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martes, 18 de septiembre de 2018

Enemigos silenciosos

Una pequeña escena inspirada en una fotografía –dos niños ayacuchanos desolados por el terrorismo– fue el origen de “Entre colinas y senderos” de Michael Joan. Era 2009 y la idea reposaba en los borradores de un taller de dramaturgia del maestro Arístides Vargas (Córdoba, 1954).
Claudia del Águila y Michael Joan
en "Entre senderos y colinas"
Mientras el texto cobraba forma, Joan aprendía más sobre este autor argentino exiliado en Ecuador desde 1975. Empezó a dirigir obras suyas como “La edad de la ciruela”, actuó en “La república análoga” y ahora acaba de estrenar “Jardín de pulpos”. En estas influencias él encontraría un lenguaje de convicciones históricas y creativas con que explorar las heridas de nuestro pasado reciente. Nueve años después, Joan estrena y dirige su versión final como un inteligente entramado cargado de lecciones y advertencias para aquellos de frágil memoria. Esta propuesta de la Asociación Cultural La Vale es, sin duda, una de las más lúcidas que trae la cartelera teatral.
Entre colinas y senderos” trasciende entre atemporalidades y realidades paralelas y, en apariencia, distantes. Sus personajes emergen desde la evocación y sobreviven camuflados bajo el dolor, la incertidumbre o la esperanza. Joan y Claudia Del Águila, su esposa, entregan un impecable trabajo, de química sinergia e innegable compromiso.
Washington (Joan)
Solo así pueden encarnar a dos niños ayacuchanos atrapados entre dos fuegos: la lucha subversiva y el terrorismo de Estado. En algunos roles buscan perdón y redención –el integrante de un comando paramilitar y su solidaria cónyuge–, y en otros reflejan sucumben a la indiferencia a cambio de favores –un general corrupto y servil y su frívola esposa–.
Con ingenio y versatilidad, Joan brilla como Washington, un niño soñador, o el inefable Cuchito, heredero de la criollada que ha envilecido al Estado, mientras que Del Águila dibuja, entre la ternura y la parodia, los rostros femeninos castigados por la violencia, la corrupción y el machismo. Los quiebres de cuarta pared no fatigan a la audiencia; más bien, los comprometen desde dos ejes temporales: uno actual y otro histórico (los años 80 y 90). Sus diálogos vitales y honestos fluyen con la contundencia de una denuncia imperiosa, un llamado de justicia.
Cuchito (Joan) y su esposa (Del Águila)
Estos elementos irán activando eventos identificables en el espectador sin presagiar, quizá, su sobrecogedor desenlace. Estéticamente, la propuesta es metafórica y sublime. El vestuario y la utilería se adaptan a las ágiles maniobras de los actores en su tránsito de personajes y escenas, mientras que la iluminación “redescubre” lo patrio visto en la escenografía. Miles de miradas perdidas colgadas asignan un colofón sublime. “Entre colinas y senderos” demarca la ruta –esa que el país no encuentra– para superar las cicatrices y reiniciar el camino hacia un futuro postergado tantas veces que podría ser confundido fácilmente con una alegoría, una ilusión ajena.

FICHA ESÉNICA
Entre colinas y senderos” de Michael Joan
Dirección: Michael Joan
Elenco: Claudia del Águila y Michael Joan
Lugar: Teatro de Lucía (Ca. Bellavista 512, Miraflores)
Las funciones van los martes y miércoles a las 8pm
La temporada culmina el 19 de setiembre
Entrada: S/50 (General), (S/35) Jubilados y S/25 (Estudiantes)
Una producción de La Vale Asociación Cultural

domingo, 8 de julio de 2018

Versos combativos

César Vallejo (1892–1938) y Pablo Neruda (1904–1973) coincidieron en París, al menos, un par de veces. Estos fugaces encuentros –publicados póstumamente en “Confieso que he vivido” (1974)– revelarían la esencia poética, humana y social de ambos más allá de sus disonancias políticas.
Ricardo (Eduardo Camino) y Abraham (Alaín Salinas)
Sobre la tierra” se aproxima al pensamiento de estos bardos universales desde el alma de dos jóvenes revolucionarios que avizoran y plantean un cambio desde una poesía social. Esta interesante ficción escrita y dirigida por Vanessa Vizcarra, se ambienta en 1963, año de movilizaciones sociales y efervescencias izquierdistas en el Perú. Vizcarra concibe una dramaturgia exquisita con un serio desafío: conocer dicha poética podría llevar a disfrutar la obra a plenitud, aunque no lo excluye. Los diálogos –inspirados en versos de Vallejo y Neruda– fluyen entre disertaciones políticas y creativas con naturalidad discursiva.
"Sobre la tierra" de Vanessa Vizcarra
Bajo esa premisa la trama presenta a Abraham (Alaín Salinas) y Ricardo (Eduardo Camino), adeptos al mismo proyecto político, aunque de distinto modo. El partido político en el que militan ha decidido confinarlos a un claustro ante la huida de Miguel, un miembro al que debían proteger.
Ni los nombres ni las fechas son un azar en la propuesta de Vizcarra. Estas referencias poéticas e históricas ofrecen un rasgo de verosimilitud que se concreta con el trabajo actoral. En sus ágiles desvaríos, Camino luce impetuoso, temerario y presto al combate; mientras que a Salinas le basta con palidecer reflexivo, idealista y solidario. La convivencia de ambos en la “clandestinidad forzada” y la confrontación de sus ideales devendrán en momentos álgidos y honestos. La aparición de Olivia Manrufo como la Musa –en una escena bastante sublime– y la camarada Albertina aportará brillos de realidad y ensoñación a la obra.
Olivia Manrufo, la musa poética
Utilizando una dramaturgia inspirada y minuciosa, Vizcarra conceptualiza acertadamente los dilemas de la creación artística, el amor, la muerte, la ausencia o la justicia social desde los versos más célebres de Vallejo y Neruda. Los recursos técnicos –en especial, la iluminación de Luis Tuesta– lucen precisos en una escenografía sobria y práctica. Sobre la tierra”, uno de los dramas más elegantes en temporada desde el Teatro de Lucía, brilla en escena por toda la humanidad que cabe en su riqueza poética y actoral. Versos fraguados a sangre y a fuego desde las impredecibles trincheras de las convicciones.

FICHA ESCÉNICA
Sobre la tierra” de Vanessa Vizcarra
Dramaturgia sobre poesía de Cesar Vallejo y Pablo Neruda.
Dirección: Vanessa Vizcarra
Elenco: Eduardo Camino, Alaín Salinas y Olivia Manrufo
Iluminación: Luis Tuesta
Composición musical: Mateo Chiarella
Interpretación violín: Pauchi Sasaki
Lugar: Teatro de Lucía (Ca. Bellavista 512, Miraflores)
Funciones: Martes y miércoles 12, 13, 19, 20, 26, 27 de junio; 3 y 4 de Julio. Viernes 6, sábado 7 y domingo 8 de julio a las 8pm
Mayores informes en el evento de Sobre la tierra

jueves, 14 de junio de 2018

Un mundo feliz

¿Se imaginaría un mundo sin una pizca de alegría? Posiblemente no, pero desde algún rincón de la avispada imaginación de Miguel Álvarez Aguirre, autor versátil y director del Grupo de teatro y títeres Malajuntas, este universo de opacos senderos inspiró “Sanseacabó y el último refugio”.
"Sanseacabó y el último refugio"
En su trama, unos valientes héroes y heroínas –una “troupe” de niños irreverentes– intentarán rescatar la ciudad sometida por un intimidante villano llamado Sanseacabó. La historia combina dosis de fantasía, aventura, coreográficos enredos y pasajes musicalizados que Álvarez Aguirre dirige con esmero y dedicación. Las fuerzas (el bien y el mal) que plantea en su obra lucen equilibradas. Con acierto, el director se resiste a encasillar a sus villanos como “malos arquetípicos” y a sus héroes como “clásicas víctimas”, sino que los confronta con matices humanos y solidarios en escena.
Aunque esta premisa épica resulte atractiva, la obra desnuda falencias en su desarrollo. En especial, sobre el conflicto central –que va desde rescatar la ciudad, descubrir el origen del mal hasta construir un entorno sano y amigable, si es que no hay más– y que se advierte tardíamente en una historia de corta duración.
Stefano Salvini, Rosella Roggeró, Irene Eyzaguirre,
Vian L. King, Diego Sakuray, Alejandra
Bouroncle y Diego Pérez
Ello no quita encanto ni frescura a la pandilla que lidera Balán (la siempre enérgica y carismática Alejandra Bouroncle); acompañada de la intrépida Faros (Rosella Roggeró), Bolsa (sobrio y puntual Vian L. King) con su talega mágica, y Barullo (Diego Sakuray, en un registro diferente). Entre los antagonistas Grakus (notable trabajo de Diego Pérez) brilla como el felino de ágiles movimientos y frases agudas. Sanseacabó (Stefano Salvini, que, aunque oscuro, no logra sostener su papel tiránico) y la Bruja Cachivache (aceptable Irene Eyzaguirre), en cambio, deambulan antes que perseguir sus malévolos planes. Lejos de análisis dramáticos, “Sanseacabó y el último refugio” saca provecho de la música en vivo. La impecable dirección musical de Pepe Bárcenas y la interpretación de la banda (Elizabeth Avila, César Gabriel Riveros, Bruno Rosazza, Renzo López y Diego García) enriquecen de matices amenos y melodramáticos a la historia y conducen al público en las atmósferas precisas.
Balán (Bouroncle) y Sanseacabó (Salvini)
El canto es otro elemento gravitante. Las canciones (lúdicos y gratos ejercicios de letra, música y coreografía) se prestan al juego escénico por lo que se sugiere potenciar más el trabajo vocal del elenco o emplear micrófonos para aprovechar mejor la acústica del auditorio colosal del Centro Cultural de la Universidad del Pacífico. Sanseacabó y el último refugio” destaca, además, por su escenografía, vestuarios y recursos técnicos cuidados al detalle. Por esa ciudad de pálidos suburbios y súbitos escondites brillan los embajadores de la imaginación, la música y el color: pequeños héroes y heroínas que compensan su prematura edad con la grandeza de sus sueños.


FICHA ESCÉNICA
Escrita y dirigida por Miguel Álvarez Aguirre
Elenco: Alejandra Bouroncle, Irene Eyzaguirre, Vian L. King, Diego Pérez, Rosella Roggero, Diego Sakuray y Stefano Salvini
Músicos: Elizabeth Avila, César Gabriel Riveros, Bruno Rosazza, Renzo López y Diego García
Dirección musical: Pepe Bárcenas
Lugar: Centro Cultural UP (Jr. Sánchez Cerro 2121, Jesús María)
Temporada: Del sábado 05 de mayo al domingo 22 de julio
Función: Sábados y domingos a las 4pm
Revisa la página de la obra

lunes, 25 de diciembre de 2017

Víctimas del poder

Ciertos paradigmas (“sexo débil” o “la víctima”) suelen opacar o reducir la dimensión de la mujer. Una idea distante de Cleopatra, Juana de Arco, Indira Ghandi o Margaret Thatcher, figuras que, a su modo, incidieron en su época hasta erigirse como protagonistas de la Historia.
"Las mujeres de los nazis",
bajo la dirección de Daniela Lanzara
Con inteligente precisión, el dramaturgo e investigador Héctor Levy-Daniel (Buenos Aires, 1961) aporta una arista diferente a esta premisa con su trilogía titulada “Las mujeres de los nazis”. Desde esta interesante ficción histórica, el autor explora y describe el universo femenino ligado al régimen de Adolf Hitler (1889–1945).
En su debut, la directora Daniela Lanzara aborda el rol de las mujeres en los oscuros días del nazismo, sin prejuicios ni tabúes. Encarnado por Denise Arregui, Macla Yamada y Roberto Ruiz, el montaje propone un juego que trastoca a víctimas y victimarios de lugar a partir de personajes reales.
Un pequeño reparo es que, por su estilo confesional e íntimo, estos episodios propician escenas más dialogadas que actuadas. Ello no impide que el elenco se adapte a la multiplicidad de roles y esboce escenas intensas que a la dirección le cuesta sostener en la trilogía.
Denise Arregui
Sucede con “La inquietud de la señora Goebbels” que, aunque raye con un realismo difuso, se torne algo densa. En ella Magda Goebbels (acertada Arregui) y Victor Arlosoroff (Ruiz), un antiguo amante judío, se sumergen en una travesía nostálgica que no presagia su sombrío presente cuando ella no imaginaba ser la primera dama del Tercer Reich. En “La convicción de Irma Grese”, en cambio, la justicia se desdobla en dos planos
En uno sitúa a Grese (oportuna Yamada), asistente de Mengele en Auschwitz, frente a su verdugo Albert Pierrepoint (Ruiz, de una sólida presencia), mientras que en el otro los testimonios de Gisella Perl (Arregui) configuran los límites de un tribunal urgente e imperfecto.
“El dilema de Geli Raubal” es, sin duda, la más consolidada de la tríada. Ahí Yamada brilla desde el dolor de Geli con una actuación conmovedora que naufraga ante la frialdad de Angela Hitler (Arregui) y la impotencia de Emil Maurice, interpretado por Ruiz, que, como en las piezas anteriores, está preciso y afinado.
Roberto Ruiz y Macla Yamada
Lejos de insistir en los desvaríos nazi, el trazado psicológico de Lanzara analiza la relación entre el poder (político) y las acciones, buenas o malas, sin detenerse en el género. Tal examinación devela animadversiones, simpatías y un curioso brillo humano en sus desolados protagonistasLa escenografía es sobria, minimalista y suficiente. 
Los aspectos técnicos (iluminación y sonido) van acordes como el vestuario de época. En su primera puesta en escena fuera de Argentina, “Las mujeres de las nazis” denuncia el apetito de poder que convierte a seres civilizados en frágiles títeres: las víctimas de círculo nocivo.

FICHA ESCÉNICA
“Las mujeres de los nazis” de Héctor Lévy-Daniel
Directora: Daniela Lanzara.
Elenco: Denise Arregui, Roberto Ruiz y Macla Yamada.
Lugar: Centro Cultural El Olivar (Ca. La República 455, San Isidro)
Temporada: Del 03 de octubre al 01 de noviembre

domingo, 17 de diciembre de 2017

Miedos cibernéticos

Los reencuentros suelen esconder inesperados desenlaces o sombríos secretos. Los protagonistas de “Taller de reparaciones” no escapan a esta lógica ahora que son unos entrañables treintones que intentan insertarse en una civilización modernizada, irónicamente salvaje e indiferente.
"Taller de reparaciones" de John Pollono
A través de estos personajes arquetípicos, la curiosa adaptación realizada por Diego Lombardi de “Small Engine Repair” (2012) del estadounidense John Pollono (Nueva York, 1972), desafiará los prejuicios y estereotipos que justifican algún tipo de agresión o intolerancia. Bajo la dirección de Lombardi, la puesta explora los niveles de violencia (y sus consecuencias) alcanzados por una comunidad inmersa en “selfies” y redes virtuales. A pesar de los eventos ajenos al montaje*, este sesudo y oportuno trabajo cierra una brillante temporada para Break Producciones
No hacen falta detallar demasiado para advertir el peso de la violencia en la trama. Eso explicaría por qué el vehemente Frankie (un rol explosivo de Oscar López Arias), el decidido dueño de la mecánica, se quiebra cuando asoma la relación enfermiza que mantiene con su ex esposa.
Murray (Joaquín de Orbegoso) y
Frankie (Óscar López Arias)
Si bien el inmaduro Murray (fresco y juvenil Joaquín de Orbegoso) disfruta de fugaces amoríos, su vida cobra “mayor sentido” al fastidiar a Packie (irreverente Daniel Neuman), el tercero de los amigos que a su edad no posee aspiración concreta ni parece haber desarrollado cierta madurezVistos así, los tres amigos son víctimas de un sistema incomprendido que suele rezagar a unos sin contemplaciones. El contrapunto llega con Chad (Gabriel Gil, de rebuscada presencia), un sofisticado veinteañero que sin mayor esfuerzo marcará un abismo entre ambas generaciones.
La historia es tan redonda que su resolución es un ardid perfectamente alineado a este sistema. A pesar del respeto excesivo por el libreto original (muletillas que podrían suprimirse y el uso de locaciones foráneas), Lombardi acierta al impregnar un cariz psicológico y cómico a su historia con equilibrio y buen ritmo en toda la puesta.
Chad (Gabriel Gil)
Su elenco supera los clichés (excéntricos o machistas) para entregar un trabajo natural, verosímil y, en especial, presto a solucionar imprevistos en función. La escenografía es realista y marca dos ambientes (el taller y un recibidor) por los que se distribuye las escenas fluidamenteEl vestuario encaja con el estilo de los protagonistas, mientras que el sonido y luces inciden sin tanto aspaviento. Aunque “Taller de reparaciones” intente componer vidas en un escenario de pasiones avivadas, su finalidad parece, más bien, el de un centro de diagnóstico sobre el grave desfase –empático, solidario y emocional– que etiqueta (o taggea) a las nuevas generaciones sin que eso asombre.
Nota: La función reseñada tuvo al elenco original de la obra. Posteriormente se incorporó Micky Moreno en el rol de Packie.

FICHA ESCÉNICA
“Taller de reparaciones” de John Pollono
Dirección: Diego Lombardi
Elenco: Oscar López Arias, Joaquín de Orbegoso, Daniel Neuman y Gabriel Gil
Lugar: Centro Cultural Ricardo Palma (Av. Larco 770, Miraflores)
Temporada: Del 17 de noviembre al 17 de diciembre
Funciones: De jueves a domingo a las 8pm
Un montaje de Break Producciones

sábado, 4 de noviembre de 2017

Lucha de egos

¿Ejerce la crítica algún poder sobre alguna obra teatral? En “The worst show in the Fringe” (2002), el irreverente autor, productor y actor estadounidense Joseph Scrimshaw (enlace en inglés) ensaya una respuesta desde la aguda mirada de un crítico de teatro, un actor y el público en torno a una puesta en escena moderna.
Joseph Palomino, Gerardo Cárdenas
y Sergio Velarde
Estos tres protagonistas aparecen en una farsa inteligente, ficticia y mordaz con un trasfondo real. Así nació La peor obra del año”, una divertida adaptación realizada con buen criterio y dosificada frescura por Alonso Chiri (y su elenco) en su segunda experiencia como director. Entre  referencias bien aplicadas –Shakespeare, Moliere o derivaciones más post dramáticas– e intervenciones (teatro desde el teatro) la obra ingresa a linderos delirantes. El montaje es un desenfadado tributo a las tablas gestado desde el semillero de este equipo creativo: el Club de Teatro de LimaLa trama inicia con el secuestro –una escena algo débil– del influyente crítico Natalio Manchego (un aceptable Gerardo Cárdenas) a raíz de una despiadada columna sobre Tomás Sánchez (un preciso Joseph Palomino), un actor y director... un teatrero todista. Sus manías y certezas hacen reconocibles a ambos personajes.
"Chucho" (Sergio Velarde)
La crítica sobre “Mis emails con Shakespeare”, estreno de Sánchez, es apenas uno de los guiños irreverentes de la puesta. Ver la escena del crimen –un empapelado de éxitos lejanos del actor– delatará la verosimilitud excéntrica de la historia y aliviará el confuso encuentro entre Manchego y Sánchez.
A ellos se sumará Phillips o “Chucho” (Sergio Velarde, muy histriónico), el chico de la mudanza, que irrumpirá con divertidas torpezas. Su aparición mediará entre los exasperados disfuerzos de captor y rehén destilando comicidad y añadiendo un punto de vista ingenuo pero eficaz: el público.
Entre estos personajes se establecerán vínculos ficticios y meta–teatrales cuando se intercambien roles en el secuestro y en la “obra” dentro de la obra. A partir de aquí La peor obra del año” irá fluyendo a buen ritmo gracias a teatralidad y la crítica aplicadas mientras se avizoran cabos más absurdos que lógicos.
Alonso Chiri y su elenco
Las situaciones exageradas (pauteadas con acierto) ridiculizan a los egos que envanecen cualquier proyecto artístico y destaca el compromiso del elenco ante las carcajadas que despiertan tan cómicos desempeños. Se debe cuidar algunos ingresos y salidas de escena en un recinto con espectadores cercanos. Sobre el texto de Scrimshaw, Chiri y su elenco elaboran una acertada sátira al teatro pretencioso y el narcisismo mediático. Lejos de disertar de soberbias y egocentrismos tras bambalinas, La peor obra del año” revela en su paródica realidad la exacta dimensión de un oficio que, aunque sea ejercido con honestidad, no siempre es valorado desde la butaca.

FICHA ESCÉNICA
Dirección: Alonso Chiri
Elenco: Gerardo Cárdenas, Joseph Palomino y Sergio Velarde
Temporada: Del sábado 5 al domingo 27 de agosto
Lugar: Club de Teatro de Lima (Av. 28 de julio 183, Miraflores)
Más información en la página de la obra

jueves, 27 de julio de 2017

Réquiem de los vivos

La vida y la muerte giran como una moneda eterna e impasible. Esta sensación persigue a los solitarios personajes en Canción de cuna para un anarquista” del autor chileno Jorge Díaz (1930–2007). Esta singular historia salpica recuerdos ficticios y reales en una trama nostálgica y enternecedora.
Balbuena (Augusto Mazzarelli) y
Rosaura (Haydée Cáceres)
En medio de diálogos desconcertantes y referencias aleatorias se irá construyendo un “pasado común” entre una viuda resignada a su soledad y un vagabundo decidido a enfrentar a dos dictadores europeos
La pluma maestra de Díaz delinea estos anhelos irrealizables y pendientes por algún capricho del destino con esperanzadora humanidad.
Dirigida con depurada inteligencia por Roberto Vigo por primera vez en el III Festival Directores en Acción 2016 del Centro de Formación Teatral Aranwa, la puesta ahora reverbera como una canción desesperada para quienes resisten desde una anodina existencia. El destacado reestreno, irónicamente, celebra la vida desde un mausoleo gris.

LA MARCHA FÚNEBRE
Precisamente ahí sucede este encuentro extraño y casual. Rosaura (una emotiva Haydée Cáceres) “visita” a Epifanio, su difunto esposo, para evadir su soledad aunque su dolor asoma en pasajes confesionales bien hilvanados. Cierta noche Balbuena (excelente trabajo de Augusto Mazzarelli) irrumpe su acostumbrado rito.
Desde el mausoleo
Mazzarelli compone un personaje sensible y persuasivo que se vale de certezas históricas, recuerdos inexactos y locuras personales para cautivar a la desolada viuda. El personaje de Cáceres rehuirá este cortejo con dulce encanto y pausas cómicas puntuales. Este contraste sensatez–lucidez será vital en la puesta.
En especial, porque servirá para revelar los miedos y traumas de una y el oscuro pasado del otro. Las actuaciones eficientes imprimirán un montaje fluido por el que se deslizan antiguos complots contra Adolf Hitler y Francisco Franco, la exótica imagen de Sandokán o la filosofía anárquica de Mijaíl Bakunin.

ANHELOS PASADOS
La sutil carga ideológica tiñe la puesta de interesantes alegorías. El mausoleo es ágora para refutar los proyectos políticos caducos, pero no las luchas vigentes (libertad o felicidad); o reanimar los aletargados sueños con los rejuvenecidos corazones –de cualquier edad– que aún mueven al mundo.
"Canción de cuna para un anarquista"
Así como la poética, lo técnico también aporta. El efecto de la lluvia y la voz en off de Jorge Chiarella como Don Aurelio, el panteonero, resultaron plausibles. La escenografía fúnebre y la utilería resultaron perfectos para el introspectivo retiro y el sobrecogedor vaivén de emociones que revisten el desenlace.
Con una puesta brillante y humana, “Canción de cuna para un anarquista es un inevitable réquiem para resucitar a las almas “dormidas” en vida. Librarse de esa muerte simbólica es una lucha inevitable y universal: un deber de los auténticos revolucionarios y un derecho de los rabiosos soñadores.

FICHA ESCÉNICA
Dirección: Roberto Vigo R.
Elenco: Haydee Cáceres y Augusto Mazzarelli
Temporada: Del 22 de junio al 30 de julio
Funciones: De jueves a sábado a las 8pm / Domingos a las 7pm
Lugar: Asociación de Artistas Aficionados (Jr. Ica 323, Lima)
Más información en el evento de la obra

sábado, 3 de junio de 2017

Cuatro bombines

Dos vagabundos aguardan a un misterioso hombre que, al parecer, no vendrá. A fines de los años 40 el irlandés Samuel Beckett (1906–1989) no imaginó que esta premisa escrita con magistral desconcierto en “Esperando a Godot (En attendant Godot, 1955) dividiría a críticos y espectadores desde su estreno oficial en 1953.
"Gogo" (Ximena Arroyo) y "Didi" (Manuel Calderón)
Con solo dos actos, esta pieza –uno de los pilares del “Teatro del absurdo– se convertiría en un ensayo sobre la existencia fugaz, la soledad y la desesperanza como ejes de la angustia humana
La obra nació tras dos grandes guerras, cuando el mundo vivía bajo una estela de profundos cambios y cuestionamientos al orden y nacían las vanguardias literarias. 
Omar del Águila asume un gran desafío: dirigir una pieza icónica –de escuetas acotaciones– con más de seis décadas en el imaginario teatral. El resultado es una tragicomedia oportuna y lúcida por su vigencia histórica y esencia desoladora que celebra con justicia los 79 años de la Asociación de Artistas Aficionados.

ESPERA COTIDIANA
Ya el primer acto da pinceladas más oscuras que absurdas: el espectador intenta establecer algún nexo lógico. Una labor infructuosa ante los desconcertantes diálogos y curiosos juegos que ensayan Estragón / Gogo (bien logrado con los buenos matices de Ximena Arroyo) y Vladímir / Didi(un afinadísimo rol de Manuel Calderón).
Lukcy (Oviedo) y su amo Pozzo (Velarde)
Calderón construye su “Didi” –excéntrico y lúdico– con contagiosa ilusión y energía a lo largo de dos horas de función, mientras que, bajo los arrebatos y delirios de “Gogo”, Arroyo irradia una humana fragilidad
A pesar de la maniática reiteración textual ambos lucen dinámicos y solidarios en escena. Beckett reserva lo mejor para la segunda mitad. Las frágiles certezas del primer acto sucumben ante dudas existencialistas y tanáticas y frases de un humor poco soterrado sin que asome Godot. De hecho, esta ausencia es más una razón para reflexionar sobre el tiempo o la esperanza con honesta intensidad.

CAMINO DESOLADO
Por eso la expectativa es dosificada con la intrusión de fugaces personajes y un humor más oscuro. El amo Pozzo (un implacable rol de Percy Velarde) y su lacayo Lucky (Juan José Oviedo, elocuente a su modo) quiebran la rutinaria espera con reflexiones sobre el abuso de poder y la miseria.
Escena de "Esperando a Godot" 
El efecto del cambio de lógica es más evidente en la segunda parte hasta que el anuncio del muchacho (Omar Rosales) reinicia el ciclo. 
El diseño de la escenografía resulta sobrecogedora y de un cariz nihilista: es un camino abandonado con un árbol solitario que no banaliza la tensión de los personajes grises. La naturaleza plástica (luces y colores) y sonora (marcaciones de tiempo) habitual en los montajes de Del Águila aporta sensorialidad sin tanto artificio
La simple anécdota de Esperando a Godotbasta para desafiar atemporalmente a alguna sociedad en busca de que algo suceda, aun cuando no se sepa bien qué ni para qué sea.

FICHA ESCÉNICA
Elenco: Manuel Calderón, Ximena Arroyo, Percy Velarde, Juan José Oviedo y Omar Rosales
Dirección: Omar del Águila
Temporada: Del 19 de mayo al 11 de junio
Las funciones van los viernes y sábados a las 8pm / Domingos a las 7pm
Lugar: Asociación de Artistas Aficionados (Jr. Ica 323, Lima)
Más informes en el evento de la obra

lunes, 15 de mayo de 2017

Frágiles recuerdos

A poco de estrenar “El rostro, Ricardo Olivares descubrió que su obra había sido estrenada, casi a escondidas, en Huaraz en marzo de 2016. Quienes montaron la pieza –escrita con inteligencia– sabían que ésta había alcanzado el cuarto lugar en el Concurso Nacional Nueva Dramaturgia Peruana 2014 del Ministerio de Cultura.
"El rostro" de Ricardo Olivares
Además de intrigarse por el periplo de su texto a tierras andinas, la anécdota motivó más a su autor. 
Finalmente estrenó en el XIII Festival de Teatro Peruano Norteamericano ICPNA de 2016 y logró el “Premio del Público” con una historia reflexiva y personal que empezó a consolidar su carrera.
Con la dirección de Yanira Dávila y Alejandro Guzmán, esta puesta desvela el inexorable vacío que dejan los dilemas irresueltos. ¿Cómo impacta el pasado en el presente? “El rostro brinda algunas pistas ocultas bajo la seductora máscara del olvido, la distancia o el desarraigo.

LAGUNAS MENTALES
Tras varios años fuera, el arqueólogo Ramón Hendrich (Carlos Acosta, con un trabajo camaleónico) ha regresado al Perú. Dispuesto a escribir sus memorias, como parte de su nuevo trabajo en una reconocida universidad, el investigador afrontará continuos bloqueos que lo obligan a acudir a un sicoanalista (alturado rol de Eduardo Ramos).
Daniela Camaiora y Carlos Acosta
La relación entre ambos –desconfiada y esquiva– develará traumas y amargos recuerdos de su infancia. Acosta se interpreta a sí mismo de niño, con un registro que él maneja con aplomo y solvencia y que aportará cambios de perspectiva (realidad o sueño) y de tiempo a la historia. En esta reposición lo acompañan la inspirada Daniela Camaiora en el papel de la esquiva figura materna y la mujer enmascarada, tan vital y sensual. Ramos luce seguro y va sumando personajes más complejos y versátiles a una trayectoria que incluye la lúdica “Paquí Pallá” y la apocalíptica “Somos libres”.

ENREDOS SUBLIMES
La estructura dramática es fragmentaria. Olivares soslaya la linealidad narrativa y esta concepción ofrece a la dupla Dávila–Guzmán un recurso que explotar sobre el escenario. Con ellos esbozan escenas ágiles y breves –interrumpidas por una evocación– que abordan interrogantes existencialistas.
Camaiora, Acosta y Ramos,
elenco de "El rostro"
Los diálogos, aunque sencillos, irradian profundidad y lucidez. La sobriedad en escena –una silla, un diván y una mesa pequeña–, las dinámicas luces y la predominancia del blanco son un acierto que intensifica la acción sin desvíos inoportunos e impregnan el montaje de una estela hipnótica.
En este juego de sueño/vigilia todo parece funcionar bien a pesar de que los personajes secundarios pierdan fuerza y el sicoanálisis brille actualmente como una supuesta ciencia. El rostro” propone un viaje retrospectivo hacia las verdades incómodas que, de no aceptarlas o superarlas, deslucen el presente.

FICHA ESCÉNICA
El rostro” de Ricardo Olivares
Dirección: Yanira Dávila y Alejandro Guzmán
Elenco: Carlos Acosta, Daniela Camaiora y Eduardo Ramos
Temporada: Del 18 de abril hasta el 17 de mayo
Las funciones son los martes y miércoles a las 8pm
Lugar: Teatro de Lucía (Ca. Bellavista Miraflores)

sábado, 13 de mayo de 2017

Desde la penumbra

El matrimonio Manningham (Javier Valdés y Lucía Caravedo) acaba de mudarse a un suburbio londinense en 1880. Instalados en una casona antigua –con secretos aciagos–, la pareja de recién casados se verá inmersa en una pesadilla que traerá al presente el asesinato y la desaparición de joyas ocurridas a meda luz.
Los Manningham (Lucía Caravedo
y Javier Valdés)
“Luz de Gas” (1938) del dramaturgo Patrick Hamilton (1904–1962) plasma esta intrigante trama presente en dos cintas. Una británica dirigida por Thorold Dickinson en 1940 y otra estadounidense por George Cukor en 1944. El Teatro Británico ha estrenado una versión ecléctica de manos de Darío FacalEn manos del director español esta pieza se traduce en una intensa composición audiovisual y escénica que alumbra con tenue veracidad los opacos linderos de la psiquis humana. Su estética compuesta de cine negro, thriller sicológico y un libreto de detectives producen un montaje perturbador y misterioso.

LARGAS GABARDINAS
En el teatro como en las adaptaciones cinematográficas, la historia conservó la trama oscura y profundidad sicológica de sus personajes. El thriller de Facal los delinea con bastante detalle y acierto. Valdés convence en un papel enigmático y calculador, de pasajes inquietantes y ambiguos que lo aproximan al perfil de un sociópata.
Javier Valdés y Delfina Paredes
Desde la aparente fragilidad de Bella, Caravedo, más bien, desarrolla matices que presagian delirios casi esquizofrénicos
Con una fluida honestidad, ambos personajes palidecen o encienden en varios episodios hasta conseguir que su relación tensa se funda con una desconcertante y opaca rutinaLas esmeradas criadas Elizabeth y Nancy (un dúo de lujo integrado por Delfina Paredes y Stephanie Orúe) siembran conjeturas a placer. El inspector de policía (un inspirado Alfonso Santistevan) y su presto colaborador (Eduardo Camino de aceptable trabajo) cierran la estela detectivesca con roles plausibles.

CALLES SILENCIOSAS
“Luz de gas” procura una escenografía realista de estilo victoriano asentado en estructuras metálicas. La música del piano, pisadas en los altos y el dominio de sombras sobre la luz generan lóbregas escenas que la audiencia ávida de misterios agradece con interés y deducciones caprichosas.
El inspector (Santistevan) y Bella (Caravedo)
Con dos cintas a cuestas, “Luz de gas” intenta brillar con una historia original y fidedigna. En lo escénico lo consigue con la intriga sicológica, pero en lo visual Facal prefiere apoyarse en fragmentos de películas –un tributo de planos cerrados y paneos exteriores– enlazados con precisiónEste recurso ayuda a su narrativa aunque no incide directamente en el ritmo del montaje, sostenido por las actuaciones. Luego de “Lima Laberinto XXI” (2015) y “La clausura del amor” (2016), Facal entrega un trabajo brillante que instala luces en la penumbra más retorcida del alma humana.

Crédito de fotos: Teatro Británico

FICHA ESCÉNICA
“Luz de gas” de Patrick Hamilton (Reino Unido)
Dirección: Darío Facal
Elenco: Javier Valdés, Lucía Caravedo, Alfonso Santistevan, Stephanie Orúe, Eduardo Camino y Delfina Paredes
Lugar: Teatro Británico (Jr. Bellavista 527, Miraflores)
Funciones: De jueves a lunes a las 8pm
La temporada culmina el 15 de mayo de 2017
Entrada: S/. 60 (General), S/. 40 (Jubilados) y S/. 30 (Estudiantes)