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domingo, 15 de julio de 2012

A ritmo de Hairspray

Una curiosa revolución mediática gestada a inicios de los años sesenta se describe en “Hairspray”. La televisión de aquella época había reservado el glamur de las luces y cámaras a artistas blancos y las bailarinas de gráciles figuras, ignorando a los artistas afroamericanos o chicas que no calificaran bajo esas exigencias estéticas.
La historia, que podía haber sucedido en cualquier ciudad con parámetros sociales suficientemente rígidos, fue situada por el cineasta John Waters (Maryland, 1946) en su natal Baltimore al rodar su película “Hairspray” en 1988. Tras ser adaptada para Broadway, en el 2002, el musical llega a Lima como la primera apuesta escénica de Los Productores.


Los difíciles años 60
El texto fue escrito por Mark O’Donnell y Thomas Meehan, quienes fueron asistidos por Marc Shaiman y Scott Wittman en la música y letra. La actual propuesta es dirigida por Juan Carlos Fisher (Lima, 1981), quien conoce muy bien este género: “Una gran comedia romana” (2008), “La jaula de las locas” (2010) o “La chica del Maxim” (2011).
En “Hairspray” una alegre adolescente de Baltimore, Tracy Turnblad (Oriana Cicconi) decide audicionar en el Show de Corny Collins, un popular programa juvenil. Su anhelo –y encanto para bailar– la convertirán en el centro de enemistades e intrigas que, por cliché, abundan en los canales de televisión.
La situación se complicará cuando se enamora de Link Larkin (Jesús Neyra), el galán de moda y planee acabar con la segregación racial a través de un baile televisado. Bajo esta fórmula bien definida, visos de comedia y enredos cantados –y coreados por el público–, “Hairspray” asegura una velada de energía y entretenimiento en el Teatro Peruano Japonés.


Entre ritmos y colores
Aquí es preciso analizar “Hairspray” desde dos ópticas. Como musical, es un impecable montaje ganador de seis Premios Tony. En sus dos actos –y cerca de tres horas–, se compaginan perfectamente los pasajes actuados y musicalizados. Es de destacar la dirección musical de Pedro Luis Pacora y los 15 músicos de la orquesta.
Ellos interpretan las pegajosas melodías –rock n’ roll, twist y otros géneros–, que guían la acción en el escenario. Junto a ello, la estética visual (Laura Quijandría) y el vestuario (Ani Álvarez Calderón) nos sumergen en la cálida sicodelia de 1960, mientras que la escenografía móvil y colorida, diseñada por José Bauer, se convierte en un ágil recurso para los rápidos cambios de escena.


Detrás del musical
Si se observa a “Hairspray” desde su pertinencia escénica, saldrá a la luz una audaz e ingeniosa pieza teatral. Y, aunque su naturaleza musical de por sí le resta fuerza a su bienintencionado mensaje: una denuncia de los excluidos en el show business, no deja de llamar la atención que en el elenco actores blancos aparezcan maquillados para interpretar los roles de los bailarines negros.
Al margen de este detalle, la acción se mantiene de inicio a fin, pero las breves pinceladas de drama se desvanecen y sucumben ante divertidas coreografías. Quizá, por eso, el prejuicio que pinta a los musicales de ‘teatro ligero’. Sin embargo, a pesar de la menor exigencia interpretativa, existe un mayor requerimiento para el canto y el baile que los 36 artistas (cuatro de ellos seleccionados en un casting a fines del 2011) demuestran con gratos resultados en el escenario.
Como sucede en Lima desde hace años, “Hairspray” es una oportunidad para ver a reconocidos actores y actrices en facetas y destrezas poco frecuentes. Es lo bueno de ver un musical: pasar un rato ameno, reírse o disfrutar de pegajosos estribillos, sin mayores pretensiones.


Crédito de fotos: Leonel Ortiz

Ficha técnica
“Hairspray”, escrito por Mark O’Donnell y Thomas Meehan
Música: Marc Shaiman
Letras: Marc Shaiman y Scott Wittman
Dirige: Juan Carlos Fisher / Dirección Adjunta: Raúl Zuazo
Actúan: Oriana Cicconi, Sergio Galliani, Gisela Ponce de León, Rossana Fernández-Maldonado, Jesús Neyra, Paul Vega, Rómulo Assereto, Lorena Caravedo, Bettina Oneto, Luis Baca, Patricia Portocarrero, Nicolás Fantinato, Ebelin Ortiz, Shantall Young, Adriana Quevedo, Andrés Salas, Patricia Barreto, Daniela Camaiora, Juan Carlos Rey de Castro, María Grazia Gamarra, Braulio Chapell, Cynthia Calderón, Manuel Carreras, Katheryne Mendoza, Pedro Ibáñez, Juan Pablo Lostannau, Sandra Begué, Alejandra Sánchez, Eric Grijalva, Gina Yangali, Miluzka Eskenazi y Roberto Calumani.
Lugar: Teatro Peruano Japonés (Av. Gregorio Escobedo 781, Jesús María)
Funciones: De jueves a sábado a las 8 pm. Domingos a las 6 pm.
La temporada acaba el 16 de agosto.
Más información: Los Productores

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Una fiesta siniestra


Una noche de 1960 el dramaturgo Harold Pinter estrenó “El vigilante” en el Teatro Continental de Dusseldorf, en Alemania. Despreocupado por la crítica, su nueva pieza teatral, signada por inquietantes silencios, recogió pifias en vez de aplausos. A pesar de ello, el autor británico saludó al público en compañía de su elenco al menos unas 34 veces. En todas fue ferozmente abucheado.
Es probable que, en cada salida al escenario, Pinter reviviera la sensación del estreno de “La fiesta de cumpleaños”, unos dos años antes. Oscura, enigmática y desoladora, su primera obra profesional resistió una semana de abril en la cartelera londinense de 1958, pero sobrevivió a la crítica incrédula hasta convertirse en un clásico del teatro contemporáneo.
Hasta hace unos días, el creador de personajes desencantados y delirantes llegó al Teatro La Plaza ISIL en un estupendo montaje que vale la pena reseñar.


Noche a oscuras
“La fiesta de cumpleaños” encierra la acción en una habitación un poco descuidada. Por sus rincones y gavetas aún resuenan los éxitos lejanos de Stanley (una excelente interpretación de Paul Vega), un excéntrico pianista refugiado en la soledad, aún cuando los esposos Meg y Petey Boles (Ana Cecilia Natteri y Alfonso Santistevan), los dueños de la casa en la que es el único huésped, lo visitan a menudo.
Los días parecen repetirse hasta que Goldberg (Mario Velásquez) y McCann (Rómulo Asseretto) alquilan una habitación en ese aposento. A la llegada imprevista de estos dos extraños sigue la insólita idea de celebrar el cumpleaños de Stanley. Sorprendido, el pianista niega que esté por cumplir años, sin embargo, esa noche Goldberg, McCann, Meg y Lulu (una anecdótica presentación de Gisela Ponce de León), una joven vecina, deciden festejar una extraña fiesta.


Silencios elocuentes
Un elemento de las obras de Pinter es la incertidumbre. Aquello que inquieta sin saber dónde se esconde y que acecha esta puesta escénica gracias a las buenas actuaciones del elenco. Surgen así las pocas certezas sobre el pasado de Stanley o el misterioso arribo de Goldberg y McCann, dos desconocidos que, por ejemplo, hablan de una organización sin decir más.
Quizá, la vida de los caseros represente un equilibrio en esta historia. Destaca Ana Cecilia Natteri por una interpretación que va desde ternura hasta el extraño cariño que siente por el pianista; y bien acompañado de un despreocupado personaje encarnado por Alfonso Santistevan. 
Cada detalle guía al espectador por una atmósfera de dudas que logra transmitirse a pesar de tratarse de un texto en inglés. Esta última afirmación compartida por estudiosos de Pinter, quienes concuerdan que es más importante lo que no se dice en lugar de lo que sí. 
Es por eso que la tensión de la obra no desaparece aún cuando los diálogos –aislados, en apariencia– sugieren más preguntas que respuestas.La obra se olvida de esclarecerlas y deja al espectador en desconcierto, pero cargado de teorías. Una sensación que probablemente sucedió con el público que la vio por primera vez en 1958.


Estilo ‘pinteresco’
En un inicio la crítica especializada desestimó esta obra y sólo recibió una opinión favorable –y profética– de Harold Hobson. “A pesar de la experiencia vivida la semana pasada (el cierre de la obra), vamos a oír hablar del señor Pinter y de “La fiesta de cumpleaños” en algún momento. Tomen nota de sus nombres”, reseñó en mayo de 1958 en el Sunday Times.
En piezas teatrales como ésta, Pinter esbozaría los rasgos reconocibles de sus “comedias de la amenaza”. El Premio Nobel de Literatura del año 2005 utilizó historias negras y escalofriantes para plasmar el dilema de la identidad individual a través de personajes solitarios y desilusionados.
En sus tramas es usual ver a un intruso que inquieta y desquicia la intrascendente existencia de sus protagonistas. Mientras que sus diálogos se salpican de largas pausas y silencios, como si fuera difícil comunicarse entre ellos. Una atmósfera cuidadosamente dibujada en la puesta dirigida por Chela de Ferrari en el Teatro La Plaza ISIL de Miraflores.


Créditos de fotos: Teatro La Plaza ISIL

Ficha técnica
“La fiesta de cumpleaños”, de Harold Pinter
Dirección: Chela De Ferrari
Elenco: Paul Vega, Ana Cecilia Natteri, Mario Velásquez, Rómulo Asseretto, Alfonso Santistevan y Gisela Ponce de León.