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lunes, 3 de diciembre de 2018

Tiempo de cambios

Resulta irónico que una sociedad pueda cambiar tan poco al cabo de un siglo y algunas décadas. Sara Joffré (1935-2014), una de las mentes más progresistas de nuestro teatro, reflexiona con afilada ironía sobre la negligente aplicación de justicia en “Aparecen las mujeres”.
"Aparecen las mujeres" de Sara Joffré
Esta obra póstuma es un juego de atemporalidades que coquetean con el presente, pasajes musicales y moralejas de libre interpretación. Con estos elementos la directora Jamil Luzuriaga y su elenco han esbozado un montaje de alegorías y reminiscencias históricas irónicamente factibles por estos días de corrupción a todo nivel. Estos recursos identificables en el teatro brechtiano configuran una puesta envolvente y reflexiva, cuyas controversias morales y éticas quedarán a conciencia de uno. Bajo una estructura episódica, el público se embarcará en un vaivén temporal cual círculo vicioso. El proceso creativo significó revisar literatura política y feminista, versiones de la obra de Joffré y una exploración corporal y vocal lúdica. Se muestran así interesantes contrapuntos en los que el público baila al son de pegajosos chachachás o se conturbe con salmos religiosos.
Lieve Delanoy, Ximena Arroyo, Patty Q. Madueño
Carla Martel, Yasmine Incháustegui e Yvonne Ydrogo
Los conflictos son disímiles –el respeto a los rituales funerarios de una congregación de monjas y la continuidad de una alegre boîte– y se mimetizan con precisión en diálogos acuciosos. “Aparecen las mujeres” enarbola algo más que una bandera de lucha feminista: es una crítica inteligente al ejercicio del poder político en una sociedad patriarcal. Aunque la propuesta se aleja de clichés sexistas, distingue entre quienes detentan el poder (hombres) y quienes no (mujeres y hombres) como responsables de perpetuar el establishment que los perjudicará tarde o temprano. Este cariz le da inobjetable universalidad al texto. Tal disconformidad ante los atropellos impulsa la lucha de estas mujeres contra un sistema carente de criterio. De ahí que el elenco y la dirección expongan la esencia empoderada y valiente de sus artífices sin importar tanto si son monjas de clausura o bailarinas de cabaret.
Jamil Luzuriaga dirige la obra
En escena, las seis actrices logran esta misión con un trabajo plausible, con contrastes y aspiraciones bien definidas. Lieve Delanoy y Ximena Arroyo –amigas cercanas de la autora– destacan por su entrega y energía; y junto a ellas una confiable comparsa (Incháustegui, Martel, Madueño e Ydrogo) que irradia dulzura, inquietud o sensualidad sin aspavientos. Como sus protagonistas, Joffré desafía con irreverencia los prejuicios y paradigmas sociales; y, risueñamente, se burla del tiempo. A casi cuatro años de su partida, fluye de su dramaturgia un indiscutible sentido de vigencia que confronta a sus espectadores con los anhelos de libertad prometidos desde la Independencia.

FICHA ESCÉNICA
Aparecen las mujeres” de Sara Joffre
Dirección: Jamil Nicolle Luzuriaga
Elenco: Ximena Arroyo, Lieve Delanoy, Yasmine Incháustegui, Carla Martel, Patty Q. Madueño e Yvonne Ydrogo
Temporada: Del 16 de noviembre al 9 de diciembre del 2018
Funciones: Viernes y sábados a las 8pm y domingos a las 7pm
Lugar: Asociación de Artistas Aficionados (Jr. Ica 323 Lima)
Más información en Aparecen las mujeres

domingo, 5 de mayo de 2013

Una farsa bizarra

“El fin justifica los medios”. Esta frase del pensador Nicolás Maquiavelo (1469-1527) encaja con singular precisión en las dimensiones más oscuras del poder y en los mecanismos usados para lograr sus fines. En la Historia los ejemplos sobran y en “¡Baila con la Muerte!”, tragicomedia de arquetipos escrita por Maritza Núñez (Lima, 1958) danzan en un festín caótico.
Un banquete peligroso y embustero que se presenta hasta este domingo 5 de mayo en la renovada Sala de la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático (ENSAD)
En él se transan favores políticos, intereses ocultos y eternos prejuicios inmersos en una Lima extrañamente hedonista de los años 50.
La historia recrea una fiesta que congrega a personalidades políticas, económicas y artísticas en casa de un general –irreverente alusión al general Manuel A. Odríaantes de las elecciones de 1956. En ese entonces, se debatía el voto de las mujeres o la conscripción del APRA, y las candidaturas se decidían entre noches de jarana y mambos de Dámaso Pérez Prado.

Noche frenética
Los anfitriones Nella (María José de Zaldívar) y Sergio (Leonardo Torres Descalzi) han apostado su futuro político en las próximas elecciones y organizan una pequeña fiesta. A ella acuden un empresario exitoso (Gustavo Mac Lennan) y su divertida amante (Rocío Ántero – Cabrera) así como una mujer muy religiosa de acomodada posición (Pilar Núñez).
La insólita constelación de invitados incluye a una ex reina de belleza (Lieve Delanoy) y un ambicioso arquitecto (Nelson Tafur). Cada arquetipo  revela sus ideales e intrigas siempre acompañados de un halo arribista
Junto a ellos y con un protagonismo ganado están los mozos (Herberth Hurtado, Gerson del Carpio y Héctor Quispe). Los tres son una comparsa coreográfica amena, casi la de un vodevil. Una mención especial para Perico (Emilio Montero), el mayordomo principal, cuyas apariciones histriónicas son cómicas y ágiles; mientras que el pianista Luis Felipe Sánchez crea la atmósfera oportuna para cada situación de la puesta.

El juego político
Existe una orquestación macabra e inadvertida en el texto de Núñez. A pesar de ser exhibida en un solo acto, hay dos partes definidas. Una primera avocada a una farsa política y costumbrista moderna como una postal inspirada en algún libro de Guillermo Thorndike. El programa de mano cita uno en especial: “Los apachurrantes años 50”.
Los trazos del imaginario criollo y ridículamente afrancesado se entrelazan en cuadros entretenidos y cotidianos. Pero luego viene un quiebre audaz. El punto desencadenante tiene como pretexto la muerte de Nella, la anfitriona y esposa del militar, sin presagiar lo que está por venir.
Entonces aparece un segundo momento lleno de escenas sensuales, picardía y coreografías bastante sugerentes. Una apuesta bizarra, atractiva y escandalizadora a la vez. En esta parte, los preceptos del espectador (y de la sociedad también) son puestos a prueba entre la sorpresa, la risa nerviosa o el escándalo.

Inicio y fin
Un riesgo en escena sostenido con buenas actuaciones de un elenco experimentado pero fresco, y una dirección acertada. El vestuario, el diseño de luces, la escenografía y la composición musical (“El manguerazo” y “El bolero de Cuchita”, de Sadiel Cuentas) son impecables y no hacen extrañar a la producción en otros salas.
El resultado han sido funciones a sala llena en la ENSAD y opiniones y reflexiones de todo tipo, un ejercicio saludable para cronistas y espectadores de nuestro teatro. “¡Baila con la muerte!”, el montaje de esta autora peruana residente desde 1986 en Finlandia, ha inaugurado así la nueva etapa de la histórica sala y cierra su temporada esperando alguna reposición futura que nos dé más para comentar.

Crédito de fotos: Fernando Criollo / VyV Comunicaciones


Ficha artística
“¡Baila con la Muerte!”, de Maritza Núñez
Dirección: Jorge Sarmiento Llamosas
Elenco: María José de Zaldívar, Leonardo Torres Descalzi, Pilar Núñez, Gustavo Mac Lennan, Lieve Delanoy, Emilio Montero, Rocío Ántero - Cabrera y Nelson Tafur. Emilio Montero, Luis Felipe Sánchez, Herberth Hurtado, Gerson del Carpio y Héctor Quispe
Última función: domingo 5 de mayo a las 6:30pm
Lugar: Sala de la Escuela Nacional Superiorde Arte Dramático - ENSAD (Paseo de la República cuadra 4, en el Parque de la Exposición)
Más información en el evento de la obra.