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domingo, 3 de noviembre de 2019

Los sueños rotos

Tras una reveladora temporada en la Sala Tovar de Miraflores, Onírica Teatro ha reestrenado “Este lugar no existe” (2019) en el Museo de Arte de Lima (MALI). En ese paraíso fugaz y descarnado los sueños parecen deshacerse ante la violencia y los abusos de la codicia irracional del hombre.
La abuela (Irene Eyzaguirre), Julia (Yaremís Rebaza)
y (Ernesto) Santiago Torres
En este delicado aparejo dramático, Alejandra Vieira ha contrapuesto, con justicia y solvencia, las ilusiones de dos jóvenes frente a una maquinaria hostil que socaba la dignidad en Madre de Dios. Y lo plasma a través de paradojas funcionales que oscilan entre una visión intimista y ritualista de nuestra Amazonía y la barbarie mercantilista auspiciada por la minería ilegal.  
La revisión psicológica, antropológica y sociológica latente en su dramaturgia se reflejó, además, en el montaje dirigido por la propia Vieira. Estos innegables aciertos la convirtieron en una de las piezas ganadoras del Premio Nacional de Nueva Dramaturgia 2017 del Ministerio de Cultura del Perú (MINCUL). La primera escena de “Este lugar no existe” sucede en un prosti-bar. Un encuentro amatorio reunirá a Ernesto y Julia (Santiago Torres y Yaremís Rebaza), dos adolescentes con alma de niño y alas de mártir que, a pesar de sus diferencias, descubrirán que tienen más en común de lo que piensan.
Alejandra Vieira escribe y dirige
"Este lugar no existe"
Con 17 años, el primero abandonó su natal Abancay para trabajar en una mina informal y salir de la miseria; mientras que la otra, de apenas 15 años, cree ser dueña de su cuerpo y su destino. Ambos han caído en Madre de Dios más por carencias económicas o familiares que por convicción propia.
La soledad los aferrará a una ilusión, al amor o, en el caso de Julia, a los recuerdos de su abuela fallecida (Irene Eyzaguirre, con breves y apariciones vitales). Con un trabajo sencillo y honesto, Rebaza y Torres convierten sus traumas y miedos en una semilla de esperanza en medio del páramo. Sin embargo, la pareja protagónica debería cuidar más su dicción y el acento que revela su origen, algo que Eyzaguirre logra transmitir con eficiencia con su presencia mística y tribal. Y aunque ciertas pistas musicales –algo sofisticadas, quizá– generan distancia con la selva, la propuesta es escénicamente sobria y creativa.
Julia (Rebaza) y Ernesto (Torres), víctimas de
la minería ilegal de Madre de Dios
En especial, cuando elementos comunes (piezas de plástico) construyen la ilusión de un escape terrenalmente posible, algo que la iluminación y las proyecciones de video consiguen al crear una atmósfera íntima y fantástica que acentúa las ensoñaciones de Julia o el tránsito místico de estos tres personajes. “Ese lugar no existe” es un interesante precedente de cómo retratar, sin clichés ni paternalismos, al Perú que late más allá de la capital. La mirada circundante a esa Lima que observa callada –escena que quiebra una “teórica” cuarta pared en la puesta– revela los muros de indiferencia y egoísmo que quedan por derribar.


FICHA ESCÉNICA
“Este lugar no existe” de Alejandra Vieira
Dirección: Alejandra Vieira
Elenco: Yaremís Rebaza, Santiago Torres e Irene Eyzaguirre
Temporada: Del 25 de octubre al 15 de diciembre
Funciones: Viernes y sábados a las 8pm / Domingos a las 7pm
Lugar: Auditorio AFP Integra del MALI (Paseo Colon 125, Lima)
Entradas: S/ 40 (General) y S/ 25 (Estudiantes)
Producción: Onírica Teatro
Más información en el evento de la obra

sábado, 3 de agosto de 2019

Cruzada ecológica

La Madre Naturaleza está enferma. Sus recurrentes estornudos son una ineludible alerta sobre la resquebrajada salud del planeta, nuestro hogar. “Los defensores de la naturaleza” utiliza esta premisa movilizadora para integrarnos a una cruzada necesaria: proteger el medio ambiente a partir de hábitos cotidianos y sencillos.
Laly (Laly Guimarey) y Checho (Sergio Cano)
Esta idea nació como un interesante formato de Ecofiesta, productora cultural que, desde 2014, impulsa espectáculos ecológicos y talleres de reciclado. Poco a poco, este concepto –coescrito por María Inés Seijas y Jorge Bazalar– fue enriqueciéndose de un abordaje lúdico y minimalista que recala en la conciencia de grandes y pequeños.
La dirección de Bazalar organiza acertadamente los elementos técnicos, estéticos y dramáticos –en ese orden– para construir un discurso eco-amigable, digerible y coherente. Las familias presentes en el auditorio del Museo de Arte de Lima (MALI) pueden percibirlo fácilmente. Por ello es entendible por qué los personajes infantiles de la obra –dos niños que, en realidad, son agentes de cambio– combaten el desinterés de una sociedad habituada a la producción masiva y el consumo fugaz, situación antagónica que impulsará la reflexión del espectador.
Madre Naturaleza (Briscila Degregori)
A pesar de su corta edad y sus temores, Laly y Checho (dupla divertida integrada por Laly Guimarey y Sergio Cano) acuden al llamado de Madre Naturaleza (la ocurrente Briscila Degregori). Ella les advierte sobre el impacto del crecimiento urbano desmedido en ciudades de la costa, la contaminación en la altura de la sierra y la indiscriminada tala en la selva.
Madre Naturaleza es asistida por dos jóvenes aliados (Francisco Luna en la guitarra y Nuria Mayor en el cajón), con quienes juega a la polisemia en códigos típicamente peruanos. La música, por ejemplo, realiza un viaje que va desde ritmos urbanos (rap) hacia otros más tradicionales (huayno o valse criollo).
Los verdes, marrones, ámbares y azules que dominan la iluminación y estética de “Los defensores de la naturaleza” son reforzados por la utilería y vestuarios elaborados a base de material reciclado. El elenco, por su parte, logra dar ese realce costumbrista al exponer su mensaje ambiental a través de la fauna de nuestras tres regiones.
Francisco Luna y Nuria Mayor, los aliados musicales
Aparecen un travieso gecko (Guimarey), una lagartija que busca a su familia entre las huacas costeñas, cada vez más abandonadas y descuidadas; un sabio cóndor (Luna) que, desde las cumbres, narra antiguas leyendas de amor y los actuales peligros de su hábitat; o un mono choro de cola amarilla (Cano) que ha perdido la alegría de vivir al observar a su árbol talado. En tiempos de inversiones bajo cuestionamiento ambiental, “Los defensores de la naturaleza” quiebran la indiferencia de una vida moderna, pero carente de identidad y respeto por su entorno. Estos pequeños adalides ecológicos alzan una voz que los motores de un progreso egoístamente rentable no debería silenciar.

FICHA ESCÉNICA
Dramaturgia: María Inés Seijas y Jorge Bazalar
Dirección: Jorge Bazalar
Elenco: Briscila Degregori, Nuria Mayor, Sergio Cano, Laly Guimarey y Francisco Luna
Temporada: Del 06 de julio al 18 de agosto
Funciones: Sábados y domingos a las 4pm
Lugar: Auditorio AFP Integra del Museo de Arte de Lima (Paseo Colon 125, Parque de la Exposición, Lima)
Entradas: S/ 30 (General) y S/ 20 (Estudiantes, adultos mayores, miembros del Programa Amigos del MALI (PAM) y niños hasta los 12 años)
Idea original y producción: Ecofiesta

sábado, 28 de julio de 2018

Travesuras del corazón

El amor es un bien extraño: algunos lo anhelan y otros lo esquivan, pero nadie parece escapar a sus enredos. Con más lecciones que recompensas, “No pensé que era amor” (2018), recoge siete miradas diferentes sobre este ineludible sentimiento en un montaje vívido y aleccionador.
"No hay problema" de David Ives
Basada en “Un gusto pasajero” (2017), primer trabajo del Colectivo Teatral Long Play; y actuada entonces por Manuel Díaz Ibáñez y Macla Yamada, la propuesta evolucionó sin perder su grácil esencia: aprovechar los avatares amorosos en sus formas más insospechadas bajo un formato dinámico de breves historias no conectadas linealmente. Dichas historias muestran las vicisitudes de pareja desde las etapas más felices hasta las más frustrantes. El desvarío de tramas deliberadamente desordenadas corresponde al ingenio de Lauren Wilson, David Ives, Manuel Díaz Ibáñez, José Luis Alonso de Santos y Garth Wingfield.
Planteada como multiverso, “No pensé que era amor” abarca lo trágico y cómico de estas relaciones sin detenerse “innecesariamente” en los clichés románticos. Desde la dirección Rodrigo Falla Brousett imprime intensidad y buen ritmo que encaja con los giros inesperados de las escenas.
"Hágame el favor" de Manuel Díaz Ibáñez
La pareja –Díaz Ibáñez y Priscilla Espinoza– transita por diversas escenas cotidianas y de alcoba con inocencia y desenfado. En “Dueto matrimonial”, pieza de Wilson que abre el montaje, se reflejan más que simples dilemas y temores de dos recién casados: es el umbral hacia un universo extraño y desafiante del que parece no haber marcha atrás. Espinoza lleva a escena una genuina plasticidad para crear roles maniacos (“Una verdadera mártir”) y otros más interesantes por su rápida resolución y concentración como en “No hay problema” (“Sure thing” de Ives, el maestro en las comedias de un acto), la más lograda del montaje.
Díaz Ibáñez, por su parte, añade personajes grotescos (“Una cuestión de honor” de Alonso de Santos) o tiernos (“Por favor, tome asiento y pronto alguien el atenderá” de Wingfield) identificables. El actor es inspirado autor de dos piezas del corpus: “Hágame el favor”, simpático juego de roles; y “Tenemos que hablar”, que sirve de epílogo de la obra.
"Dueto matrimonial" de Lauren Wilson
Sin destacar uno sobre otro, esta dupla “se desvive” ante la platea con acierto y veracidad, y ligeros errores. Los más visibles, quizá, estén a nivel técnico con efectos sonoros fuera de tiempo y cambios de escena –malabares del elenco entre vestuario y utilería a vista del público– que restan vértigo entre algunas historias. A pesar de estos detalles perfectibles, “No pensé que era amor” ofrece noventa minutos hilarantes y disfrutables. La puesta es un homenaje a los amantes imperfectos que juegan al (sin)sentido de amar y ser amado una y otra vez con la esperanza de que esta vez sea como esperamos.

FICHA ESCÉNICA
“No pensé que era amor”, dramaturgia de Lauren Wilson, David Ives, José Luis Alonso de Santos, Garth Wingfield y Manuel Díaz Ibáñez.
Dirección: Rodrigo Falla Broussett
Elenco: Priscilla Espinoza y Manuel Díaz Ibáñez
Temporada: Del 13 de julio al 3 de septiembre
Funciones: De viernes a lunes 8pm / Domingos a las 7pm
Lugar: Auditorio AFP Integra del Museo de Arte de Lima - MALI (Paseo Colon 125, Parque de la Exposición)
Entradas: S/ 40 (General) y S/ 20 (Estudiantes, adultos mayores y miembros del Programa Amigos del MALI (PAM)).
Viernes y lunes populares: S/ 20
Una producción de Long Play
Más información en el evento de la obra

lunes, 11 de abril de 2016

Terapia de amor

Hay dramaturgos que, con hilaridad y osadía, han explorado y explotado las posibilidades escénicas del amor. En “Como castigo por mis pecados” Tirso Causillas se atreve a comparar este noble y sublime sentimiento con un detonante cotidiano y peligroso… irónicamente tan necesario.
El autor Tirso Causillas
Bajo una óptica desenfada y raramente tierna, esta pieza somete a la audiencia a una exorcizante terapia, perfecta para enamoradizos obstinados. Luego de una primera temporada en mayo del año pasado en el Mocha Graña, este divertido montaje regresa, esta vez, al Museo de Arte de Lima (MALI). La certera dirección de Nani Pease y un elenco creativo y dinámico se alistan a desbaratar los paradigmas del amor. Con altas dosis de humor negro y ligeros consejos de manual de autoayuda, “Como castigo por mis pecados” busca salvar frágiles corazones de los desplantes y engaños.

¿ESTAR O NO ESTAR?
El coach del anti–amor Ezequiel García (buen trabajo de Tirso Causillas) dicta charlas para evitar los estragos de enamorarse. Elegante y mesiánico, García guarda en su experiencia las cicatrices de amores esquivos. Mientras describe su método de superación, el pasado parece atormentarlo.
Juan (Ángel Valdez), Ezequiel (Tirso Causillas) y
Ana (Fabiola Coloma)
Los ejemplos de su ponencia son ejecutados por Ana y Juan (Fabiola Coloma y Ángel Valdez). 
A través de esta entretenida pareja uno observa los sacrificios, clichés, manías, frustraciones y argucias –grotescas o ridículas– a las que uno recurre para conquistar al sexo opuesto. El montaje se sostiene por la hilaridad e incansable energía de Causillas y sus disfuerzos de libreto. Destacan el enorme desempeño físico y actoral de Coloma y Valdez para retratar con ingenio y frescura las caprichosas situaciones de pareja en divertidas y aleccionadoras postales.

VANOS CONSEJOS
La dirección de Pease acierta con el timing en las fases de alerta de posibles noviazgos –aunque podrían ser más ágiles– y la irreverencia de su elenco. A los descritos, se suma el destacado guitarrista (lúdico Loko Pérez) como artífice de atmósferas para la risueña conferencia y los enredos situacionales.
El guitarrista Loko Pérez
El lenguaje irónico de Causillas añade una severa crítica a la psicología pop utilizada en los libros de autoayuda. Esta dupla funcional (trabajaron en la delirante “Las crías tienen hambre”) congenia en un trabajo –más catarsis que puesta– en el que se decantan experiencias propias y ajenas. El montaje de /Nos/otros Teatro reflexiona y desmitifica el amor romántico. “Como castigo por mis pecados” la acerca más a la dimensión humana de los sentimientos confusos o promesas incumplidas. Ese es el costo por intentar de encontrar el equilibrio en las tempestuosas aguas del amor.

FICHA ESCÉNICA
 “Como castigo por mis pecados”, de Tirso Causillas
Dirección: Nani Pease / Asistencia: Nazira Atala
Elenco: Tirso Causillas, Fabiola Coloma, Ángel Valdez y Loko Pérez
Música original: Mijaíl Mitrovic
Dirección de arte: Aarón Rojas
Lugar:  Museo de Arte de Lima (Paseo Colón 125, Lima)
Temporada: Del 1 al 25 de abril de 2016
Funciones: Viernes, sábados y lunes a las 8pm / Domingos a las 7pm
Un montaje de /Nos/otros teatro
Más información en el evento de la obra

domingo, 20 de diciembre de 2015

Miradas imperturbables

La presencia de un paciente ha despertado la intriga en un centro psiquiátrico. Sus desconcertantes respuestas no encajan en diagnósticos clínicos comunes sino que, por el contrario, causan asombro por su aparente normalidad. Ni la ciencia más rigurosa de la Tierra podría con este caso. O quizá sí.
Rantés (Santiago Magill)
Esta extraña premisa inspiró a “Hombre mirando al sudeste” (1986), película de Eliseo Subiela (Buenos Aires, 1944). Luego de la controversia con el filme K–Pax (2001), el guionista argentino adaptó su historia al teatro. Un buen texto convertido en un sesudo montaje en manos de Nadine Vallejo.
La directora juega y potencia una puesta entre la lógica establecida y una más exógena: de mundos posibles. El Museo de Arte de Lima (MALI) trastoca en un refugio de emisarios siderales cuyos mensajes describen órbitas acompañadas de enigmas profundos. La razón entra en conflicto.

VIAJAEROS ESPACIALES
El extraño interno afirma haber venido de un planeta lejano y llamarse Rantés (Santiago Magill disciplinado y deslumbrante). Verlo desafiante e imponente –a pesar de su delgadez– inquieta con su enigmático discurso mesiánico. A su lado, Ricky Tosso logra construir un solvente contrapunto.
Rantés (Magill) y un interno (Casella)
A pesar de las licencias cómicas que destila, logra un personaje equilibrado como Julio Denis, el siquiatra y único amigo de Rantés. 
La dupla Magill y Tosso contribuye a tejer una trama inexplicable con posturas lógicas para cada uno, silencios precisos, miradas elocuentes y una tensión continua.
Ambos dibujarán trincheras de verdades relativas entre la habitual cordura y la aparente locura. ¿Y si lo aceptado socialmente como real por la costumbre de los siglos es una arcaica mentira? En “Hombre mirando al sudeste” encontrar una postura cómoda pondrá a prueba al espectador.

MUNDOS CONFUSOS
De otro lado, la acertada aparición de una compañera de Rantés (una aceptable Anneliese Fiedler) y uno de los pacientes del manicomio (un correcto Carlos Casella) aportan verosimilitud y dinamismo. La puesta en escena capta suficiente interés aunque solo el deleite dure una hora y media.
Escena de "Hombre mirando al sudeste"
Pronto, el misterio que acompaña a Rantés hace que las respuestas yazcan en una galaxia de temores lejanos. 
Con buen diseño de iluminación y una escenografía de estética fría, Vallejo delinea escenarios para cazar certezas en un consultorio, una sala de conciertos o un patio solitario.
Pero hay un gran obstáculo: las interrogantes que flotan en “Hombre mirando al sudeste” parecen señales del infinito. Allá donde Rantés perdía su mirada en un éxtasis sideral, una desorientada Humanidad contempla la bóveda celeste como si residiera ahí las verdades que expliquen los destinos más terrenos.

Crédito de fotos: Hombre mirando al sudeste

Ficha escénica
“Hombre mirando al sudeste”, de Eliseo Subiela
Dirección: Nadine Vallejo / Asistencia: Juan José Espinoza
Elenco: Ricky Tosso, Santiago Magill, Anneliese Fiedler y Carlos Casella
Diseño de escenografía, vestuario y luces: Juan Sebastián Domínguez
Composición musical: Iván Lorenzana
Lugar: Museo de Arte de Lima – MALI (Paseo Colón 125, Lima)
Temporada: Del 4 de setiembre al 26 de octubre de 2015
Funciones: Viernes, sábados y lunes a las 8pm / Domingos a las 7pm
Producción: Ana Celia Salazar y Silvia La Torre
Información adicional en la página de la obra

viernes, 11 de julio de 2014

Heridas abiertas

Puede decirse que Eduardo Adrianzén (Lima, 1964) se ha dedicado a pintar a los peruanos contemporáneos en escena. En sus obras –certeras propuestas nacidas de un análisis histórico– problematiza sobre la identidad, el imaginario y los anhelos nacionales sin caer en clichés ni sentimentalismos patrioteros.
Emanuel Soriano, Denise Arregui y
Carlos Mesta
En esa línea se sitúa “Cómo crecen los árboles”, su último trabajo. La pieza fue seleccionada en el Festival Sala de Parto 2013 y refleja los inconclusos conflictos de un país que prefiere decidir, con la exquisitez de un comensal de lujo, dónde cenar antes que reconciliarse.
Adrianzén escarba en esa furtiva e incómoda fuente desde los ojos de un estudiante de cocina de clase alta. Con fórmulas dramáticas correctas y la dirección de Gustavo López Infantas, “Cómo crecen los árboles” entra en su tramo final (va hasta el lunes 14 de julio) en el auditorio del Museo de Arte de Lima.

Tiempos violentos
Una caprichosa serie de sucesos parece devastar a Dante (Emanuel Soriano), un optimista estudiante de cocina. Mientras prepara una receta para su graduación aparece Tomás (Carlos Mesta), su padre y oficial de la marina prófugo por genocidio durante la guerra interna, sin que Maritza, su madre y activista de una ONG (Denise Arregui) pueda evitarlo.
Sylvia Majo y Camila Zavala
Este escenario trastocará su mundo y notará cómo conviven ciertas ideologías en su entorno, como la de su instructor de kung fu (Gustavo Molina) o su ligera novia Vania (Camila Zavala). 
Soriano y Arregui plantean un inteligente juego generacional (la visión sobre el futuro en los años ochenta y en la actualidad) al inicio, aunque luego se diluye esa relación de forma misteriosa.
En cambio, son destacables las escenas de Sylvia Majo como Paulina. Sus testimonios y monólogos desbaratan los milagros económicos y la poca sensibilidad de otros personajes. Por ejemplo, ante Tomás y Cristóbal, las dos versiones de un discurso irreconciliable. O ante Vania durante una charla reveladora.

¿Y el Perú actual?
La escenografía es sobria y funcional; mientras que el trabajo coreográfico (incluso en artes marciales) resulta grácil. Ciertos de estos pasajes delatan la frivolidad en épocas de superávit, sin embargo, corren el riesgo de que puedan ser tomados como un simple efectismo o parodia de los reality shows.
Pesadilla en "Cómo crecen los árboles"
El programa de mano refiere que esta obra es pariente de “Respira” (2009), premiada en “Ponemos tu obra en escena” 2008, festival del Centro Cultural Peruano Británico. Esta vez, sin embargo, la herida social que muestran –y denuncian– no es tan punzante.
Quizá, por la mirada despreocupada de sus personajes actuales, o porque algunos de ellos rozan el estereotipo y la caricatura en virtud a las connotaciones políticas que asoman. A pesar de ello, “Cómo crecen los árboles” desnuda la incapacidad de una sociedad que no está dispuesta a colocarse en el lugar de otros, aun cuando la herida que nos hermana continúa sangrando.

Fotografías: SUD Producciones / Cómo crecen los árboles

Ficha artística
“Cómo crecen los árboles”, de Eduardo Adrianzén
Dirección: Gustavo López Infantas
Asistencia de Dirección: Johanna Cuevas
Elenco: Emanuel Soriano, Denise Arregui, Carlos Mesta, Gonzalo Molina, Camila Zavala y Sylvia Majo
Lugar: Auditorio AFP Integra del MALI (Paseo Colón 125, Lima)
Funciones: De viernes a lunes a las 8pm / Domingos a las 7pm
La temporada culmina el lunes 14 de julio de 2014
Entradas: S/. 30 (General) y S/. 15 (Estudiantes, jubilados y amigos del Museo). Viernes y lunes populares: S/. 15
Revise aquí el programa de mano digital
Más información en la página de la obra o en su evento

lunes, 22 de octubre de 2012

Burlando a la muerte

¿Hay alguna forma de evitar el llamado de la muerte? Al parecer, eso creen los dos desdichados personajes de “¡A ver, un aplauso!”, pieza escrita por César de María y exhibida hasta esta noche –acabará su temporada con una función especial– en el auditorio del Museo de Arte de Lima (MALI).
En ella, Tripaloca (Manuel Gold) y Tartaloro (Nicolás Galindo), dos payasos callejeros, reciben la visita de dos extraños emisarios. Aseguran venir en nombre de La Muerte, aunque parezca una broma. Pero no. Vienen a llevarse a Tripaloca, quien sufre de TBC y como artista de la calle vive en la pobreza de una Lima desilusionada.

Bromas macabras
Roberto Ángeles, director de esta puesta, retoma una historia de César de María. Unos meses antes había presentado una evocadora y bien lograda “Laberinto de monstruos” en el Teatro Mario Vargas Llosa de la Biblioteca Nacional de San Borja.
Ahora lleva a escena una obra escrita en 1984 reflejando el lado popular de los payasos de la calle. Basta ver los pasajes y coreografías de salsa y el crudo lenguaje callejero (que podría haberse depurado un poco, sin perder la esencia) de sus personajes, muy bien delineados, por cierto.
Gold destaca por su destreza en papeles cómicos y lo demuestra con su Tripaloca. A su lado, el Tartaloro de Galindo es buen equilibrio, por momentos, ágil y atrevido y, por lo general, chillón –por su voz– y enternecedor. Un detalle a cuidar: los payasos de la calle suelen estar muy pulcros para ser los descritos en la obra.

El mejor recurso
Como si se tratara de una lógica oscura, los dos lúgubres mensajeros fueron payasos. Interpretados por Gabriel Iglesias y Daniela Baertl (alumnos del taller de formación actoral de Ángeles), cumplen su función como los emisarios que deben escuchar las historias que Tripaloca cuenta y Tartaloro escribe en una libreta, artilugio utilizado para evitar el designio.
Ambos, además, realizan una serie de roles que no decaen a medida que avanza la obra. Dos escenas divertidas tienen a Iglesias, por ejemplo, como un chamán amazónico tras las rejas y a Baertl como una bailarina de night club enamorada de Tripaloca.
Volviendo a los protagonistas, los dos personajes recrean las esperanzas, las suyas, las de su público, el de la calle, el de la platea, el de hoy y, quizá, el de mañana. Con esta premisa –vital en el texto de De María–, el montaje saca ventaja a pesar de que ciertos momentos de drama parecen perderse bajo la contagiosa comicidad de sus personajes.

Imperdible. Antes de la última función de “¡A ver, un aplauso!” (8pm) se presentará “Laberinto de monstruos” (6pm), pieza dirigida por Ángeles hace unos meses en el teatro Mario Vargas Llosa de la BNP. Luego habrá un conversatorio con los dramaturgos peruanos César de María, Gino Luque y Eduardo Adrianzén.

Crédito de fotos: Daniela Talavera

Ficha técnica
“¡A ver, un aplauso!”, de César De María
Dirige: Roberto Ángeles / Asistencia de dirección: Haysen Percovich
Actúan: Manuel Gold, Gabriel Iglesias, Daniela Baertl y Nicolás Galindo
Lugar: Teatro Auditorio del Museo de Arte de Lima - MALI (Parque de la Exposición s/n Lima)
La temporada acaba el 22 de octubre
Más información en el evento o en la página del MALI.

domingo, 22 de enero de 2012

Odisea peruana

Hacia 1968 ni los soviéticos o los estadounidenses sospechaban que una modesta nación sudamericana trabajaba en silencio con la mirada fija en las estrellas. En pleno auge de la carrera espacial, este incógnito tercer competidor –el Perú bajo el mando del general Juan Velasco Alvarado– alistaba una misión secreta a la Luna rumbo a conquistar el espacio infinito.
Esta odisea jamás imaginada ni escrita en libros o enciclopedias, es revelada en “Astronautas”. Un fantástico montaje que recrea el viaje de tres expedicionarios peruanos, inmersos entre pasajes de entrenamiento, alunizaje y ciertos trazos documentales que intentan explicar qué ocurrió con tan insólita travesía.


Un capítulo peruano
Esta historia fue escrita por Jorge Castro (quien, además, la dirige), Héctor Gálvez, Mateo Chiarella, Gino Luque y Gerardo Ruiz Miñán. En ella, se narra cómo el gobierno revolucionario seleccionó y preparó al equipo responsable de ondear la bandera peruana en la superficie lunar e iniciar la conquista del espacio.
A los miembros se les asignó apelativos acordes a la época: Ayar Manco (Eduardo Camino) es el piloto de la misión; Ayar Uchu (Pietro Sibille) es el médico y comando especializado en supervivencia; y el físico-astrónomo –algo hippie, por cierto– Ayar Cachi (Manuel Gold). Los tres guiarán al “Tumi”, transbordador de fabricación peruana y bajo presupuesto, a través de los cielos.
La trama sigue el hilo contado por el hijo de uno de los astronautas desparecidos y que desea saber qué sucedió con su padre. Pero no es determinante ya que la historia se sostiene con solidez en la convivencia de los tres para el éxito de la travesía. Surgen ahí situaciones por el tipo de formación (militar o civil) o, incluso, pugnas raciales en una época de reivindicación por lo andino.


En gravedad cero
Camino, Sibille y Gold no desentonan en sus interpretaciones. Cada uno de sus personajes se desenvuelve entre referencias pop e históricas de los años 60 y esbozan una cierta sátira a la forma en que los militares de aquél entonces –y, quizá, los de hoy– toman sus decisiones.
La dirección de Castro (quien es dramaturgo y psicólogo clínico) no deja mayores dudas. Lo que se aprecia durante poco más de hora y media, y sin decaer. Y aquí destaca el cuidadoso escenario –elaborado por Camino– de estrellas titilantes y eclipses instantáneos así como la pista musical del montaje.
Con “Astronautas” –segunda aventura de Viaexpresa–, el colectivo teatral reafirma la calidad de las puestas escénicas a estrenarse (ya viene “Madrugada”) en el auditorio ING del Museo de Arte de Lima (MALI). Y ratifica el buen despegue desde “Aeropuerto” (2011), solo que ahora, miles de kilómetros más allá, desafía los límites de la imaginación haciendo una pequeña escala en la Luna.

Créditos de foto: MALI / Viaexpresa


Ficha técnica
“Astronautas”, de Jorge Castro, Héctor Gálvez, Mateo Chiarella, Gino Luque y Gerardo Ruiz Miñán.
Dirige: Jorge Castro
Actúan: Pietro Sibille, Manuel Gold y Eduardo Camino.
Horario: De viernes a lunes a las 8:30pm / Domingos a las 7pm.
Lugar: Auditorio ING del Museo de Arte de Lima - MALI (Parque de la Exposición s/n Lima)
Entradas: S/. 30 (general); S/. 15 (estudiantes, jubilados y miembros del Programa Amigos del Museo); Mezanine S/. 10 todos las funciones. Viernes y lunes populares: S/. 15.
La temporada acaba el 6 de febrero
Más información en la página del MALI y la página de Viaexpresa.