sábado, 4 de noviembre de 2017

Lucha de egos

¿Ejerce la crítica algún poder sobre alguna obra teatral? En “The worst show in the Fringe” (2002), el irreverente autor, productor y actor estadounidense Joseph Scrimshaw (enlace en inglés) ensaya una respuesta desde la aguda mirada de un crítico de teatro, un actor y el público en torno a una puesta en escena moderna.
Joseph Palomino, Gerardo Cárdenas
y Sergio Velarde
Estos tres protagonistas aparecen en una farsa inteligente, ficticia y mordaz con un trasfondo real. Así nació La peor obra del año”, una divertida adaptación realizada con buen criterio y dosificada frescura por Alonso Chiri (y su elenco) en su segunda experiencia como director. Entre  referencias bien aplicadas –Shakespeare, Moliere o derivaciones más post dramáticas– e intervenciones (teatro desde el teatro) la obra ingresa a linderos delirantes. El montaje es un desenfadado tributo a las tablas gestado desde el semillero de este equipo creativo: el Club de Teatro de LimaLa trama inicia con el secuestro –una escena algo débil– del influyente crítico Natalio Manchego (un aceptable Gerardo Cárdenas) a raíz de una despiadada columna sobre Tomás Sánchez (un preciso Joseph Palomino), un actor y director... un teatrero todista. Sus manías y certezas hacen reconocibles a ambos personajes.
"Chucho" (Sergio Velarde)
La crítica sobre “Mis emails con Shakespeare”, estreno de Sánchez, es apenas uno de los guiños irreverentes de la puesta. Ver la escena del crimen –un empapelado de éxitos lejanos del actor– delatará la verosimilitud excéntrica de la historia y aliviará el confuso encuentro entre Manchego y Sánchez.
A ellos se sumará Phillips o “Chucho” (Sergio Velarde, muy histriónico), el chico de la mudanza, que irrumpirá con divertidas torpezas. Su aparición mediará entre los exasperados disfuerzos de captor y rehén destilando comicidad y añadiendo un punto de vista ingenuo pero eficaz: el público.
Entre estos personajes se establecerán vínculos ficticios y meta–teatrales cuando se intercambien roles en el secuestro y en la “obra” dentro de la obra. A partir de aquí La peor obra del año” irá fluyendo a buen ritmo gracias a teatralidad y la crítica aplicadas mientras se avizoran cabos más absurdos que lógicos.
Alonso Chiri y su elenco
Las situaciones exageradas (pauteadas con acierto) ridiculizan a los egos que envanecen cualquier proyecto artístico y destaca el compromiso del elenco ante las carcajadas que despiertan tan cómicos desempeños. Se debe cuidar algunos ingresos y salidas de escena en un recinto con espectadores cercanos. Sobre el texto de Scrimshaw, Chiri y su elenco elaboran una acertada sátira al teatro pretencioso y el narcisismo mediático. Lejos de disertar de soberbias y egocentrismos tras bambalinas, La peor obra del año” revela en su paródica realidad la exacta dimensión de un oficio que, aunque sea ejercido con honestidad, no siempre es valorado desde la butaca.

FICHA ESCÉNICA
Dirección: Alonso Chiri
Elenco: Gerardo Cárdenas, Joseph Palomino y Sergio Velarde
Temporada: Del sábado 5 al domingo 27 de agosto
Lugar: Club de Teatro de Lima (Av. 28 de julio 183, Miraflores)
Más información en la página de la obra

jueves, 26 de octubre de 2017

Un duelo poético

Un confuso episodio acabó con la vida de Leonidas Yerovi Douat (1880–1917) en las puertas del diario La Prensa a inicios del siglo XX. Este hecho real sirve de insumo para “Yerovi, vida y muerte de un pájaro cantor”, una bellísima pieza escrita por Celeste Viale Yerovi con indudable valor familiar.
Yerovi (Janncarlo Torrese)
y Sánchez (Alfonso Dibós)
Desde la escritura, la autora –nieta de Yerovi– intenta reivindicar el pasado con un retrato equilibrado, nostálgico y humano de su abuelo. Su aproximación se ampara en la rigurosidad histórica (de viajes y aventuras literarias) sobre las que oportunamente desliza elementos meta–teatrales y de ficción.
El director Jorge Chiarella maneja adecuadamente los planos (tempo–espaciales) hasta conseguir una historia interesante y fluida en dos actos bien actuados y estructurados. Con sutileza e ingenio, intercala a Yerovi como eje histórico y, a la vez, un irreverente espectador de su época.
Desde el inicio “Yerovi, vida y muerte de un pájaro cantor” se torna sombría. El protagonista sale al encuentro de un destino ineludible: es rechazado por su padre, es abatido en un duelo desleal y atestigua su propio juicio
En medio de esos visos tragicómicos, Yerovi (impecable trabajo de Janncarlo Torrese) brilla excéntrico y grácil.
"Yerovi, vida y muerte de un pájaro cantor"
Su personalidad bohemia atraviesa logros (su consagración con “La de cuatro mil” o el semanario “Monos y monadas”) y fracasos sin aspavientos. 
Su madre (intenso rol de Daniela Rodríguez) se erige en una voz de justicia en un caos sentimental y maternal. Alfonso Dibós encarna a Manuel Sánchez, el homicida de Yerovi, en un desempeño sobrio y gravitanteEl elenco (Laly Guimarey, Neskhen Madueño y Fiorella Milla) que los acompaña despliega un trabajo emotivo, preciso y versátil
Algunos realizan dos o tres papeles exigentes y disímiles como Paul Ramírez en sus roles de Julio Málaga, amigo de Yerovi y caricaturista, el juez y un huésped español. Con una dramaturgia cuidada y metafórica (Yerovi, el pájaro que no canta ni vuela), el montaje trasciende los coloquialismos añejos hacia una pieza de diálogos poéticos y vivaces
El bigote risueño de Yerovi
El plausible trabajo de iluminación y las proyecciones audiovisuales añaden tensión y dramatismo a medida que avanza la obra.
Chiarella emplea la perspectiva circular de la sala para esbozar un teatro/juzgado que convierte al público en un jurado atemporal. Por si fuera poco, el arma homicida aparece como un “guiño” contemporáneo que quiebra la cronología en escena sin perder de vista la universalidad de las causas.
“Yerovi, vida y muerte de un pájaro cantor” marca algo más que una despedida solemne. Es el rescate de la dignidad y aprecio esquivos en vida y que un siglo después es restituida por la propia familia. Leonidas Yerovi, el criollo de bigote risueño, puede aplaudir desde el parnaso eterno.

FICHA ESCÉNICA
“Yerovi, vida y muerte de un pájaro cantor” de Celeste Viale Yerovi
Dirección: Jorge Chiarella Krüger
Elenco: Janncarlo Torrese, Alfonso Dibós, Daniela Rodríguez, Paul Ramírez, Laly Guimarey, Neskhen Madueño y Fiorella Milla
Temporada: Del 23 de septiembre al 4 de diciembre
Funciones: De jueves a lunes a las 8pm / Sábados y domingos a las 7pm
Lugar: Teatro Ricardo Blume (Jr. Huiracocha 2160, Jesús María)
Entradas: S/. 50 (General), S/.35 (Jubilados) y S/. 25 (Estudiantes)

domingo, 8 de octubre de 2017

Exterminio familiar

Una inesperada visita detona la acción de “Vigilia de noche”. En un encuentro forzoso descrito por el sueco Lars Norén (Estocolmo, 1944), dos hermanos distantes –en todo sentido– afrontan, con un humor descarnado, el abismo que atraviesan las relaciones personales en el seno familiar.
Andrea Montenegro, Luis Alberto Urrutia,
Giselle Collao y Yamil Sacín
Las circunstancias son poco esperanzadoras. Sin la presencia viva del padre, el reciente funeral de la madre y rencores acentuados por herencias y recuerdos, ambos hermanos inician una conversación imposible, violenta y, a la vez, humana, tan característico en las piezas dramáticas de Norén.
El director Carlos Acosta aprovecha los incontables conflictos del texto (una respetuosa versión del argentino Daniel Veronese) para trasgredir los códigos tradicionales de la familia. El montaje revela, en un carrusel de sentimientos encontrados y rencillas silenciadas, la fragilidad de dichos lazos.

UNA LARGA NOCHE
Con la imprevista llegada de Alan (el acertado Luis Alberto Urrutia) a la casa de John (un incontenible Yamil Sacín) se socava la paz inicial. Urrutia compone un papel irónico, irascible y metódico con matices verosímiles, mientras que a Sacín le basta con un despliegue imperturbable, frío y esquizofrénico.
"Vigilia de noche", puesta de Imativa
La comparsa femenina no se queda atrás. Charlotte (Giselle Collao, precisa e intensa), oculta bajo una atracción erótica con John una relación de sumisión enfermiza, mientras que Mónica (una discreta Andrea Montenegro), guarda en su perfil despistado los secretos de su matrimonio con Alan. Estos esquemas encajan en una relación tirante a nivel fraternal y conyugal. John admiraba a su padre, mientras que Alan adoraba a su madre, aunque el matrimonio no funcionara. En “Vigilia de noche” el opaco brillo de los padres ausentes –ya muertos– impregna el presente de los hijos.

GUARDIA EMOCIONAL
La interacción atosigará a los personajes y los forzará a aliarse o repelerse. Los diálogos –cargados de ácidas ironías–, esbozarán una frustrante incomunicación. El silencio expresará, a su modo, desazón o amargura que, gracias a un bien pauteado humor negro, logrará dosificar las escenas más convulsas.
Charlotte (Giselle Collao)
La cuidada dirección de Acosta imprime un ritmo parsimonioso al montaje, incluso, en los momentos más reveladores. Los acompañamientos de luz a los monólogos de Mónica, aunque vistosos, no aportan escénicamente mucho. En cambio, acierta con una escenografía funcional y un vestuario acorde. Entonces el cálido hogar pasa a convertirse en un infierno que no perdona ni la memoria de los padres fallecidos. “Vigilia de noche” enseña que ni la sangre o el apellido hermanan tanto como las vivencias y empatías; un rasgo que van perdiendo las sociedades contemporáneas.

FICHA ESCÉNICA
“Vigilia de noche” de Lars Norén
Dirección: Carlos Acosta Ahumada
Versión: Daniel Veronese
Asistencia de dirección: Josie Mendoza y Alejandra Chávez
Producción ejecutiva: Yamil Sacín
Traducción: Francisco J. Uriz
Elenco: Luis Alberto Urrutia, Andrea Montenegro, Giselle Collao y Yamil Sacín
Lugar:  Museo de Arte de Lima MALI (Paseo Colón 125, Centro de Lima)
Las funciones van de viernes a lunes a las 8pm / Domingos a las 7pm
La temporada culmine el 16 de octubre
Entradas: S/. 40 (General) S/. 20 (Estudiantes y jubilados)
Un montaje de Imativa Producciones

jueves, 27 de julio de 2017

Réquiem de los vivos

La vida y la muerte giran como una moneda eterna e impasible. Esta sensación persigue a los solitarios personajes en Canción de cuna para un anarquista” del autor chileno Jorge Díaz (1930–2007). Esta singular historia salpica recuerdos ficticios y reales en una trama nostálgica y enternecedora.
Balbuena (Augusto Mazzarelli) y
Rosaura (Haydée Cáceres)
En medio de diálogos desconcertantes y referencias aleatorias se irá construyendo un “pasado común” entre una viuda resignada a su soledad y un vagabundo decidido a enfrentar a dos dictadores europeos
La pluma maestra de Díaz delinea estos anhelos irrealizables y pendientes por algún capricho del destino con esperanzadora humanidad.
Dirigida con depurada inteligencia por Roberto Vigo por primera vez en el III Festival Directores en Acción 2016 del Centro de Formación Teatral Aranwa, la puesta ahora reverbera como una canción desesperada para quienes resisten desde una anodina existencia. El destacado reestreno, irónicamente, celebra la vida desde un mausoleo gris.

LA MARCHA FÚNEBRE
Precisamente ahí sucede este encuentro extraño y casual. Rosaura (una emotiva Haydée Cáceres) “visita” a Epifanio, su difunto esposo, para evadir su soledad aunque su dolor asoma en pasajes confesionales bien hilvanados. Cierta noche Balbuena (excelente trabajo de Augusto Mazzarelli) irrumpe su acostumbrado rito.
Desde el mausoleo
Mazzarelli compone un personaje sensible y persuasivo que se vale de certezas históricas, recuerdos inexactos y locuras personales para cautivar a la desolada viuda. El personaje de Cáceres rehuirá este cortejo con dulce encanto y pausas cómicas puntuales. Este contraste sensatez–lucidez será vital en la puesta.
En especial, porque servirá para revelar los miedos y traumas de una y el oscuro pasado del otro. Las actuaciones eficientes imprimirán un montaje fluido por el que se deslizan antiguos complots contra Adolf Hitler y Francisco Franco, la exótica imagen de Sandokán o la filosofía anárquica de Mijaíl Bakunin.

ANHELOS PASADOS
La sutil carga ideológica tiñe la puesta de interesantes alegorías. El mausoleo es ágora para refutar los proyectos políticos caducos, pero no las luchas vigentes (libertad o felicidad); o reanimar los aletargados sueños con los rejuvenecidos corazones –de cualquier edad– que aún mueven al mundo.
"Canción de cuna para un anarquista"
Así como la poética, lo técnico también aporta. El efecto de la lluvia y la voz en off de Jorge Chiarella como Don Aurelio, el panteonero, resultaron plausibles. La escenografía fúnebre y la utilería resultaron perfectos para el introspectivo retiro y el sobrecogedor vaivén de emociones que revisten el desenlace.
Con una puesta brillante y humana, “Canción de cuna para un anarquista es un inevitable réquiem para resucitar a las almas “dormidas” en vida. Librarse de esa muerte simbólica es una lucha inevitable y universal: un deber de los auténticos revolucionarios y un derecho de los rabiosos soñadores.

FICHA ESCÉNICA
Dirección: Roberto Vigo R.
Elenco: Haydee Cáceres y Augusto Mazzarelli
Temporada: Del 22 de junio al 30 de julio
Funciones: De jueves a sábado a las 8pm / Domingos a las 7pm
Lugar: Asociación de Artistas Aficionados (Jr. Ica 323, Lima)
Más información en el evento de la obra

miércoles, 19 de julio de 2017

Juegos retrospectivos

Cada miércoles ocho improvisadores asumen un serio desafío: emplear vivencias, situaciones y experiencias ajenas para hacerlas suyas (o nuestras) en escenas divertidas, jocosas y memorables. El experimento se titula Huella”, montaje de improvisación testimonial que dirige la inspirada Carol Hernández con la asistencia de Piera del Campo.
Huella, espectáculo de impro testimonial
La licencia permitida es jugar con la retrospectiva personal hasta convertirla en una emoción universal: aquello por lo que TODOS hemos pasado. El resultado es un espectáculo único e irrepetible –por su naturaleza escénica– construida de inquietudes juveniles o recuerdos imborrablesCada función mantiene un rito peculiar. El público que ingresa puede elegir al improvisador sobre quien que recrear las historias bajo las lúdicas reglas de la improvisación. Eduardo Pinillos –elegido por mandato popular– sacrificó algo más que sus recuerdos y anécdotas en beneficio de la puesta.

DE VUELTA AL COLE
La troupe (los siete improvisadores) recreó con suma versatilidad toda clase de roles: femeninos, masculinos e, incluso, inanimados –algún pajarillo irreverente– con desenfado, gracia y ternura –la charla con la abuela ya ausente, por ejemplo– desafiando la ficción y realidad sin aspavientos.
Francisco Luna

El desempeño de Mirtha Ibáñez, Rodolfo Pesantes, Silvia Landeo, Luzma De La Torre Ugarte, Francisco Luna –quien asume la batuta de forma magistral en los momentos de soundlooping–, Omar Medina e Isabel Falcón resultó homogéneo, grácil y oportuno para la exigencia de las escenas. Además de la indudable rapidez mental y actoral del elenco, los improvisadores recurren al soundlooping. A través de este lenguaje de señas para crear música improvisada en grupo, el colectivo aprovecha sus voces variadas en tonalidades y tesituras para añadir un fondo sonoro pertinente.

TÉCNICA DE JUEGO
Con otro interesante recurso de la impro el personaje elegido fue lanzando pistas como un testimonio incompleto –vicisitudes del colegio, primeros amores o anhelos de adolescente– lleno de silencios y frases que podría sonar intrigante. El reto es resuelto con suficiencia e ingenio por el equipo improvisador.
Elenco de "Huella"
A menudo las historias y los personajes zafan de una hacia otra jugando con el recuerdo real y la memoria del público. Y, aunque “Huella” funciona como un espejo que refleja la vida y sus tropiezos, explora más a nivel introspectivo. Las confidencias inscrita con tiza sobre las paredes lo revelan. En este juego la confianza en el compañero –uno de los pilares de la improvisación– es puesta a prueba en cada historia y nace de una premisa básica de reconocimiento: ¿Qué tanto te conoces? Con vestuario blanco y negro, “Huella demuestra que se puede divagar con realismo y complicidad en la mejor escuela de todas: la vida.
Crédito de imágenes: Impro Testimonial

FICHA ESCÉNICA
Dirección: Carol Hernández
Asistencia de Dirección: Piera Del Campo
Elenco: Mirtha Ibáñez, Eduardo Pinillos, Rodolfo Pesantes, Silvia Landeo, Luzma De La Torre Ugarte, Francisco Luna, Omar Medina e Isabel Falcón
Temporada: Del 21 de junio al 26 de julio
Lugar: Paya Casa (Av. Bolognesi 920, Barranco)
Entradas: S/. 30 (General) y S/. 25 (Estudiantes)
Informes y reservas: impro.testimonial@gmail.com / Ofertas para grupos

viernes, 7 de julio de 2017

Caídos del cielo

Las premoniciones y la angustia de un viaje sin retorno configuran el reciente proceso creativo de Mariana de Althaus. Luego de sus primeros montajes testimoniales: “Criadero” (2011) y “Padre Nuestro” (2013), la dramaturga y directora explora linderos y fibras más sensibles bajo un ejercicio honesto.
Marisol Palacios y Lizet Chávez
El magistral manejo visto en “Pájaros en llamas” (2017) lo demuestra. De Althaus apuesta aquí por una mayor naturalidad al seguir una pauta de acotaciones y diálogos, añade más voces (tres actores) a los dos confesantes y utiliza las proyecciones audiovisuales de un modo más cinematográficoEn escena Fernando Verano y Marisol Palacios aceptan curar sus heridas aún palpitantes con una catarsis colectiva y reconciliadora. A primera vista el escenario reproduce un caos de equipajes que guardan algo más que elementos claves en las historias. El resultado es sublime.

VIAJEROS SIN DESTINO
A través de ellos fluyen retazos de vidas siniestradas: una pesada continuidad marcada por usar el mismo nombre o un amor atrapado en una jaula del tiempo. Sus historias tejen un drama fidedigno de recuerdos palpitantes contados por voces y texturas mixtas (escénicas y audiovisuales) con sobria intimidad.
Fernando Verano
Por ejemplo, las proyecciones audiovisuales “visten” a Alberick García, Nicolás Galindo y Lizet Chávez con un realismo preciso. Los tres actores –de buen trabajo– aportan la ausencia de los seres perdidos en la tragedia. Son dignos “médiums” entre la realidad de la vida y la ficción del más alláSentir el vacío es crucial en la propuesta y se traduce en versos solitarios. “La vida es más fuerte que todo dolor” de la poeta Anne Sextton reverbera como un eco distante. O en escenas cotidianas y canciones populares que alcanzan una nueva significación ante quienes no están en el mundo físico.

ECOS AUDIOVISUALES
En “Pájaros en llamas” las emociones fluyen desde el corazón por el ejercicio espontáneo de los testimonios. La concurrencia de canciones de Facundo Cabral y poemas de Blanca Varela juegan a favor del estilo confesional del montaje aun cuando pudiera repensarse la pertinencia de ciertos momentos.
Elenco de "Pájaros en llamas"
Por ejemplo, la llamada “aeroportuaria” en ruso podría presentar su traducción proyectada –como en otros pasajes– para descubrir su belleza poética. Y podría desplegarse una mirada más genérica –quizá, ritual– sobre la muerte de modo que involucre al público en esta interesante experiencia. 
Poco a poco el desorden devendrá en un “vacío” final que marca una purificación metafórica ante las tragedias de Lansa (1971) y Faucett (1996). Lorenzo, entonces novio de Marisol Palacios, y la primera familia del padre de Fernando Verano brillan en escena. Sus almas traen paz al mundo complicado y doloroso de los sobrevivientes.

FICHA ESCÉNICA
“Pájaros en llamas” de Mariana de Althaus
Dirección: Mariana de Althaus
Elenco: Marisol Palacios, Fernando Verano, Lizet Chávez, Alberick García y Gabriel Iglesias
Funciones: De jueves a lunes a las 8pm
La temporada acaba el 10 de julio de 2017
Lugar: Centro Cultural PUCP (Av. Camino Real 1075. San Isidro)

miércoles, 28 de junio de 2017

Pícaros inquilinos

Una quinta de excéntricos vecinos inmersos en una vorágine de deudas y amores prohibidos brilla en “La pícara suerte” (1913). A más de un siglo de escrita, esta pieza –un hallazgo familiar– sube a escena con el nostálgico encanto y sátira social tan elocuente en la obra del versátil Leónidas N. Yerovi (1880–1917).
Felipe (José Dammert) y  Ortiz (Pold Gastello)
Una radiografía de época situada en Avellaneda y Buenos Aires, y que podría adaptarse a cualquier realidad por lo arquetípico de sus personajes. Todos pertenecen a un hábitat urbano de contradicciones vigentes: ricos y pobres, valientes y pusilánimes, astutos e ingenuos o creyentes y escépticos. Bajo la dirección de Mateo Chiarella, bisnieto de Yerovi, este juguete sentimental adquiere cuerpo –su ingenio suplió las hojas incompletas y perdidas– y alma definitivos en escena. El montaje no desentona con las tesituras cómicas y desenfadas del autor en una puesta de dos horas que la platea disfruta.

QUINTA ENTRAÑABLE
La trama bulle en enredos. Una serie de decisiones precipitadas ha puesto la soga al cuello al joven Felipe (el irreverente José Dammert). Sin fortuna y una vida risueña, los días en la pensión se tornan caóticos. La casera Emerenciana (una asfixiante y enamoradiza Lilian Nieto) lo persigue por los meses que adeuda.
Comandante Gerardo (Marco Miguel Ravines),
Ermerenciana (Nieto) y Felipe (Dammert)
Corina, su última novia, (Anneliese Fiedler de matices delirantes y maníacos) lo acosa. Don Hermógenes (Ramón García, en un delicioso e intrincado papel) y su escolta familiar de Gregoria y Lola (las correctas Danitza de Bona/Cecilia Rechkemmer* y Olga Acosta) le exigen prudencia, mientras que el comandante Gerardo (aceptable rol de Marco Miguel Ravines) no soporta su insolencia y frescuraLa presencia de todos resulta vital en la comedia, pero es Ortiz (Pold Gastello en un rol perfecto) quien sostiene la trama con eficiente naturalidad. Este personaje –amigo, familiar, asesor… y otras cosas del joven Felipebrilla con una hilaridad precisa para encarnar una ciega esperanza a pesar de los albures a los que juega.

ENREDOS SINFÍN
La vivacidad de Gastello y frescura de Dammert sacan vuelta a un sistema rancio y prejuicioso de taras coloniales que critica la pieza. La aparición de Encarnación (un dulce papel de Mayella Lloclla) consagra la liberación de los enredos sin perder gracia. No obstante, existen dos situaciones que convendría revisar.
Don Hermógenes (Ramón García)
Si bien la cuidadosa dirección de Chiarella crea atmósferas traviesas y aprovecha el espacio físico –la escena de repartición de habitaciones–, no procura un peso escénico más uniforme de sus personajes principales. Quizá, por eso, el desenlace –merced a un esperado azar– se revela un tanto fugaz y difusoEstos aspectos perfectibles no desmerecen el atractivo de “La pícara suerte”. Su bien logrado timing, los detalles de época (vestuario y escenografía) y el acertado elenco tornan exquisito a este discurso de enredos con moraleja y azares. No en vano resulta más fácil confiar en las cábalas y amuletos antes que en las personas.
Imágenes: Aranwa Teatro

FICHA ESCÉNICA
“La pícara suerte” de Leonidas Yerovi
Dirección: Mateo Chiarella
Elenco: José Dammert, Pold Gastello, Ramón García, Lilian Nieto, Mayella Lloclla, Anneliese Fiedler, Marco Miguel Ravines, Chipi Proaño, Cecilia Rechkemmer* (reemplazo a Danitza de Bona) y Olga Acosta
Lugar: Teatro Ricardo Blume (Jr. Huiracocha 2160, Jesús María)
Funciones: Jueves, viernes y lunes a las 8pm / Sábados y domingos a las 7pm
La temporada va hasta el 10 de julio
Una producción de Aranwa Teatro