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lunes, 14 de septiembre de 2020

Cárceles sociales

“Monólogos de mujeres” surgió en 2017. En tres años de montaje, el proyecto paseó por salas de teatro, cafés y centros penitenciarios con una finalidad: mostrar la situación de la mujer peruana en casos de marginación, violencia, discriminación y machismo.
Primera edición virtual de
"Monólogos de mujeres"
Esta aguerrida propuesta vuelve a la escena de una nueva normalidad que, poco o nada, ha cambiado de la anterior. En su primera edición virtual, Las Luchas Producciones reflexiona con actualidad en dos monólogos potentes y liberadores inspirados en las aprisionadas vidas de sus protagonistas, curiosamente disímiles entre sí.
Las dos historias escritas por Gina Guerrero Pflücker describen con crudeza –quizá, demasiada– y certera denuncia los efectos transversales y colaterales de los abusos en una sociedad indiferente. Estas historias no conocen de nivel socioeconómico ni estatus social.
La propuesta presenta a “Esperanza”, una joven meretriz en situación de esclavitud. Este desgarrador monólogo que dirige Ximena Aguilar Florindo narra en clave de tragedia el infierno de esta muchacha que, como muchas otras, llegó a la capital con sueños de una mejor vida.
"Esperanza" (Cindy Díaz)
La interpretación de Cindy Díaz se diluye por ratos. La actriz se esmera por acentuar el realismo de los trágicos episodios –como mostrarse con el rímel deshecho en lágrimas y acompañada apenas por un colchón y una pequeña cartera– en lugar de afianzar su soledad y sus ansias de libertad. Estos detalles los pudo cuidar la dirección.
No obstante, Díaz logra sus mejores momentos cuando se entrega a las pocas esperanzas que le asigna el texto: la imagen de sus padres, sus aspiraciones y su pequeño hijo. La ilusión con que enfrenta su realidad hace que su denuncia resuene con fuerza y honestidad.
“La mujer de rojo”, segundo monólogo del montaje, es interpretado por Mónica Domínguez. Con un aceptable despliegue y soltura, ella encarna a Lucía De las Casas, mujer de clase media, casada con Samuel e ilusionada con celebrar el aniversario 33 de su sólido matrimonio.
"La mujer de rojo" (Mónica Domínguez)
Detrás de esa fantasía conyugal, ella oculta una insatisfecha y solitaria vida amorosa, llena de culpas, distancias y renuncias. La dramaturgia contrapone acertadamente el amor romántico con el parlamento revelador de Lucía en una conversación telefónica que resuena en Ramona, la joven asistenta de una florería, y en nosotros.
A pesar de contar con una cámara fija, la dirección de Norma Berrade juega con las perspectivas a través de breves desplazamientos por el espacio y miradas a través del espejo. Desde esa pequeña sala lanza una recomendación de cómo lograr la felicidad a través de la libertad.
Como un saludable arco reflejo, “Monólogos de mujeres” se hermana a otras propuestas –como la tercera temporada de “Camerino Virtual”, por ejemplo– que rescatan los dilemas más apremiantes del universo femenino, sin tabúes ni temores.

FICHA ESCÉNICA
“Monólogos de mujeres”
“Esperanza” de Gina Guerrero Pflücker
Dirección: Ximena Aguilar Florindo
Actúa: Cindy Díaz
“La mujer de rojo” de Gina Guerrero Pflücker
Dirección: Norma Berrade
Actúa: Mónica Domínguez
Plataforma: TeVi Live

miércoles, 26 de agosto de 2020

Avanzada femenina

Nadie puede negar que son tiempos propicios para repensar los paradigmas sociales desde nuevas perspectivas. En “Ellas”, la reciente temporada de Camerino virtual, las voces femeninas –tradicionalmente carentes de tribuna y aceptación–, resuenan desde el activismo y el arte con libertad, fuerza y valentía.
"Ellas",  tercera temporada de Camerino Virtual 
Presentadas a razón de dos por día, este proyecto se compone de cuatro historias equilibradas, verosímiles y dolorosas. Algunas de ellas fueron estrenadas en Microteatro de Barranco y ahora han vuelto adaptadas a la nueva virtualidad.
Sus protagonistas harán lo posible y más por escapar de los prejuicios, la discriminación, las falsas expectativas, las costumbres y el machismo enraizado. En el camino se irán reconciliando consigo mismas, sus recuerdos y su futuro.
“¿Es mi vida?”, primera obra de este corpus escénico, fue escrita por Jimena Ortiz de Zevallos y dirigida por Andrea Fernández. Esta breve pieza de heroínas épicas reúne a Saturna (Liliana Trujillo), una sacrificada ama de casa incapaz de dejar a su familia siquiera un momento, y Milena (Daniela Feijoo), una joven milenial de espíritu rebelde. A pesar de la brecha generacional y el abandono emocional, ambas mujeres se reconocen como hacedoras de su propio destino, aunque la sociedad lo condene. La química que exhiben Trujillo y Feijoo conmueve y alecciona mientras las vemos derribar temores y tabúes sociales. Le sigue “La telefonista”, un pequeño drama de innegable actualidad. El texto de Gina Guerrero que dirige acertadamente Norma Berrade es una inteligente crítica a la precariedad de los trabajos desde casa en su dimensión deshumanizante; y, en especial, al sistema legal que desampara a las madres solteras ante la ausencia del padre.
¿Es mi vida? y ¿La telefonista?
Unidos por el hilo telefónico, Ernesto (un preciso Ramón García, en su debut virtual) y María Herminia (Paola Neyra) transitarán desde una relación imposible, al inicio, hacia una más familiar y cercana. Este episodio incluye quiebres emocionales y reveladores giros como antesala de un desenlace inesperado y esperanzador. Al día siguiente, “Sermones”, obra escrita por Paris Pesantes, presenta a dos hermanos interpelados por un pasado común y plagado de secretos. La directora Julia Thays aprovecha la meta-virtualidad de una clase de yoga por Zoom para imprimir verdad y simultaneidad a su montaje. Bajo esa aura tecnológica, Lita y Mateo (Nidia Bermejo y Manu Rodríguez) se presentan como víctimas de dogmas ciegos que empeñan la voluntad, la dignidad y la libertad. A pesar de algunos clichés en torno a la espiritualidad, el yoga y la fe, Bermejo y Rodríguez componen un buen dúo capaz de poner a prueba la lealtad fraternal antes que la santidad terrenal.
"Sermones" y "Jedi"
“Jedi”, una historia cargada de aprendizajes y reconciliaciones que no entienden de edades ni preferencias, cierra esta velada. La pieza escrita y dirigida por Daniel Fernández trae a un padre (Ricardo Combi) intentando descifrar a Lady (Natalia Salas), su hija, desde el desconcierto y el amor.
Salas despliega un rol decidido que rehúye de los lugares comunes, mientras que Combi se impone con honestidad y dulzura paternal. La dirección de Fernández utiliza, además, una narrativa inteligente con reflexivos apartes, filtros opacos para los saltos al pasado y una muñeca original. Con un montaje, en general, aceptable, las historias de “Ellas” exploran las inquietudes femeninas de una agenda social aún pendiente. En su tercera temporada –la más comprometida, sin duda–, Camerino Virtual logra salir airoso aun cuando pudo poner la creatividad escénica al servicio de la lucha activista y no tanto al revés.

FICHA ESCÉNICA
Programación Camerino Virtual: “Ellas”
“¿Es mi vida?” de Jimena Ortiz de Zevallos
Dirección: Andrea Fernández
Elenco: Liliana Trujillo y Daniela Feijoó
“La Telefonista” de Gina Guerrero
Dirección: Norma Berrade
Elenco: Paola Neyra y Ramón García
Funciones: Jueves 13, 20 y de agosto 27 a las 9pm
Sábados 15, 22 y 29 de agosto a las 9pm

“Jedi” de Daniel Fernández
Dirección: Daniel Fernández
Elenco: Natalia Salas y Ricardo Combi
“Sermones” de Paris Pesantes
Dirección: Julia Thays
Elenco: Nidia Bermejo y Manu Rodriguez
Funciones: Viernes 14, 21 y 28 de agosto a las 9pm
Domingo 16, 23 y 30 de agosto a las 9pm
Plataforma: TeVi Live
Entradas: S/ 25 (Por 2 obras) en TeVi

jueves, 2 de marzo de 2017

Largas distancias

Luego de casi cuatro años el Teatro de Lucía reestrena “La Extravagancia. Este complejo texto de Rafael Spregelburd (Buenos Aires, 1970), incluido en su “Heptalogía de Hieronymus Bosch I, II y III” junto a La inapetencia y La modestia, ha preservado su arriesgada lógica de explorar el teatro con los sentidos.
La historia fuerza el reencuentro de tres hermanas idénticas (dos gemelas) y una adoptada que han perdido el contacto hace tiempo. Tanto que parece que hubieran olvidado que eran hermanas. A través de ellas –y a modo de rompecabezas– irá construyéndose un retrato familiar disfuncional y curioso.
La extravagancia” adopta una riqueza sensorial rápidamente identificable en puestas dirigidas por Carlos Tolentino. Ecos lejanos que aturden, luces que se desvanecen y códigos disgregados aportan a un lenguaje que, al principio, podría lucir indescifrable pero que guía con exigencia a la platea.

EXTRAÑAS TRILLIZAS
Centrada en una espinosa relación fraternal que inquietará el drama pero dejará espacios para la comedia, “La extravaganciapresentará a tres hermanas en torno a una revelación de vida o muerte: un menester complicado por una tirante relación con los padres, resentimientos de infancia y manías ocultas.
La avispada y versátil Cécica Bernasconi no huye a este reto. Entre monólogos oscuros y tragicómicos, matices delineados al detalle para cada personaje y un temple firme mantiene a María Socorro, María Brujas y María Axilas –nombres perfectos para resignificarse– por los 55 minutos que dura la obra.
En la piel de estas “marías”, Bernasconi revela más que penas y rencillas, encarna el olvido o dejadez de los lazos de familia. Ella invita a imaginar la soledad o la nostalgia. La intervención de los padres –ausentes, pero frecuentes– ayuda a descubrir en la dureza de sus personajes la fragilidad de sus emociones.

DESDE MUY LEJOS
El juego con las distancias es una clave de Spregelburd. Por ejemplo, María Axilas es profesora de fonética radicada en Japón. Las proyecciones de sus clases –una materia alejada de profesiones más comunes– son un elemento que encaja en el desconcierto propuesto por el autor argentino.
Otros intentos por establecer un nexo se dan mediante el teléfono. Una de las llamadas de la madre revela el rompecabezas familiar que envolvió a las hermanas cuando eran niñas. En otras escenas, basta una silla vacía o una pantalla con una emisión desde miles de kilómetros para sentir cierto desarraigo. 
Esta lejanía y sentido premonitorio es potenciada en la puesta de Tolentino con la presencia del rojo en objetos y luces, y con sugerentes ritmos japoneses o la música incidental. Estas distancias no verbales elevan el montaje, aunque podrían crear alguna barrera para conectarse con su estética narrativa. Quizá sea ese el confuso encanto de “La extravagancia”.

FICHA ESCÉNICA
La Extravagancia” de Rafael Spregelburd
Actuación: Cécica Bernasconi
Dirección: Carlos Tolentino
Dirección adjunta: Norma Berrade
Temporada: Del 16 de febrero al 6 de marzo de 2017
Las funciones  van de jueves a lunes a las 8pm / Domingos a las 7pm
Lugar: Teatro de Lucía (Ca. Bellavista 512, Miraflores)
Fotografías: Álvaro Dávila
Más información en el evento de la obra

jueves, 27 de octubre de 2016

Una viuda risueña

El espíritu de la comedia francesa del siglo XVII reposa en la sátira y la crítica social. Estos recursos inspirarían populares farsas y vodeviles por más de dos siglos hasta que autores como Eugène Labiche (1815–1888) incorporaron una crítica ingeniosa y aguda a las costumbres de su época.
Entre ellas, “La estación de la viuda” (“La Station Champbaudet”, 1862) es una delicia costumbrista. Su crítica a las rancias costumbres –él provenía de una familia de clase burguesa–, apariencias y matrimonios arreglados bastan para conjurar tramas desbocadas antes de un desenlace alegre.
Se trata de una divertida comedia–vodevil de dos actos equilibrados y frescos plagado de enredos que dirige con cuidado y acierto Norma Berrade. Y del adiós de Lucía Irurita, actriz con 50 años dedicados al arte y 100 obras teatrales, quien se despide entre un final feliz y la nostalgia de los últimos aplausos.

AMORÍOS ILEGALES
Los enredos amorosos sostienen el montaje. La agradable viuda Champbaudet (Lucía Irurita luce con elegancia, naturalidad y frescura) se siente atraída por el joven Pablo Tacarel (funcional y preciso Claudio Calmet), a quien ha confiado el diseño del mausoleo para su marido.
Las frecuentes visitas del arquitecto al apartamento de la viuda son una excusa para ver a su amante, la señora Aglae Garambois, a través de un código sonoro–musical. Este elemento y las rupturas de la cuarta pared irán tejiendo una sólida trama pícara que deleitará a la audiencia. Poco a poco se soltarán situaciones más confusas. El esposo burlado Teodoro Garambois (sobrio Kike Casterot) y el criado Arsenio (divertido José Antonio Buendía) buscarán certezas –si es que hay alguna– entre muecas, afinadas canciones y delirantes escenas del primer acto.

EL ADIÓS INESPERADO
Más aún, cuando en la segunda parte “peligra” un matrimonio concertado entre Tacarel y Carolina (Adriana Cuba), la grácil hija de los Letrinquier (buenos roles de Nicolás Fantinato y Mina Bracamonte). El desenlace de este clásico francés es para verse desde una butaca del Teatro de Lucía que en 2012 fundara la propia Irurita.
El elenco (habría que incluir a César Padrón, Patricia Ayona, Pedro Cáceres, Rosalía Hernández y Mauricio Pappi) es aceptable. En escena, Irurita es más que una viuda risueña, su personaje brilla entre pasajes cómicos y cantados, siendo estos resueltos con esmero y oficio. Un rol a la medida. 
La escenografía realista, el trabajo musical –con algunos desajustes en tiempo– y las luces impecables son aciertos de la producción. Lejos de presagiar un ocaso, “La estación de la viuda” ostenta la vitalidad de Irurita más allá de los escenarios. Es una pionera –la primera actriz en fundar una compañía teatral– a quien se ha de extrañar.

FICHA ESCÉNICA
“La estación de la viuda” de EugèneLabiche
Dirección: Norma Berrade
Elenco: Lucia Irurita, Mirna Bracamonte, Claudio Calmet, Nicolás Fantinato, José Antonio Buendía, Kike Casterot, Adriana Cuba y César Padrón
Las funciones van de jueves a lunes a las 8pm / Domingos a las 7pm
Temporada: Del 22 de septiembre al 5 de diciembre
Lugar: Teatro de Lucía (Ca. Bellavista 512, Miraflores)
Una producción de ACAU

sábado, 30 de mayo de 2015

Sombrías ficciones

Pocos lugares resultan tan evocadores como la mítica Transilvania. Su nombre basta para imaginar, con estremecimiento automático, perversos vampiros, aunque su nueva imagen estilizada en sagas maquilladas no atemorice tanto. Pero ¿qué sucedería si observa a un “vampiro” en una locación distinta como su apacible vecindario?
Hugo y Francisca
La mexicana Bárbara Colio (Baja California, 1969) jugó con esta inteligente premisa en una pieza que tituló “Casi Transilvania”. Dejó a los macabros seres en el folclor de la misteriosa Rumanía y, por el contrario, encontró paralelismos “sombríamente” divertidos en la vida cotidiana de la ficción.
Bajo la acertada dirección de Alberto Ísola, “Casi Transilvania”, delinea sus escenarios funestos para quienes osen ingresar en los sinuosos dominios de la vida y la muerte. Un viaje sin retorno entre contraluces y ambigüedades que afrontarán cuatro personajes una noche lejana.

SERES NOCTURNOS
Podría verse al montaje como un rompecabezas: una mixtura entre comedia negra y drama confesional sostenido por un hilo detectivesco que la une de principio a fin. En este esquema se sitúa una despiadada alegoría de quienes usurpan la “vida” para “crear” ilusiones existenciales consumidas por otros.
Sergio Llusera
En estricto, una pareja de esposos avocado al rodaje de una película. Julia (aceptable rol de Urpi Gibbons), una guionista desconfiada y Hugo (un papel bien resuelto por Sergio Llusera), un director desesperado por culminar su cinta. No es casualidad que Colio adhiera una estela “caníbal” sobre ellos ni que entre ambos se ubique a dos personajes “reflejo”.
La mesera Francisca (notable trabajo de Carolina Barrantes del Río) y su “par ficticia”, la actriz en busca de protagonismo (la correcta Tati Alcántara), cuya confrontación será uno de los mejores momentos de la obra. En conjunto, se desliza un juego de apariencias –lo que permite la ficción y lo que soporta la realidad– con un desenlace que favorece el misterio hacia el epílogo.

CONFUSIÓN GÓTICA
Además, la puesta transita en ambigüedades sobre la sangre (leucemias) y vampiros (improbables desvanecimientos ante espejos) para crear espacios de intriga y curiosidad en escena. Colio se vale del simbolismo del imaginario popular para fortalecer su premisa: la noche, la suerte, las estrellas y el destino.
Gibbons, Barrantes del Río y Alcántara
La puesta logra aciertos en el aspecto técnico. Las proyecciones (escenas del interrogatorio inicial o las tres versiones de “doble” al final) son un elemento sincronizado bien empelado que revalida –o cuestiona, quizá– los límites para utilizar los recursos de cine en el lenguaje escénico.
Elegida por Ísola, la música –similar a la banda sonora de un filme expresionista alemán– consolida la atmósfera tétrica e inquietante. Aunque su sensibilidad luzca distante, “Casi Transilvania” es una obra plausible por la maestría de su resultado: desnudar todas las versiones de uno y encontrar ahí los vanos tormentos de siempre.

FICHA ESCÉNICA
Dirección: Alberto Ísola
Dirección adjunta: Norma Berrade
Elenco: Sergio Llusera, Tati Alcántara, Carolina Barrantes del Río y Urpi Gibbons
Lugar: Auditorio del ICPNA (Av. Angamos Oeste 120, Miraflores)
Temporada: Del 2 de mayo al 7 de junio
Funciones: De jueves a lunes a las 8pm
Una producción de Escena Contemporánea
Más información en el evento de la obra