jueves, 14 de junio de 2018

Un mundo feliz

¿Se imaginaría un mundo sin una pizca de alegría? Posiblemente no, pero desde algún rincón de la avispada imaginación de Miguel Álvarez Aguirre, autor versátil y director del Grupo de teatro y títeres Malajuntas, este universo de opacos senderos inspiró “Sanseacabó y el último refugio”.
"Sanseacabó y el último refugio"
En su trama, unos valientes héroes y heroínas –una “troupe” de niños irreverentes– intentarán rescatar la ciudad sometida por un intimidante villano llamado Sanseacabó. La historia combina dosis de fantasía, aventura, coreográficos enredos y pasajes musicalizados que Álvarez Aguirre dirige con esmero y dedicación. Las fuerzas (el bien y el mal) que plantea en su obra lucen equilibradas. Con acierto, el director se resiste a encasillar a sus villanos como “malos arquetípicos” y a sus héroes como “clásicas víctimas”, sino que los confronta con matices humanos y solidarios en escena.
Aunque esta premisa épica resulte atractiva, la obra desnuda falencias en su desarrollo. En especial, sobre el conflicto central –que va desde rescatar la ciudad, descubrir el origen del mal hasta construir un entorno sano y amigable, si es que no hay más– y que se advierte tardíamente en una historia de corta duración.
Stefano Salvini, Rosella Roggeró, Irene Eyzaguirre,
Vian L. King, Diego Sakuray, Alejandra
Bouroncle y Diego Pérez
Ello no quita encanto ni frescura a la pandilla que lidera Balán (la siempre enérgica y carismática Alejandra Bouroncle); acompañada de la intrépida Faros (Rosella Roggeró), Bolsa (sobrio y puntual Vian L. King) con su talega mágica, y Barullo (Diego Sakuray, en un registro diferente). Entre los antagonistas Grakus (notable trabajo de Diego Pérez) brilla como el felino de ágiles movimientos y frases agudas. Sanseacabó (Stefano Salvini, que, aunque oscuro, no logra sostener su papel tiránico) y la Bruja Cachivache (aceptable Irene Eyzaguirre), en cambio, deambulan antes que perseguir sus malévolos planes. Lejos de análisis dramáticos, “Sanseacabó y el último refugio” saca provecho de la música en vivo. La impecable dirección musical de Pepe Bárcenas y la interpretación de la banda (Elizabeth Avila, César Gabriel Riveros, Bruno Rosazza, Renzo López y Diego García) enriquecen de matices amenos y melodramáticos a la historia y conducen al público en las atmósferas precisas.
Balán (Bouroncle) y Sanseacabó (Salvini)
El canto es otro elemento gravitante. Las canciones (lúdicos y gratos ejercicios de letra, música y coreografía) se prestan al juego escénico por lo que se sugiere potenciar más el trabajo vocal del elenco o emplear micrófonos para aprovechar mejor la acústica del auditorio colosal del Centro Cultural de la Universidad del Pacífico. Sanseacabó y el último refugio” destaca, además, por su escenografía, vestuarios y recursos técnicos cuidados al detalle. Por esa ciudad de pálidos suburbios y súbitos escondites brillan los embajadores de la imaginación, la música y el color: pequeños héroes y heroínas que compensan su prematura edad con la grandeza de sus sueños.


FICHA ESCÉNICA
Escrita y dirigida por Miguel Álvarez Aguirre
Elenco: Alejandra Bouroncle, Irene Eyzaguirre, Vian L. King, Diego Pérez, Rosella Roggero, Diego Sakuray y Stefano Salvini
Músicos: Elizabeth Avila, César Gabriel Riveros, Bruno Rosazza, Renzo López y Diego García
Dirección musical: Pepe Bárcenas
Lugar: Centro Cultural UP (Jr. Sánchez Cerro 2121, Jesús María)
Temporada: Del sábado 05 de mayo al domingo 22 de julio
Función: Sábados y domingos a las 4pm
Revisa la página de la obra

jueves, 7 de junio de 2018

Mudos, sordos y calvos

Una charla aderezada de aparentes trivialidades invita a la reflexión y el asombro en “La cantante calva” (1950). Escrita por el autor franco-rumano Eugène Ionesco (1909–1994), esta pieza teatral explora las posibilidades y limitaciones de la comunicación en una sociedad industrializada y sofisticada.
"La cantante calva"
Sus personajes ­están inmersos en historias inconexas que extrañamente arriban a un lugar común sin que se sepa bien cómo ni por qué. Esta cualidad propia del “Teatro del absurdo” permitió profundizar seriamente en los dilemas humanos y las relaciones sociales ante los cambios de la Vanguardia de la primera mitad del siglo XX. En torno a casualidades y revelaciones nacidas de diálogos y referencias desconcertantes, Paco Caparó construye un retrato vívido y cuestionable de una sociedad distante e impersonal. 
Algo llamativo en los años 50 que parece evidente en nuestra complicada modernidad. Los agentes distractores ya no serían los diarios, radios o televisores… sino la tecnología interactiva, planteada como celulares en la propuesta de Caparó. Esta lograda “modernidad”, a los ojos de Ionesco, no es más que una excusa para su desinterés o ensimismamiento.
Omar del Águila, José Gómez  Ferguson, Joseph Palomino
Fabiola Coloma, Santiago Giraldo y Cintia Díaz del Olmo 
Sin un hilo narrativo lineal, “La cantante calva” presenta a sus personajes en un juego de distancias y confusiones imprevisibles para la audiencia. Rodeados de utilería de cartón y vestuarios de época, el elenco quiebra el tiempo y el espacio desde un escenario semicircular que aprovecha al máximo el cálido sótano del Club de Teatro de LimaSantiago Giraldo, Fabiola Coloma, Cintia Díaz del Olmo, José Gómez Ferguson, Omar del Águila y Jhosep Palomino transitan en escena con audacia e irreverencia. 
Trasmitir sus mensajes –y la obra en sí– se torna en un desafío por su naturaleza críptica, absurda y reveladora. En parte porque el montaje supera el rasgo verbal de su dramaturgia. Los elementos disociadores que aparecen –toques de puerta, repetitivas campanadas (a modo de marcaciones), contactos visuales inesperados y pausados silencios– crean una trama de exasperantes y curiosos intentos de comunicación.
"La cantante calva", puesta del Club de Teatro de Lima
Esta exploración “comunicativa” del lenguaje llega a exigencias risibles traducidas en anécdotas –babélicos trabalenguas e historias contadas en una sola emisión de aire– hasta moralejas hilarantes cuyo significado quedará a libre interpretación. Los espectadores estarán más receptivos a mensajes con más subtexto que otros. Tras varias temporadas en escena, “La cantante calva” se ha consolidado como una lúdica exploración sobre cuán incapaces somos para afirmarnos como una sociedad más democrática y homogénea. Más aún en tiempos en que las posibilidades creativas del lenguaje, nuestra habilidad esencial y básica, se mide por caracteres.

FICHA ESCÉNICA
La cantante calva” de Eugène Ionesco
Dirección: Paco Caparó
Elenco: Santiago Giraldo, Fabiola Coloma, Cintia Díaz del Olmo, José Gómez Ferguson, Omar del Águila y Jhosep Palomino
Temporada: del 14 de abril al 27 de mayo
Funciones: Sábados a las 8pm los y domingos a las 7pm
Lugar: Club de Teatro de Lima (Av. 28 de julio 183, Miraflores)

jueves, 24 de mayo de 2018

La conquista peruana

Luego de su primer despegue, “Astronautas” (2011) aterriza nuevamente en las fibras de nuestro imaginario con buenas dosis de ilusión, emoción e imaginación. La travesía de tres peruanos por el espacio se ha convertido en una metáfora sublime sobre la unidad como motor para alcanzar los sueños.
Óscar Meza, Eduardo Camino y Manuel Gold
en "Astronautas"
Ambientada en la carrera espacial de los años sesenta y el inicio del gobierno militar de Juan Velasco Alvarado, esta odisea aprovecha su trasfondo histórico para recrear una realidad lúdica y funcional. La idea original corresponde a Jorge Castro –quien, además, la dirige–, Mateo Chiarella, Héctor Gálvez, Gino Luque y Gerardo Ruiz Miñán.
Desde esta “épica peruana”, el director avizora un tema pendiente: ¿es posible trazarse metas como nación sin consolidar nuestra identidad? Su visión, distante de vanos chovinismos, presenta una propuesta de estética cuidadosa y equilibrada; y temporalmente coherente. La tripulación elegida para este proyecto clasificado la integran un piloto de la FAP (Eduardo Camino), un comando entrenado en situaciones de supervivencia (Óscar Meza) y un experto en astrofísica (Manuel Gold), apodados “convenientemente” Ayar Manco, Ayar Uchu y Ayar Cachi.
"Astronautas"
La convivencia de estos disímiles personajes será crucial para el desarrollo y éxito de la misión. Camino lidera al equipo con frialdad marcial; Meza aborda con arraigo y originalidad su papel –tal como hiciera Pietro Sibille en la primera versión­–; y desde la comedia, Gold compone un contrapunto divertido: un genio inadaptado que finalmente encaja. Aquí “Astronautas” adquiere una dimensión alegórica: consolidar la unidad de equipo –la nación– es la verdadera hazaña. Un anhelo que involucra los valores (compañerismo y esfuerzo) y antivalores (desprecio y racismo) de nuestra idiosincrasia y que los protagonistas consiguen al cuestionar las cadenas de mando, los estamentos y los prejuicios sociales.
Técnicamente, la puesta no defrauda. Los ocasos fluyen entre fulgores estelares, la música –evocadoras pistas como “Los aretes que le faltan a la luna”– y los efectos se adhieren fácilmente al montaje, mientras los videos aportan verosimilitud testimonial.
Ayar Uchu (Meza), Ayar Marco (Camino) y
Ayar Cachi (Gold) sobre la luna
Los elementos –estructuras metálicas– añaden sobriedad y futurismo. A pesar de estos aciertos, la puesta se torna fatigosa durante el segundo acto. La minuciosidad por contar la travesía al detalle juega en contra, pero es compensado por el tono épico que imprime la dirección y un elenco que apuesta por la ficción con los pies puestos en la tierra. En su camino al espacio, los tripulantes del “Tumi II”, el transbordador peruano de bajo presupuesto, descubren, a modo de ensayo y error, cómo las diferencias humanas pueden crear una fuerza capaz de cambiar el mundo conocido y, por qué no, desafiar los vastos confines del Universo.

FICHA ESCÉNICA
“Astronautas” de Jorge Castro, Mateo Chiarella, Héctor Gálvez, Gino Luque y Gerardo Ruiz Miñán
Dirección: Jorge Castro
Elenco: Eduardo Camino, Manuel Gold y Óscar Meza.
Funciones: Jueves, viernes, sábados y lunes a las 8:30pm / Domingos 7pm
Temporada: Del 21 de abril al 28 de mayo de 2018.
Lugar: Teatro de la Universidad del Pacífico (Jr. Sánchez Cerro 2121, Jesús María)
Entradas: S/. 50 (general) y S/. 25 (Estudiantes y jubilados). Lunes populares: S/. 35

jueves, 17 de mayo de 2018

Sueños de libertad

Huyendo de la persecución nazi, siete judíos lograron ocultarse en los altos de un almacén de Ámsterdam. Era 1942 y desde aquel refugio de apenas 45 metros cuadrados; una niña de 14 años hacía frente a una devastadora guerra con una libreta y un bolígrafo.
Peter (Martín Velásquez) y Ana (Patricia Barreto)
en el "Anexo secreto"
Las frustraciones y esperanzas vividas en ese ático inspiraron “El diario de Ana Frank”, best-seller convertido luego en pieza teatral por Frances Goodricth y Albert Hackett. 
Dirigida por Joaquín Vargas Acosta, la obra llega a nuestra escena como un desafío asumido con suficiente aplomo y rigor, sin caer en los espejismos de los mártires. Con notable acierto, el director confía esta solitaria tarea a Patricia Barreto, a quien ya había dirigido en “Piaf” (2015) de Pam Gems. Durante las próximas dos horas, Ana y los otros refugiados del “Anexo secreto” resistirán a sus propios miedos y el asedio de un holocausto.
Con estos elementos y la asfixiante tensión del libreto, el director sitúa a sus personajes en una trinchera inestable. Las condiciones estrictas de convivencia –como guardar silencio por horas o caminar sin zapatos– llevarán la tolerancia  y anhelos colectivos al límite.
Los escondidos y los protectores
Otto Frank (un mesurado Gerardo García Frkovich) y su familia deberán lidiar con los “exquisitos” Van Pels (Ricardo Goldenberg y Lilian Nieto, como una pareja plausible), su hijo Peter (Martín Velásquez) y el dentista Fritz Pfeffer (bien resuelto por David Carrillo). Entre esa legión de adultos resignados, Ana brilla como una soñadora incomprendida.
Barreto trasciende como eje emocional de la historia con un personaje genuino, entrañable y atrevido. Su espíritu desafía al poder fáctico y cuestiona los paradigmas tradicionales de la mujer, lo que la enfrentará a su madre Edith y su hermana Margot (Magali Bolívar y Laura Adrianzén) en contrapuntos bien logrados.
Aunque circunstancial, la presencia de “los protectores” Miep Gies y Jan Kraler (Minou Adolph y Gonzalo Tuesta) impregna de fugaz esperanza a la estancia. Esta aparente paz será interrumpida a menudo por alarmas y estallidos que acrecientan la atmósfera de zozobra.
Los Frank (Laura Adrianzén, Gerardo García Frkovich,
Magali Bolívar y Patricia Barreto
La sobria combinación de secuencias audiovisuales (videos y grabaciones) dosifica la intensidad y contextualiza la convivencia. Un detalle trabajado, además, con esmero por la utilería y el vestuario. 
Y, ayudada por una precisa iluminación, la escenografía –cuidadosamente detallista– distingue funcionalmente los ámbitos comunes de los privados. Aquella resistencia silenciosa gestada en ese refugio de opacos rincones en 1940 hoy resulta imprescindible. Desde escena, “El diario de Ana Frank” recuerda que los anhelos de libertad no pueden quebrarse ante el hierro opresor, sino que son la única causa por la que vivir.

FICHA ESCÉNICA
“El diario de Ana Frank” de Frances Goodricth y Albert Hackett
Dirección general y traducción: Joaquín Vargas Acosta
Elenco: Patricia Barreto, Gerardo García Frkovich, Magali Bolívar, Ricardo Goldenberg, Lilian Nieto, Laura Adrianzén, Martín Velásquez, Gonzalo Tuesta y Minou Adolph
Funciones: De jueves a domingo a las 8pm
Temporada: Del 12 de abril al 27 de mayo
Lugar: Teatro Mario Vargas Llosa (Av. De La Poesía 160, San Borja)
Un montaje de Vargas Navarro Producciones / VNP

viernes, 27 de abril de 2018

Laberintos políticos

La ambición desmedida puede ser la pesadilla para un gobernante, rey o presidente. En las manos equivocadas, como las de un envanecido Ubú, excéntrico personaje creado por el dramaturgo francés Alfred Jarry (1873–1907), las consecuencias no podrían ser más hilarantes que fatales.
Ubú Rey (Molina) y Venceslao (Meza)
Y con “Ubú Rey” Soma Teatro lanza una mirada grotesca e ingeniosa a las anisas de poder de nuestra devaluada clase política. Un tópico ya analizado en “¡Baila con la Muerte!” (2012), brillante tragicomedia de Maritza Núñez, que sorprendió en la temporada de reinauguración de la sala de la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático (ENSAD). El montaje que dirigen Rodrigo Chávez y Daniel Amaru Silva –con acertado manejo de lo histriónico y lo absurdo– podría traducirse como un calco de escándalos y denuncias que indigna y desconcierta por su hastío. Una realidad a la que resignarse entre reflexivas carcajadas.
La obra de Jarry es tan universal que la contextualización planteada por ambos directores fluye con naturalidad hasta cierto punto. La inclusión de “extranjeros” aporta una fuerte connotación histórica y retrata a los gobernantes como mercenarios sin ética ni nacionalidad; y a la corrupción como moneda de intercambio.
Por momentos esta poética –cuidada con sutil esmero– se desborda y desvirtúa su crítica al sistema político. Sucede en escenas en las que un color (similar al del voluminoso cuerpo de Ubú Rey) y asociado a una facción partidaria local asoma –y acapara– la nefasta fama que rodea, en realidad, a toda la especie política.
La puesta juega con claroscuros y música acordes, pero destaca el concepto y timing adherido a los discursos populistas de Ubú ante su audiencia. El trabajo del elenco –interesante economía escénica a cuatro actores– atenúa las ligerezas con actuaciones arquetípicas.
Madre Ubú (estupenda interpretación de Grapa Paola) aparece como el cerebro de la operación: arribista, intrigante y calculadora. Padre Ubú (Gonzalo Molina de buen papel), en cambio, es la caricatura del político oportunista que solo piensa en su propio beneficio.
Moyra Silva, Grapa Paola, Gonzalo Molina
y Óscar Meza
Óscar Meza y Moyra Silva orbitan con vistosidad. El primero luce versátil entre varios roles pero destaca como Venceslao, el despreocupado rey de Polonia; mientras que el capitán Bordura de Silva funciona como un militar instigador y convenido tan necesario en las intrigas golpistas. “Ubú Rey”, una de las mejores sátiras políticas de los últimos años, advierte el poder como un narcótico infame que trastoca la esperanza de muchos en el provecho de pocos. A pesar de las alusiones políticas inevitables, la versión de Soma Teatro es un llamado –el último, quizá– a la memoria y la ciudadanía.

FICHA ESCÉNICA
“Ubú Rey” de Alfred Harry, en una versión libre de Soma Teatro
Dirección: Rodrigo Chávez y Daniel Amaru Silva
Elenco: Gonzalo Molina, Grapa Paola, Óscar Meza y Moyra Silva
Funciones: Jueves y viernes a las 8pm
Temporada: Del 08 de marzo al 27 de abril
Lugar: Alianza Francesa de Miraflores (Av. Arequipa 4595, Miraflores)
Una producción de Soma Teatro

sábado, 21 de abril de 2018

Divina confusión

Anhelar lo divino y deleitar lo mundano ha enredado a dioses y humanos en “Anfitrión”. Una mímesis salpicada de enredos típicos y consecuencias sobrenaturales que trascendió los días del poeta latino Plauto (254a.C. – 184a.C.), quien, con monólogos y advertencias, crea una trama desenfadada.
La misma que siglos después ruborizó a las cortes francesas en versión de Molière (1622–1673) y afinó la pluma de Heinrich Von Kleist (1700–1756) hasta reaparecer en nuestra época. Sus giros entre las apariencias y la realidad así como la tenue distinción entre seres divinos y terrenales le confirieron notable vigencia.
Soma Teatro ha desempolvado este clásico –con tres lecturas disímiles a cuestas– bajo una mirada fresca y contemporánea. Rodrigo Chávez y Daniel Amaru Silva, los dos artífices esmerados de esta productora independiente, arriesgan con una comedia honesta sobre las trampas de la identidad. 
Entre dicotomías ingeniosamente entrelazadas, la obra narra cómo Zeus (el inspirado Sergio Paris) adopta la apariencia física del general Anfitrión (Rolando Reaño) para seducir a Alcmena (Natalia Cárdenas), su esposa, mientras éste comanda las tropas tebanas.
Ayudado por Hermes (el preciso Gabriel González) metamorfoseado en el esclavo Sosías (Alaín Salinas), los dioses instalarán un laberinto entre la ficción y la realidad. El primero marcado por enredos a ritmo de comedia vibrante; y la otra, por revelaciones que advierten al público sin alejarlo de la complicidad que exige la trama.
La personalidad resulta esencial en la dinámica de los dobles. Paris brilla como un dios vanidoso, y es secundado por un, más bien, despreocupado González; rasgos distantes a la candidez e ilusión que despierta la interpretación de Reaño; y la inagotable energía y dosis de paranoia con que Salinas compone al leal siervo del general tebano. El tono picaresco y desenfadado aviva la comedia y realza la contraparte femenina al alejarlos de los habituales estereotipos. Ello puede verse en la novia de Sosías, Cleantís (una desenvuelta Alexa Centurión); la esposa de Zeus, Hera (la acertada Tatiana Espinoza) y, en menor medida, con Alcmena (Cárdenas, de buen trabajo).
Esta ruptura de clichés alcanza a las relaciones sociales –el matrimonio o el poder– y moviliza la resolución de la obra. 
El juego de identidades funciona, aun cuando alguna aparición (Hera/siervo) resultó confusa, lo que no resta méritos a un trabajo que, en medio de sus contradicciones, fluye por su mirada humana, empática y oportuna. Con ingenioso acierto, el “Anfitrión” de Soma Teatro reflexiona sobre las facetas que construyen la identidad del ser desde un juego de acciones, roles y acotaciones llamado teatro. Un inteligente ensayo de espejismos en el que héroes y villanos no siempre son los mismos y casi siempre tienen más de humano que de divino.

FICHA ESCÉNICA
“Anfitrión”, versión de Soma Teatro
Dirección: Rodrigo Chávez y Daniel Amaru Silva
Elenco: Tatiana Espinoza, Sergio Paris, Natalia Cárdenas, Alexa Centurión, Alain Salinas y Gabriel González
Temporada: Del 10 de marzo al 30 de abril
Funciones: Sábados, domingos y lunes a las 8 pm
Lugar: Alianza Francesa de Lima (Av. Arequipa 4595, Miraflores)
Una producción de Soma Teatro

sábado, 7 de abril de 2018

Unicornios pálidos

El empoderamiento de la mujer es una de las quimeras visibles del nuevo siglo. Una arenga que no está exenta de reveses y boicots como sucede en “Aquí no hay lugar para unicornios”, un descarnado y pertinente cuadro sobre los riesgos del machismo y la violencia de género.
El director Paco Caparó y Jhosep Palomino, su habitual asistente, dirigen esta propuesta que, más allá del montaje en escena, se erige como señal de alarma para una sociedad construida sobre paradigmas, estereotipos y prejuicios. A través de breves episodios hilados en un cíclico flashback se configura un eje de réplicas aparentemente interminables. El director denuncia la violencia –en esencia, machista– y la retrata con una perspectiva cruda ya vista en obras como “Carne de mujeres” (2012). 
Esta vez, añade con gran acierto una visión transversal del fenómeno y la desmitificación de las proclamas vacías. Para lograrlo, “Aquí no hay lugar para unicornios” muestra a la violencia “normalizada” e institucionalizada en toda amplitud: la casa, la escuela, los centros de labores y los espacios de denuncia. Sus personajes son seres carentes de afecto familiar extraídos de la realidad cotidiana.
A pesar de intentar distanciarse de viejos estereotipos, llama la atención que los potenciales abusadores sean, en su mayoría, roles masculinos, reservando las intrigas psicológicas a los papeles femeninos. 
El equilibrio de las historias no evita la ligera sobre-victimización de los casos. Pero sí reproduce una galería de paradigmas que reflejan la idiosincrasia pasiva de nuestra sociedad. Los hábitos de consumo, la cosificación de la mujer, el empleo de la manipulación y la culpa, la voracidad laboral que invalidan y contamina, incluso, los ideales más justos. Lejos de amilanarse, el elenco –los 17 alumnos de 3er año del Club de Teatro de Lima– afianza su compromiso y dedicación. A nivel estructural, la narrativa precisa y el ritmo vertiginoso de la puesta va hilvanando la diversidad de conflictos con dosificada elocuencia e intensidad, lo que la convierte en apreciable en sus dos horas de duración.
Destaca también el uso eficiente de elementos. Un ejemplo claro son las máscaras que “protegen” la identidad de las niñas y aportan “presencia” a objetos inanimados. Las cajas de madera juegan en una escenografía funcional y sobria, conjugada de forma brillante por las atmósferas íntimas y reveladoras de la iluminación.
A través de su irónico título, “Aquí no hay lugar para unicornios” revela que el futuro tiene poco que ver con equinos imaginarios o linajes azulados. En un país con una de las mayores tasas de agresiones sexuales y feminicidio como el nuestro, son las mujeres –y su denodada lucha– las hacedoras de los nuevos tiempos. 

FICHA ESCÉNICA
“Aquí no hay lugar para  unicornios”, creación colectiva
Dirección: Paco Caparó
Asistencia de dirección: Jhosep Palomino
Elenco: Adriana Burga, Oriana Canales, Levi Castillo, Javier Deza, Estefanía Gallegos, Kevin Gonzáles, Flavia García, José Gallo, Yuliana Huallanca, Daniel Marcone, Manuel Muñoz, Verónica Narro, María Isabel Rojas, Jordana Ramos, Joe Silva, Jackeline Soto y Milagros Yupanqui
Funciones: Sábados y domingos a las 7pm
Temporada: Del 24 de marzo al 08 de abril
Lugar: Club de Teatro de Lima (Av. 28 de Julio 183, Miraflores)
Entrada General: S/. 15