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martes, 12 de agosto de 2025

La perfecta armonía

Como pocos, Mateo Chiarella ha sabido fusionar la música y el teatro para un público ávido, antes que uno sensorialmente académico. Con ese audaz ingenio concibió “Mozart interactivo” (2023), laureado montaje y referente inmediato que sustenta esta premisa.

"Monteverdi, el ritual de la ninfa", propuesta
de Mateo Chiarella

Y ahora lo reafirma con “Monteverdi, el ritual de la ninfa” (2025), su más reciente propuesta.
Bajo el rótulo de “concierto en contexto”, este trabajo combina delicadas arias de ópera y música de cámara con episodios orales y escénicos en torno a Claudio Monteverdi (1567-1643), sacerdote y músico italiano considerado padre de la ópera en su forma moderna. 
Bajo las órdenes de Chiarella, su compañero de tablas y adjunto, Lucho Tuesta, y César Vega, en la dirección musical, el resultado no podría ser más deslumbrante. Riqueza estética, elegancia escénica y adecuada fluidez que puede apreciarse tranquilamente como una clase de arte. Como un sutil pretexto, “Monteverdi” apunta reflectores sobre la vida de este célebre compositor, sus insondables duelos y fugaces éxitos que se intercalan de forma orgánica a lo largo de la puesta. La transversalidad y recurrencia de estos avatares influiría en la personalidad del autor.

Claudio Monteverdi (Santistevan) y
Claudia Cattaneo (Viale) sostienen este
concierto en contexto

Desde esta óptica, se exploran tópicos humanos y artísticos que, por su impacto emocional, parecen no ser tan distantes. Ciertos ejemplos son la pérdida del amor (la pronta muerte de su esposa Claudia Cattaneo), la vida precaria del artista o la dificultad de trasgredir las convenciones en el proceso creativo, sin caer en vanas grandilocuencias biográficas. La dramaturgia de Chiarella se sostiene en tres óperas de Monteverdi: “La fábula de Orfeo”, “El regreso de Ulises a la patria” y “La coronación de Popea”. La dirección conjunta dispone una selección de arias en italiano traducidas en una pantalla y que interpretan con nostálgica dulzura la soprano Ericka Camacho y el tenor Ssuler Quintana en la antesala. Desde una presencia cálida, sublime y sobria, Celeste Viale (Cattaneo) y Alfonso Santistevan (Monteverdi) acompañan las melodías con apartes teatrales precisos que ‘dialogan’ en armonía desde el posterior de la sala. A ellos se suma un impecable desempeño musical de su ensamble en vivo.

Esta propuesta que combina arias de ópera, 
música de cámara y episodios teatrales

El piano de Silvia Valdivia, el violonchelo de Diego García y el violín de Adelaida Mañuico junto a una ocasional pandereta y un pequeño tambor irradian de melancolía, dolor y alguna que otra tenue esperanza que la platea asume como suya entre las fábulas descritas.
En su mística escenografía de velas, inciensos, atriles y una iluminación diseñada para un concierto, “Monteverdi” resuelve más de un desafío. El principal sea, quizá, el que mantuvo en vilo a los compositores cortesanos de su época: encontrar la fórmula perfecta para fusionar música, canto y palabra en un verdadero ritual para los sentidos.

FICHA ESCÉNICA
“Monteverdi, el ritual de la ninfa” de Mateo Chiarella
Dirección: Mateo Chiarella
Dirección adjunta: Lucho Tuesta
Dirección musical: César Vega
En escena: Celeste Viale y Alfonso Santistevan
Músicos: Silvia Valdivia, Diego García y Adelaida Mañuico
Lugar: Teatro Ricardo Blume (Jr. Huiracocha 2160, Jesús María)
Temporada: Del 13 de junio al 03 de agosto de 2025
Funciones: viernes y sábado a las 8pm / Domingos a las 7pm
Una producción de Centro Cultural Aranwa
Redes sociales: Facebook / Instagram

jueves, 26 de octubre de 2017

Un duelo poético

Un confuso episodio acabó con la vida de Leonidas Yerovi Douat (1880–1917) en las puertas del diario La Prensa a inicios del siglo XX. Este hecho real sirve de insumo para “Yerovi, vida y muerte de un pájaro cantor”, una bellísima pieza escrita por Celeste Viale Yerovi con indudable valor familiar.
Yerovi (Janncarlo Torrese)
y Sánchez (Alfonso Dibós)
Desde la escritura, la autora –nieta de Yerovi– intenta reivindicar el pasado con un retrato equilibrado, nostálgico y humano de su abuelo. Su aproximación se ampara en la rigurosidad histórica (de viajes y aventuras literarias) sobre las que oportunamente desliza elementos meta–teatrales y de ficción.
El director Jorge Chiarella maneja adecuadamente los planos (tempo–espaciales) hasta conseguir una historia interesante y fluida en dos actos bien actuados y estructurados. Con sutileza e ingenio, intercala a Yerovi como eje histórico y, a la vez, un irreverente espectador de su época.
Desde el inicio “Yerovi, vida y muerte de un pájaro cantor” se torna sombría. El protagonista sale al encuentro de un destino ineludible: es rechazado por su padre, es abatido en un duelo desleal y atestigua su propio juicio. 
En medio de esos visos tragicómicos, Yerovi (impecable trabajo de Janncarlo Torrese) brilla excéntrico y grácil.
"Yerovi, vida y muerte de un pájaro cantor"
Su personalidad bohemia atraviesa logros (su consagración con “La de cuatro mil” o el semanario “Monos y monadas”) y fracasos sin aspavientos. 
Su madre (intenso rol de Daniela Rodríguez) se erige en una voz de justicia en un caos sentimental y maternal. Alfonso Dibós encarna a Manuel Sánchez, el homicida de Yerovi, en un desempeño sobrio y gravitante. El elenco (Laly Guimarey, Neskhen Madueño y Fiorella Milla) que los acompaña despliega un trabajo emotivo, preciso y versátil. 
Algunos realizan dos o tres papeles exigentes y disímiles como Paul Ramírez en sus roles de Julio Málaga, amigo de Yerovi y caricaturista, el juez y un huésped español. Con una dramaturgia cuidada y metafórica (Yerovi, el pájaro que no canta ni vuela), el montaje trasciende los coloquialismos añejos hacia una pieza de diálogos poéticos y vivaces. 
El bigote risueño de Yerovi
El plausible trabajo de iluminación y las proyecciones audiovisuales añaden tensión y dramatismo a medida que avanza la obra.
Chiarella emplea la perspectiva circular de la sala para esbozar un teatro/juzgado que convierte al público en un jurado atemporal. Por si fuera poco, el arma homicida aparece como un “guiño” contemporáneo que quiebra la cronología en escena sin perder de vista la universalidad de las causas.
“Yerovi, vida y muerte de un pájaro cantor” marca algo más que una despedida solemne. Es el rescate de la dignidad y aprecio esquivos en vida y que un siglo después es restituida por la propia familia. Leonidas Yerovi, el criollo de bigote risueño, puede aplaudir desde el parnaso eterno.

FICHA ESCÉNICA
“Yerovi, vida y muerte de un pájaro cantor” de Celeste Viale Yerovi
Dirección: Jorge Chiarella Krüger
Elenco: Janncarlo Torrese, Alfonso Dibós, Daniela Rodríguez, Paul Ramírez, Laly Guimarey, Neskhen Madueño y Fiorella Milla
Temporada: Del 23 de septiembre al 4 de diciembre
Funciones: De jueves a lunes a las 8pm / Sábados y domingos a las 7pm
Lugar: Teatro Ricardo Blume (Jr. Huiracocha 2160, Jesús María)
Entradas: S/. 50 (General), S/.35 (Jubilados) y S/. 25 (Estudiantes)

jueves, 4 de mayo de 2017

Suspiro limeño

La Lima de últimos brillos señoriales fulgura en “Un país tan dulce”. Esta frase acuñada por Leonidas Yerovi (1881 – 1917), periodista y literato del modernismo, viajó como una risueña mueca desde la eternidad hasta el siglo XXI, época de Celeste Viale Yerovi, nieta suya. Un siglo exacto tras su prematura muerte.
La alegre comparsa de "Un país tan dulce"
Con coloquialismos de antaño, métrica musicalidad y criollísima gracia, Viale compone una dramaturgia de verso ágil y mordaz de estela nostálgica. Pensada como una varieté, “Un país tan dulce” es un carnaval escénico por el que desfilan intrigas y afanes personalistas; y también los delirios republicanos. El director Alberto Ísola aprovecha la fórmula de esta inefable farsa política, revista musical, o drama alegórico. El género es lo de menos cuando el país viene fraguando su identidad –la peruanidad– en una enredada maraña de intereses burgueses y políticos que empeñarían el futuro.

LIMA ANTIGUA
A través de López (Miguel Álvarez de estupendo trabajo) la audiencia se sumerge en la Lima de inicios de siglo XIX. Sus ojos como hombre de “La Prensa” –el periódico más influyente y voz de la naciente burguesía– sirven para describir el glamur y picardía de una sociedad que pondera el pecado mas no el escándalo.
Janncarlo Torrese y Miguel Álvarez
Con irreverencia se trazan alegorías plausibles. Una entrevista a un presidente ausente resuelto con chismes. Una huelga proletaria que afronta el desdén de las clases más privilegiadas. Una escena memorable es la accidentada gala teatral que entre censuras e intromisiones presta voz a un vapuleado país.
Los periplos de Álvarez acompañan, en otro plano, al amor esquivo entre Colombina y Arlequín (los lúdicos Mayra Nájar y Renato Medina), quienes presagian la fiesta popular en el escenario. Junto a ellos, Janncarlo Torrese, Lorena Rodríguez y Laly Guimarey viven cada episodio de este frenético carnaval con fluidez actoral y acierto vocal.

CARAS FESTIVAS
Tales escenas exigen a un elenco muy disciplinado cuyos personajes (históricos o no tanto) y los diálogos en verso sintonizan con el ritmo de la puesta. Las máscaras añaden misterio a la comparsa y a las identidades fugaces que adoptan, mientras que los colores (utilería, vestuario y luces) pintan de alegría el carnaval.
"Un país tan dulce", una delicia escénica de Aranwa
La música compuesta por Mateo Chiarella y las cuidadas coreografías de Juan Pablo Lostannau ofrecen un marco festivo inmejorable. A esta delicia escénica de Viale habría que agradecerle el cuidadoso esfuerzo por revalorar la pluma de Yerovi en un montaje de crítica social real y vigente. Imperdible y de apreciación necesaria, “Un país tan dulce” retrata la idiosincrasia peruana como un espejo descarnadamente honesto. Este montaje –fiel a otros de la tradición escénica de Aranwa– es una cátedra sobre la belleza del arte teatral y una alerta para un país que aguarda cumplir los ideales con que fuera fundado hace un par de siglos, en 1821.
Fotografías: Aranwa

FICHA ESCÉNICA
“Un país tan dulce”, de Celeste Viale Yerovi
Dirección: Alberto Ísola
Elenco: Miguel Álvarez, Janncarlo Torrese, Laly Guimarey, Renato Medina, Lorena Rodríguez y Mayra Nájar
Composición musical: Mateo Chiarella
Diseño coreográfico: Juan Pablo Lostannau
Temporada: Del 16 de marzo hasta el 8 de mayo
Funciones: jueves, viernes y lunes a las 8pm / sábados y domingos a las 7pm
Lugar: Teatro Ricardo Blume (Jr. Huiracocha 2160, Jesús María)
Entradas: S/. 50 (General), S/. 40 (Jubilados) y S/. 25 (Estudiantes)
Una producción de Aranwa Teatro

viernes, 7 de octubre de 2016

Dramas primaverales

Los mitos son caminos inagotables. Contarlos o escucharlos equivale a revivir episodios colmados de héroes divinos y hazañas increíbles, sin fatiga ni aburrimiento. Y no ha existido civilización de la antigüedad sin una mitología que sedujera o impresionara a las sociedades modernas.
Démeter (Steffani Rojas) y
un elfo (Renato Medina)
“Démeter y las cuatro estaciones”, pieza escrita y adaptada con gracia y frescura por Celeste Viale, recrea una de estas fantásticas historias. 
En ella, Démeter, la diosa griega de la fertilidad, sufre por su hija Perséfone, bella ninfa que es raptada por Hades, dios de la oscuridad y las tinieblas.
En su segunda temporada, el montaje de Cola de Cometa y Aranwa Teatro que dirige Alberto Ísola sumerge al espectador en un mundo de sensaciones escénicamente atractivas y mágicas. Para ello, combina perfectamente la poderosa oralidad de los mitos, el espíritu animista de los protectores de la naturaleza y una épica pugna entre divinidades sobre el destino y la felicidad. Una compleja ecuación que la autora Viale interpreta con acierto e ingenio.

SERES DIVINOS
El elenco –integrado por virtuosos actores formados en Aranwa Teatro– alcanza un resultado elogiable. Los alegres elfos (Renato Medina y Lorena Rodríguez, un dúo irresistiblemente travieso) agotan la paciencia de los dioses del Olimpo, mientras intentan liberar a Perséfone (la frágil Fiorella Milla) a través de la lectura de las lágrimas de las divinidades.
Janncarlo Torrese, Fiorella Milla, Steffani Rojas,
Lorena Rodríguez y Renato Medina 
La abnegada Démeter (acertado rol de Steffani Rojas) afronta los designios impuestos por Zeus y Hades (un notable Janncarlo Torrese con contrapuntos y cuidadosas inflexiones de voz). “Démeter y las cuatro estaciones” revela que las decisiones de los dioses no siempre son las más acertadas. El preciso y comprometido trabajo actoral basta para delinear una puesta bucólica con un serio desafío: atraer al público infantil. La concepción textual (perspectiva de narrador) y técnica del montaje lo consigue cuando, con sutileza sensorial y cromática, “aparecen” las estaciones.

NATURALEZA ESCÉNICA
A eso ayuda la mirada a Démeter como protectora de la tierra: un factor útil sostenido por un lenguaje fluido, alegres coreografías y elementos coloridos relacionados al origen y regeneración de la vida. La puesta de Aranwa Teatro madura en su escenario circular sin descuidar a cada avispado espectador.
Segmento musical de la puesta
Junto a ello, la sobria dirección de Ísola depura la grandilocuencia y fatalidad (rasgos del imaginario griego) para componer un montaje dinámico que encandile a toda la familia. La música (autoría y selección de Jorge Chiarella) de cantos corales, acordeones y danzas acompasadas de sirtaki confiere a la puesta su primigenio aire ritual. Como alegoría, “Démeter y las cuatro estaciones” retrata al amor (madre–hija) como una implacable fuerza. Un motor capaz de gobernar a la naturaleza y doblegar, incluso, la voluntad de los dioses. Entre días cálidos y ocasos otoñales la vida describe forzosos equilibrios que dan lógica al mágico universo de las historias.

FICHA ESCÉNICA
“Démeter y las cuatro estaciones”
Versión: Celeste Viale
Dirección: Alberto Ísola
Elenco: Steffani Rojas, Janncarlo Torrese, Fiorella Milla, Renato Medina y Lorena Rodríguez
La temporada va del 27 de agosto al 16 de octubre
Las funciones son los sábados y domingos a las 4pm
Lugar: Teatro Ricardo Blume (Jr. Huiracocha 2160, Jesús María)
Una producción de Coladecometa y AranwaTeatro