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lunes, 29 de junio de 2026

Culpables en la sombra

Luchar contra el poder y la corrupción es lo más próximo a iniciar una guerra solitaria o una operación suicida. En especial, cuando no se sabe cuántas manos se ocultan detrás de un perverso mercado que mueve dinero y vidas humanas como sucede en “Crimen impune” (2026), un inusual e imaginativo thriller policial en temporada.

Garay (Ramírez) y Alberto (Calderón)

Su autor, Jorge Bardales, emplea uno de sus géneros literarios favoritos para plasmar un oscuro rompecabezas escénico. Este cúmulo de cuadros breves y crudos monólogos se organiza, en teoría, bajo la complicidad absoluta del espectador, hasta avizorarse un panorama devastado por la ilegalidad, la miseria, la maldad y la indiferencia. Bajo una cuidadosa dirección, Bardales da cabida a una lista de delitos que, aunque periféricos (la minería ilegal), sus heridas (drogas, trata de personas y explotación sexual) resultan cercanas. Y todo aquello que ocurre de forma inadvertida por su engañosa apariencia de legalidad: a veces, un vestido refinado o un uniforme de autoridad. Siguiendo una línea narrativa fragmentaria e intercalada de flashbacks, “Crimen impune” reúne clásicos recursos del género policial en un montaje de hora y media. Por ejemplo, momentos de negociación y careo, múltiples perspectivas (versiones), giros inesperados, altas dosis de intriga por los inusitados acuerdos y vínculos entre los personajes.

Patricia (Serrano)

No es casual que su escena inicial sea un interrogatorio. En él aparecen Alberto (Joel Calderón, en un rol discreto), un psicólogo prestigioso y ético junto a Garay (buen trabajo de Walter Ramírez), un policía astuto y sarcástico, quien, aún con los clichés que carga, es el contrapunto cómico del montaje. Las pistas que persigue van guiando la historia. El terapeuta narra cómo Patricia Rocha (la solvente Kathy Serrano), una intimidante señora de clase alta, lo contrata para atender la agorafobia de Almudena (la intensa Daniella Stornaiuolo), su hija. Sin embargo, el profesional debe realizar sus sesiones de forma virtual, desde la misma casa, pero sin la posibilidad de acercarse físicamente a su paciente. 
Ello ocasiona que la relación de ambos sea tensa y esquiva, con algunas treguas de lucidez entre desvaríos, olvidos y situaciones que podrían vulnerar su ética. De estas charlas surge la imagen de Gerardo Aguilar (Patricio Villavicencio, en un papel carismático y ególatra), un jefe de la minería ilegal y vil engranaje de toda una organización delictiva. Con esta galería de personajes –algunos, logrados con acierto e, incluso, profundidad–, el libreto tiene recursos para sumergirse más en la intriga y la sugerencia antes que regodearse en la impunidad o en las denuncias que la justicia no atiende. Ello se hace evidente cuando el psicólogo comparece ante el oficial por la extraña desaparición de su paciente.

Almudena (Stornaiuolo) en sesión psicológica

Un detalle llamativo si se considera que las luces, los efectos técnicos y la música –blues y jazz– apuestan por la estética de film noir. Por ejemplo, las atmósferas de paranoia que rodean la estación de policía o las delirantes sombras en la casa de Almudena y que se demarcan milimétricamente con humo, un poco de utilería y apenas cintas blancas en el escenario. Lo descrito no presagia, en nada, el desenlace inesperado que le espera a los protagonistas de este preciso montaje de Bravo Productora Artística. Como alude su título, “Crimen impune” pone en evidencia las desgarradoras verdades y miserias ocultas que enriquecen a unos y envilecen a otros sin que nadie tenga claro cómo detener el avance de este cáncer social.

Crédito de fotos: Renzo Olaya

FICHA ESCÉNICA
Crimen impune” de Jorge Bardales
Dirección: Jorge Bardales
Elenco: Joel Calderón, Kathy Serrano, Daniela Stornaiuolo, Patricio Villavicencio y Walter Ramírez
Temporada: Del 16 de junio al 01 de julio de 2026
Funciones: martes y miércoles a las 8pm
Lugar: Nuevo Teatro Julieta (Pje. Porta 132, Miraflores)
Entradas: S/ 40 (General), S/ 35 (Acceso Popular) y S/ 30 (Estudiantes, jubilados y CONADIS) en Joinnus
Un montaje de Bravo Productora Artística
Redes sociales: Facebook / Instagram

sábado, 4 de octubre de 2014

Crisis en Dubái

El apetito voraz de corporaciones multinacionales extingue, de a pocos, la vida del planeta. Sucede ahora y pasará, con inquietante certeza, en 2049. En ese año del epílogo, quizá, cinco implacables gerentes dedicados a desarrollar proyectos de lujo se reúnen en una oficina en “Dubái”.
En esta nueva pieza teatral de Víctor Falcón (este año presentó “Japón”) se desnudan –tal cual– las conocidas ansias de la bonanza económica y la oscura vacuidad humana. Provocadora y monstruosa, “Dubái” es dirigida por Gonzalo Tuesta bajo una perspectiva pragmática, mecanizada y eficiente. Un escenario decadente sobre el que plantear conflictos profundos, temores ocultos y prejuicios acendrados. Que la puesta sea apta sólo para mayores de 18 años es un aliciente más para atreverse a verla. Va hasta el 28 de octubre en el Teatro Racional de Barranco.

Semana de cierre
Cincos ejecutivos deberán preparar un plan de negocios rentable: un resort perdido en la selva. Tienen siete días para elaborar el proyecto, tiempo suficiente para que pongan a prueba sus habilidades y demostrar quién es el mejor para liderar dicho proyecto y ganar la presidencia mundial de la corporación.
La premisa avizoraría una guerra sin tregua entre un buffet estelar integrado por Boris (Renato Medina), Erasmo (Jorge Bardales), Rómulo (Esteban Phillips), Abel (Giovanni Arce) e Ignacio (Ernesto Ballardo): todos astutos, egoístas, ávidos de poder, lascivos y, aunque no lo aparenten, vulnerables. El abogado y psiquiatra (Sebastián Eddowes) es el contrapunto neutro de algunos de los cinco conflictos transversales (familiares, profesionales o psicológicos). La puesta redunda en la sordidez de los personajes y abandona los escrúpulos (como los conflictos sociales) que habrían generado una mayor expectativa.

Caos capitalista
Este fraccionamiento de conflictos se torna difuso hacia el final sin establecerse mayores rivalidades en escena. El desempeño entregado y consciente del elenco es plausible tanto como su propuesta estética corporativa, circular y mecanizada, como los engranes de una fábrica gris.
Y es que “Dubái” no es un manifiesto anticapitalista, pero se le acerca. Derriba los mitos del éxito mercantil apelando al envejecido argumento de que “el fin justifica los medios”. La corporación latinoamericana que los ha contratado es sólo un espejo para reflejar bonanza y maquillar existencias vacías. Pero deja una estela detrás. El montaje escatima al transmitir ese desolador mensaje aunque, sin mal ánimo, olvida observar los reales estragos de un mesiánico capitalismo, sin hurgar en los excesos de sus causantes. “Cierra los ojos. Relájate. Disfruta del final del planeta”. Hacia allá vamos.

Crédito de fotos: Teatro Racional

Ficha escénica
Dubái”, de Víctor Falcón
Dirección: Gonzalo Tuesta
Elenco: Giovanni Arce, Ernesto Ballardo, Jorge Bardales, Sebastián Eddowes, Renato Medina y Esteban Philipps
Temporada: Del 21 de agosto al 25 de octubre de 2014
Funciones: Jueves, viernes y sábados a las 8:30pm
Lugar: Teatro Racional (Av. Balta 170, Barranco)
Entradas: S/. 25 (General) y S/. 15 (Estudiantes y Jubilados)
Reservas: dubai.teatro@gmail.com

sábado, 29 de septiembre de 2012

Los límites del delirio

A veces, la imaginación deja de ser un simple ejercicio de abstracción y se convierte en pasaporte para una fuga perfecta. En “La razón blindada”, texto escrito por Arístides Vargas (Córdoba, 1954) es, en realidad, el único desvío posible para salvar del monótono encierro a De la Mancha y Panza, sus dos excéntricos personajes.
Desde trincheras idealistas, ambos inician, enredan y desarrollan pequeños episodios siempre a espaldas de sus celadores. A través de ellos, mutan su condición real de presos por la de imaginarios aventureros listos a recorrer llanuras poco pacíficas o continentes distantes en los pocos metros cuadrados de libertad por los que transitan.

Cautivante locura
Esta sensación impregnó la última función de la segunda temporada de “La razón blindada”, dirigida por Marco Otoya. Luego de casi un año de su temporada de estreno, este montaje de Panparamayo Teatro regresó a El Galpón Espacio de Pueblo Libre con una maduración notable.
Jorge Bardales, como De la Mancha, Sandro La Torre, a veces, Panza, el galgo Toribio e, incluso, Rocinante, ofrecieron una vertiginosa y ágil interpretación acompasada al ritmo de una dramaturgia brillante y cargada de divertidas metáforas e ingeniosos argumentos. En sus conversaciones –con momentos lúcidos y delirantes– se desafía el poder externo: unos intimidantes ojos plasmados perfectamente con proyecciones de video.
Y, aunque durante la obra se desconocen las razones de su reclusión, todo se sostiene en el anhelo de la libertad: para soñar, imaginar y, por qué no, cuestionar y burlarse de la realidad. Todo esto sucede cada domingo, el único día en que es posible conspirar con cierta facilidad.

Desafiando el riesgo
El discurso de Vargas combina los desbordes irracionales de las recreaciones quijotescas a sus experiencias como el exilio –lo sufrió durante la dictadura militar– o la represión. Por eso esta curiosa alegoría funciona tanto en las escenas de penumbra, mientras se proyectan escenografías, como bajo la luz y ante la presencia de las miradas centinelas.
En esta batalla de adalides y soñadores, el director de la puesta suma un desafío. Otoya confiesa en el programa de mano que “este proyecto surgió de un momento a otro en una época en la que tenía muchas ganas y mucho interés por dirigir, pero también mucho temor por el hecho de que no soy director”.
Sin embargo, este riesgo es bien correspondido en escena. Bardales y La Torre salen en busca de aventuras sobre sillas móviles, armados de cacerolas, tenedores, sutilezas e ironías, mientras que, desde las butacas, el juego de voces y personajes queda al deleite de la imaginación.

Crédito de foto: Luciana Arispe / Panparamayo Teatro

Ficha técnica
“La razón blindada”, de Arístides Vargas
Dirección: Marco Otoya
Asistencia de dirección: Jimena Leyva
Elenco: Sandro La Torre y Jorge Bardales
Escenografía: José Rodríguez
Producción ejecutiva: Ana Claudia Moca
Producción general: Panparamayo Teatro