En un mundo de finales amargos o tristes, bregar por la felicidad es un gesto de rebeldía. Dos jóvenes limeños, un tanto distintos entre sí, pero con un aprendizaje pendiente en común, son los protagonistas de una lucha singular, apasionada y, en esencia, diversa sobre los riesgos de amar en tiempos de rechazo e intolerancia.
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| Norman (Oro), Sebastián (Gutiérrez) y un taxista (Bazán) |
Primero fue “Love, la serie”, producto audiovisual perfecto para consumidores de series episódicas desde la comodidad del streaming. Recogiendo esta experiencia de tres temporadas y 28 capítulos, sin contar bloopers ni extras, este ocurrente libreto de Jesús Oro llega a nuestras tablas en “Love, la obra” (2026). Esta comedia romántica describe con deliciosa ironía y pocos clichés el comienzo de un vínculo inesperado y, quizá, por eso, memorable. El director Germán Díaz no sólo centra su mirada en una relación que contraviene las buenas costumbres, sino que la aleja de victimismos y condescendencias en una propuesta ágil y coherente. Inspirada en la recomendable serie web, “Love” presenta a sus protagonistas bajo una apropiada mirada política y activista. Norman (Oro, en otro rol entrañable) es un joven de clase humilde que detesta “ser normal” porque sabe que esta etiqueta no solo homogeniza las diferencias, sino que las invisibiliza.
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| La iluminación y música recrean escenas memorables y divertidas |
Ante él aparece Sebastián (un preciso trabajo de Augusto Gutiérrez), un chico un tanto tímido, clasemediero y con una vida “casi” resuelta para su círculo social y familiar. A pesar de que está comprometido con su novia Pili (la dedicada y eficiente Gretha Bazán, en uno de tantos roles), se ve que no es feliz. En un improbable encuentro, estos personajes desarrollan una química combustible y fulminante. A través de diálogos sencillos y honestos, comparten sus intereses, pasatiempos y gustos musicales. Poco a poco, asoman sus perspectivas de vida, temores y genuinas personalidades. Narradas con fluidez y ternura, las ocurrencias los va enredando por esta ciudad de miradas desconfiadas. Primero, en un bus rumbo a su paradero final, tras un escape azaroso, luego en un departamento y finalmente en un cuarto de hotel con adecuados ingresos de utilería que no restan dinamismo ni verosimilitud a la historia.
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| El montaje que dirige Germán Díaz aprovecha cada espacio del Teatro Barranco |
Entre confusiones, malentendidos –acompañados de un histriónico Norman– y la aceptación de la sexualidad de Sebastián se conjugan escenas cómicas con pausas liberadoras y sanadoras. El versátil y risueño trabajo de Bazán socorre cada escena como policía, madre, cobradora, artista drag, o solo una chica de discoteca. Para ello, la música y la iluminación resultan cruciales ya que, con reflectores y una luna de espejos, convierten al Teatro Barranco en una pista de baile donde vivir la libertad en una noche inolvidable. Todo está bien pensado en esta ambientación 360 con salidas laterales y hasta una escalera al segundo nivel. Y, aunque luego el conflicto principal deriva en otros dilemas, algunos con más trascendencia que otros, el desenlace no deja indiferente a su público. Al parecer, “Love” puede con todo ello y más: dificultades amorosas, dudas de primerizo, indecisiones personales y la esencia de una serie web que inevitablemente funciona en la escena.
FICHA ESCÉNICA
“Love, la obra” de Jesús Oro
Director: Germán Díaz
Elenco: Augusto Gutiérrez, Jesús Oro y Gretha Bazán
Funciones: 16, 17, 22, 23 y 29 y 30 de mayo a las 8pm
Lugar: Teatro Barranco (Av. Miguel Grau 701, Barranco)
Productor: Marcelo Lizárraga
Un montaje de Love La Productora
Redes sociales: Instagram
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