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jueves, 6 de agosto de 2026

Oscuros recuerdos

¿Puede ocultarse la verdad, o esconderse siquiera, cuando asoma la peor versión de uno mismo? Responder esta pregunta podría resultar difícil cuando las acciones  esquivan los límites morales y jurídicos hasta coquetear con la impunidad emocional de una aventura como sucede en la laureada pieza teatral “Blackbird” (2005).

Ray (Paris) y Una (López Bravo) en "Blackbird"

Esta obra del autor escocés David Harrower (Edimburgo, 1966) plantea, entre claroscuros dramáticos, vacíos legales y delirantes confesiones, la existencia de un delito. Inspirada en un caso real, sus protagonistas reposan en las antípodas de una inaceptable relación entre una adolescente de apenas 12 años y un hombre casado, 18 años mayor. Bajo la dirección –y la oportuna traducción– de Mikhail Page, esta historia cumple con lo que promete: situar en la esfera pública un tema sensible sin evadir la polémica. Este montaje de La Ira Producciones estrenado a inicios de julio lo logra gracias a un elenco comprometido que no tema encarnar una problemática que la sociedad evita. “Blackbird” inicia con una imagen desoladora.
A una descuidada oficina de ventanas con vidrios translúcidos y llena de desperdicios, llega una joven de atuendo negro y aspecto misterioso (Tania López Bravo en un papel exigente). Su delicada figura no logra ocultar, por mucho tiempo, su impetuosa personalidad ni el motivo de su visita.

Lia Lee en el cierre
de la puesta en escena

Mientras personas van de un lado a otro, murmurando, aparece Ray (Sergio Paris, convincente y preciso), un deslucido oficinista que se siente descubierto ante la muchacha. La escena es abrumadora, casi incómoda: él está desencajado y ella parece dominar la situación, mientras se instala una atmósfera de culpas sin emitir muchas palabras. Así, se va revelando un espinoso caso policial de corazones rotos, retazos de memoria y líos legales. A través de ágiles diálogos e inevitables careos, López Bravo delinea a Una, su personaje frágil e intenso, refugiado en un amorío del pasado que busca recomponer como solución a la inestabilidad emocional y agobiante soledad de su vida. Su contraparte masculina, en cambio, elude hábilmente responsabilidades afectivas bajo una discreta máscara de confusión y temor. Verosímiles y vulnerables en escena, la dupla se enfrasca en una asfixiante negociación que pesa en una balanza las intenciones, perversas o sentimentales, de ambos con un resultado que evalúa la audiencia. Y, aunque la propuesta no persigue culpables, sí detecta las crisis de mediana edad, la soledad y el deseo como inequívocos combustibles de esta trama de 90 minutos. Pero no funcionan por sí solos, la iluminación, por lo general, de tonos claros se acompañan con breves interrupciones que anteceden momentos reveladores antes de su desenlace.

Mikhail Page dirige esta obra de atmósfera
decadente y apasionante 

Y cuando el equilibrio parece más una quimera, la fugaz aparición de la hija adoptiva de Ray (Lia Lee), casualmente de 12 años, podría despertar nuevas sospechas. Esta sutil ambigüedad devuelve la historia al inicio por más que los sentidos acordes de una canción de Lee a la guitarra –en inglés– indiquen el cierre de esta pesadilla post turno laboral. La escenografía descuidada y el uso adecuado del espacio se suman a los aciertos técnicos de la dirección de Page. Como aquellos pájaros furtivos que presagian tormentos al caer la noche, “Blackbird” guía los haces de luz a los resquicios más oscuros del alma humana, ahí donde coexisten las pasiones más básicas y los riesgos más enfermizos.

Crédito de fotos: Gianella Fernández

FICHA ESCÉNICA
“Blackbird” de David Harrower
Dirección: Mikhail Page
Elenco: Sergio Paris, Tania López y Lia Lee
Temporada: Del 02 de julio al 09 de agosto de 2026
Funciones: De jueves a sábado a las 8pm / Domingos a las 7pm
Lugar: Teatro de Lucía (Ca. Bellavista 512, Miraflores)
Entradas: S/ 50 (General), S/ 35 (Jueves Popular), S/ 30 (CONADIS y Jubilados) y S/ 25 (Estudiantes). Promoción: S/ 37.50 (Black Four Pack - precio x persona) en Joinnus
Un montaje de La Ira Producciones y Pilar Cornejo Producciones
Redes sociales La Ira Producciones: Facebook / Instagram
Redes sociales Pilar Cornejo Producciones: Instagram

lunes, 13 de abril de 2026

Universos distantes

Adaptar una obra clásica al presente es un desafío atractivo, a pesar de los riesgos que conlleva. Un buen ejemplo de ello es “Romeo y Juli” (2023), inédita reversión de la tragedia shakesperiana del dramaturgo galés Gary Owen (Haverfordwest, 1972) que se aproxima mucho a una deconstrucción de las relaciones actuales.

Romeo (Pérez) y Bárbara (Villalobos)

Su historia algo antojadiza, y, a su modo, coherente, sitúa a los jóvenes enamorados de Verona en los suburbios postindustriales de Cardiff. Desde ahí, este naciente amor debe lidiar con las diferencias socioeconómicas y culturales que los separan, así como con nuevas responsabilidades y expectativas personales. El director Mikhail Page traduce esta mezcla de contrastes emocionales y, sobre todo, políticos en un montaje actoral y estéticamente sólido de dos horas y media de función. Ello a pesar de que los dos actos que componen este drama romántico –con breves pasajes de humor negro– podrían resultar muy disímiles. 
En la primera parte, aparece un Romeo de 20 años (buen trabajo de Diego Pérez) como un padre rubio y soltero. Su bebe Lucy es la fuerza que lo impulsa en medio de sus inseguridades y torpezas, a los que debe sumar una desquiciante relación con Bárbara (la sobresaliente Erika Villalobos), su madre alcohólica.

Los padres (Arregui e Iza) de Juli (Morello)

Su contraparte, Juli (la sorpresiva Merly Morello) es una brillante alumna de 19 años. Este personaje reluce con sus líneas maduras y asertivas, algo llamativo en alguien tan joven, pero que la actriz conduce con verosimilitud, ya que es consciente de sus ventajas y es fiel a sus convicciones y aspiraciones. Aunque diferentes, ambos jóvenes luchan por aquello que podría cambiar su destino. Mientras Juli sueña con estudiar astrofísica en la prestigiosa Cambridge, Romeo empuja su coche de bebé en medio de trabajos agotadores y precarios, y, apenas, orientado por los descarnados consejos de su madre. Y aunque Owen plantea un abismo entre ambos, su nueva fábula los reúne en un idilio frenético, directo y sin tanto prejuicio que los acerca a estos tiempos. Las consecuencias de este acercamiento propician decisiones súbitas, impredecibles y cuestionables que, por ratos, saturan al espectador durante el segundo acto. Se ve a Juli como oposición natural de sus progenitores, quienes le avizoran un mejor futuro a toda costa. Su madre (Denise Arregui, intenso y entrañable según el momento) y su padre (un preciso Miguel Iza) encarnan el sacrificio parental que se interpone a los intereses de la pareja, pero que se impone a un alto costo.

Mikhail Page dirige esta propuesta con una
escenografía cargada de luces y sombras

La decisión de Page de mantener a los tres padres como silenciosos “observadores” del desarrollo de los hijos no es casual. Este detalle juega a precisión con una escenografía de gradas ondulantes y espacios demarcados por la luz y oscuridad que sólo se quiebran en las transiciones de música y fosforescencias.
Con proyecciones siderales y una escenografía de luces dinámicas, “Romeo y Juli” toca temas que evitamos por la corrección política y el postureo moral. Las dos almas de este montaje de La Ira Producciones intentan abrirse camino en un ambiente hostil y desfavorable que, rara vez, se soluciona con buenos sentimientos.

Crédito de fotos: Luis López

FICHA ESCÉNICA
“Romeo y Juli” de Gary Owen Traducción: Mikhail Page Dirección: Mikhail Page Asistencia de dirección: Daniela Zea Elenco: Diego Pérez, Merly Morello, Érika Villalobos, Miguel Iza y Denise Arregui Temporada: Del 09 de abril al 31 de mayo de 2026 Funciones: De jueves a lunes a las 8pm. Domingos a las 7pm Lugar: Teatro Británico (Ca. Bellavista 531, Miraflores) Entradas: S/ 50 (Platea) y S/ 25 (Mezzanine) en Joinnus y boletería del teatro. Revisa los precios grupales (4 entradas desde S/ 25 cada uno) y lunes y jueves populares Un montaje de La Ira Producciones Redes sociales: Web / Facebook / Instagram

viernes, 1 de abril de 2022

Golpes bajos

Generalmente visto en las escuelas, el acoso o bullying también existe en los ámbitos de trabajo (mobbing). El laureado autor y guionista británico Mike Bartlett (Oxford, 1980) desarrolló esta idea con un humor lacerante y críticas a la cultura corporativista en “Bull” (2013).

"Bull", la sexta propuesta de
La Ira Producciones 

En su historia, tres empleados de una compañía grande en crisis intentarán conservar sus empleos apelando a estrategias darwinianas en medio de una competencia despiadada. Con acertado criterio, La Ira Producciones ha estrenado esta obra –su sexta producción luego de “Venciendo al diablo”– en el Nuevo Teatro Julieta de Miraflores. Bajo la dirección de Mikhail Page, conocedor de la dramaturgia de Bartlett (anteriormente dirigió “Love, love, love” y “Cock”), la propuesta nos sumerge en una perversa contienda donde la astucia y la ambición son activos más valorados que las emociones y sentimientos. José, Isabel y Tony (Manuel Gold, Andrea Luna y Joaquín de Orbegoso) –los tres ejecutivos de “Bull”– aguardan una crucial entrevista. Saben que solo dos de ellos podrán continuar en sus puestos. Mientras esperan a Castro (Christian Ysla), el jefe algo cascarrabias, se generará un clima incómodo cargado de ataques sistemáticos y psicológicos.

Tony (De Orbegoso) e Isabel (Luna)
Las interpretaciones confirman una precisa elección del elenco. Gold, por ejemplo, encarna a un sujeto cuyas virtudes y capacidades (personales y profesionales) se ven opacadas por su carácter pasivo, ingenuo y continuas crisis de ansiedad. Su personalidad lo convierte en la presa perfecta para el inescrupuloso Tony (un logrado De Orbegoso), a quien podría calificarse como el “macho alfa” de la oficina, e Isabel (aceptable papel de Luna), una decidida ejecutiva que brilla por su belleza, cinismo e inteligencia. Con estas actuaciones, se plantea una comedia ácida y frontal que aprovecha los diálogos insólitos y atmósferas tensas de un texto que ataca la ferocidad de un sistema impersonal e individualista. La dirección de Page orquesta esos “golpes bajos” durante casi una hora de función con buen resultado.

José (Gold) y Castro (Ysla)
La escenografía es funcional y preciosa. Su estética boxística se compone de un ‘cuadrilátero’ translúcido por el que los ejecutivos transitan durante los rounds. Este set es dominado por claroscuros y un espeso humo blanco que bulle de una alucinante figura de toro.
“Bull”, plausible montaje de La Ira Producciones, revela los engranajes de una sociedad angustiada por los resultados. En esos escalafones de fantasía los anhelos y sueños de unos son pisoteados ante el abuso y la intimidación que ejercen los mercenarios de este sistema. 

FICHA ESCÉNICA
“Bull” de Mike Bartlett
Dirección: Mikhail Page
Elenco: Manuel Gold, Andrea Luna, Joaquín de Orbegoso y Christian Ysla
Funciones: viernes, sábados y domingos a las 8pm
Temporada: Del 18 de marzo hasta el 10 de abril de 2022
Lugar: Nuevo Teatro Julieta (Pje. Porta 132, Miraflores)
Entradas: S/ 50 (Zona VIP), S/ 40 (General) y S/ 30 (Estudiantes y jubilados)
Adquiere tus entradas en Joinnus
Un montaje de La Ira Producciones

jueves, 30 de septiembre de 2021

Virus político

En 2020 David Hare (Sussex, 1947) se atrevió a publicar “Venciendo al diablo” (“Beat the Devil”, título original). Un valiente monólogo sobre su experiencia con el COVID en tiempos de incertidumbre científica y con miles de muertes diarias alrededor del mundo.

Pold Gastelo en "Venciendo al diablo"
Aunque controvertido, lo cierto es que este autor inglés volcó sus motivaciones artísticas y vivenciales en este texto. Magistralmente aprovechó sus temores y angustias causados por el temido virus para lanzar afiladas críticas a los gobernantes, los llamados a proteger a la ciudadanía en esta emergencia.
Mientras Hare pulía su monólogo, las salas teatrales limeñas cancelaban temporadas. Mikhail Page, quien había resignado el estreno de “El cuidador” del reconocido Harold Pinter, fundaría La Ira Producciones como una respuesta creativa ante la pandemia. 
La propuesta es dirigida por 
Mikhail Page al aire libre.
Luego de varias experiencias virtuales, el experimentado director no dudó en montar un texto biográfico y político como “Venciendo al diablo” y convertirlo en el primer trabajo presencial. Conscientes de ello, lograron un montaje inspirador, entrañable y comprometido.

Uno de sus principales aciertos recae en su protagonista: Pold Gastelo. El versátil actor, en su momento, víctima del COVID 19, se apropia con convicción y naturalidad de la dolorosa convalecencia del autor inglés, aun cuando su estado fue más severo que el reseñado por Hare. Impecable y emotivo, Gastelo transmite esperanza y vitalidad sin dejar de lado la protesta de su personaje. Estos aspectos “liberadores” inspiran paz entre la naturaleza de su escenario: una tarde en el Parque Reducto Nro. 2 de Miraflores, apenas iluminada hacia la noche. Al aire libre, su denuncia cobra sensibilidad y cercanía a pesar de las referencias a ministros y políticos ingleses.

Este monólogo fue escrito por
el inglés David Hare.

Respetuosa de la versión original, la sobria dirección de Page se las ingenia para acentuar la ilusión, amargura e ironía que esconde este desencantado monólogo. Y, sobre todo, exponer la ácida crítica a la ineficiente clase política de un país de primer mundo, la que resuena con un humor insidioso y sutil –a la inglesa– con el presente de un país improvisado.
Ese contraste basta para detectar las estrategias inútiles y maniobras corruptas que suelen maquillar con discursos bonitos. 
“Venciendo al diablo”, la esperanzadora apuesta de La Ira Producciones, revela que ante pandemias como la reciente la incompetencia política es el peor de los remedios. Es más una enfermedad endémica y crónica que, por desgracia, parece no tener una vacuna efectiva.

FICHA ESCÉNICA
“Venciendo al diablo” de David Hare
Dirección: Mikhail Page
Actúa: Pold Gastelo
Temporada: Del 17 de setiembre al 23 de octubre
Funciones: Viernes y sábados a las 5:30pm
Lugar: Parque Reducto N°2 (Calle Ramón Ribeyro 490, Miraflores)
Entradas: S/ 25 (Estudiantes y jubilados) y S/ 35 (General).
Adquiere tus entradas en este enlace
Un montaje de La Ira Producciones
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viernes, 26 de junio de 2020

Abismo emocional

“En el borde” (1998) parece ser una obra que revisar en todo momento. Sea en épocas de calma o las de emergencia actual, la pieza revela la frágil muralla que divide a la vida de la muerte desde la dolorosa mirada de dos jóvenes perdidos en una ciudad que no tiene más espacio para sus esperanzas.
Joaquín de Orbegoso y Airam Galliani,
protagonistas de "En el borde"
Adrián y Lara son las dos caras de una misma moneda. La frustración y la soledad los han llevado a la cornisa final de sus cortas vidas desde la que poco a poco pueden reconocerse entre sí. La premisa existencial de este emblemático texto de Mariana de Althaus (Lima, 1974) marca el debut virtual, uno con riesgos y aciertos, de La Ira Producciones. El proyecto –impulsado por el director Mikhail Page, el actor Joaquín de Orbegoso y el gestor cultural Pedro Iturria– ingresa a las movedizas aguas de la virtualidad escénica bajo el formato de “Teatro cinematográfico”, como suele referir Page. Y parece no temerle en lo más mínimo.
El riesgo que asumen es oportuno y experimental en un medio teatral que, golpeado por la crisis pandémica, exploró nuevas fórmulas para crear. Y aparece justo cuando las videollamadas y las situaciones de encierro a causa de un virus apocalíptico empezaban a saturar la ficción.
Joaquín de Orbegoso, Mikhail Page y Pedro Iturria
equipo de La Ira Producciones
Esta reciente versión de “En el borde” encontró respuestas en el lenguaje cinematográfico con el uso de planos y puntos de vista, travellings y la presencia de un narrador-personaje. Por ejemplo, la estética y fotografía (básicamente en blanco y negro) acentúan la psicología de sus desdichados personajes y añaden un cariz sombrío a la historia. 
Si bien esta apuesta los conduce hacia un trabajo visualmente introspectivo, dinámico y original; algún espectador afirmaría afirmar que podría tratarse de la grabación en tiempo real de una obra teatral. Como si se rodara el segmento de una película con un equipo de producción eficiente. Para alejarse de tales cuestionamientos, el montaje de La Ira Producciones se refugia en su teatralidad. La adaptación funcional de Page, y su equipo, potencian la urgencia dramática que destaca el vértigo emocional de Adrián y Lara; y aprovechan la simultaneidad de la acción.
Este viernes 26 de junio
realizarán una función especial
Aunque sobrias y correctas, las actuaciones de Airam Galliani y Joaquín De Orbegoso se suman a este propósito. Ambos encarnan con relativa eficiencia a los dos solitarios de un acantilado “doméstico” desde el que pasean sus miedos y decepciones amorosas y artísticas con esquiva naturalidad (¿por los recursos técnicos?), que afortunadamente superan en algunas escenas. Lejos de sus desoladoras reflexiones, “En el borde” explora las posibilidades “cinematográficas” de un teatro que continuará buscando nuevas fórmulas creativas. ¿Podría ser este primer trabajo online de La Ira Producciones un paso previo hacia un salto audiovisual? La temporada recién inicia.

FUNCIÓN ESPECIAL: Este viernes 26 de junio se realizará una función a beneficio de los nativos awajún y wampis residentes en ciudades que viven en situación de extrema vulnerabilidad. Compra tus entradas aquí.

FICHA ESCÉNICA
“En el borde” de Mariana de Althaus
Dirección y adaptación: Mikhail Page
Dirección de fotografía: Julián Amaru Estrada
Funciones: Plataforma Joinnus Live
Fechas: 19, 20, 26 y 27 de junio a las 10pm
Entradas: S/ 20 (General) en Joinnus Live.
Un montaje de La Ira Producciones

lunes, 15 de julio de 2019

Unidos por el destino

Basada en la exitosa comedia romántica “Rab ne bana di jodi” (2008) del director indio Aditya Chopra (Bombay, 1971), CABAC Productora estrenó “Nos volveremos a encontrar”. Una obra sugerente y cálida que nos acerca a Bollywood y sus peculiares formas de sentir la comedia y, sobre todo, vivir el amor.
Gupta (Miguel Soriano), Suri (Jean Pierre Sullón)
y Taani (Sary Álvarez)
Traducida como “Una pareja hecha por Dios”, la película es una oda a la conquista del corazón de la amada y una alerta al cambio sobre los paradigmas sociales. En especial, sobre los matrimonios concertados, una práctica común en la India; la difícil alternativa de reiniciar un compromiso a pesar de los tabúes y prejuicios; sin menospreciar a quienes respeten estas tradiciones. La adaptación y dirección que propone Mikhail Page intenta, con más esfuerzos que aciertos, condensar casi tres horas de filme en poco más de 90 minutos de enredos cómicos e intrigantes, sin restar su esencia libertaria ni coreográfico garbo. Esta propuesta, aunque entretenida y aleccionadora, baila con paso errático. La pieza narra las desventuras de Taani (Sary Álvarez), quien a poco de casarse se entera de la muerte de su prometido. Gupta (Miguel Soriano), su padre, al verla desconsolada, decide casarla –como última voluntad– con Surinder (Jean Pierre Sullón), un joven y respetuoso discípulo suyo, aunque de una timidez tan evidente como su llamativo bigote.
Suri (Sullón) y Bobby (Gianmarco Loli)
Este inicio cargado de tragedia costumbrista –acentuado por una infeliz convivencia– retrasa el despegue de “Nos volveremos a encontrar”. Solo cuando Taani deja su voluntario encierro para inscribirse en una academia de danzas de Mumbay y aparece el estilista Bobby (Gianmarco Loli), un buen amigo de Suri, la comedia terminará por instalarse. Con su ayuda, Suri logrará convertirse en un galán de la estirpe de “Raj Kapoor” aunque más “occidental” y muy opuesto a él en muchos aspectos como el bigote. Bajo esa identidad secreta, intentará conquistar a Taani en medio de situaciones confusas y apremiantes dificultades que el espectador celebrará como agradable deleite. Curiosamente el carisma y frescura de Loli sostienen la trama mientras la pareja protagónica se esfuerza por convencerse de su drama. Quizá, porque Álvarez oscila entre la incomodidad, la angustia o la indiferencia sin convicción, y, aunque Sullón cumple mucho mejor como Raj que como el noble Suri, sus ocasionales olvidos y falta de seguridad en algunas escenas traicionan su desempeño.
Escena de coreografías en
"Nos volveremos a encontrar"
En torno a ese abismo discursivo, no obstante, la puesta muestra una esencia íntima y ritualista destacable. El buen uso de la iluminación y su escenografía “invisible”, con el elenco y pocos elementos rodeando a los protagonistas, aportaron un dinamismo funcional y fresco. Las coreografías –un rasgo característico del cine indio– resultaron fluidas y propiciaron la estética necesaria para sentirse en Amristar. Bajo un cariz puro y tierno, “Nos volveremos a encontrar” convierte el no besarse o no tocarse en un curioso intento por restituirle el valor al amor. Si bien lo idealiza de forma sobria, explora con honestidad en sus linderos más ingenuos sin mezquindad. Algo propio en las producciones de Bollywood que, quizá, algún día podamos disfrutar en la vida real.

FICHA ESCÉNICA
“Nos volveremos a encontrar”, basada en “Rab ne bana di jodi” (2008)
Dirección y adaptación: Mikhail Page
Dirección coreográfica:
Elenco: Sary Álvarez, Jean Pierre Sullón, Belén Alejo, Claude Elescano, Gianmarco Loli, Zunitha Martínez, Miguel Seminario, Miguel Soriano, Alexander Ugalde y Nayle Valderrama
Temporada: Del 03 de julio al 17 de julio
Funciones: Miércoles 03, jueves 04, lunes 08, martes 09, miércoles 10, lunes 15, martes 16 y miércoles 17 de julio a las 8pm
Lugar: Teatro Auditorio Miraflores (Av. Larco 1150 – sótano, Miraflores)
Entradas: S/ 42 (General) y S/ 25 (Estudiantes y Jubilados)
Una producción de CABAC (Alto Teatro Independiente del Perú)
Contacto e informes: 974631414 (WhatsApp)

domingo, 30 de agosto de 2015

Confesiones peligrosas

Las dictaduras quiebran la Historia en trozos irreconciliables. América Latina guarda en la memoria de su vida republicana gobiernos de facto –más oscuros que bienintencionados– salpicados de abuso de poder y represión bajo una premisa: el rescate moral, social o económico del país… ¡que nunca llega!
Paulina (Bernasconi) y Gerardo (García Frkovich)
Con esa venia popular se instalaron regímenes clandestinos y disidentes reales y ficticios. Por ejemplo, en “La muerte y la doncella” (1991), del dramaturgo chileno Ariel Dorfman (Buenos Aires, 1942), las reminiscencias a una brutal dictadura –quizá, la de Augusto Pinochet– asoman entre la reconciliación y el olvido. A diferencia de la esquiva “Love, Love, Love”, Mikhail Page contextualiza un montaje verosímil de tramado inteligente a partir de un drama psicológico e histórico. El director refleja en su trabajo la dimensión de las culpas en medio de giros inesperados y el acompasado ritmo de Franz Schubert.

DÍAS DESPUÉS…
En “La muerte y la doncella” una estela de desconfianza ha opacado la vida de Paulina Salas (Cécica Bernasconi), víctima de una dictadura que ha caído. Gerardo Escobar (Gerardo García Frkovich), su esposo y uno de los magistrados que investigará al régimen, intentará conciliar su matrimonio con la verdad.
Escena de "La muerte y la doncella"
La vida de ambos cambiará con la fortuita llegada del doctor Roberto Miranda (Hernán Romero), de quien Paulina sospecha fue uno de sus torturadores. 
La reunión de los tres personajes abrirá una herida profunda, lo que traducirá un in crescendo en las buenas actuaciones del elenco. Sucede con Bernasconi, cuya sorpresiva y atormentada presencia se sostiene en los dos actos. La intensidad de su personaje crece y la traslada de un extremo al otro: de víctima a verdugo. Mientras que un solvente Romero rehúye a sus argucias, aun cuando su personaje merecía, quizá, una pizca de cinismo.

LITIGIO Y DILEMA
García Frkovich, por su parte, ostenta un trabajo notable. Su energía y carisma maquiavélico en el segundo acto bastan para delinearse humano y pragmático ante la demanda de su esposa. Tiene un rol complejo: sentirse juez y parte en un litigio plagado de rencores y evidencias complicadas y subjetivas.
El doctor Miranda (Romero) y
Paulina (Bernasconi)
Una acertada dirección explota los recursos de su elenco. El resultado son pasajes cargados de misterio y crítica a las relaciones de poder. Dorfman no apuesta por persecuciones ni revanchismos políticos, sino que recoge la voz de los oprimidos y opresores para revelar cuán difícil es alcanzar la convivencia.
“La muerte y la doncella” es una pieza deliciosa por la presencia nostálgica de Schubert, el vaivén incidental de las olas, el preciso diseño de luces y una cálida escenografía. Con ellas, Page logra plasmar la universalidad de la verdad como vehículo de perdón y justicia. Una noción casi olvidada por sociedades indiferentes.

DATO: “La muerte y la doncella” es la obra chilena más representada en todo el mundo, al punto que en 1994 Roman Polanski realizó una versión fílmica. La pieza ganó el London Time Out Award en la categoría de Best New Play en 1991.

FICHA ESCÉNICA
Dirección: Mikhail Page
Actúan: Cécica Bernasconi, ​Hernán Romero​ ​y Gerardo García Frkovich
Escenografía: Marijú Núñez Malachowski
Iluminación: Julián Estrada Francke
Musicalización: Mikhail Page
La temporada va hasta el 28 de setiembre
Las funciones van de jueves a lunes a las 8pm / Los domingos a las 7pm
Lugar: Teatro de Lucía (Ca. Bellavista 512, Miraflores)
Más información en el evento de la obra

jueves, 10 de abril de 2014

Libertad peregrina

Athol Fugard (Middelburg, 1932) es uno de los autores contemporáneos más comprometidos de Sudáfrica. A través de sus obras ha luchado por la justicia e igualdad y denunciado el apartheid, el régimen perverso de segregación racial que sumió a su país en uno de sus capítulos más álgidos.
El reencuentro de Helen y Elsa
En esos tiempos se sitúa “El camino a la Meca” (1984). Una historia que, tras sus rarezas, describe la lucha por los ideales y la libertad de su protagonista inspirada en la escultora Helen Martins (1897-1976) en plena represión. 
En poco tiempo, la pieza viajó por teatros de los cinco continentes y logró una versión fílmica en 1991. Bajo la dirección de Mikhail Page, esta obra ofrece reflexiones sobre la tolerancia a las creencias y el espíritu creativo en condiciones adversas. Lo puede apreciar en las cuatro funciones (de jueves a domingo) que quedan hasta este 13 de abril en el Centro Cultural El Olivar de San Isidro.

Un largo camino
La obra posee un solo acto y dura unas dos horas. La historia inicia con el reencuentro de Helen Niemands (oscilante e intenso rol de Milena Alva) con Elsa Barlow (la impetuosa Michela Challe) en una aldea llamada Nieu Bethesda. Eran días de calvinismo y segregación.
Challe, Alva y Santistevan
Su morada parece un refugio excéntrico: paredes de colores, decenas de velas, botellas de vidrio y esculturas zoomorfas orientadas a La Meca (que no se ven pero son aludidas con frecuencia). 
Una inusual peregrinación artística que dista con el credo y las costumbres de su pueblo. Así, defiende su genio creativo ante el ocaso de su vida y la mirada extraña e incomprensible de un vecindario que ahora le resulta ajeno. Tras un primer momento denso por el ritmo y los detalles perdidos en el tiempo, ambas mujeres enfrentan la primera de varias discusiones. 
"El camino a la Meca"
La diferencia de edades y las posturas divergentes se acentúan y se exhibe el temperamento de ambas actrices. Este factor guía la obra con cierta eficacia, pero se desgasta ante la reiteración de premisas.
Recién con la aparición del pastor Marius Byleveld (un correcto papel de Alfonso Santistevan) el drama cobra un vértigo distinto. Rompe con la monotonía de la confrontación, marca algunos quiebres –los necesarios– y suma elementos que describen la imprecisa relación de Helen con el mundo externo. Hay algunas verdades que tocan.

Sombras y luces
Un acierto es la escenografía (trabajo de Carlos Mesta) que linda con lo extravagante y lo barroco. La casa de Helen irradia una atmósfera de soledad y frustración en medio de brillos y objetos que describen una personalidad resignada e intensa que dibuja Alva por momentos.
Helen Niemands (Alva) en su mundo
Y es perfecto para el momento más poético de la puesta. Aquel en el que los destellos de múltiples velas y cristales domina la escena y deja en la penumbra los rencores y batallas inconclusas de los personajes. 
Entre ellas, un secreto muy velado entre el pastor y la escultora, que casi pasa inadvertido. El director se apoya, además, en un pequeño video y la música para recrear el contexto. 
Aunque hubiera sido idóneo acentuar más la asfixiante represión y censura social, ideológica y religiosa que persigue a sus personajes en una etapa como la descrita por Fugard. Eso sí, esta producción de Bunbury Teatro (en cuyos trabajos puede contarse “La Madonnita”, de Mauricio Kartun, en 2011) rescata y enarbola su mensaje con notable belleza y libre de sesgos y ataduras.

Crédito de fotos: CC El Olivar / RodoStudio Fotografía

DATO:
“The Road to Mecca” (“El Camino a la Meca”) se presenta por un acuerdo especial con Samuel French Inc.

Ficha artística
“El camino a la Meca”, de Athol Fugard
Dirección: Mikhail Page
Traducción: Gonzalo Rodríguez Risco
Elenco: Milena Alva, Alfonso Santistevan y Michella Chale
Producción General: Bunbury Teatro
Lugar: Centro Cultural El Olivar (Ca. República 455, San Isidro)
Las funciones van de jueves a domingo 8pm
La temporada culmina 13 de abril
Mas información en el evento de la obra o en Bunbury Teatro

domingo, 19 de junio de 2011

Secretos de una dama

La mujer encaja en la perfecta geometría del deseo. Un teorema cuyos resultados pueden medirse por los sentimientos puros o carnales ímpetus que inspira. En “La Madonnita”, obra del dramaturgo argentino Mauricio Kartun, un viejo fotógrafo transforma esa rara belleza femenina –su leit motiv– en retratos eróticos de singular calidad estética.
Esta obra fue escrita el 2003, pero se ambienta en los crudos años 30 en Buenos Aires. El protagonismo de la mujer se limitaba al hogar y era el destino que le aguardaba a La Madonnita, Filomena (Daniela Baertl).
La excepción era que en su lista de deberes diarios se incluía sensuales desnudos, los que con tanto esmero fotografiaba su esposo Hertz (Alfonso Santistevan) para que, luego, Basilio (Mariano Sábato) las comercializara en los suburbios.




Entre la luz y la sombra
Hertz es un artista. Busca matices de luz y oscuridad para hacer tomas, desenreda el decorado, prepara sus placas y alista la vieja cámara. Mientras imagina su próxima composición –una que avive más el deseo de quienes prefieran retratos de La Madonnita–, no duda en proponer a su mercante como nuevo modelo de un ‘arte’ que podría catalogarse de pornografía.
Tras una deliberación, sin tomar en consideración la opinión de Filomena, Basilio accede. Es probable que el apasionamiento de Hertz por la fotografía justifique su afán por exhibir de esa forma a su propia esposa. Para él es arte y belleza capturadas, lo que en manos del mercante se traduce en unos cuantos pesos.
Entonces, ¿qué convierte a La Madonnita en un objeto deseado? Sin duda, su hermosura espontánea, natural y sin artificio. Una idea que contrasta con su título, donde irónicamente la palabra madona podría evocar a la Virgen María, la virtud y la pureza.



Dama del silencio
En la obra, Kartun suma a ese halo de misterio un personaje silente, sin líneas, y con una riqueza en miradas, gestos y expresiones. Podemos imaginar qué está punto de decir, pero, aún siguiendo cada uno de sus retratos, resulta difícil descubrirla a plenitud. Nadie sabe quién es o si alguna vez esta musa del erotismo amó a alguien. Quizá por ello, la Madonnita guarde en su mirada el rastro de una tristeza lejana.
Se siente en cada instante, aunque escapa a nuestros ojos y a las fotos en las que luce seductora. Y hay un personaje más, uno a quien nunca vemos, pero que está presente para desencadenar algunos  momentos vitales de la trama. Todos ellos dan vida a una historia extraña, tan sórdida como humana.
Ahí se revelan las miserias que, en ocasiones, sirven de justificación para someter o ‘cosificar’ a la mujer en aras del arte. Muy acertadamente dirigida por Mikhail Page, esta puesta se presentó en el Centro Cultural El Olivar, y es, quizá, un intento por rescatar la esencia de la belleza y eternizarla como sensación a través de la fotografía.




La pluma de Kartun
Mauricio Kartun (Buenos Aires, 1946) es uno de los dramaturgos contemporáneos más destacados de Argentina. Uno de los logros más importantes fue la fundación de la carrera de Dramaturgia en Escuela de Arte Dramático de Buenos Aires .
Es autor de más de 25 obras, entre piezas originales y adaptaciones. En nuestro país se estrenaron dos obras suyas: “Chau Misterix” y “Sacco y Vanzetti”; y también realizó una adaptación del clásico “Volpone” del inglés Ben Jonson. Algunas otras piezas aquí.
Y ahora llega “La Madonnita” de la mano de Page, quien tuvo como profesor a Kartun mientras asistía a cursos de dirección en Argentina. Según el dramaturgo, en esta tragicomedia “el texto teatral es la pornografía del teatro. Su quimera de encerrar en un ojo provocativo, obsceno e indeleble aquella carne viva de la representación”.


Fotos: Aliette Bretel