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martes, 5 de mayo de 2026

La vida es un carnaval

De lo absurdo, lo tragicómico y lo cotidiano, César Vera Latorre (Lima, 1985) ha sabido extraer historias cuyas ironías y reflexiones pueden desafiar el status quo de esta sociedad adormecida y conformista. Este autor lo puso a prueba, en 2012, con la laureada y entrañable pieza “Conversaciones sobre la felicidad”.

Yaremís Rebaza, Franco Ocaña y Fito
Bustamante en "Trampolín"

En “Trampolín” (2026), su más reciente estreno, no hace más que confirmar esta premisa, aunque con más madurez creativa y osadía literaria. No en vano la pieza fue una de las tres ganadoras del Primer Concurso de Dramaturgia - Montaje de la Fundación Víctor Falcón (2025) en la categoría Profesional. Desde un plano onírico o real, sus cuatro fugaces historias transitan por dilemas ordinarios como si fueran perversos desafíos de supervivencia.

La dirección a dúo de Fito Bustamante y Shantall Vera convierte esta urgencia dramática en un potente timing que conecta la delirante comedia con la crítica social del libreto. “Trampolín” juega con la idea de subir o bajar (en la vida), por lo general, con alguna fuerte caída antes que con un aterrizaje correcto. Sus personajes tropiezan con la incómoda realidad, sin perder la tenue esperanza de volver al lugar que ostentan o merecen dejando en la escena reflexiones entre gags o jingles de varieté. El primer cuadro trae a un diligente mozo (Vera Latorre), incapaz de devolver un plato sin consumir, y un comensal (Franco Ocaña) ya satisfecho y algo corto de tiempo. Ambos se enfrascan en una interesante pugna con argumentos más creíbles o risibles que empáticos, hasta un final insospechado y suculento.

Ocaña y César Vera Latorre, autor de la 
galardonada pieza

O como los verdugos de un lejano país (Fito Bustamante y Yaremís Rebaza) de su segunda e irreverente fábula. En plena condena, ambos ejecutores descubren que son compatriotas, lo cual puede dificultar que uno cumpla con su trabajo, mientras que al otro se aferra a que se le conceda una última voluntad. La tercera historia refleja mejor el espíritu lúdico del montaje gracias a sus guiños de texto y la presencia total del elenco. Un huésped (Rebaza) de sombrero y postura encorvada interpone una queja por un hecho suscitado en un sueño ante el incrédulo gerente (Ocaña) de Friedman & Freud, un exclusivo club de sociedad. Pronto este extraño reclamo involucra a Pedro (Vera Latorre), un conserje con altas expectativas, y al impredecible Dulanto (Bustamante), un agente del Instituto de Defensa del Ciudadano. Lo que inicia como una demanda onírica se torna en una pesadilla colectiva de la que sería mejor no despertar.

La propuesta tuvo una primera temporada
en el Goethe Institut de Jesús María 

Para la última parte, el elenco vuelve a escena para interpretar a cuatro mujeres que, con atuendos coloridos y pelucas brillantes, se sientan a tomar el té. Y lo hacen para conversar sobre los riesgos de una exagerada vida de pareja desde una óptica más atrevida y desenfadada que encaja con las charlas de estas épocas. Con transiciones funcionales y coreografiadas —con una variada lista de tracks—, “Trampolín” explora los deformados senderos por los que transita la dignidad humana en estos tiempos. Este sólido trabajo de Pánico Escénico Teatro los describe a la perfección y sin temores, sin que ello limite (o subestime) la imaginación y sentido común de su público curioso y desconcertado.


FICHA ESCÉNICA

“Trampolín” de César Vera Latorre

Dirección: Fito Bustamante y Shantall Vera

Dirección de arte: Shantall Vera

Asistencia de Dirección: Sebastián Arce

Elenco: Fito Bustamante, César Vera, Franco Ocaña, Yaremís Rebaza

Funciones: 09 y 10 de abril de 2026

Lugar: Goethe Institut (Jr. Nazca 722, Jesús María)

Producción ejecutiva: Ximena Portal

Un montaje de Pánico Escénico Teatro

Redes sociales: Facebook / Instagram

domingo, 6 de noviembre de 2016

Sediciosos dogmas

La irreverencia no respeta límites ni dogmas. Bien empleada, puede ser el génesis de agudas parodias con que socavar paradigmas y mitos. “Cuaresma”, la reciente obra de César Vera, revela la curiosa similitud que existe entre los dilemas espirituales y los delirios terrenales desde una óptica humana.
"Cuaresma" de César Vera
A partir de una charla, en teoría, anodina entre dos ancianos desconocidos se desprenden razonamientos lógicos y absurdos. A medida que ellos conversan descubrirán que tienen más en común de lo que sospechaban. La audiencia los acompañará con cierta distancia y sorpresa. Con originalidad y frescura, Fito Bustamante asume este desafío como director. Bajo su perspectiva este montaje irreverente contrapone la fe y el ateísmo sin polémicas gratuitas. Al contrario, ofrece un plus: busca su pertinencia en una sociedad escéptica, aunque pragmática.

SERMÓN DEL PARQUE
Ricardo Cuaresma (buen trabajo de Martín Velásquez) y Gonzalo “a secas” (Vera con un aceptable desempeño) sostienen una charla en una banca de parque. Sus personajes viven en polos opuestos: uno es creyente, aunque amigablemente tolerante; el segundo, un agnóstico recalcitrante, pero reflexivo.
Gonzalo a secas (Vera) y Ricardo
Cuaresma (Velásquez)
Sus nombres aluden a extremos: el líder de una ideología violenta (una asociación no confirmada) o una de las fiestas del catolicismo. Esta dicotomía “anfibia” se combina en un montaje inclasificable: un drama anticlerical, una farsa ideológica o una sátira grandilocuente que intimida pero no ofende. Un inquieto fauno (Andrea Brissolese) asiste a ambos personajes durante los cambios de historia. A pesar de estos personajes interesantes, la puesta no trasciende. Se podría esperar una quijotización y/o sanchificación –dentro y fuera de escena– o una acción movilizadora pero la aventura ­queda a la mitad.

LUCHA A MEDIAS
A pesar de esta tibieza, la dramaturgia no esconde su intención: critica a los estamentos religiosos (cardenales o papas) y parodia los hechos bíblicos (otra “versión” sobre la creación) con humor profano y, a veces, con descarnada licencia. Esta línea acompaña a Vera desde las primeras  obras de como “Canallas”.
Jardín del Edén en "Cuaresma"
Tras una corta temporada en la Asociación Cultural Campo Abierto de Miraflores, “Cuaresma” se reinventó cual camaleón escénico. Primero para visitar la Casa Espacio Libre de Barranco y luego el auditorio de la Universidad Cayetano Heredia de San Martín de Porres con resultados comentados. Salvo cambios y ajustes de escenografía (funcional), en todas mantuvo su esencia desmitificadora y sarcástica. A través de convivencia de las ideas y, por qué no, de las creencias “Cuaresma” plantea una posible cultura de paz. Aquella que predican todas las religiones pero que, al parecer, pocas cumplen como fiel mandamiento.

Crédito de fotos: Cuaresma

FICHA ESCÉNICA
“Cuaresma” de César Vera Latorre
Dirección: Fito Bustamante
Asistencia de dirección: Paula Zuzunaga
Elenco: Martín Velásquez, César Vera y Andrea Brissolese
Temporada de estreno: Del 8 al 24 de abril de 2016

viernes, 25 de septiembre de 2015

Tiernísima locura

Existe un reino sempiterno habitado para seres esquivos y solitarios. Nadie sabe dónde queda con exactitud pero entre los senderos dramáticos de “Tiernísimo animal / La luz de la lluvia”, escrita con fresca delicia por Juan Carlos Méndez a finales de los noventa, suele llamarse UGBE.
Desiré (Daniela Trucíos) y
Emmanuel (Alonso Romero)
En sus confines irreales, la frustración y el amor pueden ocultarse mientras los sueños doblegan la tediosa realidad. 
Desde ese refugio perdido en la imaginación, dos personajes de mirada febril y honesta envuelven a los espectadores en una travesía mágica, intensa y desbocada.
Luego de dirigir en escenarios alternativos (Galpón Espacio, Kasa Kambalache y Espacio Libre) Fito Bustamante vuelve a Barranco, esta vez, a la colorida Casa Nunaywasi. Aquí el director de teatro independiente ha construido un montaje de una poética cuidadosa, inusual y delirante.

LIMBOS DIFUSOS
El “reino” –dominado por cajas de cartón, libros e inscripciones crípticas en una disposición curiosa– alberga a dos aplicados personajes. La dinámica entre ambos retratará las leyes lógicas que rigen esta imaginaria corte que gobierna el “rey” Emmanuel (atrevido papel de Alonso Romero).
El rey Emmanuel
De carácter quijotesco y soñador, el alucinado monarca es asaltado por frecuentes episodios de lucidez que evidencian su resignada soledad y anhelos frustrados. 
La dulce complicidad de Desiré (un equilibrado trabajo de Daniela Trucíos) aporta no solo pizcas de seriedad y cordura, sino que se mimetiza en el desvarío de UGBE.
Su presencia da sentido a la locura de Emmanuel: quiebra el frágil cristal de sus ensoñaciones, descubre sus temores y –posteriormente como Raúl– defiende sus ideales desde ese rincón etéreo. 
Sin embargo, lo conseguido por Romero y Trucíos con ingenio y energía en escena no alcanza para redondear el montaje.

ESCAPE DE UGBE
Más allá de las escenas sublimes (el baile bajo luces fugaces) o lúdicos (el uso de roles o juegos de palabras), por momentos “Tiernísimo animal...” se diluye entre anécdotas evasivas y azarosas. La puesta genera expectativas, pero no muy funcionales tornándose extensa aunque no lo sea.
El reino de UGBE
A pesar de la interiorización de personajes y los deslices en tiempo, la pieza logra convertir a UGBE en una metáfora de infinitas interpretaciones. 
Ese juego de misterio no decae, sino que potencia la historia de un amor en busca de locura, certeza y pasión alejada de temores e inseguridades. Eso sí, “Tiernísimo animal...” no plantea soluciones ni escapes de UGBE. Es un espejo sobre el cual no se reflejan los ensimismamientos que dan un respiro de la realidad. El único peligro, resuena en el epílogo, es sentirse cómodo en aquella cárcel adornada de ilusiones y esperanzas vanas por miedo o egoísmo.

FICHA ESCÉNICA
“Tiernísimo animal / La luz de la lluvia”, de Juan Carlos Méndez
Dirección: Fito Bustamante
Asistencia de dirección: Shantall Vera
Elenco: Alonso Romero y Daniela Trucíos
Lugar: Casa Nunaywasi (Morelli Colón 105, Barranco)
La temporada va del 3 al 27 de setiembre
Las funciones son de jueves a domingo a las 8pm
Más información en la página y evento de la obra

viernes, 27 de julio de 2012

Cazando ilusiones

Alguna vez los únicos problemas de la vida eran los escritos sobre papel cuadriculado, entre signos y fórmulas. Más de uno hubiera dado cualquier cosa por conocer alguna forma más rápida de resolver ecuaciones sin tener que estudiar. Reconozco que esa idea me fascinaba desde niño.
Con esta curiosa premisa inicia “Un deseo para Virginia”, pieza escrita y dirigida por Katiuska Valencia. Hasta hace unas semanas, este encantador montaje para niños –y para los más grandes– jugaba con la ilusión que despiertan los deseos desde un rincón evocador: la Asociación Cultural Tránsito de Barranco.



Una niña traviesa
A Virginia (Alexa Centurión) no le gustan las matemáticas. A menudo, es reprendida por su madre (Jimena Ballén Tallada) y, por si fuera poco, ha notado que su tierna abuelita (Tania Pezo) ya no luce tan saludable como antes. Por eso, cada vez que puede busca estrellas fugaces y pide deseos que resuelvan sus dilemas.
Pero los astros fallan y la inquieta niña huye de casa. En esa aventura conoce a niños distintos a ella: algunos trabajan como si fueran adultos y otros, en cambio, viven las dificultades de la calle. Sonriente, aunque un poco desilusionada, Virginia descubre lo que afortunada que es. Claro, sin dejar de creer en los deseos, aunque bajo otra perspectiva.



Reflejo de la vida
En “Un deseo para Virginia” es curioso observar –y recordar– la infancia desde los ojos de una niña de diez años (Virginia avista estrellas con sus binoculares). Pero es más interesante la manera en que el público se conecta con ella. Por ejemplo, el viaje narrativo de la obra –escena a escena, a través de la colorida casa de Tránsito– presentando a curiosos personajes.
Además, la protagonista y sus amigos (Tania Pezo y Fito Bustamante, en unos de tantos roles) se lucen en los pasajes musicales. Sus canciones destacan por la simpleza de sus letras y el agradable acompañamiento (y el arreglo) musical de Laura Arroyo en el piano, vitales para construir un espectáculo bastante ágil y ameno.
A pesar de los años, siempre habrá algún rincón en el que se conserve un poco de niñez. Y si, de casualidad, no lo encuentra, puede ver puestas infantiles que, como en “Un deseo para Virginia”, son un buen ejercicio para recordar, entre sonrisas, la alegría de una edad añorada.



Crédito de fotos: Tránsito Asociación Cultural

Ficha técnica
“Un deseo para Virginia”, de Katiuska Valencia Piñán
Dirigida por Katiuska Valencia Piñán
Actúan: Alexa Centurión, Jimena Ballén, Tania Pezo y Fito Bustamante
Música en vivo: Laura Arroyo Gárate
Diseño y realización de vestuario: Mariana Álvarez del Carpio
Diseño y realización de escenografía: Carola Gutiérrez Paz
Producción general: Tránsito - Vías de Comunicación Escénica

domingo, 3 de junio de 2012

Sacrificios y venganzas

Tras una fructífera temporada, esta noche se despide “Ifigenia y otras hijas” de los escenarios del Centro Cultural El Olivar. Un impecable montaje con alegorías griegas que ha logrado aterrizar en estos tiempos con un mensaje vigente y necesario sobre el libre albedrío –si es que, acaso, existe– en las sociedades modernas, devastadas y reprimidas.
Escrita por Ellen Mclaughlin (Massachusetts, 1957), esta puesta nos sitúa en una zona de conflicto, con hogares destruidos por la guerra y complejos dilemas entre sus personajes que, salvo Orestes, son femeninos. Con tal propuesta, los alumnos de octavo ciclo de la Escuela de Teatro de la Universidad Católica (TUC) se gradúan de sus estudios y empiezan a brillar en las tablas peruanas.


Los retos de “Ifigenia”
El teatro heleno clásico ha inspirado a Mclaughlin en más de una ocasión. Por ejemplo, para escribir “Ifigenia y otras hijas” la autora recurrió a tres tragedias de Eurípides (“Ifigenia en Áulide”, “Electra” e “Ifigenia en Táuride”), aunque ha realizado adaptaciones propias de “Las troyanas” y “Los persas”.
Quizá, por ello, montarla significó una serie de desafíos para la directora Katiuska Valencia y su entusiasta elenco. Son notables los aciertos al adaptar un texto en inglés, traducido por Alberto Ísola, sin sufrir pérdidas escénicas aún cuando se suele representar “Ifigenia…” en una hora y cincuenta minutos, en lugar de la hora y media exhibida en Centro Cultural El Olivar.
Y es destacado el esfuerzo de los jóvenes actores del TUC para lidiar con una obra escrita el siglo pasado con reminiscencias de tragedias clásicas del 400 a.C. Sus brevísimos y entendibles nervios no fueron obstáculo para construir climas de tensión, escenas de rivalidad –de todo calibre entre Clitemnestra y sus hijas Electra y Crisótemis–, así como diálogos de rencor y separación.



Tragedia presente
Bajo estas condiciones y en una escenografía minimalista y discreta, vemos que Ifigenia ha sido sacrificada por su padre, el rey Agamenón, como ofrenda a los dioses para la guerra de Troya. A raíz de ello, los desvaríos de su madre, la reina Clitemnestra (envanecida y, en apariencia, sin sentimientos de culpa) desencadenan el odio y marcan una fría distancia entre ella y sus hijos.
Hasta un final que reúne a Electra y Orestes, quien retorna de una guerra en la que luchó por obedecer a ¿su patria?, ¿los dioses?, ¿sus convicciones? Es difícil precisarlo ya que, irónicamente, no parece llegar la esperada redención y estos personajes culminan como seres marginales condenados por la sociedad dictatorial, el destino y, por qué no, por sus conciencias.
Varios siglos después, esos sacrificios se han convertido en contemporáneos y cotidianos. Los sufrimos día a día en una sociedad que, sin dioses ni oráculos, ejerce ahora un poder tácito y absoluto sobre nosotros. Y es que la tragedia griega no ha envejecido, sólo se ha redefinido y renovado como el joven elenco que nos presenta esta puesta.



Crédito de fotos: Paola Vera / TUC

Ficha técnica
“Ifigenia y otras hijas”, de Ellen Mclaughlin
Dirige: Katiuska Valencia
Actúan: Claudia Tasso, Elena Cabrera, Natalí Zegarra, Andrea Pajuelo, Gabriela Navarro, María José Quiñones, Fito Bustamante, Kenji Huerta.
Esta noche acaba la temporada en el Auditorio Centro Cultural El Olivar (Ca. La República 455, San Isidro) a las 8pm.
Producción general: Teatro de la Universidad Católica (TUC)