Mostrando entradas con la etiqueta Alberto Ísola. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alberto Ísola. Mostrar todas las entradas

viernes, 1 de mayo de 2026

Cancionero nocturno

Un bar abandonado, recuerdos de un solitario músico y canciones nostálgicas. Esta sobrecogedora atmósfera rodea a “Cenizas” (2025), espectáculo íntimo armado con una precisa selección de escenas, boleros y amores que dejaron huella.

El pianista (Bárcenas) y Ella (Eyzaguirre)

El libreto de Eduardo Adrianzén (Lima, 1964) sostiene su brillo en su naturaleza ecléctica, entre un álbum musical –sin autoría exclusiva– y un drama de amores pasados. Las pistas musicales evocan los años 1940 y 1950, época en la que los amores solían ser elegantes y poéticos, pero no menos apasionados o intensos. Bajo la cuidadosa dirección de Alberto Ísola, el sobrio montaje conjuga con eficiencia el talento vocal, actoral y técnico de su elenco. Tras su primera experiencia, el montaje reafirma esta premisa con su segunda temporada, siempre desde el Auditorio Británico de Miraflores. La trama se cierne en torno a la venta de un olvidado bar, pero con una historia por contar. Este sutil pretexto involucra a un refinado agente inmobiliario (Álvaro Pajares) y un hombre ya mayor (Pepe Bárcenas), cuya infancia estuvo marcada por este recinto.

El agente inmobiliario (Pajares)

Lo que sigue son flashbacks que conectan el pasado del músico con una misteriosa mujer. Aquí aparece la fantasmagórica Ella (solvente actuación de Irene Eyzaguirre), diluida entre la nostalgia, la muerte, los inolvidables amores juveniles o, incluso, la voz de la recordada cantante mexicana Toña La Negra (1932-1982)Estas querencias o desencuentros se plasman en impecables ejecuciones de Bárcenas al piano, con boina o sombrero habanero, y la dulce voz de su compañera. Un buen detalle es el bolero “Cenizas”, que da título a la obra y transmite a la perfección el profundo vacío de las despedidas. Otros sublimes himnos como “Contigo aprendí”, “Historia de un amor” o “La barca” susurran el recuerdo del amado ausente. La complicidad y la ilusión llegan con los versos y acordes más melódicos de canciones como “Nosotros”, “Sabor a mí” o “Bésame mucho”.

La delicada iluminación en "Cenizas" 

Mientras la lista suma otros temas populares, se develan otras aristas subyacentes en su historia. Entre ellos, la lucha constante entre la modernidad y la memoria, visto en el apremiante rol de Pajares, el valor de los recuerdos que imprime Bárcenas, y la resiliencia puesta en marcha por Eyzaguirre en sus enigmáticas identidades. El diseño de iluminación convierte a la escenografía vacía en un lienzo temporal y emotivo. Durante cerca de una hora, el público viaja en tiempos, espacios y sentimientos que, por su aura de recital íntimo con micrófono cromado, perdura en nuestra mirada. Entre lo realista y lo simbólico, “Cenizas” reproduce esas voces de dolor y esfuerzo que inspiran las canciones del imaginario latinoamericano. Una herencia que pone a la música –y, al arte, en general– como el último refugio para la memoria o como un ritual para despedir los aciertos y errores de la vida en una brumosa noche.

Crédito de fotos: Paola Vera 

FICHA ESCÉNICA
Cenizas” de Eduardo Adrianzén
Dirección: Alberto Ísola
Elenco: Irene Eyzaguirre, Álvaro Pajares y Pepe Bárcenas
Temporada: Del 17 de abril al 03 de mayo de 2026
Funciones: viernes y sábados a las 8:30pm / Domingos a las 8pm
Lugar: Auditorio Británico Miraflores (Ca. Bellavista 531, Miraflores)
Entradas: S/ 50 (General) S/ 40 (Estudiante, adulto mayor y persona con discapacidad) en Joinnus
Un montaje en colaboración del Británico Cultural

jueves, 4 de mayo de 2017

Suspiro limeño

La Lima de últimos brillos señoriales fulgura en “Un país tan dulce”. Esta frase acuñada por Leonidas Yerovi (1881 – 1917), periodista y literato del modernismo, viajó como una risueña mueca desde la eternidad hasta el siglo XXI, época de Celeste Viale Yerovi, nieta suya. Un siglo exacto tras su prematura muerte.
La alegre comparsa de "Un país tan dulce"
Con coloquialismos de antaño, métrica musicalidad y criollísima gracia, Viale compone una dramaturgia de verso ágil y mordaz de estela nostálgica. Pensada como una varieté, “Un país tan dulce” es un carnaval escénico por el que desfilan intrigas y afanes personalistas; y también los delirios republicanosEl director Alberto Ísola aprovecha la fórmula de esta inefable farsa política, revista musical, o drama alegórico. El género es lo de menos cuando el país viene fraguando su identidad –la peruanidad– en una enredada maraña de intereses burgueses y políticos que empeñarían el futuro.

LIMA ANTIGUA
A través de López (Miguel Álvarez de estupendo trabajo) la audiencia se sumerge en la Lima de inicios de siglo XIX. Sus ojos como hombre de “La Prensa” –el periódico más influyente y voz de la naciente burguesía– sirven para describir el glamur y picardía de una sociedad que pondera el pecado mas no el escándalo.
Janncarlo Torrese y Miguel Álvarez
Con irreverencia se trazan alegorías plausibles. Una entrevista a un presidente ausente resuelto con chismes. Una huelga proletaria que afronta el desdén de las clases más privilegiadas. Una escena memorable es la accidentada gala teatral que entre censuras e intromisiones presta voz a un vapuleado país.
Los periplos de Álvarez acompañan, en otro plano, al amor esquivo entre Colombina y Arlequín (los lúdicos Mayra Nájar y Renato Medina), quienes presagian la fiesta popular en el escenario. Junto a ellos, Janncarlo Torrese, Lorena Rodríguez y Laly Guimarey viven cada episodio de este frenético carnaval con fluidez actoral y acierto vocal.

CARAS FESTIVAS
Tales escenas exigen a un elenco muy disciplinado cuyos personajes (históricos o no tanto) y los diálogos en verso sintonizan con el ritmo de la puesta. Las máscaras añaden misterio a la comparsa y a las identidades fugaces que adoptan, mientras que los colores (utilería, vestuario y luces) pintan de alegría el carnaval.
"Un país tan dulce", una delicia escénica de Aranwa
La música compuesta por Mateo Chiarella y las cuidadas coreografías de Juan Pablo Lostannau ofrecen un marco festivo inmejorable. A esta delicia escénica de Viale habría que agradecerle el cuidadoso esfuerzo por revalorar la pluma de Yerovi en un montaje de crítica social real y vigenteImperdible y de apreciación necesaria, “Un país tan dulce” retrata la idiosincrasia peruana como un espejo descarnadamente honesto. Este montaje –fiel a otros de la tradición escénica de Aranwa– es una cátedra sobre la belleza del arte teatral y una alerta para un país que aguarda cumplir los ideales con que fuera fundado hace un par de siglos, en 1821.
Fotografías: Aranwa

FICHA ESCÉNICA
“Un país tan dulce”, de Celeste Viale Yerovi
Dirección: Alberto Ísola
Elenco: Miguel Álvarez, Janncarlo Torrese, Laly Guimarey, Renato Medina, Lorena Rodríguez y Mayra Nájar
Composición musical: Mateo Chiarella
Diseño coreográfico: Juan Pablo Lostannau
Temporada: Del 16 de marzo hasta el 8 de mayo
Funciones: jueves, viernes y lunes a las 8pm / sábados y domingos a las 7pm
Lugar: Teatro Ricardo Blume (Jr. Huiracocha 2160, Jesús María)
Entradas: S/. 50 (General), S/. 40 (Jubilados) y S/. 25 (Estudiantes)
Una producción de Aranwa Teatro

viernes, 9 de diciembre de 2016

Gajes del oficio

Un depósito perdido en el tiempo abre la historia de Almacenados (2002). Ahí sus solitarios personajes (un antiguo operario y su joven reemplazo) han aprendido a amar su trabajo aunque no sepan muy bien de qué se trate mientras se cobre puntualmente. Conviven en el agradable confort de las mentiras.
El Señor Lino (Ísola) y Nin (Meza)
El dramaturgo y guinoista español David Desola (Barcelona, 1971) capturó esta fatigosa y rutinaria sensación en una pieza de crítica vigente. Una comedia ácida sobre el trabajo como una necesidad que lejos de dignificar, deshumaniza, esclaviza y reduce a las personas en productores de una riqueza invisible. Bajo la brillante dirección de Marco Mühletaler, los trabajadores de “Salvaleón S.A.”, fabricante de astas y mástiles, ahogan sus sueños de superación en mares de soledad o incomprensión. Quizá, solo desean saberse útiles aunque eso implique que llenen sus vidas de horarios y responsabilidades.

DOS GENERACIONES
Una inexplicable expectativa sostiene la trama. Como en “Esperando a Godot” de Samuel Beckett, la faena de estos empleados oscila entre la intriga y la angustia. En la espera de productos, el joven Nin (un irreverente Óscar Meza) explora e “invade” con sigilo los dominios del señor Lino (un notable Alberto Ísola).
"Almacenados" de David Desola
Se irá tejiendo una relación de descubrimiento entre ellos con suaves matices y graves confidencias. Ísola rescata, en la simpleza de su personaje avejentado, la humanidad e incertidumbre ante el inminente retiro. Su presencia protocolar y metódica es el resultado de la deformación impuesta por el sistemaMeza, por su parte, aporta frescura, gracia y humor (un grato ejemplo: la escena de la silla de playa) para lograr una interpretación genuina y divertida. Con estas cualidades intentará quebrar la arbitrariedad del sistema hasta que desiste en su lucha o logre mimetizarse o aprovecharse de él.

DINÁMICA LABORAL
La relación vertical del principio se irá diluyendo hasta equilibrarse y reflejarse uno en el otro. Esta evolución salpicada de choques generacionales e indicios absurdos los tornará en cómplices más que rivales. La dramaturgia de Desola confabula perfectamente a este objetivo.
Un día en el almacén
Los gráciles enredos, sesudas reflexiones (la metáfora de la hormiga) y gags sobre la mecanización son aportes notables. Con estos recursos textuales, Mühletaler imprime escenas de gran fluidez y marcado desencanto. Utiliza proyecciones de tiempo que aletargan el ritmo cuando es requerido. La escenografía realista no deshace las fantasías de sus personajes y permite a la audiencia insertarse en esta cansina faena. Almacenados, una de las mejores comedias del 2016, revela el rostro más arbitrario de un sistema laboral que buscará siempre los mayores réditos a costa de la libertad o los anhelos de quienes entregan la vida en jornadas de ocho horas.

FICHA ESCÉNICA
Almacenados” de David Desola
Dirección: Marco Mühletaler
Elenco: Alberto Ísola y Óscar Meza
Lugar: Centro Cultural PUCP (Av. Camino Real 1075, San Isidro)
Las funciones van de jueves a lunes a las 8pm
La temporada culmina el lunes 12 de diciembre

viernes, 7 de octubre de 2016

Dramas primaverales

Los mitos son caminos inagotables. Contarlos o escucharlos equivale a revivir episodios colmados de héroes divinos y hazañas increíbles, sin fatiga ni aburrimiento. Y no ha existido civilización de la antigüedad sin una mitología que sedujera o impresionara a las sociedades modernas.
Démeter (Steffani Rojas) y
un elfo (Renato Medina)
“Démeter y las cuatro estaciones”, pieza escrita y adaptada con gracia y frescura por Celeste Viale, recrea una de estas fantásticas historias
En ella, Démeter, la diosa griega de la fertilidad, sufre por su hija Perséfone, bella ninfa que es raptada por Hades, dios de la oscuridad y las tinieblas.
En su segunda temporada, el montaje de Cola de Cometa y Aranwa Teatro que dirige Alberto Ísola sumerge al espectador en un mundo de sensaciones escénicamente atractivas y mágicas. Para ello, combina perfectamente la poderosa oralidad de los mitos, el espíritu animista de los protectores de la naturaleza y una épica pugna entre divinidades sobre el destino y la felicidad. Una compleja ecuación que la autora Viale interpreta con acierto e ingenio.

SERES DIVINOS
El elenco –integrado por virtuosos actores formados en Aranwa Teatroalcanza un resultado elogiable. Los alegres elfos (Renato Medina y Lorena Rodríguez, un dúo irresistiblemente travieso) agotan la paciencia de los dioses del Olimpo, mientras intentan liberar a Perséfone (la frágil Fiorella Milla) a través de la lectura de las lágrimas de las divinidades.
Janncarlo Torrese, Fiorella Milla, Steffani Rojas,
Lorena Rodríguez y Renato Medina 
La abnegada Démeter (acertado rol de Steffani Rojas) afronta los designios impuestos por Zeus y Hades (un notable Janncarlo Torrese con contrapuntos y cuidadosas inflexiones de voz). “Démeter y las cuatro estaciones” revela que las decisiones de los dioses no siempre son las más acertadasEl preciso y comprometido trabajo actoral basta para delinear una puesta bucólica con un serio desafío: atraer al público infantil. La concepción textual (perspectiva de narrador) y técnica del montaje lo consigue cuando, con sutileza sensorial y cromática, “aparecen” las estaciones.

NATURALEZA ESCÉNICA
A eso ayuda la mirada a Démeter como protectora de la tierra: un factor útil sostenido por un lenguaje fluido, alegres coreografías y elementos coloridos relacionados al origen y regeneración de la vida. La puesta de Aranwa Teatro madura en su escenario circular sin descuidar a cada avispado espectador.
Segmento musical de la puesta
Junto a ello, la sobria dirección de Ísola depura la grandilocuencia y fatalidad (rasgos del imaginario griego) para componer un montaje dinámico que encandile a toda la familia. La música (autoría y selección de Jorge Chiarella) de cantos corales, acordeones y danzas acompasadas de sirtaki confiere a la puesta su primigenio aire ritualComo alegoría, “Démeter y las cuatro estaciones” retrata al amor (madre–hija) como una implacable fuerza. Un motor capaz de gobernar a la naturaleza y doblegar, incluso, la voluntad de los dioses. Entre días cálidos y ocasos otoñales la vida describe forzosos equilibrios que dan lógica al mágico universo de las historias.

FICHA ESCÉNICA
“Démeter y las cuatro estaciones”
Versión: Celeste Viale
Dirección: Alberto Ísola
Elenco: Steffani Rojas, Janncarlo Torrese, Fiorella Milla, Renato Medina y Lorena Rodríguez
La temporada va del 27 de agosto al 16 de octubre
Las funciones son los sábados y domingos a las 4pm
Lugar: Teatro Ricardo Blume (Jr. Huiracocha 2160, Jesús María)
Una producción de Coladecometa y AranwaTeatro

lunes, 27 de junio de 2016

Futuro en venta

Bajo sus nieblas y garúas Lima oculta curiosas y secretas complejidades. A esta geografía de pálidos brillos solares y rancias tradiciones, un texto de Gonzalo Rodríguez Risco añade una inusual lluvia cuyas gotas develarán los proyectos irrealizados o sueños pospuestos de una república.
"Nunca llueve en Lima"
En “Nunca llueve en Lima” el autor explorará este desfase de oportunidades a través de un opaco cristal: Los Sileri, una tradicional familia limeña venida a menos. Los episodios de añoranza, desarraigo o desinterés atormentarán a sus miembros y visitantes por una hora y media de función. Ya en manos del director Alberto Ísola el metafórico texto alcanza buen ritmo y sólidas interpretaciones. Con ellas abordará dilemas y anhelos de un abuelo, un padre y una hija enfrentados por la venta de una casona. ¿Puede el pasado reservar alguna esperanza futura para esta familia? Al parecer, sí.

ESPEJOS FAMILIARES
La historia transita en la absoluta disfuncionalidad. Don Rafael (perfecto Carlos Tuccio) y su inseguro hijo Sebastián (Lucho Cáceres de buenos matices) llevan una relación difícil. La severidad de Tuccio y los arrebatos inmaduros de Cáceres imprimen frialdad y una ternura espontánea. Su hija Daniela (comprometida Patricia Barreto) es el soporte económico y anímico del clan.
Daniela (Patricia Barreto) y Roy (Emanuel Soriano)
En su grácil figura oculta una fortaleza que va debilitándose; mientras que doña Elena (Haydeé Cáceres), la vecina de la familia, irradia la tranquilidad de una abuela entrañable o una madre ausente. Junto a ellos, Juan Pablo, Gladys y Roy son una familia reconstruida, un espejo distorsionado de los Sileri. Con dosis de humor, antipatía o sensibilidad Pold Gastello, Magali Bolívar y Emanuel Soriano lucen acertados papeles. La tensa convivencia bajo la incesante lluvia marca las mejores escenas del montaje. Y, en especial, la química entre los personajes más jóvenes (Barreto–Soriano) afianza la esperanza.

UN AMPLIO PARAGUAS
Cada detalle suma en Nunca llueve en Lima. Por ejemplo, apuesta por un realismo explícito gracias a una atmósfera visual (preciso diseño lumínico de Mario Ráez), musical (selección de Alberto Ísola) y los singulares efectos utilizados para crear un escenario inquietante.
Sebastián (Lucho Cáceres) y Daniela (Patricia Barreto)
Esta tragicomedia limeña –de estreno mundial– funciona, pero no excede sus estándares. Alecciona con suavidad a su público, aunque la remece en puntuales momentos  gracias a su elenco. Una sensación que proviene de su texto dada la amplitud de conflictos que plantea y que no parece resolverse. El no esclarecer una resolución diluye, en cierto modo, la expectativa de los conflictos propuestos. Hacia el final se restituye un poco el equilibrio familiar cuando se esperaba alcanzar un involucramiento a nivel macro. En este caso, no fue la cantidad de precipitación sino el tamaño del paraguas.

FICHA ESCÉNICA
Nunca llueve en Lima” de Gonzalo Rodríguez Risco
Dirección: Alberto Ísola
Elenco: Carlos Tuccio, Haydeé Cáceres, Lucho Cáceres, Patricia Barreto, Pold Gastello, Magali Bolívar y Emanuel Soriano
Diseño de iluminación: Mario Ráez
Selección musical: Alberto Ísola
Diseño de escenografía: Marijú Núñez Malachowski
Lugar: Teatro Británico (Ca. Bellavista 527, Miraflores)
La temporada culmina el lunes 27 de junio
Más información en el evento de la obra
Una producción de Escena Contemporánea

sábado, 30 de mayo de 2015

Sombrías ficciones

Pocos lugares resultan tan evocadores como la mítica Transilvania. Su nombre basta para imaginar, con estremecimiento automático, perversos vampiros, aunque su nueva imagen estilizada en sagas maquilladas no atemorice tanto. Pero ¿qué sucedería si observa a un “vampiro” en una locación distinta como su apacible vecindario?
Hugo y Francisca
La mexicana Bárbara Colio (Baja California, 1969) jugó con esta inteligente premisa en una pieza que tituló “Casi Transilvania”. Dejó a los macabros seres en el folclor de la misteriosa Rumanía y, por el contrario, encontró paralelismos “sombríamente” divertidos en la vida cotidiana de la ficción.
Bajo la acertada dirección de Alberto Ísola, “Casi Transilvania”, delinea sus escenarios funestos para quienes osen ingresar en los sinuosos dominios de la vida y la muerte. Un viaje sin retorno entre contraluces y ambigüedades que afrontarán cuatro personajes una noche lejana.

SERES NOCTURNOS
Podría verse al montaje como un rompecabezas: una mixtura entre comedia negra y drama confesional sostenido por un hilo detectivesco que la une de principio a fin. En este esquema se sitúa una despiadada alegoría de quienes usurpan la “vida” para “crear” ilusiones existenciales consumidas por otros.
Sergio Llusera
En estricto, una pareja de esposos avocado al rodaje de una película. Julia (aceptable rol de Urpi Gibbons), una guionista desconfiada y Hugo (un papel bien resuelto por Sergio Llusera), un director desesperado por culminar su cinta. No es casualidad que Colio adhiera una estela “caníbal” sobre ellos ni que entre ambos se ubique a dos personajes “reflejo”.
La mesera Francisca (notable trabajo de Carolina Barrantes del Río) y su “par ficticia”, la actriz en busca de protagonismo (la correcta Tati Alcántara), cuya confrontación será uno de los mejores momentos de la obra. En conjunto, se desliza un juego de apariencias –lo que permite la ficción y lo que soporta la realidad– con un desenlace que favorece el misterio hacia el epílogo.

CONFUSIÓN GÓTICA
Además, la puesta transita en ambigüedades sobre la sangre (leucemias) y vampiros (improbables desvanecimientos ante espejos) para crear espacios de intriga y curiosidad en escena. Colio se vale del simbolismo del imaginario popular para fortalecer su premisa: la noche, la suerte, las estrellas y el destino.
Gibbons, Barrantes del Río y Alcántara
La puesta logra aciertos en el aspecto técnico. Las proyecciones (escenas del interrogatorio inicial o las tres versiones de “doble” al final) son un elemento sincronizado bien empelado que revalida –o cuestiona, quizá– los límites para utilizar los recursos de cine en el lenguaje escénico.
Elegida por Ísola, la música –similar a la banda sonora de un filme expresionista alemán– consolida la atmósfera tétrica e inquietante. Aunque su sensibilidad luzca distante, “Casi Transilvania” es una obra plausible por la maestría de su resultado: desnudar todas las versiones de uno y encontrar ahí los vanos tormentos de siempre.

FICHA ESCÉNICA
Dirección: Alberto Ísola
Dirección adjunta: Norma Berrade
Elenco: Sergio Llusera, Tati Alcántara, Carolina Barrantes del Río y Urpi Gibbons
Lugar: Auditorio del ICPNA (Av. Angamos Oeste 120, Miraflores)
Temporada: Del 2 de mayo al 7 de junio
Funciones: De jueves a lunes a las 8pm
Una producción de Escena Contemporánea
Más información en el evento de la obra

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Buenas familias

Una ecuación azarosa define a las relaciones familiares. Según la dosis afectiva y la interacción entre padres e hijos, puede construirse o quebrarse una familia, con relativa facilidad. El dramaturgo francés Jöel Pommerat (Roanne, 1963) utiliza esta premisa, con suma agudeza, en “Este hijo.
Sofía Rocha y Renato Rueda
Las diez pequeñas historias que componen la pieza revelan la vida diaria bajo una mirada cruda y, a veces, enternecedora
La educación de los hijos, su aproximación a la libertad y preocupaciones dan una idea de lo frágil o sólido de estos vínculos.
Alberto Ísola dirige esta puesta, con una calidad y visión que le permiten plasmar el mensaje de Pommerat a profundidad. Sus sutiles coreografías, diálogos logrados y poéticos momentos –algunos bellos y reveladores– acompañan a “Este hijo en el Centro Cultural Olivar de San Isidro.

Problemas menores
El montaje no plantea un antagonismo clásico, sino dilemas de la vida moderna como el individualismo, la incomunicación y la felicidad esquiva. Por eso, cuestiona la crianza “modelada”, los tabúes y prejuicios como la maternidad a cierta edad o el status económico de un aspirante a padre.
Carlos Mesta, Sofía Rocha y Magali Bolívar
Con loable solvencia, el elenco despliega su versatilidad en sus roles: son seres que “necesitan un poco de luz”
Renato Rueda es un padre a la deriva y también un hijo belicoso, mientras que Magali Bolívar y Alejandra Guerra revelan matices de maternidad entre lo tierno y lo despóticoSofía Rocha transita con grácil destreza desde una infante desencantada hasta una madre atemorizada por la desaparición de su hijo. Carlos Mesta, en cambio, resuelve bien el desafío de ser un padre autoritario y, en otra escena, ser víctima de la violencia de su propio hijo. Tal galería aporta una carga dramática intensa y sobrecogedora.

Estética propia
La puesta aprovecha al máximo los recursos técnicos. La iluminación se articula en una escenografía mínima (ambas a cargo de Juan Sebastián Domínguez). El "esqueleto" cúbico de su diseño puede convertirse en una sala de maternidad, un consultorio, una calle solitaria… o una morgue.
Alejandra Guerra, Carlos Mesta y Sofía Rocha
Los cambios de escena están marcados con ritmos de otras latitudes (fados de Portugal o música de Francia) y coreografías (trabajo de Franklin Dávalos) que suman dinamismo. Notables méritos que apreciar en una hora y media de duración, sin pizcas de distracción o tediosa densidad. En esa propuesta estética, las reflexiones vigentes e incómodas sobre la familia no desaparecen, sino que se potencian y trascienden. “Hay algo de todos nosotros en estas diez historias”, refiere Ísola en el programa de mano. No se equivoca. La línea que separa a padres de hijos es apenas difusa.

Fotos: Paola Vera / Escena Contemporánea

Ficha escénica
Dirección: Alberto Ísola
Traducción y dirección adjunta: Nadine Vallejo
Elenco: Magali Bolívar, Alejandra Guerra, Sofía Rocha, Carlos Mesta y Renato Rueda.
Entradas: S/. 40 (general) y S/. 20 (estudiantes y jubilados). Jueves populares: S/.30 (General)
Temporada: Del 21 de agosto al 28 de septiembre 2014
Funciones: De jueves a domingos a las 8pm
Lugar: Centro Cultural El Olivar (Ca. La República 455, San Isidro)
Una producción de Escena Contemporánea
Correo: escena.contemporanea.lima@gmail.com
Más informes en el evento de la obra

sábado, 23 de noviembre de 2013

Esperado reencuentro

Dos amigos, dos personajes, dos historias e infinitas emociones envuelven a “Dúo”. Esta sublime coincidencia escénica reúne a Alberto Ísola y Gianfranco Brero en un montaje apasionante tras dos décadas desde que trabajaran juntos en “Ardiente paciencia” (1991), de Antonio Skármeta o “La Nona” (1993), de Roberto Cossa en el Teatro Larco de Miraflores.
Por esos días Ísola dirigía la Asociación Cultural Umbral y, en 1994, en el taller de actuación que dictaba estaban Giovanni Ciccia y David Carrillo, los actuales directores de la Asociación Cultural Plan 9. Con la dirección de Ciccia y la asistencia de Carrillo, esta puesta delinea los anhelos postergados y envejecidos por la vida y el tiempoAquellas batallas inconclusas nacidas de la ilusión de épocas mejores y el deseo vehemente de que toda existencia humana, por muy efímera que sea, trascendiera de alguna manera. Y es que cuando la vida asalta con interrogantes dolorosas y profundas, las respuestas retrospectivas apenas asoman con luces insuficientes.

Encierro voluntario
Esta sensación de buscar en el pasado las consecuencias del presente aparece en las dos obras argentinas que componen “Dúo”. En “El acompañamiento” del dramaturgo Carlos Gorostiza (Buenos Aires, 1920), Tuco (un Brero apasionado e idealista) es un operario de fábrica a punto de jubilarse que decide iniciar –o retomar– su carrera como cantante de tango.
Este quijotesco arrebato le cuesta un voluntario encierro en su casa. Cierto día lo visita su gran amigo Sebastián (Ísola aparece como un pragmático equilibrio), dueño de una bodega y una personalidad realista
Entre momentos gráciles y cómicos (las escena animadas por las gárgaras), y recuerdos juveniles irán descubriendo que no existen límites de edad para creer en los sueños
Resulta divertido apreciar la negociación de ambos en planos psicológicos y amicales mientras esperan al acompañamiento. La habitación con artefactos de inicios del siglo XX, la nostálgica voz de Gardel y ese curioso dejo que suena a Buenos Aires y, a veces, a Lima fueron acertados puntos de la puesta.

Amor en espera
En “Príncipe azul”, del autor y médico psicoanalista Eugenio Griffero (Buenos Aires, 1936) reside un reto importante. Esta obra saltó a escena por primera vez en 1980 en plena dictadura militar en Argentina y marcó un hito al revelar un amor frustrado entre Juan y Gustavo (Ísola y Brero, dos hombres desolados y reprimidos) y su reencuentro sesenta años después.
Ambos regresan a la playa en la que fueron felices en su juventud para encontrar una respuesta que los tranquilice. 
Sentados en una banca, irán recordando sus glorias personales, quizá para ocultar su temor o la emoción al verse de nuevo. Vestidos de blanco, Juan y Gustavo parecen estar listos para el designio aún cuando la vida parece extinguirse.
La calidad actoral de Ísola y Brero encandila. Cada pieza es un round escénico para cada actor, un certero golpe emotivo, tangos de añoranza y una reflexión sobre las heridas de la vida –aquellas deudas existenciales– que no se borran con los años. "Dúo" es una demostración plausible de que los reencuentros, en la vida o en las tablas, siempre son gratas sorpresas o mágicas casualidades.

Crédito de fotos: Teatro Plan 9

Ficha artística
“Dúo”, dirigida por Giovanni Ciccia
Asistencia de dirección: David Carrillo
“Príncipe azul”, de Eugenio Griffero
“El acompañamiento”, de Carlos Gorostiza
Actúan: Alberto Ísola y Gianfranco Brero
Lugar: Teatro Larco (Av. Larco 1036, Miraflores)
Las funciones van de jueves a lunes a las 8pm / Domingos a las 7pm
La temporada culmina el 16 de diciembre
Más información en Teatro Plan 9

martes, 10 de abril de 2012

El ocaso del color

En la naturaleza, la energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma. Y la pintura, desde los pinceles de Mark Rothko (1903-1970), era energía. Una muy poderosa y furibunda, que sobre los lienzos alcanzaba tonalidades imposibles, desconcertantes y sobrecogedoras. Una pequeña aproximación de lo que se aprecia en “Rojo”, del dramaturgo y guionista estadounidense John Logan (San Diego, 1961).
Dirigida por Juan Carlos Fisher y montada magníficamente en La Plaza, este montaje despide su temporada describiendo una extraña relación entre el excéntrico pintor expresionista abstracto y su joven aprendiz en las vísperas de la revolución artística de los años sesenta.


 Una obra a trazos
A Mark Rothko (Alberto Ísola) le han encargado pintar unos cuadros para un lujoso restaurante de Nueva York. A su poco iluminado taller acude Ken (Rómulo Asseretto), un aspirante a pintor que lo acompañaría por los siguientes dos años. Se trata de una puesta de un solo acto, aunque dividido claramente en dos momentos.
Una primera colmada de arrebatos y frases pretensiosas sobre el arte. Las de Rothko revelan su personalidad arrogante y ególatra y su amplio conocimiento en pintura, música, literatura, historia y filosofía. Las claves de un pintor desdeñoso que gusta marcar distancia –abismal– con su discípulo.
Las de Ken, en contraste, suenan poco convincentes y lo delatan como un artista inexperto, pero abierto a las nuevas tendencias que Rothko desprecia. Serán estas dos posturas las que guíen la puesta en escena, ofreciendo en el camino una serie de referencias a artistas clásicos, una competencia sobre lienzo y actuaciones correctas.


El dilema de la decadencia
En esa época de transformación Rothko se asume como el ‘arte serio’ –así lo siente– y se resiste al olvido ineludible de catálogos para ceder su espacio a la cotidianidad y simplismo del pop art. Y es aquí, ya en una segunda parte, que se descubren uno de los conflictos medulares de la trama: ¿es el arte una mercancía?
El expresionista abstracto reflexiona si vale la pena el esfuerzo para deleitar los ojos de los comensales acaudalados. Ken rescata la belleza de una lata de sopa y reprocha las actitudes de ‘doble moral’ de quien negó ser “su maestro o su padre”. La pintura –y todo el arte– entra en el dilema de las convicciones del artista y los intereses de un mecenas particular.
Hay muy pocos detalles que reprochar a esta impecable puesta. Su escenografía es realista y el aroma a acrílico seduce, la música fluye entre las suaves luces de galería“Rojo” se despidió esta noche con un saludable récord: localidades agotadas desde hace unas semanas y dos funciones extras. Y dejó un grato efecto en el público que, quizá, esperaba una temporada más larga.


Ficha técnica
“Rojo”, de John Logan
Dirige: Juan Carlos Fisher
Actúan: Alberto Ísola y Rómulo Asseretto.
Crédito de fotos: Hans Stoll y Deborah Valenca