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miércoles, 1 de abril de 2026

Dilemas de criollos y mestizos

Intereses personales, intrigas políticas, represión familiar y otras taras ya normalizadas se desprenden de cada escena de “Dos siglos de sobremesa” (2025). Esas postales tan limeñas –y, por extensión, peruanas– resuenan por su descarnada crítica a nuestra realidad política y social que, con evidente justicia, la van afianzando como un clásico de nuestro teatro contemporáneo.

Constanza (Bazán), Fernando (Chichizola)
y Mariana (Gibbons)

El texto de Eduardo Adrianzén (Lima, 1964) desarrolla esta alegoría sobre el Perú –una más en su extensa producción– con una sazón irreverente y satírica. Su ingeniosa pluma sitúa dilemas familiares, contrastes sociales y referencias históricas en dos épocas separadas por 200 años. En esta mirada a escala presentada por Continente Teatral se revelan los pocos cambios estructurales que ha sufrido el país desde su independencia.
Bajo la acertada dirección de Gustavo López Infantas este sólido montaje celebra su tercera temporada –con guiños de realismo– en la señorial casona de la Asociación Cultural Campo Abierto de Miraflores. 
Anteriormente lo hizo en el auditorio del ICPNA de Lima Centro entre agosto y setiembre del año pasado y, un mes después, en el teatro del Centro Cultural de la Universidad del Pacífico de Jesús María. Y siempre como una puesta en escena coherente en aspectos técnicos, estéticos lumínicos y escenográficos, así como un buen uso del vestuario y proyecciones multimedia.

Miguel (Salinas), Rodrigo (Molina)
y Fernando (Chichizola)

Dos siglos de sobremesa” presenta a dos familias limeñas en dos momentos cruciales para el país, quienes, desde el comedor de la casa, toman las decisiones más importantes. Por ejemplo, en 1824, Rodrigo (Gonzalo Molina, de buen trabajo) y Mariana (la lúcida Urpi Gibbons) arreglan un matrimonio para el “futuro” de su hija Constanza (la aguerrida Paulina Bazán). Por desgracia, y en medio de la disputa entre San Martín y Bolívar, la joven de 21 años no desea casarse con el español Fernando (Gianni Chichizola, verosímil en acento y presencia). Este empoderamiento (racional más que ideológico) de las voces femeninas de esa época juega a favor. Y sostiene a otros personajes de estamentos tan postergados como la criada Teresa (muy precisa Guadalupe Farfán) y la hija de los campesinos Aurelia (la aceptable Sol Nacarino). En especial, cuando se confrontan a Miguel (el eficiente Alaín Salinas), un cruel –y desclasado– capataz, mientras suceden las revueltas indígenas de la hacienda. Dos siglos después, esa familia afronta un nuevo dilema siempre a la hora de la sobremesa. Y aquí ocurre la magia de un guion pensado para un espectador ávido ya que, con sutiles cambios de vestuario, registros actorales, referencias políticas y nuevos personajes –algunos, con una milagrosa evolución social y económica–, logra situar su historia fácilmente en 2024.

La criada Teresa (Farfán)

Esta vez, los padres de Constanza, ya separados, deciden vender la casa de baldosas rojas y blancas a una inmobiliaria dirigida por un arquitecto español (Chichizola) y su asistenta peruana (Farfán). Pronto, las negociaciones involucrarán las opiniones de un ferviente activista político (Salinas) e, incluso, de una humilde encargada de reparto de comida (Nacarino). Estos intercambios de roles y saltos de tiempos resultan tan orgánicos que no distraen, sino refuerzan una decepcionante realidad: qué poco ha cambiado el Perú bicentenario y qué difícil es cambiarlo sin quebrar los privilegios instalados. Y, quizá, esa sea la mayor herencia de “Dos siglos de sobremesa”: poner al alcance de todos un debate histórico y social esperado y justo del que ya es hora tomar parte.

Crédito de fotos: Paola Vera

FICHA ESCÉNICA
Dos siglos de sobremesa” de Eduardo Adrianzén
Dirección: Gustavo López Infantas
Elenco: Gonzalo Molina, Urpi Gibbons, Paulina Bazán, Guadalupe Farfán, Gianni Chichizola, Alaín Salinas y Sol Nacarino
Temporada: Del 06 de marzo al 05 de abril de 2026 (Tercera temporada)
Funciones: viernes, sábados a las 8pm / Domingos a las 7pm
Lugar: Campo Abierto (Ca. Gral Recavarren 560, Miraflores)
Un montaje de Continente Teatral
Redes sociales: Instagram

miércoles, 9 de julio de 2025

Miseria urbana

 Encontrar la sensibilidad adecuada para contar una historia de lucha o superación ante la adversidad podría ser todo un desafío. El equipo de Onírica Teatro corrió este y seguramente otros riesgos cuando llevó a escena “Este lugar no existe” (2019) en nuestra Lima timorata.

Cecilia (Ureta) y Sara (Rebaza) en "Naranjas", la
nueva obra de Alejandra Vieira

A aquel montaje le bastó dos temporadas para quitarnos la venda de los ojos ante una problemática atroz –la minería ilegal en Madre de Dios– contada por dos adolescentes soñadores. En “Naranjas”, nueva obra de Alejandra Vieira (Lima, 1992), la autora intenta replicar esta difícil experiencia desde una mirada más urbana y reconocible. 
Su trama parece extraída de una crónica metropolitana, vivencial y dolorosa. La dura vida de Cecilia (buen trabajo de Beatriz Ureta) y Sara (Yaremís Rebaza eficiente en estos roles), madre e hija dedicadas a la venta de jugos de fruta en una transitada avenida capitalina.
En el hábitat injusto y precario de “Naranjas” aparecen seres forzados a sobrevivir sin perder la esperanza. Por ejemplo, la animosa vendedora de desayunos Charito (la versátil Astrid Villavicencio), el limpiador de autos Elmer y el periodiquero Miguel (Alain Salinas, siempre acertado por más disímil sea el registro por interpretar).

Charito y Elmer (Villavicencio y Salinas en uno
de sus papeles del montaje)

Pero no son los únicos seres que anhelan echar raíces en el frío asfalto limeño.
Marcela (Villavicencio, en un nuevo papel) y Keyla (una precisa Sol Nacarino), madre e hija también, han viajado desde el interior para atenderse en un hospital de la gran ciudad. 
Estas personas despiertan el recelo en las vendedoras, excepto en Sara, quien descubre en Keyla a una amiga genuina.
Este encuentro marca el conflicto en una historia que en su primera parte se había esforzado por presentarnos extensamente la rutina de los ambulantes. 
A partir de aquí el montaje alcanza sus mejores escenas con la vibrante amistad de estas chicas –maduras para su edad, quizá– y la empatía de sus compañeros de calle. Hay episodios sublimes, pero, por momentos, fluyen otras secuencias un tanto cursis o condescendientes.

Las inmigrantes Keyla (Nacarino)
y Marcela (Villavicencio)

Ello no invalida la crítica social para un sistema indiferente (Estado y sociedad) y las dolorosas verdades que marcarán el vínculo de las nuevas amigas. La dirección de Vieira optimiza el uso del espacio del Club de Teatro de Lima, con buenos apuntes para el desplazamiento de actores y utilería (menuda y diversa) y una iluminación precisa.
Naranjas” continúa la estela de obras sociales que requiere nuestro teatro para tomar una conciencia comunitaria. Este sensible trabajo de Onírica Teatro demuestra que una vida dura e injusta existe en cualquier lugar, al doblar la esquina, solo que con otro rostro o nombre. 

FICHA ESCÉNICA
Naranjas” de Alejandra Vieira
Director: Alejandra Vieira
Elenco: Alaín Salinas, Astrid Villavicencio, Beatriz Ureta, Sol Nacarino, Yaremís Rebaza
Funciones: 13, 20 y 27 de junio; y 04, 05, 11 y 12 de julio a las 9.15pm
Lugar: Club de Teatro de Lima (Av. 28 de julio 183, Miraflores)
Entradas: S/ 40 (General) y S/ 25 (Estudiante /CONADIS) en Joinnus
Un montaje de Onírica Teatro
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