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jueves, 11 de junio de 2015

Vanas existencias

En los universos literarios de Franz Kafka (1883-1924) es fácil encontrarse con personajes devorados por algún sistema, en especial, la vorágine industrial de finales del siglo XIX. Oficinistas pusilánimes y proletarios silenciosos cuyas vicisitudes y angustias inspirarían sus novelas y relatos cortos.
Gabriel González
De esos lánguidos rincones surgió “La Metamorfosis, escrita en 1915, pero publicada póstumamente por su amigo y editor  Max Brod
En ella se vuelcan las frustraciones y la filosofía anti burocrática que se cuestionaría la clase emergente sometida a horarios, rutinas y plusvalías.  Esta versión teatral –vista en dos cortas temporadas, una de ellas en el XIV Festival Saliendo de la Caja 2015– corresponde a la reconocida adaptación de 1986 del autor versátil Steven Berkoff (Londres, 1937). Un texto que, en manos del director Rodrigo Chávez y Daniel Amaru Silva, se convierte en un montaje logrado y sublime, a pesar de sus sombríos designios.

CÁRCEL DE VIDA
Los días sencillos para el joven Gregor Samsa (un entregado y notable Gabriel González) han acabado. Luego de una noche de intranquilo sueño, el joven comerciante despierta convertido en insecto. Esta circunstancia inesperada cambiará su gris existencia y la de su familia, un núcleo interesado y egoísta.
"Metamorfosis"
El Señor Samsa (Roberto Ruiz de buen desempeño), por ejemplo, es un padre que lega tormentos en lugar de enseñanzas, mientras que la Señora Samsa (un acertado trabajo de Mónica Rossi) es un ser neutral con escasas apariciones entrañables. Son seres tan impersonales como sus personajes.
Su hermana, la pequeña Greta (Vanessa Geldres) transita desde aires de ternura hacia los sombríos senderos de desdén por su hermano. En el camino traiciona sus sueños, admite perderlos. 
Juan José Espinoza aporta con dos buenos roles que resuelve con presteza e ingenio: el inefable jefe de Gregor y el inquilino que podría ser la salvación económica de la familia. González, en cambio, sostiene la obra física y actoralmente. La mutación lo absorbe; transforma y reduce su apariencia a un bicho, pero no su esencia humana: inconforme, sensible y luchador. Y sorprende por su entrega constante y casi sin respiro en la estructura metálica que trepa sin encontrar la salida.


ESENCIA MÍNIMA
Como puesta, Metamorfosis” es minimalista –crea sus atmósferas con pocos elementos– y oscura debido a su estética expresionista. Si bien estos aspectos parecen ser usuales en puestas similares como puede verse en videos (en inglés o alemán), la puesta desarrolla una personalidad definida.
Ruiz, Rossi y Espinoza
Estrenada en junio de 2014 en la Casa Yuyachkani como proyecto final de Artes Escénicas de Chávez, este montaje ha madurado con el paso de sus breves temporadas. Por eso en Saliendo de la Caja 2015 en el Centro Cultural de la PUCP fueron distinguidos con el “Premio del Público”.
En Sótano 2: Teatro Emergente, Metamorfosis” regresa nuevamente sin perder la fuerza escénica y existencialista de su mensaje. Una muerte –y miles más a diario– que parece no librar a la Humanidad de su triste condición.

FICHA ESCÉNICA
Metamorfosis”, adaptación de la novela de Franz Kafka
Dirección: Rodrigo Chávez
Traducción: Daniel Amaru Silva
Elenco: Gabriel González, Vanessa Geldres, Mónica Rossi, Roberto Ruiz y Juan José Espinoza
Producción ejecutiva: Nataly Vergara
Lugar: Teatro de la Universidad del Pacífico (Jr. Sánchez Cerro 2121, Jesús María)
Temporada: Del 12 a 15 de junio
Funciones: De viernes a lunes a las 8:30pm / Domingo a las 7pm
Entradas: S/. 35 (General), S/. 20 (Estudiantes y jubilados)
Más información en el evento y página de la obra

martes, 19 de junio de 2012

Metamorfosis juvenil

Hace unas semanas, “Laberinto de monstruos” desempolvó una cajita de recuerdos guardada en 1975. Durante las fiestas patrias de ese año, el gobierno militar viró su rumbo, pero el país, esta vez en manos del general Francisco Morales Bermúdez, seguía a la deriva.
Perú ganó su segunda Copa América a ritmo de valses criollos, aunque en las radios la melodiosa voz de Eduardo Franco, líder de Los Iracundos, solía regocijar los solitarios corazones. Eran otros tiempos.
Y eran otros los muchachos que corrían –y tropezaban– por sus calles en busca de sueños e inquietudes. En aquella Lima de circos y ferias, el dramaturgo César de María (Lima, 1960) sitúa la curiosa aventura de un grupo de amigos que encuentra su primer trabajo.


Identidad escénica
La historia es narrada en dos momentos: en 1975 y 1988. Leo (Fernando Luque) recuerda, a veces, con una voz juvenil y, en otras, con grave adultez, cómo un extraño suceso lo cambió para siempre. Y con él, las vidas de sus camaradas: Danny (Juan José Espinoza), Memo (Carlos Casella Casella) y Fernandito (Nicolás Valdés), el menor del grupo y más ingenuo.
Cierto día, la collera, incluida Jenny (Jely Reátegui), es contratada por el dueño de una feria (Gabriel Iglesias) como los monstruos del laberinto. A pesar del mezquino sueldo, los muchachos aceptan el trabajo sin saber que se acercan a los albedríos de la adultez. Pero, en lugar de superar etapas, buscan una salida rápida y deciden robar la misteriosa maleta del Loco James (Eduardo Ramos).
Es aquí donde los jóvenes son puestos a prueba y su decisión los podría convertir en verdaderos monstruos. Experimentan así una metamorfosis axiológica y emocional. De forma sutil, De María vincula la indefinición de sus personajes con la aspiración trunca de construir la identidad peruana en el convulso año de 1975.


Evocador realismo
“Laberinto de monstruos” posee actuaciones sólidas. Un gran mérito para un elenco debutante: todos son actores recientemente egresados del Taller de Actuación de Roberto Ángeles, quien dirige la puesta. Un montaje con muy pocas desatenciones y pasajes emotivos que no diluyen la acción en la hora y media que dura esta obra.
Otro de los aciertos del “Laberinto…” es que su escenografía fue pensada para ser imaginada antes que expuesta. Al escenógrafo Eduardo Camino –quien trabajó el decorado escénico de “Astronautas”– le bastó disponer unas versátiles cajas decoradas con las ‘Marca Perú’ de la época: los chocolates Sublime, Inca Kola o los desaparecidos refrescos Bimbo.
La musicalización y la coreografía son destacables. La escena de la fiesta del quinceañero –entre valses, salsas y pasos de twist– no deja de ser graciosa y entrañable. Quizá, por eso, para quienes vivieron a plenitud esos años, la propuesta podría resultarles nostálgica y para quienes no (los nacidos en alguna década posterior como yo), sencillamente, podrán disfrutar de esa atmósfera sin sentirla distante o anticuada.


Los monstruos viajan
En un inicio, el elenco de jóvenes actores “Laberinto de Monstruos” se presento en el Teatro Auditorio Mario Vargas Llosa de la Biblioteca Nacional del Perú. Luego iniciaron sus presentaciones en el ICPNA de Arequipa (1, 2 y 3 de junio) y posteriormente en el Teatro Municipal de Trujillo (8, 9 y 19 de junio).
Este miércoles 20 de junio se presentará esta puesta en una última función especial a las 8 de la noche en el Auditorio de la Escuela Naval La Punta (Calle Medina s/n La Punta, Callao). La entrada es libre.

Crédito de fotos: Carlos Galiano / Laberinto deMonstruos

Ficha técnica
“Laberinto de monstruos” de César de María.
Dirige: Roberto Ángeles.
Actúan: Fernando Luque, Juan José Espinoza, Nicolás Valdés, Carlos Casella Casella, Gabriel Iglesias, Jely Reátegui, Eduardo Ramos, Renato Rueda.