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sábado, 29 de diciembre de 2012

Aplausos al Festival

En octubre pasado el ICPNA organizó su XI Festival de Teatro Peruano Norteamericano con cuatro interesantes propuestas, aunque, por bases del concurso, sólo pudieron apreciarse durante cuatro funciones. Dos de ellas fueron “Buenas noches, mamá”, de Marsha Norman (Kentucky, 1947) y “Canallas”, de César Vera  Latorre (Lima, 1985).
La primera abrió el certamen presentando la difícil relación entre una madre y su hija, quienes comparten sus días en un paisaje rural de los Estados Unidos. Mientras que, desde el Teatro del Absurdo, “Canallas” se burló de las convenciones de una sociedad deshumanizante y llena de apariencias. A pesar del tiempo transcurrido, publico una merecida reseña de estos dos montajes.

Una mañana diferente
“Buenas noches, mamá” describe el desenlace del encuentro de dos fuerzas femeninas y emparentadas. Esta premisa y la emotiva pluma de la dramaturga Norman  (en inglés) le valieron a esta historia un Premio Pulitzer en 1983 y una versión fílmica dirigida por Tom Moore 1986.
Pablo Luna (quien antes dirigió “Independencia”, de Lee Blessing, en el IX Festival del 2008) dirigió esta puesta con un resultado satisfactorio. Junto a los aciertos del texto –una dramaturgia cargada de pesimismo y pasajes entrañables– tuvo a dos buenas actrices con un estupendo trabajo.
Ana Rosa Liendo representó a Jessie, la hija fría, insensible y decidida a acabar con los intrascendentes días que vive junto a su madre en una casa alejada de la ciudad. Al frente tuvo a Lilly Urbina, en un notable papel, quien encarnó a una mujer resuelta a disuadir a su hija de su fatal decisión, aun cuando esta misión linde con lo imposible.

La trágica despedida
La atmósfera es tensa de principio a fin. No sólo por la complicada vida de las protagonistas, sino por la presencia de elementos que acrecientan la angustia. Por ejemplo, el vértigo del tiempo –parte de la acción sucede en tiempo real– y una predominancia del color blanco que, lejos de dar una sensación de tranquilidad, inquieta.
En la escenografía (intencionadamente realista) cada mueble tiene un lugar inamovible, mientras que en la alacena todo está organizado: las galletas, los chocolates, los trastos o equipos de limpieza. Nada en esa casa parece disfrutar del azar, sino que rebosa en lo predecible.
La suma de estos factores convirtió a “Buenas noches, mamá” en una puesta de emociones fuertes, escenas conmovedoras e inquietantes momentos que no dejaron indiferentes al espectador. La obra fue elegida como ganadora del festival por el jurado integrado por Carlos Acosta, Violeta Cáceres, Ruth Escudero, Laurietz Seda y Fernando Torres. Sin duda, sería interesante ver esta pieza en una temporada más larga.

Ficha técnica
“Buenas noches, mamá”, de Marsha Norman
Dirección: Pablo Luna
Elenco: Lilly Urbina y Ana Rosa Liendo
Más información en "Buenas noches, mamá"

Irreverentes ‘canallas’
Como es usual, en el festival del ICPNA existe espacio para arriesgar y los nuevos rostros. Ello sucedió con “Canallas”, pieza dirigida por César Vera Latorre y Martín Velásquez Atoche. La obra –una idea original de Vera Latorre– fue presentada en mayo pasado en la Ventana Indiscreta de la Universidad de Lima con el título de “Conversaciones sobre la felicidad”.
Sin perder su esencia, aquella grata experiencia maduró lo suficiente hasta convertirse en una crítica lúcida y entretenida sobre la vida en época de consumo y superávits. Salvo el cambio de nombre, sus agudas reflexiones y personajes –fugaces, distraídos e irreverentes– se enfrentan a los (anti)valores de un sistema impersonal y desinteresado.
Con una decena de breves historias y cuatro monólogos, “Canallas” se burla de cómo el valor de la libertad o la felicidad se ha trastocado en precios de etiqueta dominados por la oferta y la demanda. O de cómo ser auténtico puede ser un verdadero problema de adaptación en una sociedad con rígidos estándares de aceptación. Ironías y más ironías.

Lúdicas ficciones
Por ello, estos alegres bribones –tres actores  y una actriz– salen a escena (o, quizá, emergen de alguna butaca) a desafiar el establishment. Y se lo toman en serio aun cuando entre sus divertidas historias algún escocés tenga por pariente a un sombrero o dos desconocidos intenten buscar la autenticidad tras una inusual charla.
El trabajo escénico de los cuatro actores –con múltiples papeles y actuaciones aceptables–, las coreografías y el juego al borde de lo ficticio generaron una singular complicidad en los espectadores. Lo que se reforzó con una escenografía minimalista y el setlist musical utilizado en los ágiles intermedios de las escenas. Al margen de las distinciones, “Canallas”  ha dado un salto desde un proyecto intuitivo hacia una obra madura en pocos meses. Un mérito inobjetable para su autor, sus directores, actores y el equipo de producción que esperemos continúen trabajando en nuevas propuestas el próximo año.

Ficha técnica
“Canallas”, de César Vera
Dirección: Martín Velásquez Atoche y César Vera
Asistencia de Dirección: Rosa Ruiz Dodobara, Christian Villegas
Elenco: Miguel Chamorro Guerra, Fabio Portocarrero Pinedo, Rosa Ruiz Dodobara y César Vera Latorre
Más información en "Canallas"

Crédito de fotos: Difusión Cultural ICPNA

martes, 2 de octubre de 2012

Fugaces recuerdos


“Un verso pasajero” es un ejercicio poético –e intuitivo– sobre la soledad y los riesgos de una comunicación esquiva. Fue la primera obra escrita por Gonzalo Rodríguez Risco y estrenada el 14 de noviembre de 1996, luego de ganar el Primer Festival de Teatro Peruano Norteamericano auspiciado por el ICPNA ese mismo año. 
Tras dieciséis años, la obra –con una revisión del autor– regresó a escena, esta vez, al Centro Cultural El Olivar (estuvo hasta el 30 de setiembre). Es curioso que este montaje haya retomado nuevamente a Carlos Acosta, quien lo dirigió en 1996, con dos desafíos: demostrar su madurez de director y revitalizar una puesta de mediados de los noventa en los días del 2012.

Silenciosas confesiones
Este pequeño drama, de poco más de una hora, posee un dilema sutil, quizá, demasiado para los primeros veinte minutos de la puesta. Javier (buen protagónico de Luis Alberto Urrutia) ha quedado en estado de coma tras sufrir un accidente de auto.
Desde entonces, su padre Don Alfonso (Carlos Mesta), su madre Doña Consuelo (Lilly Urbina, quien participó en el elenco original) y sus hermanos Felipe (Willy Guerra) y Angélica (Vera Castaño) lo visitan tarde a tarde al hospital.
Todo ellos son personajes solitarios e incapaces de comunicarse, aunque los retratos familiares digan lo contrario. Tiempo después y creyéndolo inconsciente, empiezan a revelarle pasajes ocultos de sus vidas, buscando, a lo mejor, el alivio de una confesión sin reproches. Ninguno sospecha que Javier los puede oír.

Espacios de soledad
Sobre esta comunicación fallida –una que no funciona en la familia, aunque sí en la propuesta de Acosta– se construye la acción central de “Un verso pasajero”. En este vacío surge un extraño vínculo que libera a los confesores y devasta a Javier, su inevitable interlocutor.
Eso se refleja en los monólogos sinceros –una colección de insospechados dilemas existenciales– y en los súbitos momentos de introspección de Javier. Episodios bien sostenidos con la actuación de Urrutia (desde su cama), los cambios de acción guiado por las luces y una escenografía acorde.
Junto a estos aciertos, el texto de Rodríguez Risco retrata y crea sutiles alegorías –algunas psicológicas– sobre las vicisitudes surgidas en torno al estado de coma, eludiendo los clichés. Con tales elementos y buenas interpretaciones del elenco, la dirección salva el conflicto ausente de los primeros minutos y ofrece una puesta plausible e interesante.

Drama en dos idiomas
Gonzalo Rodríguez Risco (Lima, 1972) es traductor, dramaturgo y guionista graduado de la Yale School of Drama, con una maestría en Escritura Dramática. Actualmente dicta cursos de escritura teatral en Aranwa Teatro y es autor de un buen número de textos dramáticos.
Entre sus obras en español está, por ejemplo, “La manzana prohibida”, “Juegos de manos”, “Hoy prometo no mentir”, “Asunto de tres”, “Mal criadas” (en coautoría con Diego La Hoz), entre otras; mientras que en inglés ha escrito “Journey to Santiago”, “Threesome”, “Expiration”, “Gay Play”, “Father/son” y otras piezas más.
Finalmente, el año pasado escribió el libreto de “Carmín, el musical”, dirigida por Joaquín Vargas en el Teatro Marsano, así como “Dramatis Personae”, dirigida por Erik Pearson y presentada Off-Broadway en el Teatro Cherry Lane de la ciudad de Nueva York.

Crédito de foto: Sandra Elías

Ficha técnica:
“Un verso pasajero”, de Gonzalo Rodríguez Risco
Dirige: Carlos Acosta
Actúan: Luis Alberto Urrutia, Lilly Urbina, Carlos Mesta, Willy Guerra y Vera Castaño
Una producción de Quinta Pared Teatro

domingo, 17 de octubre de 2010

Elección de un vencido

Ser hábiles en algo debería ser la clave para obtener lo que anhelamos. Un buen trabajo, una bonita casa, una pareja comprensiva, en resumen, todo para una vida tranquila. La idea seduce desde la teoría, pero sobre el pizarrón de ensayo de Alberto (Henry Sotomayor) el resultado no se asoma al esperado.

Desde hace siete meses viene gastando su hábil talento de vendedor en entrevistas sin éxito. En casa el panorama no es el mejor. Su madre enferma (Ximena Arroyo) necesita medicamentos y, como si fuera poco, debe solventar los estudios universitarios de Laura (Mayella Lloclla), su hermana menor.

Con deudas y fingiendo un ascenso en su ficticio trabajo, Alberto desea poder resolver todo pero, en su intento,  logra enredarse en un romance furtivo con Ana (Karina Jordán), esposa de su jefe y amigo, Jorge (Paul Ramírez). Cerca a su vecindario, mientras tanto, aparecen cadáveres cerca a un parque custodiado por un entrañable anciano (Enrique Victoria). Esta es la atmósfera que nos presenta “Cacúmenes”. Y eso que aún no llegamos al límite de las cosas.



El hombre actual
La obra fue escrita por Alejandro Alva y resultó ser ganadora del IX Festival de Teatro Peruano Norteamericano de 2008. El autor ha reconocido a su pieza teatral como “una crítica inteligente al progreso técnico, a la racionalidad desgastada, a la alienación intransigente, en resumen, al conflicto posmoderno del hombre”.

Su apunte se centra en Alberto, joven empeñoso y brillante en ventas, pero sometido a una insensible jerarquía laboral que le escatima oportunidades. Sabe que merece mejor suerte, pero su inseguridad, quizá por la ausencia de su padre, lo lleva por caminos sinuosos, acaso una alegoría entre la cordura y la locura.

Su hermana, Laura, en cambio, ha acabado el colegio y se considera una alumna aplicada, pero decide rebelarse a ser un eslabón más en esa cadena de inconformidad y competencia que deshumaniza. Y empieza en su propia casa, en una relación tirante con su madre.



El dilema de la locura
La tensión –llegando a la angustia, en algunos casos– de cada escena aviva los dilemas en el orden familiar, de parejas o entre seres, extraños u atormentados, como el anciano del parque o el detective (Iván Chávez) y su novia (Katia Salazar). Y se intercalan episodios donde la ‘conciencia’ de Alberto  (Yazmin Londoño y Dante Marchino) se manifiesta como un mecanismo de alerta psicológica ante el temor, la indecisión o la culpa por los crímenes cometidos.

Con buenas actuaciones –destacados Enrique Victoria y Henry Sotomayor– y un final súbito y precipitado por los extremos que alcanza la obra, “Cacúmenes” se presenta hasta este domingo 17 de octubre en la Asociación de Artistas Aficionados.

Un dato que agregar que el 2008 la puesta fue codirigida por Emilram Cossío y Haysen Pércovich, éste último es acompañado por Ximena Arroyo, como directora adjunta, en esta breve temporada.

Fotos: Asociación de Artistas Aficionados