la noche. “La rata de los dientes”, autoría de Elliot Marcos, trae a escena a un popular personaje de infancia que, en apariencia, es la única esperanza de Steve (Gherson Flores). Lejos de traerle algún beneficio, la apoteósica llegada de este elegante y locuaz ratón (Luis Cárdenas-Natteri), le deja una inolvidable lección a este muchacho de bolsillos vacíos. En especial, porque necesita el dinero para las medicinas de la abuela lo que lleva la comedia al absurdo. El montaje del director Renato Pantigoso combina un buen uso del espacio, interacción con el público –con souvenirs incluidos– y una explosiva química entre los dos actores. A ello se suma una cuidadosa producción de Grito de Calma en luces, vestuario y utilería.

"Saliendo del personaje" de
Mónica Villamonte

La cereza del pastel se hizo esperar con “Saliendo del personaje”. Una sólida comedia escrita y dirigida por Mónica Villamonte, cuya eficiente parodia de una conocida telenovela le sirve para describir los enredos de un amor secreto entre los protagonistas de “La pasión del cóndor”. Los cotizados galanes Pablo (Edu Albarracín) y Alonso (Renato Cruces) han mantenido su relación lejos de las cámaras. Sin embargo, el inesperado anuncio matrimonial entre Pablo y Sara (Villamonte), su compañera de novela, desencadena una charla sincera y descarnada entre ambos. La cuidadosa dirección procura escenas con intensidad y verosimilitud de los dilemas de aceptación y reconciliación. La Eme Colectivo logra un montaje ameno gracias a la complicidad del elenco, los giros dramáticos y la edición audiovisual que coquetea con esta ficción escénica.

FICHA ESCÉNICA
KORTAS Temporada 23 (01, 08, 15, 22 y 29 de julio)

“¿De qué tamaño es tu amor?” de Arturo Morán
Dirección: Arturo Morán
Dirección: Arturo Morán
Elenco: Cheli Vera y Luis Jiménez
Producción: Casa Paréntesis

“Un arbolito con papá” de Leticia Arbelo
Dirección: Johan Escalante
Elenco: Karin Morris y Walter Escobar
Producción: Butaca C Producciones

“La rata de los dientes” de Elliot Marcos
Dirección: Renato Pantigoso
Elenco: Luis Cárdenas-Natteri y Gherson Flores
Producción: Grito de Calma

“Saliendo del personaje” de Mónica Villamonte
Dirección: Mónica Villamonte
Elenco: Edu Albarracín y Renato Cruces
Producción: La Eme Colectivo

DATO: Obras seleccionadas para KORTAS Temporada 24° (agosto – setiembre 2026) en el Teatro Barranco

Funciones: martes (Del 04 de agosto al 01 de setiembre)
“A punto de casarme” – José Bendezú
“¿Acaso lo has olvidado?” – RUGE Producciones
“El banquete” – Lorena Aquino
“La danza de los manakines” – Luis David Gartner
Consigue tus entradas en Passline

Funciones: miércoles (Del 05 de agosto al 02 de setiembre)
“¡¿Aliens?!” – Ocho Colectivo
“Locos de remate” – Guille Hidalgo
“Perras” – VAR Producciones
“Ghosting” – Love La Productora
Consigue tus entradas en Passline

jueves, 6 de agosto de 2026

Oscuros recuerdos

¿Puede ocultarse la verdad, o esconderse siquiera, cuando asoma la peor versión de uno mismo? Responder esta pregunta podría resultar difícil cuando las acciones  esquivan los límites morales y jurídicos hasta coquetear con la impunidad emocional de una aventura como sucede en la laureada pieza teatral “Blackbird” (2005).

Ray (Paris) y Una (López Bravo) en "Blackbird"

Esta obra del autor escocés David Harrower (Edimburgo, 1966) plantea, entre claroscuros dramáticos, vacíos legales y delirantes confesiones, la existencia de un delito. Inspirada en un caso real, sus protagonistas reposan en las antípodas de una inaceptable relación entre una adolescente de apenas 12 años y un hombre casado, 18 años mayor. Bajo la dirección –y la oportuna traducción– de Mikhail Page, esta historia cumple con lo que promete: situar en la esfera pública un tema sensible sin evadir la polémica. Este montaje de La Ira Producciones estrenado a inicios de julio lo logra gracias a un elenco comprometido que no tema encarnar una problemática que la sociedad evita. Blackbird” inicia con una imagen desoladora.
A una descuidada oficina de ventanas con vidrios translúcidos y llena de desperdicios, llega una joven de atuendo negro y aspecto misterioso (Tania López Bravo en un papel exigente). Su delicada figura no logra ocultar, por mucho tiempo, su impetuosa personalidad ni el motivo de su visita.

Lia Lee en el cierre
de la puesta en escena

Mientras personas van de un lado a otro, murmurando, aparece Ray (Sergio Paris, convincente y preciso), un deslucido oficinista que se siente descubierto ante la muchacha. La escena es abrumadora, casi incómoda: él está desencajado y ella parece dominar la situación, mientras se instala una atmósfera de culpas sin emitir muchas palabras. Así, se va revelando un espinoso caso policial de corazones rotos, retazos de memoria y líos legales. A través de ágiles diálogos e inevitables careos, López Bravo delinea a Una, su personaje frágil e intenso, refugiado en un amorío del pasado que busca recomponer como solución a la inestabilidad emocional y agobiante soledad de su vida. Su contraparte masculina, en cambio, elude hábilmente responsabilidades afectivas bajo una discreta máscara de confusión y temor. Verosímiles y vulnerables en escena, la dupla se enfrasca en una asfixiante negociación que pesa en una balanza las intenciones, perversas o sentimentales, de ambos con un resultado que evalúa la audiencia. Y, aunque la propuesta no persigue culpables, sí detecta las crisis de mediana edad, la soledad y el deseo como inequívocos combustibles de esta trama de 90 minutos. Pero no funcionan por sí solos, la iluminación, por lo general, de tonos claros se acompañan con breves interrupciones que anteceden momentos reveladores antes de su desenlace.

Mikhail Page dirige esta obra de atmósfera
decadente y apasionante 

Y cuando el equilibrio parece más una quimera, la fugaz aparición de la hija adoptiva de Ray (Lia Lee), casualmente de 12 años, podría despertar nuevas sospechas. Esta sutil ambigüedad devuelve la historia al inicio por más que los sentidos acordes de una canción de Lee a la guitarra –en inglés– indiquen el cierre de esta pesadilla post turno laboral. La escenografía descuidada y el uso adecuado del espacio se suman a los aciertos técnicos de la dirección de Page. Como aquellos pájaros furtivos que presagian tormentos al caer la noche, “Blackbird” guía los haces de luz a los resquicios más oscuros del alma humana, ahí donde coexisten las pasiones más básicas y los riesgos más enfermizos.

Crédito de fotos: Gianella Fernández

FICHA ESCÉNICA
Blackbird” de David Harrower
Dirección: Mikhail Page
Elenco: Sergio Paris, Tania López y Lia Lee
Temporada: Del 02 de julio al 09 de agosto de 2026
Funciones: De jueves a sábado a las 8pm / Domingos a las 7pm
Lugar: Teatro de Lucía (Ca. Bellavista 512, Miraflores)
Entradas: S/ 50 (General), S/ 35 (Jueves Popular), S/ 30 (CONADIS y Jubilados) y S/ 25 (Estudiantes). Promoción: S/ 37.50 (Black Four Pack - precio x persona) en Joinnus
Un montaje de La Ira Producciones y Pilar Cornejo Producciones
Redes sociales La Ira Producciones: Facebook / Instagram
Redes sociales Pilar Cornejo Producciones: Instagram

sábado, 25 de julio de 2026

Una vigilia aventurera

¿Quién no ha tenido pesadillas de niño? Más que despertarnos a mitad de la noche, estos terrores pueden acompañarnos fácilmente más allá de nuestra primera infancia. Quizá, por eso, resulta gratísimo que un proyecto universitario de fin de carrera de artes escénicas haya decidido prestarle atención a través de un logrado montaje musical, sensorial y emotivo.

"Una pijamada de valientes" destaca por su 
propuesta sensorial y lúdica

Con una propuesta ingeniosa y sensorial, “Una pijamada de valientes” (2026) esboza una aventura onírica con buenas dosis de misterio, sugerencia y muchos otros riesgos creativos. La pieza escrita por Mario Mendoza desarrolla esta premisa bajo una trama coherente y lúdica, apta para toda la familia, mucho mejor si son los más pequeños. Para lograrlo, el equipo realizó una interesante investigación sobre los miedos nocturnos más comunes en niños entre 6 y 9 años. Los resultados extraídos del mundo de la psicología inspiran orgánicamente los giros dramáticos que, en escena, afrontan los protagonistas (reales o ficticios), bajo una eficiente dirección de Stephany Iriarte. Con un título sencillo y elocuente, “Una pijamada de valientes” nace en una de estas cómplices divertidas reuniones nocturnas. Ahí, Leo (un aceptable Andrés Vallas), un niño de gafas algo tímido, se da cuenta de que el perrito de peluche con el que duerme se ha extraviado en algún rincón del castillo de sábanas que ha erigido en su habitación.

Leo (Vallas), Mimi (Herrera)
y Morphie (Huamán)

Su curiosa y entusiasta prima Mimi (buen trabajo de Valeria Herrera) decide ayudarlo sin saber que esta búsqueda los llevará a fijarse en un pesado baúl de madera. De ahí emerge un ser mágico muy carismático y vivaz llamado Morphie (Fernando Huamán, preciso y dinámico), quien es un experto cazador de malos sueños. Los tres inician un inesperado viaje por el Laberinto de las Pesadillas en busca de temores esquivos. En esta experiencia brumosa, instalada con la presencia de sombras y luces tenues y azuladas, los aventureros se tropiezan con sonámbulos y otros personajes interpretados con eficacia por María Belén Rodríguez y Rodrigo Alvarado. También se encuentran con sus propios miedos como acudir al dentista o evitar a una estricta profesora de clases. Con personalidades tan disímiles como sus piyamas, el equipo pone a prueba su naturaleza colectiva para descubrir que los miedos no se vencen de forma mágica, sino con una honesta aceptación que propicie la valentía.

Rodrigo Alvarado y María Belén Rodríguez
también integran el elenco de la obra 

La dirección potencia la sensorialidad con elementos fosforescentes (flotadores de neón), un maquillaje que brilla y pequeñas luminarias que refulgen en este lienzo onírico. Pero también apuesta por la música incidental –con dos guitarras que resuelven apostados en la escalera lateral– y canciones originales que el elenco podría ejecutar en vivo. Estos detalles son mínimos y no restan el disfrute del montaje gracias a que el atractivo de los recursos no satura la trama ni su ejecución. A ello se suma un trabajo colectivo plausible que asume una diversidad de personajes –sin mayores contratiempos– y que generan una genuina identificación con el origen de las pesadillas más habituales.
En tiempos en que lo artificial parece mimetizarse o confundirse con lo natural, “Una pijamada de valientes” prefiere explorar lo humano desde el miedo. Desmitificar esta emoción hasta convertirla en una de nuestras mayores fortalezas y oportunidades para crecer sea, quizá, uno de los sueños más esperados por la humanidad.

Crédito de fotos: Renzo Olaya

FICHA ESCÉNICA
Una pijamada de valientes” de Mario Mendoza
Dirección: Stephany Iriarte
Elenco: Andrés Vallas, Fernando Huamán, Valeria Herrera, María Belén Rodríguez y Rodrigo Alvarado
Equipo del proyecto: Nuria Arrese y Paulo Rojas
Temporada: Del 04 al 26 de julio de 2026
Funciones: sábados y domingos a las 4pm
Lugar: Teatro de Lucía (Ca. Bellavista 512, Miraflores)
Entradas: S/ 45 (General) y S/ 40 (Niños) en Joinnus o vía WhatsApp al 978420737
Redes sociales: Instagram
Proyecto universitario autogestionado del cierre de la carrera de Artes Escénicas de la Universidad de Ciencias Aplicadas (UPC)

viernes, 17 de julio de 2026

Medallas anónimas

En esta “sociedad del cansancio” con superávits fugaces y vidas costeables las felicitaciones laborales se suelen agradecer de forma casi automática. Inspirados (o desencantados) en este tópico actual, El Quipu Enredado, elenco teatral de la Casa de la Literatura Peruana (CASLIT), ha estrenado su ¿última? cruzada con el nombre “Prácticas Corporativas” (2026).

Fiorella Bardales y Carmen Rosa Pérez en
"Prácticas Corporativas"

Este montaje –el número 13 de su intensa producción– podría significar el repentino colofón de un ciclo creativo que puso a nuestra literatura en el radar cultural a espaldas de Palacio de Gobierno. Esta vez, el universo elegido se configura desde “La guerra del fin del mundo” (1981), la novela total del Premio Nobel Mario Vargas Llosa (1936-2025). 
Sus páginas cargadas de represión militar, abusos silenciados y cambios en la hegemonía política de fines del siglo XIX inspiran ahora a una comedia ácida e irreverente. Con altas dosis de ingenio y desenfado, el director Roberto Sánchez-Piérola plantea una nueva lucha tomando en cuenta otras contradicciones, también urgentes: las que definen la agitada jornada laboral. Prácticas Corporativas” explora, desde una óptica más interiorizada y coherente, las actuales condiciones de trabajo de la clase que produce. Se trata de un sistema apoyado en premisas de satisfacción personal (que casi nunca son colectivas) y edulcoradas congratulaciones que no cambian las reglas de juego, salvo generen una mayor rentabilidad.

La propuesta que dirige Roberto Sánchez Piérola
destaca por su empleo de títeres y objetos

Una supervisora y su asistenta (las aplicadas Fiorella Bardales y Carmen Rosa Pérez), representantes de la firma Animales Fin del Mundo, convocan a una reunión corporativa extraordinaria. Con un lenguaje sofisticado y técnico, ambas ejecutivas develan, cual fórmulas mágicas, los recursos útiles para trascender o sobrevivir en esta agresiva carrera de ascenso. La propuesta convierte eficientemente el auditorio de la CASLIT en una sala corporativa con butacas en forma de U. Sobre su escenario elevado, los asistentes podrán revisar y elegir qué elementos de los cuatro ítems curiosos y asombrosos incorporar a la nueva cultura laboral que se está implementando en la familia de esta empresa de vanguardia. El primero de ellos es un inofensivo cachorro de peluche, cuyos llamativos accesorios lucen como el mejor mecanismo para sobresalir ante todos. Y, a falta de un video institucional, el segundo ítem regala una de las escenas más lúdicas de la obra cuando unos osados títeres secundados por otros objetos exhiben la fauna que pulula en cualquier centro de labores.

El montaje es la 13° producción de
El Quipu Enredado 

Están los colegas que trabajan para vivir, los que no demoran reportes, los que temen errores, los que exprimen el tiempo porque la maquinaria no puede ni debe detenerse. El tercer artículo tiene apariencia de un temido animal hecho de fieltro y bajo exigentes estándares de calidad que incluye como ventaja competitiva un desafío: salirse del molde.
Finalmente, el último recurso tiene hora y lugar en la agenda (y el corazón) de los colaboradores más valientes. Apenas un puñado de letras impresas en media hoja de papel corriente desencadena un mensaje de esperanza proletaria y aporta un buen cierre a una propuesta que buscó en el humor y la imaginación las claves para restablecer la dignidad del trabajador. La dirección acompaña cada episodio con una ejecución precisa de luces, sonidos y música. El resultado se potencia con una dramaturgia honesta e interpretaciones dinámicas y nada pretenciosas que han definido la breve historia de El Quipu Enredado. Y, aunque el final pareciera inevitable, los nuevos tiempos deben encontrarnos más unidos y fuertes que antes.

FICHA ESCÉNICA
Prácticas Corporativas
Creación colectiva de El Quipu Enredado
Dirección: Roberto Sánchez-Piérola
Elenco: Fiorella Bardales y Carmen Rosa Pérez
Temporada: Del 14 de junio al 26 de julio de 2026
Funciones: Domingos a las 5:30pm
Lugar: Casa de la Literatura Peruana (Jr. Ancash 207, Centro de Lima)
Ingreso Libre (Acudir 1 hora antes para recoger los tickets)
Un montaje de El Quipu Enredado