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lunes, 13 de abril de 2026

Universos distantes

Adaptar una obra clásica al presente es un desafío atractivo, a pesar de los riesgos que conlleva. Un buen ejemplo de ello es “Romeo y Juli” (2023), inédita reversión de la tragedia shakesperiana del dramaturgo galés Gary Owen (Haverfordwest, 1972) que se aproxima mucho a una deconstrucción de las relaciones actuales.

Romeo (Pérez) y Bárbara (Villalobos)

Su historia algo antojadiza, y, a su modo, coherente, sitúa a los jóvenes enamorados de Verona en los suburbios postindustriales de Cardiff. Desde ahí, este naciente amor debe lidiar con las diferencias socioeconómicas y culturales que los separan, así como con nuevas responsabilidades y expectativas personales. El director Mikhail Page traduce esta mezcla de contrastes emocionales y, sobre todo, políticos en un montaje actoral y estéticamente sólido de dos horas y media de función. Ello a pesar de que los dos actos que componen este drama romántico –con breves pasajes de humor negro– podrían resultar muy disímiles. 
En la primera parte, aparece un Romeo de 20 años (buen trabajo de Diego Pérez) como un padre rubio y soltero. Su bebe Lucy es la fuerza que lo impulsa en medio de sus inseguridades y torpezas, a los que debe sumar una desquiciante relación con Bárbara (la sobresaliente Erika Villalobos), su madre alcohólica.

Los padres (Arregui e Iza) de Juli (Morello)

Su contraparte, Juli (la sorpresiva Merly Morello) es una brillante alumna de 19 años. Este personaje reluce con sus líneas maduras y asertivas, algo llamativo en alguien tan joven, pero que la actriz conduce con verosimilitud, ya que es consciente de sus ventajas y es fiel a sus convicciones y aspiraciones. Aunque diferentes, ambos jóvenes luchan por aquello que podría cambiar su destino. Mientras Juli sueña con estudiar astrofísica en la prestigiosa Cambridge, Romeo empuja su coche de bebé en medio de trabajos agotadores y precarios, y, apenas, orientado por los descarnados consejos de su madre. Y aunque Owen plantea un abismo entre ambos, su nueva fábula los reúne en un idilio frenético, directo y sin tanto prejuicio que los acerca a estos tiempos. Las consecuencias de este acercamiento propician decisiones súbitas, impredecibles y cuestionables que, por ratos, saturan al espectador durante el segundo acto. Se ve a Juli como oposición natural de sus progenitores, quienes le avizoran un mejor futuro a toda costa. Su madre (Denise Arregui, intenso y entrañable según el momento) y su padre (un preciso Miguel Iza) encarnan el sacrificio parental que se interpone a los intereses de la pareja, pero que se impone a un alto costo.

Mikhail Page dirige esta propuesta con una
escenografía cargada de luces y sombras

La decisión de Page de mantener a los tres padres como silenciosos “observadores” del desarrollo de los hijos no es casual. Este detalle juega a precisión con una escenografía de gradas ondulantes y espacios demarcados por la luz y oscuridad que sólo se quiebran en las transiciones de música y fosforescencias.
Con proyecciones siderales y una escenografía de luces dinámicas, “Romeo y Juli” toca temas que evitamos por la corrección política y el postureo moral. Las dos almas de este montaje de La Ira Producciones intentan abrirse camino en un ambiente hostil y desfavorable que, rara vez, se soluciona con buenos sentimientos.

Crédito de fotos: Luis López

FICHA ESCÉNICA
Romeo y Juli” de Gary Owen Traducción: Mikhail Page Dirección: Mikhail Page Asistencia de dirección: Daniela Zea Elenco: Diego Pérez, Merly Morello, Érika Villalobos, Miguel Iza y Denise Arregui Temporada: Del 09 de abril al 31 de mayo de 2026 Funciones: De jueves a lunes a las 8pm. Domingos a las 7pm Lugar: Teatro Británico (Ca. Bellavista 531, Miraflores) Entradas: S/ 50 (Platea) y S/ 25 (Mezzanine) en Joinnus y boletería del teatro. Revisa los precios grupales (4 entradas desde S/ 25 cada uno) y lunes y jueves populares Un montaje de La Ira Producciones Redes sociales: Web / Facebook / Instagram

jueves, 18 de julio de 2019

Jaulas invisibles

Existen prisiones infranqueables e intangibles en la cotidianidad, casi en la comodidad de tu hogar. “Los elefantes” desafía ese peligroso universo camuflado de trabajos desmotivadores y matrimonios estables con agudo sigilo y minuciosidad a través de una familia de clase media perdida en los confines de la normalidad.
Eugenia, (Denisse Arregui), W (Tadeo Congrains)
y Rengifo (Claret Quea)
Este drama familiar con contrapuntos absurdos e inesperados escrito y dirigido por Ronnie Farfán se sitúa en los complicados años ochenta, con algunas pistas de una localidad precisa. Bajo esta óptica se esbozan inimaginables dinámicas conyugales, parentales y fraternales tejidas sobre secretas resignaciones, sueños postergados y el azaroso futuro de sus miembros. Las desoladoras, extravagantes y delirantes situaciones de la puesta confirman que ni en la ficción más osada podrían convivir familias ideales o funcionales. Esta cualidad llamó la atención del jurado del Festival Sala de Parto 2017 para declarar a esta singular exploración tragicómica como una de sus ganadoras. Los elefantes” presenta a una familia acomodada, disfuncional, poco comunicativa y algo excéntrica. Sus miembros habitan el mismo hogar, pero no necesariamente la misma realidad. Eugenia (Denise Arregui) y Perelman (Javier Valdés), los padres, viven ensimismados y expectantes de un inminente divorcio.
W (Congrains) y Perelman (Javier Valdés)
Sus hijos, Rengifo (Claret Quea) y W (Tadeo Congrains) son algo más conscientes de su entorno, aun cuando el primero es un muchacho con habilidades diferentes, mientras que el segundo es un chico prodigio –el orgullo de los padres– con serias aspiraciones académicas. Ambos liderarán las acciones más decisivas de la trama ante la errática presencia de los progenitores.
Farfán cubre a sus personajes de un sentido de inconexión entre sí que aporta intriga y honestidad. Ese verdadero “divorcio” entre padres e hijos hace posible escenas fuera de serie con un baño portátil en sala y dos muñecos junto a W y Rengifo que simulan perfectamente el grado de descomposición familiar que comparten.
El elenco cumple las indicaciones de una dirección que, tras un aprendizaje en la asistencia, es cuidadosa. Valdés contiene su drama –un deseo escondido y casi utópico– con parlamentos escuetos, mientras que Arregui bordea la histeria, la locura y el orgullo ante las situaciones que afronta sin perder una cuota de humor.
"Los elefantes", una familia fuera de serie
No obstante, Quea y, especialmente, Congrains, alcanzan trabajos notables no solo por el tono pintoresco de sus papeles, sino por la humanidad y naturalidad con que los han concebido. 
La escenografía es realista: una sala de casa con una biblioteca de estantería llena –la Casa Amaru de Barranco es bien aprovechada–, una mesita de centro, cuadros y un teléfono de disco que resultará esencial. La selección musical exquisita y un vestuario sin mayores artificios enmarcan la época sin dificultades. En tiempos de redes sociales y gente hiperconectada, “Los elefantes” ironiza sobre esa “normalidad” que la sociedad exige a las familias sin reparar, quizá, que la aleatoria interacción de sus miembros sea su dimensión exacta.

FICHA ESCÉNICA
Los elefantes” de Ronnie Farfán
Dirección: Ronnie Farfán
Elenco: Denise Arregui, Javier Valdés, Claret Quea y Tadeo Congrains
Lugar: Amaru Casa Cultural (Jr. Sucre 317, Barranco)
Funciones: De jueves a domingo a las 8pm
Temporada: Del 6 de junio al 21 de julio
Entradas: S/ 50 (General) y S/ 30 (Estudiantes y jubilados)
Informes: Los elefantes Teatro / Sala de Parto

lunes, 25 de diciembre de 2017

Víctimas del poder

Ciertos paradigmas (“sexo débil” o “la víctima”) suelen opacar o reducir la dimensión de la mujer. Una idea distante de Cleopatra, Juana de Arco, Indira Ghandi o Margaret Thatcher, figuras que, a su modo, incidieron en su época hasta erigirse como protagonistas de la Historia.
"Las mujeres de los nazis",
bajo la dirección de Daniela Lanzara
Con inteligente precisión, el dramaturgo e investigador Héctor Levy-Daniel (Buenos Aires, 1961) aporta una arista diferente a esta premisa con su trilogía titulada “Las mujeres de los nazis”. Desde esta interesante ficción histórica, el autor explora y describe el universo femenino ligado al régimen de Adolf Hitler (1889–1945).
En su debut, la directora Daniela Lanzara aborda el rol de las mujeres en los oscuros días del nazismo, sin prejuicios ni tabúes. Encarnado por Denise Arregui, Macla Yamada y Roberto Ruiz, el montaje propone un juego que trastoca a víctimas y victimarios de lugar a partir de personajes reales.
Un pequeño reparo es que, por su estilo confesional e íntimo, estos episodios propician escenas más dialogadas que actuadas. Ello no impide que el elenco se adapte a la multiplicidad de roles y esboce escenas intensas que a la dirección le cuesta sostener en la trilogía.
Denise Arregui
Sucede con “La inquietud de la señora Goebbels” que, aunque raye con un realismo difuso, se torne algo densa. En ella Magda Goebbels (acertada Arregui) y Victor Arlosoroff (Ruiz), un antiguo amante judío, se sumergen en una travesía nostálgica que no presagia su sombrío presente cuando ella no imaginaba ser la primera dama del Tercer Reich. En “La convicción de Irma Grese”, en cambio, la justicia se desdobla en dos planos
En uno sitúa a Grese (oportuna Yamada), asistente de Mengele en Auschwitz, frente a su verdugo Albert Pierrepoint (Ruiz, de una sólida presencia), mientras que en el otro los testimonios de Gisella Perl (Arregui) configuran los límites de un tribunal urgente e imperfecto.
“El dilema de Geli Raubal” es, sin duda, la más consolidada de la tríada. Ahí Yamada brilla desde el dolor de Geli con una actuación conmovedora que naufraga ante la frialdad de Angela Hitler (Arregui) y la impotencia de Emil Maurice, interpretado por Ruiz, que, como en las piezas anteriores, está preciso y afinado.
Roberto Ruiz y Macla Yamada
Lejos de insistir en los desvaríos nazi, el trazado psicológico de Lanzara analiza la relación entre el poder (político) y las acciones, buenas o malas, sin detenerse en el género. Tal examinación devela animadversiones, simpatías y un curioso brillo humano en sus desolados protagonistasLa escenografía es sobria, minimalista y suficiente. 
Los aspectos técnicos (iluminación y sonido) van acordes como el vestuario de época. En su primera puesta en escena fuera de Argentina, “Las mujeres de las nazis” denuncia el apetito de poder que convierte a seres civilizados en frágiles títeres: las víctimas de círculo nocivo.

FICHA ESCÉNICA
“Las mujeres de los nazis” de Héctor Lévy-Daniel
Directora: Daniela Lanzara.
Elenco: Denise Arregui, Roberto Ruiz y Macla Yamada.
Lugar: Centro Cultural El Olivar (Ca. La República 455, San Isidro)
Temporada: Del 03 de octubre al 01 de noviembre

viernes, 11 de julio de 2014

Heridas abiertas

Puede decirse que Eduardo Adrianzén (Lima, 1964) se ha dedicado a pintar a los peruanos contemporáneos en escena. En sus obras –certeras propuestas nacidas de un análisis histórico– problematiza sobre la identidad, el imaginario y los anhelos nacionales sin caer en clichés ni sentimentalismos patrioteros.
Emanuel Soriano, Denise Arregui y
Carlos Mesta
En esa línea se sitúa Cómo crecen los árboles”, su último trabajo. La pieza fue seleccionada en el Festival Sala de Parto 2013 y refleja los inconclusos conflictos de un país que prefiere decidir, con la exquisitez de un comensal de lujo, dónde cenar antes que reconciliarse.
Adrianzén escarba en esa furtiva e incómoda fuente desde los ojos de un estudiante de cocina de clase alta. Con fórmulas dramáticas correctas y la dirección de Gustavo López Infantas, “Cómo crecen los árboles entra en su tramo final (va hasta el lunes 14 de julio) en el auditorio del Museo de Arte de Lima.

Tiempos violentos
Una caprichosa serie de sucesos parece devastar a Dante (Emanuel Soriano), un optimista estudiante de cocina. Mientras prepara una receta para su graduación aparece Tomás (Carlos Mesta), su padre y oficial de la marina prófugo por genocidio durante la guerra interna, sin que Maritza, su madre y activista de una ONG (Denise Arregui) pueda evitarlo.
Sylvia Majo y Camila Zavala
Este escenario trastocará su mundo y notará cómo conviven ciertas ideologías en su entorno, como la de su instructor de kung fu (Gustavo Molina) o su ligera novia Vania (Camila Zavala). 
Soriano y Arregui plantean un inteligente juego generacional (la visión sobre el futuro en los años ochenta y en la actualidad) al inicio, aunque luego se diluye esa relación de forma misteriosa.
En cambio, son destacables las escenas de Sylvia Majo como Paulina. Sus testimonios y monólogos desbaratan los milagros económicos y la poca sensibilidad de otros personajes. Por ejemplo, ante Tomás y Cristóbal, las dos versiones de un discurso irreconciliable. O ante Vania durante una charla reveladora.

¿Y el Perú actual?
La escenografía es sobria y funcional; mientras que el trabajo coreográfico (incluso en artes marciales) resulta grácil. Ciertos de estos pasajes delatan la frivolidad en épocas de superávit, sin embargo, corren el riesgo de que puedan ser tomados como un simple efectismo o parodia de los reality shows.
Pesadilla en "Cómo crecen los árboles"
El programa de mano refiere que esta obra es pariente de “Respira” (2009), premiada en “Ponemos tu obra en escena” 2008, festival del Centro Cultural Peruano Británico. Esta vez, sin embargo, la herida social que muestran –y denuncian– no es tan punzante.
Quizá, por la mirada despreocupada de sus personajes actuales, o porque algunos de ellos rozan el estereotipo y la caricatura en virtud a las connotaciones políticas que asoman. A pesar de ello, Cómo crecen los árboles” desnuda la incapacidad de una sociedad que no está dispuesta a colocarse en el lugar de otros, aun cuando la herida que nos hermana continúa sangrando.

Fotografías: SUD Producciones / Cómo crecen los árboles

Ficha artística
Cómo crecen los árboles”, de Eduardo Adrianzén
Dirección: Gustavo López Infantas
Asistencia de Dirección: Johanna Cuevas
Elenco: Emanuel Soriano, Denise Arregui, Carlos Mesta, Gonzalo Molina, Camila Zavala y Sylvia Majo
Lugar: Auditorio AFP Integra del MALI (Paseo Colón 125, Lima)
Funciones: De viernes a lunes a las 8pm / Domingos a las 7pm
La temporada culmina el lunes 14 de julio de 2014
Entradas: S/. 30 (General) y S/. 15 (Estudiantes, jubilados y amigos del Museo). Viernes y lunes populares: S/. 15
Revise aquí el programa de mano digital
Más información en la página de la obra o en su evento

lunes, 28 de marzo de 2011

De lo Efímero a lo perdurable

La primera vez que vi “Efímero”, el año 2008, la idea de abrir un blog sobre artes escénicas era aún lejana. Fue grato ver el anuncio de que Teatro Veloz –y un grupo de trece actores aficionados formados en poco más de diez ensayos– llevaran a escena esta obra escrita por Mariana de Althaus.
Reto difícil, pero que con experiencia suficiente ha venido desarrollando Marbe Marticonera y su afán por convertir el teatro en una experiencia cercana, lúdica y, en especial, motivadora para quienes tienen el sueño de actuar. Apenas empezó la función, pude recordar las escenas que alguna encarnaran Alejandra Guerra, Denise Arregui y Lita Baluarte en el Centro Cultural El Olivar de San Isidro.
Esta vez el entusiasta elenco contó la historia de Lunar, una reflexiva chica que vaga, por la ciudad, buscando a su gato azul. Efímero era lo único permanente en su vida y ahora que se ha ido la soledad la lleva a descubrir aspectos en los que no había reparado antes como la libertad y la importancia de las decisiones.



Lenguaje sutil
La naturaleza irónica, ingenua y evocadora de su protagonista es la imagen de quien busca –o al menos, intenta– responder la pregunta: ¿Qué buscamos? Si Efímero sigue sus sueños, ahora es momento que ella inicie su propia búsqueda. Es así que en cada escena, Lunar conocerá a mendigos, meseras, estilistas e, incluso, a un joven antisocial, y aprenderá algo nuevo.
El texto de Mariana de Althaus es un punto a favor. Sus sutilezas y referencias parecen un juego de fantasía, poesía y metáforas encerradas en el misterioso paradero del minino. ¿Es el gato algún ideal perdido o un sueño por cumplir? Mientras la puesta plantea resolverlo, la escenografía colorida –sobria en elementos pero de alto poder sugestivo– acentuó la acción dramática de la puesta.



La creadora
Mariana de Althaus (Lima, 1974) es dramaturga, directora y profesora de teatro. Con “Efímero” logró el tercer puesto en el Concurso de Dramaturgia Peruana ‘Ponemos tu obra en escena’ de 2007, organizado por el Centro Cultural Peruano Británico. Tres años después, en este mismo certamen conseguiría el primer puesto con “Entonces Alicia cayó”, obra que dirigirá y estrenará en el Teatro Británico este año.
Y es una de las dramaturgas más prolíficas del medio y es autora de obras como “En el borde”, “Los charcos sucios de la ciudad”, “El viaje”, “Tres historias del mar”, “Princesa Cero”, “La puerta invisible”, “Vino, bate y chocolate”, “Ruido” y “La Mujer espada”, estrenada el año pasado en el teatro de El Olivar.

Próximo estreno
Acertado el texto como notable la dirección de este montaje al permitir que algunos papeles rotaran para brindar una mayor participación. Un proyecto muy meritorio y sobre todo, audaz para lograr que, en sólo unos meses de taller, una puesta que, a pesar de los nervios principiantes, no defrauda.
Una vez abajo el telón, Teatro Veloz piensa en el próximo montaje: “Una pulga en la oreja”, del francés Georges Feydeau. Las inscripciones para la audición van del 18 al 29 de abril. Al día siguiente, sábado 30, será la audición. Los ensayos empiezan el 3 mayo y serán los días martes y jueves de 7pm a 10:15pm. Para cualquier informe puede visitar la web de Teatro Veloz o llamar a los teléfonos 993-741-109 y 994-240-257.
Fotos: Teatro Veloz