martes, 27 de agosto de 2013

Incómodos secretos

La vida es un frágil cristal que se quiebra cuando alguna verdad oculta asoma al presente desde un rincón olvidado. En “Tu ternura molotov”, de Gustavo Ott (Caracas, 1963), un inofensivo paquete recuperado del pasado se convierte en una difícil prueba para un matrimonio convencional dispuesto a fructificar su futuro con un hijo.
Esta pieza ganadora del Premio Internacional Ricardo López Aranda (2003), dirigida por Haysen Percovich, utiliza los prejuicios y el humor negro para retratar a una sociedad definida entre lo políticamente correcto y lo socialmente aceptado. 
Este mundo de realidades maquilladas e infidencias reveladoras se opone cada noche en el teatro del Centro Cultural El Olivar de San Isidro hasta este 1 de setiembre.

Cinismo puro
El extraño paquete guarda los recuerdos de la etapa hippie de Victoria (Mónica Rossi), una presentadora de televisión. Las preguntas de su esposo, el abogado Daniel (Pietro Sibille), ante los objetos que observa encaminan la historia entre excentricidades y revelaciones creíbles o no, pero divertidas.
Su supuesto mundo feliz y confortable se derrumba y el tiempo retrocede unos 12 años. Por el escenario desfilan una serie de clichés, estereotipos y prejuicios –especialmente racismo– desde los ojos de una joven pareja aparentemente común. Todo encaja en una lógica cínica, propia en las piezas de Ott.
Sin embargo, otros “detalles” parecen no encajar en este universo de crítica social. El telescopio que aparece al inicio, por ejemplo, cumple apenas una pequeña función como para exhibirla al centro del escenario durante los primeros instantes de la puesta.

Discurso violento
Una segunda arista bien explotada es la violencia textual. Este registro permite disfrutar del montaje sin aludir susceptibilidades, aunque muchos de los estereotipos o paradigmas exhibidos (árabes terroristas, judíos tacaños, etc.) poseen una dimensión que podría lindar con lo caricaturesco.
Sibille y Rossi están correctos en escena y sus matices dan dinámica especial al trabajo. Por momentos domina uno y, a veces, otro; aunque, por ratos, sus personalidades parecen intercambiarse de forma súbita sin perder la complicidad prejuiciosa entre ambos.
Y lo que es mejor: la juventud y éxito de sus personajes son la cara perfecta para encarnar ese universo de doble moral que se guarda en casa. Un escenario realista –una sala, un mini bar y un comedor– que no impide el ágil tránsito de los actores, ni el ritmo de su historia o la claridad de su mensaje.

Crédito de fotos: C. C. El Olivar

Ficha artística
“Tu ternura molotov”, de Gustavo Ott
Dirección: Haysen Percovich
Actúan: Pietro Sibille y Mónica Rossi
Lugar: Centro Cultural El Olivar (Calle La República 455, San Isidro)
Funciones: De jueves a domingo a las 8pm
La temporada culmina el 1 de septiembre

sábado, 24 de agosto de 2013

Las dos aventuras

Desde hace unas semanas Pucayacu Teatro se ha lanzado a las aguas rápidas con un espectáculo teatral poco usual. Llevó a escena dos propuestas escénicas diferentes, aunque impregnadas de la angustia y desazón de quienes se atreven a vivir buscando un fin sin perder mucho (¿o sí?). Y Pucayacu Teatro lo hace con cierto riesgo.
Este elenco teatral formado por egresados de la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático (ENSAD) para realizar proyectos escénicos, sociales y culturales decidió presentar “Cordelia de pueblo en pueblo” y “La banda del Malandro”. Dos ideas –aunque, en realidad, pudieron ser tres según los actores de Pucayacu– que resumen ese singular desafío.

Viaje sin rumbo
Escrita por Alberto Adellach (1933 - 1996), “Cordelia…” nos trae a Lear, Cordelia y Bufón, tres actores excéntricos cuya acción se reduce a errar entre pueblos desconocidos para actuar. La adaptación de Pucayacu cuenta la historia, pero encuentra inconvenientes para transmitirnos la atmósfera de desarraigo y soledad de sus personajes.
Sin embargo, acierta en la caracterización de varios de ellos como el libertino Bazofia, el profesor ciego o el miedoso Bufón. Estos personajes –sacados de algún mundo caótico– refuerzan y complican el móvil de los actores y dinamizan la puesta entre ironías sobre la condición desencantada de los personajes.
Persiste en ellos el espíritu de actuar por más necesidades como el hambre, el cansancio y la miseria los aquejen. Esta obra obtuvo el premio Casa de las Américas de Cuba (1981) y el segundo premio del Instituto  Nacional de Bellas Artes de México (1979), pero se mantiene vigente.

Concierto macabro
Por su parte, “La banda del Malandro”, creación  colectiva y propia de Pucayacu, es inquietante y extraña. Malandro y su aterradora banda acaban de despedir a uno de sus integrantes en el cementerio pero este regresa para reencontrarse con ellos. Los espectrales artistas ofrecen así un repertorio musical en vivo en la sala Ricardo Roca Rey.
Un rock tétrico con letras pesimistas sobre las vanas pretensiones de la vida: fama, dinero o poder, cuando lo necesario no es suficiente. La estética y composición de la propuesta resuma en su estilo desenfadado y humor negro, por no decir, lóbrego.
Musicalmente exhibe el talento de sus miembros como banda, mientras que su oscura dramaturgia convence, extraña y, curiosamente, entretiene. Es decir, su lenguaje escénico funciona. Apenas dos obras que bastan para aproximarse a la versatilidad de este joven grupo de teatro que, esperemos, continúe trabajando.

Crédito de fotos: Pucayacu Teatro

Ficha artística
“Cordelia de pueblo en pueblo”, de Alberto Adellach.
“La banda del Malandro”, creación colectiva de Pucayacu.
Actúan: Ana María Aparicio, Augusto Cáceres, Jesús Flores, Ernesto Espinoza, Alex Ccopa, Sebastián Verdú, Alejandro Fuentes, Crisólogo Aguilar y Carlos Benavides.
Lugar: Asociación de Artistas Aficionados (Jr. Ica 323,  Centro de Lima)
Las funciones van los viernes y sábados a las 7pm.
La temporada culmina el 31 de agosto.

viernes, 23 de agosto de 2013

Aplauso sincero

¿Vale la pena dedicarse al teatro? Esta interrogante formulada tantas veces conduce la historia de “El otro aplauso”. Un cautivante y revelador texto escrito y dirigido por Diego La Hoz, e inspirado en esos momentos de duda que, a veces, ayudan a fortalecer una vocación. En especial, aquellas vinculadas al teatro.
La pieza es un conjunto de reflexiones certeras y profundas extraídas poco antes de que Actor 1 y Actor 2 inicien su función en una alejada provincia. Ese choque entre lo esperado y lo real sirve para explorar las convicciones y temores de ambos personajes.
Lejos de comodidades, los actores desempolvan este dilema universal para convertirse, quizá, en “hacedores de algo tan íntimo que no tiene eco”, como dice una frase de esta reciente –pero no última, esperemos– aventura escénica de Espacio Libre.

Juego invisible
En la puesta se aprecia a dos actores poco antes de salir a escena. Repasan sus líneas, calientan y saludan a un público invisible, pero que presienten. Ese momento íntimo cargado de más temores que certezas parece vedado a una audiencia ficticia, pero es visto por una real en reflexivo silencio.
El trabajo de Actor 1 y Actor 2 (Karlos López Rentería y Natalio Díaz) es vital para recrear ese juego de distancias aparentes con naturalidad y gráciles sugerencias. Con posturas diferentes pero bien congeniadas tras el telón van venciendo esa cuarta pared a medida que su complicidad se quiebra y al final nos vemos inmersos en su incertidumbre.
Es destacable el uso del espacio. Quienes han ido a Casa Espacio Libre notarán que el escenario no es convencional, pero, lejos de significar un inconveniente, es gratamente utilizado. Los pocos elementos en escena y el trabajo corporal y actoral terminan por construir una atmósfera de sensaciones y desencantos que el espectador agradece.

Teatro valiente
Fiel a su dramaturgia, La Hoz utiliza líneas poéticas y delicadas por las que desliza ironías y críticas. “El otro aplauso” es una colección deliciosa y funcional de reflexiones sobre la perseverancia de los ideales, los asumidas y los impuestos, sin dejar de sentir –muy suyo– ese dilema capaz de deshacer sueños y debilitar las decisiones.
Se convierte así en una sutil forma de entender que los dominios de la ilusión terminan en aquellos en los que realidad amedrenta. Y es ahí que las preguntas y los miedos que mueven la vida aparecen. Afortunadamente sobra valentía en Casa Espacio Libre, un proyecto iniciado hace 14 años, para plasmar en escena las ideas de un grupo que sueña y vive teatro.
Finalmente, Espacio Libre ha rescatado esa valiosa costumbre de realizar breves conversatorios entre director, actores y espectadores luego de terminada la puesta. Desde ahí es posible rastrear la madurez de esta obra que hace poco fue presentada en Jauja durante el aniversario de Metáfora Teatro y ha regresado a Lima con un proceso enriquecido, surrealista y aleccionador.

Crédito de fotos: Espacio Libre

Ficha artística
“El otro aplauso”, de Diego La Hoz
Actúan: Karlos López Rentería y Natalio Díaz
Lugar: Casa Espacio Libre (Av. Bolognesi 802 A, Barranco)
Funciones: Jueves (22 y 29) y viernes (23 y 30) de agosto a las 9pm

jueves, 11 de julio de 2013

Instantes eternos

Es posible vencer a la fugacidad con los recuerdos. Esos arrebatos imaginarios que son capaces de dibujar una sonrisa o deslizar una lágrima a cualquier edad. Si va a alguna noche hasta el 14 julio al Teatro de Lucía de Miraflores es probable que comparta esta sensación.
El origen reside en un precioso texto escrito por Eduardo Adrianzén titulado “La eternidad en sus ojos”. La puesta dirigida por Óscar Carrillo fue uno de los montajes más celebrados durante los 75 años de la Asociación de Artistas Aficionados.
Y es también un justo homenaje a Sonia Seminario por sus 60 años de vida dedicados al teatro. “Porque gran parte de la humanidad que Sonia le pone a todos sus personajes asoma cierta chispa, cierta gracia muy suya y difícil de precisar, pero rotunda desde que nos mira con esos hermosos ojos que tiene”, refiere el autor.

Recuerdo tu nombre
“La eternidad en sus ojos” es un elogio a la nostalgia. Pero también lo es para la pasión, libertad, juventud y los riesgos de la vida. La historia narra la furtiva relación entre una profesora universitaria de literatura universal y un joven alumno con aspiraciones de poeta durante los años ochenta.
La premisa es un desafío a los prejuicios y convenciones en una ciudad a oscuras y en zozobra. ¿Es posible amar así? Nina y Alejandro (Ximena Arroyo y Claudio Calmet en buenos papeles) lo demuestran durante la hora y media del montaje. Sentimos sus tropiezos y celebramos sus complicidades.
Dos polos opuestos (juventud y madurez, razón y corazón) que se entrelazan en una galaxia clandestina para no sucumbir al olvido. En paralelo, una Nina actual (presentación conmovedora y encantadora de Sonia Seminario) intenta esclarecer las dudas de Claudio (Franklin Dávalos), hijo de Alejandro, quien murió repitiendo el nombre del amor de su vida, Nina.

Días inolvidables
La puesta se dinamiza con el uso de flashbacks y alusiones temporales con que suele salpicar Adrianzén a sus obras. En “La eternidad…”, el autor desliza sutiles críticas políticas (el joven de pañuelo blanco) y fugaces alcances futuristas (el uso de celulares) en su obra.
Se vale de ciertos estereotipos y paradigmas que impregnan de humor a la puesta. Pero su ingenio se extiende a diálogos profundos y esa mirada al amor –aunque prohibido– que escapa a lo cliché. El elenco (Seminario, Arroyo, Calmet y Dávalos) brinda actuaciones naturales, cálidas e inolvidables y se ganan un lugar en nuestra memoria y en nuestros ojos.
“La eternidad en sus ojos” culmina su segunda temporada este fin de semana en el Teatro de Lucía. La pieza se había montado anteriormente en la Asociación de Artistas Aficionados a inicios de año con el mismo elenco (Dávalos reemplazó a Jorge Bardales). Pero el efecto de la obra se mantiene al revivir en el alma aquellos arrebatos de juventud que jamás envejecerán por más que los recordemos siempre.

Crédito de fotos: Tutti Tudela / Teatro de Lucía

Ficha técnica
“La eternidad en sus ojos”, de Eduardo Adrianzén
Dirige: Óscar Carrillo
Actúan: Sonia Seminario, Ximena Arroyo, Claudio Calmet y Franklin Dávalos
Producción general: Asociación de Artistas Aficionados
Lugar: Teatro de Lucía (Calle Bellavista 512 Miraflores)
Las funciones van de jueves a lunes a las 8pm / Domingos a las 7pm
La temporada culmina el 14 de julio

Más información en el evento de Facebook y en Teatro de Lucía

miércoles, 19 de junio de 2013

El luchador anónimo

A Diego Díaz le fascina el teatro. Recuerda haber intentado de todo para saltar de la butaca al escenario, pero el destino le había reservado un asiento en la última fila de las oportunidades. Desde ese incómodo lugar, se propuso no abandonar su sueño, aunque ello significara vivir más tropiezos que aciertos.
“¿Qué hiciste Diego Díaz?”, título de esta obra, que suena más a una amonestación, nos presenta a un personaje en busca de una historia propia. 
Escrita y dirigida por Cristian Lévano, Díaz es un luchador que se resiste a la derrota. Si desea saber de su éxito o, quizá, su fracaso, puede acudir algún sábado o domingo al Club de Teatro de Lima (Av. 28 de Julio 183, Miraflores).

Desde el teatro
Para conseguir su anhelo, Diego Díaz (Sergio Velarde) ha recurrido a un infalible método: escribir una pieza de teatro. Y, si es posible, dirigirla. Ante nosotros aparece un personaje común y corriente, perseverante y de un talento poco aceptado. La actuación de Velarde es amena, pero hubiera sido ideal acentuar más la personalidad de Díaz.
En la historia –de Diego Díaz– hay dos personajes: Alguien (María Fernanda Valera) y Otro (Rod Díaz Sánchez), quienes intentan contar la inefable aventura del dramaturgo en el esquivo mundo escénico. Cada uno lleva un registro ágil e hilarante que explotan en pasajes como el del ficticio talk show, por citar alguno.
En este texto fresco y ameno, Alguien y Otro se las ingenian para involucrarse y responder a las preguntas del incomprendido hombre de teatro. Es divertido observar cómo estas interrogantes trascienden los dilemas de Díaz y se insertan en la imaginaria vida de sus propias creaciones. Es una búsqueda de identidad y esencia.

Lúdicas frustraciones
Y es curiosa la conexión que logra el montaje con el público. Antes de la función, por ejemplo, un ser común pasea y saluda a los asistentes para luego mimetizarse entre las butacas. Naturalmente se trata de Díaz. No obstante, hay detalles por mejorar como la sincronización de los actores.
Para compensarlo, el montaje entretiene con humor negro, simpáticos atisbos coreográficos y un mensaje que nos advierte la importancia de tener sueños y la voluntad de lograrlos.
"¿Qué hiciste Diego Díaz?" ha sido exhibida en salas de la Asociación de Artistas Aficionados (AAA), ICPNA, Casa Yuyachkani y la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático (ENSAD) producido por Winaray Teatro, fundado por Lévano. Y también ha viajado afuera al Festival ENTEIPA de Punta Arenas (Chile), en el 2008. Cinco años después, la lucha de Diego Díaz continúa sobre los escenarios.

Ficha técnica
“¿Qué hiciste Diego Díaz?”, de Cristian Lévano
Dirige: Cristian Lévano
Actúan: Sergio Velarde, María Fernanda Valera y Rod Díaz Sánchez
Lugar: Club de Teatro de Lima (Av. 28 de Julio 183, Miraflores)
Funciones: Sábados a las 8pm y los domingos a las 7pm
La temporada culmina el 30 de junio
Más información en el evento y en la página de la obra

sábado, 11 de mayo de 2013

Enigmáticas sombras

Hay piezas teatrales que generan alguna respuesta o solución. En otras, en cambio, lo que asoman son interrogantes. Quizá sea el caso de “Sombras”, pieza del autor noruego Jon Fosse (Haugesund, 1959).
En esta historia, los seis personajes cotidianos y arquetípicos –desde el nombre–  deambulan sin un motivo aparente por un extraño lugar tejido con recuerdos lejanos.
Recuerdos que jamás se apartarán de uno como si fueran una sombra, aunque luzcan inconexos, distantes, oscuros o hirientes. Este escenario sobrecogedor y desolador es propuesto por Martín Tufró, director de esta puesta, en el Auditorio del Centro Cultural de El Olivar de San Isidro.

Indefinido y atemporal
En “Sombras” el tiempo y el espacio pasan inadvertidos. En ese limbo cada uno de los personajes flota y cuenta, en la medida de lo posible, algunos hechos de su vida. Sus relaciones –confusas y dispersas– poseen un conector común que el espectador irá descubriendo a lo largo de este montaje de casi una hora. 
Quienes aparecen son la Madre (Montserrat Brugué), el Padre (Sergio Paris), el Amigo (Santiago Magill), la Chica (Sofía Humala), la Mujer (Rebeca Ráez) y el Hombre (Gerardo García Frkovich) y cada uno encarna a la sombra deslucida de otra que flota en una dimensión desconocida. La genialidad de esta pieza de Fosse reside en contar una historia con apenas retazos y pistas levemente específicas. Ello es bien aprovechado por el director y el elenco para entregar una historia colmada de reflexiones, dilemas, olvidos, decepciones y miedos que son los contrastes  de nosotros mismos.

Retando al destino
Quizá, por eso, llama la atención la naturaleza de sus diálogos: que oscilan entre la angustia, un temor inusitado y un aparente estado de tranquilidad. Y es lo que sus seis protagonistas arquetípicos logran reflejar al no querer aventurarse más allá, al no enfrentarse a lo inexorable… un destino ya jugado.
Es de destacar también la escenografía –ideada por Marta Osorio y Tufró– y la iluminación (diseñado por Mario Ráez) que recrea los vitales ocasos de esta historia. “Sombras” es la primera obra de este poeta, narrador y dramaturgo contemporáneo estrenado en Lima, pero ya había sido representado en teatros de Argentina y Chile.
Una propuesta interesante y un riesgo bien asumido por su director y actores para construir una atmósfera de recuerdos grises y fugaces que debería observarse bajo una diáfana luz o desde alguna tiniebla personal.

Crédito de fotos: Pamela Celeste / CC El Olivar

Ficha artística
“Sombras”, de Jon Fosse
Dirección: Martín Tufró
Elenco: Montserrat Brugué, Sergio Paris, Santiago Magill, Sofía Humala, Rebeca Ráez y Gerardo García Frkovich
Funciones: De jueves a domingo a las 8pm
La temporada va hasta el 19 de mayo.
Lugar: Centro Cultural El Olivar (Calle La República 455, San Isidro)

domingo, 5 de mayo de 2013

Una farsa bizarra

“El fin justifica los medios”. Esta frase del pensador Nicolás Maquiavelo (1469-1527) encaja con singular precisión en las dimensiones más oscuras del poder y en los mecanismos usados para lograr sus fines. En la Historia los ejemplos sobran y en “¡Baila con la Muerte!”, tragicomedia de arquetipos escrita por Maritza Núñez (Lima, 1958) danzan en un festín caótico.
Un banquete peligroso y embustero que se presenta hasta este domingo 5 de mayo en la renovada Sala de la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático (ENSAD). 
En él se transan favores políticos, intereses ocultos y eternos prejuicios inmersos en una Lima extrañamente hedonista de los años 50.
La historia recrea una fiesta que congrega a personalidades políticas, económicas y artísticas en casa de un general –irreverente alusión al general Manuel A. Odría– antes de las elecciones de 1956. En ese entonces, se debatía el voto de las mujeres o la conscripción del APRA, y las candidaturas se decidían entre noches de jarana y mambos de Dámaso Pérez Prado.

Noche frenética
Los anfitriones Nella (María José de Zaldívar) y Sergio (Leonardo Torres Descalzi) han apostado su futuro político en las próximas elecciones y organizan una pequeña fiesta. A ella acuden un empresario exitoso (Gustavo Mac Lennan) y su divertida amante (Rocío Ántero – Cabrera) así como una mujer muy religiosa de acomodada posición (Pilar Núñez).
La insólita constelación de invitados incluye a una ex reina de belleza (Lieve Delanoy) y un ambicioso arquitecto (Nelson Tafur). Cada arquetipo  revela sus ideales e intrigas siempre acompañados de un halo arribista. 
Junto a ellos y con un protagonismo ganado están los mozos (Herberth Hurtado, Gerson del Carpio y Héctor Quispe). Los tres son una comparsa coreográfica amena, casi la de un vodevil. Una mención especial para Perico (Emilio Montero), el mayordomo principal, cuyas apariciones histriónicas son cómicas y ágiles; mientras que el pianista Luis Felipe Sánchez crea la atmósfera oportuna para cada situación de la puesta.

El juego político
Existe una orquestación macabra e inadvertida en el texto de Núñez. A pesar de ser exhibida en un solo acto, hay dos partes definidas. Una primera avocada a una farsa política y costumbrista moderna como una postal inspirada en algún libro de Guillermo Thorndike. El programa de mano cita uno en especial: “Los apachurrantes años 50”.
Los trazos del imaginario criollo y ridículamente afrancesado se entrelazan en cuadros entretenidos y cotidianos. Pero luego viene un quiebre audaz. El punto desencadenante tiene como pretexto la muerte de Nella, la anfitriona y esposa del militar, sin presagiar lo que está por venir.
Entonces aparece un segundo momento lleno de escenas sensuales, picardía y coreografías bastante sugerentes. Una apuesta bizarra, atractiva y escandalizadora a la vez. En esta parte, los preceptos del espectador (y de la sociedad también) son puestos a prueba entre la sorpresa, la risa nerviosa o el escándalo.

Inicio y fin
Un riesgo en escena sostenido con buenas actuaciones de un elenco experimentado pero fresco, y una dirección acertada. El vestuario, el diseño de luces, la escenografía y la composición musical (“El manguerazo” y “El bolero de Cuchita”, de Sadiel Cuentas) son impecables y no hacen extrañar a la producción en otros salas.
El resultado han sido funciones a sala llena en la ENSAD y opiniones y reflexiones de todo tipo, un ejercicio saludable para cronistas y espectadores de nuestro teatro. “¡Baila con la muerte!”, el montaje de esta autora peruana residente desde 1986 en Finlandia, ha inaugurado así la nueva etapa de la histórica sala y cierra su temporada esperando alguna reposición futura que nos dé más para comentar.

Crédito de fotos: Fernando Criollo / VyV Comunicaciones


Ficha artística
“¡Baila con la Muerte!”, de Maritza Núñez
Dirección: Jorge Sarmiento Llamosas
Elenco: María José de Zaldívar, Leonardo Torres Descalzi, Pilar Núñez, Gustavo Mac Lennan, Lieve Delanoy, Emilio Montero, Rocío Ántero - Cabrera y Nelson Tafur. Emilio Montero, Luis Felipe Sánchez, Herberth Hurtado, Gerson del Carpio y Héctor Quispe
Última función: domingo 5 de mayo a las 6:30pm
Lugar: Sala de la Escuela Nacional Superiorde Arte Dramático - ENSAD (Paseo de la República cuadra 4, en el Parque de la Exposición)
Más información en el evento de la obra.