La deshumanización es uno de los costos más amargos de la vida moderna. Largas
jornadas de trabajo, horas de cansancio y diarias manutenciones han convertido
al hogar –o lo que representa– en uno de los últimos refugios para seres desdibujados
y desmenuzados por la miseria cual muñecos sin rostros ni ojos.
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| "La Plaga" bajo la dirección de Estefano Portillo |
“La Plaga o relatos de un muñeco que aún recuerda” (2026) aborda esta fábula
de tintes grises en una inédita propuesta poética y exploratoria. Casi sin
palabras, y sólo con expresivas miradas, gestos naturales y coreografiados
desplazamientos, el elenco que conduce Estefano Portillo desafía la razón y los
sentidos, aunque no siempre en ese orden.
Estrenado en abril pasado en El Galpón Espacio de Pueblo Libre, el equipo
entusiasta de Kananqa Producciones brilla con este singular trabajo. Y ello gracias
a su riqueza plástica, dinámica y corporal, con la que consigue envolvernos en
una rutina familiar reconocible. Con rigor y claridad, “La Plaga” plantea sus convenciones desde el inicio,
cuando el público va ingresando a la sala. Ahí, cuerpos en extrañas posiciones o
en delicados movimientos dominan el escenario desprovisto, mientras la utilería
(mesas o sillas) yace a ambos los lados.
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| Esta propuesta desarrolla convenciones estéticas, corporales y escénicas |
Los códigos estéticos también saltan a la vista. Los intérpretes van en
vestuarios en un cálido tono arcilloso, shorts blancos o pantalones negros, pero
siempre con las rodillas protegidas antelando las rutinas de exigencia física, mientras
los espectadores de la primera fila se guarecen –de lo que vendrá– con cobertores
de plástico.
El desconcierto se instala, incluso, con la presencia de los silentes ejecutantes.
Un grupo de actores mueve los objetos y arma el comedor de una casa en un
ejercicio solidario y animoso que los retrata como una familia que, si bien no enuncia
palabra alguna, demuestra unidad. Como en “Los regalos”, célebre montaje de la Compañía de Teatro Físico (CTF), el elenco apuesta por la sugerencia para ir revelando sus vínculos. Desde
la protección cariñosa de los padres (Jared Portocarrero y Claudia Mostorino) hasta
los enredos de los hijos (Jen Marchan, Christine Lemus y Marcelo Andrade). Todo cambia cuando aparece Pascual (Jeremy Canchaya). Su presencia es el
barro que modela la vida familiar, se colman los platos de alimento y se
esquiva la escasez. Pero también revela el coste de llevar la vida de otros a
cuestas en un sacrificio que deshumaniza y enajena como quien rasca el suelo para
encontrar un poco de progreso y bienestar.
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| El trabajo de Kananqa Producciones tuvo 4 funciones entre abril y mayo pasado |
Este efecto es más plausible cuando las escenas se tornan repetitivas y los actores adoptan un vestuario oscuro. Apenas guiados por intuición, gestos de manos y, sobre todo, por la música de Edu Arana y su animado trío que, a ritmo de bolero, vals o bossa nova, crean atmósferas con guitarra, bongó y claves, aunque, por ratos, se “cuelen” los sintetizadores. Con un notable trabajo físico y elegantes momentos de corporalidad, la historia queda más en manos del espectador que del elenco a pesar de su desconcertante escena final. “La Plaga” es capaz de inocular dosis de realidad a seres sin humanidad que, en su esencia mínima, serían apenas trozos de arcilla sin propósito ni memoria.
Crédito de fotos: Héctor Azañas / Azanas Studio
FICHA ESCÉNICA
“La Plaga o relatos de un muñeco que aún recuerda”
Director: Estefano Portillo
Elenco: Jeremy Canchaya, Jared Portocarrero, Claudia Mostorino, Jen
Marchan, Christine Lemus y Marcelo Andrade
Composición musical: Edu Arana
Funciones: 24, 25, 26 de abril y 03 mayo a las 8pm
Lugar: El Galpón Espacio (Av. Cipriano Dulanto 949, Pueblo Libre)
Productora: Alejandra Velasco
Un montaje de Kananqa Producciones
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