domingo, 18 de octubre de 2026

Consignas valientes

Existe espacios liminales en todas partes. Incluso, en las heridas que ya habían sanado. La artista multidisciplinaria Alondra Flores Quiroz (o “Alito”, con cariño) lo aprendió de pequeña cuando un episodio de curiosidad, descuido o travesura le enseñó que la fragilidad de una cicatriz en la piel puede marcar para siempre el alma y la memoria.

Alondra Quiroz en "Para no morir"

Estas ideas, junto a otras como la resiliencia en la sociedad, la prevención en salud mental o la empatía, fluyen en “Cartografías para no morir”, su primer poemario. Desde esos versos y recuerdos, nació “Para no morir” (2026), una propuesta de versátiles lenguajes y múltiples interpretaciones, que Alito ejecuta con imperturbable determinación en el escenario. En manos de la cuidadosa directora y dramaturgista Jazmín Labrín, este “pretexto poético” se traduce en un espectáculo de una singular riqueza estética. Un lienzo escénico/performático sobre el que se despliegan las confidencias de autora y su afán de justicia con un ligero “desconcierto” para los asistentes a El Galpón Espacio de Pueblo Libre. Como en un poema simbolista, “Para no morir” esboza con sumo cuidado las imágenes –casi surreales– que proyecta entre dos telares largos instalados. La artista emerge como un ser alado, un ave temerosa, sin más palabras que las que adornan su plumaje de papel y plástico brillante con inscripciones que parece aprender a usar por primera vez.

Fiorela Giraldo

Este personaje guía esta experiencia a sabiendas de que otros múltiples lenguajes artísticos se sumarán a la propuesta. Uno de ellos proviene de la música en vivo y original de la cantautora Fiorela Giraldo, muy eficiente en voz, cuerdas y cajón, que acompaña cada ejecución coreográfica o actoral de Alito con canciones de letras sesudas y pertinentes. Su presencia –a veces, silente cómplice, y, en otras, contrapeso escénico–  contextualiza de mejor manera las rutinas performáticas, a menudo, sin palabras, de Alondra. A pesar de su estilo intimista y honesto, los retazos de vida alzan vuelo por la conexión enigmática y solidaria que ambas desarrollan y el fuerte arraigo de los aprendizajes de la actriz. Su vínculo visual, emotivo y físico es evocador y metafórico como cuando la cantautora la ayuda a “despegar los pies” de la tierra antes de volar. No obstante, lo que parece funcionar perfectamente en un montaje testimonial se torna, poco a poco, ritualista y político como si surgieran ramificaciones ocultas que podrían modularse con más organicidad. 

La propuesta que dirige Jazmín Labrín
incluye proyecciones multimedia de los años 90  

Ello explica el atisbo audiovisual del inicio, cuando se proyectan imágenes de los años 90, la dictadura de Alberto Fujimori o los vladivideos. Estas ramas avanzan entre consignas de justicia por la muerte de la periodista Melissa Alfaro y otros desaparecidos de esa época, el recuerdo de su abuelo fallecido o las tensiones físicas que la aprisionaron a fármacos que le asisten tramoyistas vestidos de negro. 
En este inclasificable –y barroco– trabajo se deben destacar los efectos de sombras y luces (notable mérito de Igor Alfaro, hermano de la referida periodista). Su aplicación de contrastes lumínicos con elementos sencillos como linternas de mano, botellas de cristal, papel celofán y plásticos azules es sugerente y mágico cuando asoman figuras propias del teatro de sombras. A pesar de estas adiciones algo flotantes o inconclusas, “Para no morir” apela a una respetuosa ofrenda –con fotografías, velas y aromas– como cierre. El unipersonal de Alito asume la voz de una generación que ya perdió el miedo a luchar, pero que, a pesar de ello, todavía le cuesta encontrar una voz clara, constante y organizada para trascender.

FICHA ESCÉNICA
“Para no morir”, basado en el poemario de Alondra Flores
Directora y dramaturgia: Jazmín Labrín
Intérprete: Alondra Flores
Música en vivo: Fiorela Giraldo
Luces y sombras: Igor Alfaro
Funciones: sábados y domingos a las 8pm
Temporada: 10, 11, 17 y 18 de octubre
Lugar: El Galpón Espacio (Av. Cipriano Dulanto 949, Pueblo Libre)
Entradas: S/45 (General), S/80 (2 entradas), S/105 (3 entradas) o S/120 (4 entradas) en la boletería del teatro
Redes sociales: Para no morir teatro

miércoles, 14 de octubre de 2026

Una fábula itinerante

Un álbum delicadamente ilustrado por Issa Watanabe (Lima, 1980) es el punto de partida de “Migrantes” (2026), una entrañable puesta en escena dinámica y sublime. Inspirado en el libro homónimo publicado en 2019, el montaje presenta a un conjunto de animales humanizados en un viaje por fronteras lejanas, con ilusión, esperanza y solidaridad.

"Migrantes" está basado en el álbum ilustrado
de la reconocida Issa Watanabe
El impreso trae una galería de personajes creados con trazos de lápiz de color sobre fondo digital insertos en una trama sin palabras. La directora y dramaturga Vanessa Vizcarra aprovecha esta “licencia” vista en los dos últimos trabajos de Watanabe para desplegar una alegoría llena de música, emoción y color. El resultado es mágico y evocador. Con ingenio y virtuosismo, Tornillo Teatro crea una propuesta lúdica, de estéticas oníricas y atmósferas lúgubres, inspiradas en cada pasaje ilustrado. El equipo traduce la voluntaria ausencia verbal del álbum –un mecanismo de universalidad o “protesta” ante la moderna saturación de mensajes– en una experiencia escénica de alto disfrute sensorial, emocional o cognitivo. Algo que logra gracias a su efectiva incorporación de recursos y lenguajes de otras disciplinas artísticas fusionadas en la escena. De ese modo, los fondos vacíos u oscuros en el papel se instalan en la caja negra del teatro del Centro Cultural de la Universidad Pacífico, mientras que los personajes en coloridos vestuarios son potenciados con luces de variadas tonalidades, brillantes efectos y movimiento continuo.
Deysi Forcades, Eduardo Cardozo, Muriel García,
Sol Nacarino y Luigi Valdizán
La historia de “Migrantes” presenta una curiosa diáspora de animales diversos en origen, tamaño y edad que se ven forzados a abandonar su hogar, el bosque, para buscar uno nuevo. Este periplo –sin una causa específica y explícita, pero posiblemente deducible– moviliza al viejo y sabio Don Rino (Eduardo Cardozo, de buen trabajo). Lo acompañan, además, una gansa que cuenta cuentos mirando a la luna (una dulce presencia de Sol Nacarino), una orgullosa pata (Deysi Forcades, en un trabajo sorprendente) y una hacendosa y optimista coneja (la precisa Muriel García). Finalmente, los guía el astuto zorro y líder de esta pandilla animal sin bandera (el siempre versátil Luiggi Valdizán).
Y aunque hay otros personajes, el elenco porta máscaras elaboradas con alta calidad de detalles a los que se suma una grulla azul patilarga de pico rojo –un bello armatoste operado con encanto– que merodea el bosque. Pero no viajan solos. Muy de cerca a sus sueños y anhelos, los (per)sigue Cita, una pequeña y misteriosa entidad con atuendo florido e inexpresiva máscara blanca. Y aquí reluce la naturaleza “ecléctica” de la propuesta de Vizcarra. Poco a poco, las ilustraciones de Watanabe cobran en vida en escenas de teatro físico, rutinas de telas aéreas y manipulación de objetos. También se emplean pequeños títeres de otros animales y una serie de instrumentos musicales –guitarra, lluvia, acordeón, flauta, cajón, melódica, huiro y kalimba– con las que ejecutan las composiciones de José San Miguel.

La propuesta de Vanessa Vizcarra mezcla
teatro físico, telas aéreas y música en vivo

No puede soslayarse el notable arte visual y escenográfico (espléndido trabajo de Beatriz Chung) de su “bosque” de azulados árboles y encendidos arbustos que ilumina (el eficiente diseño de Julio Beltrán) el sendero de esta comparsa silvestre. Los movimientos que aporta Lucía Meléndez acompasa adecuadamente al elenco en las escenas más dinámicas y festivas de la puesta. Mientras que, en su utilería de tetera de lata, valija antigua y cesto tejido, dos escaleras de tijera sirven de raudo transporte con la misma vocación de ser un tendal sobre el que ondea la esperanza. “Migrantes”, un deleite escénico orquestado por Tornillo Teatro, sortea los repentinos obstáculos reservados para el caminante que se aventure por destinos inevitables y azarosos.

Crédito de fotos: Paola Vera

NOTA: Se recomienda visitar la exposición “Migrantes” de Issa Watanabe, bajo la curaduría de Sandra Elías en el Hall del Centro Cultural de la Universidad del Pacífico. El ingreso es libre.

FICHA ESCÉNICA
“Migrantes”, basado en el libro álbum de Issa Watanabe
Dramaturgia y dirección: Vanessa Vizcarra
Elenco: Eduardo Cardozo, Deysi Forcades, Muriel García, Sol Nacarino y Luigi Valdizán
Producción artística y ejecutiva: Fabiola Castro
Diseño de arte y realización artística: Beatriz Chung
Diseño de movimiento: Lucía Meléndez
Composición musical y diseño de sonido: José San Miguel
Diseño de luces: Julio Beltrán
Temporada: Del 20 de septiembre al 29 de noviembre de 2026
Funciones: sábados y domingos a las 4pm
Lugar: Centro Cultural de la Universidad del Pacífico (Jr. Sánchez Cerro 2121, Jesús María)
Entradas: S/ 45 (Adultos), S/ 35 (Postgrado y egresados UP), S/ 30 (Adulto mayor), S/ 25 (Estudiantes y niños, Comunidad UP, Estudiantes UP y Consorcio de Universidades, CONADIS, Persona en silla de ruedas) en Joinnus
Una producción del Centro Cultural de la Universidad del Pacífico y Tornillo Teatro

jueves, 8 de octubre de 2026

Terapia de humor

El teatro involucra un enorme desafío humano y artístico. Desde vender entradas, pactar horarios de ensayo, producir con calidad y un largo etcétera al que La X Productora ahora suma un verdadero reto: trasladar los hilarantes montajes de su talentoso equipo a un concurrido restobar en el epicentro de la bohemia limeña. La misión parece sencilla.

El administrador (Pasco) y el técnico (Gómez)

Tras realizar funciones en el Centro Cultural CAFAE-SE por años, el equipo no rehúye a los nuevos espacios y ha estrenado “Electro Showck” (2026). Este divertido libreto escrito y dirigido por Paco Varela trae a un ambiente inusual –un rinconcito entarimado del Capital Restobar de Barranco– los enredos y dilemas que se esconden detrás de una función. A pesar de ciertas limitaciones técnicas entendibles, pero insoslayables, como utilizar una misma luz en toda la puesta o advertir la falta de sonido en parlantes, el elenco saca adelante la función ficticia y la propia. Juntos mantienen la esencia de sus personajes y construyen una narrativa en medio de charlas de comensales y pedidos de comidas y tragos. Este simbólico caos refleja, de algún modo, las dificultades de hacer arte y también los dilemas que secundan a sus personajes. Con una trama sencilla y digerible –perfectas para esta ocasión–, “Electro Showck” apuesta por un montaje espontáneo en convenciones teatrales y una auto referencialidad sólida que combina talento, resiliencia y solidaridad.

El violinista Ricky Arce (Dávila)

Todo inicia cuando un representante artístico que, alguna vez, soñó con ser un artista (Fernando Pasco, siempre ameno y versátil) trae una buena noticia. Finalmente pudo convencer al famoso violinista y cantante Ricky Arce (un sobrio Tame Dávila) para que, luego de muchos años, regrese a los escenarios. El retorno no será nada fácil. La productora que dirige Wendy (la entusiasta y jocosa Paola Vera) está en la quiebra. Con los pocos recursos –tan común en el arte–, han contratado a Josema (el divertido Betto Gómez), un inefable operador técnico, con una debilidad por el alcohol tan llamativa como la coqueta bata de seda que luce por el bar. Por si fuera poco, es fan número uno de Ricky. Cuando finalmente aparece el artista, un “inesperado” cortocircuito –que podría desarrollarse mejor– alborota todo, por lo que el violinista se va a los camerinos. Con el público esperando, el equipo ofrece una espontánea exhibición de talentos –la parte mejor teatralizada del montaje– bajo la siempre efectiva premisa de que “la función debe continuar”. Se presenta el mánager con un deleitable momento vocal y coreográfico, que, con mejor ubicación, se podría apreciar mejor, los irreverentes y dramáticos versos de Wendy, así como los imprevisibles chistes que lanza Josema. Cada rutina, por más simple o torpe que parezca, conlleva un detalle humano para el público y motivacional para el artista.

Paola Vera completa el elenco de "Electroshowck"

Y es que detrás de cada uno reposa un sueño trunco, una sana admiración, un talento escondido o una silenciosa crisis existencial. El aspecto técnico es mínimo: una intensa luz rojiza acompaña la obra sin consolidar una atmósfera íntima debido a la naturaleza del lugar. El sonido, desconectado al inicio, fue mejorando para ayudar a la ejecución de las canciones. Sobre la letra y música de la puesta, una maravilla original en las obras de Varela, basta decir que son ingeniosas y contagiosas. “Electro Showck” cierra con esperados solos de violín y coros vivaces que activan una fugaz alegoría: no existe escenario pequeño ni estrellas de talla mundial que no hayan aprendido a ganarse el cariño del público en una noche adversa.

FICHA ESCÉNICA
“Electro Showck” de Paco Varela
Dirección: Paco Varela
Elenco: Fernando Pasco, Paola Vera, Betto Gómez y Tame Dávila
Funciones: viernes y sábados a las 8pm
Temporada: Del 11 de setiembre al 31 de octubre de 2026
Lugar: Capital Restobar (Av. Grau 680, Barranco)
Entradas: S/ 59 (VIP) y S/ 49 (Preferencial) en Teleticket o al WhatsApp 972158309 (Sólo mensajes)
Un montaje de La X Productora

domingo, 4 de octubre de 2026

Enredos a la carta

La pandemia dejó varias secuelas afectivas que nuestras tablas han sabido reflejar. Por ejemplo, la exploración de las relaciones humanas ante un explosivo alza de separaciones o divorcios post confinamiento o la falta de comunicación encontraron un fulminante eco en el abundante teatro de formato corto con el que el público puede identificarse.

Antonio (Alden) y Fernanda (Chuiman) 
en "Bife de chorizo"

Así nació “Mesa tomada” (2024), una grata humorada compuesta por dos piezas breves e interconectadas, una escrita por Luisito Fernández y la segunda por Christian Ávalos. Juntos condensaron escenas sobre amores que se complican a cualquier edad aderezadas con esperable ironía, humor de todo tipo y color, y la fatigosa rutina de pareja. El montaje se presentó en los altos de la Librería y Café Casa Tomada en San Isidro. Con ligeros cambios de elenco, un nuevo personaje, un inesperado prólogo, y agregados de coyuntura en el libreto, las productoras Krakens y La Intensa la han devuelto a la cartelera actual como “Mesa tomada 2.0” (2026) siempre con dosis de agradables disfuerzos, enredos fugaces y amoríos exasperantes. La puesta inicia con una insólita delicatessen: un extraño recado llega a “Di Putti e Madri”, una trattoria que acaba de reabrir. Luigi Caneloni Baratta (Fernández en un rol no tan convincente), administrador del restaurante con un discutible abolengo italiano, debe lidiar con cursis chantajistas, corazones rotos y, por si fuera poco, empleados inconformes.

Diana (Quini) y Paolo (Murray)
en "Tarta de maracuyá"

Este desconcertante evento –que describe un arco mayor con sentido hacia el desenlace– antecede a “Tarta de maracuyá”, entretenido texto de Luisito que promete encender la noche. En esta historia, una guapa chica de vestido rojo y de singular cartera llamada Diana (una sutil y aceptable Quini Gómez) aguarda a su cita nocturna. Su presencia e impaciencia atraen la atención de Paolo (divertido papel de Pepe Murray), el único mozo del lugar. Esta situación deriva en un cortejo fortuito e inesperado que contrapone las inseguridades de una con las certezas del otro con un resultado jocoso sostenido por la buena química, carisma y complicidad de ambos actores en escena. Tras ocasionales apariciones de Luigi, la pieza muestra un arrebatado cierre, que no logra integrarla al resto del montaje. Continúa “Bife de chorizo”, sólido libreto de Ávalos que explora la crisis de un matrimonio de mediana edad, que busca alguna solución a su situación con una indiscreta mirada a la fina carta o a alguna mesa ajena. Antonio (un excéntrico Christian Alden) y Fernanda (la solvente Andrea Chuiman) son una pareja con contrastes en equilibrio. Ella es vehemente, algo paciente y dulce; él, un olvidadizo, poco detallista y ramplón, aunque de buen corazón. Juntos han pasado días de pandemia, noches de soledad, una sentida pérdida familiar y, de seguro, muchas peleas.

Luigi (Luisito Fernández) 
y Fernández (Cáceres)

Esta historia de rupturas se enlaza luego con la intromisión de Fernández (el aceptable Fernando Cáceres), un temido gánster de blazer rosado que acecha la trattoria de Baratta, pero que gustar de las baladas románticas y dar consejos amorosos. Estas ironías o ambivalencias se superponen por su cantidad y parecen funcionar más en el papel, pero no logran desarrollarse a cabalidad en escena. La dirección de Ávalos procura una adecuada iluminación y momentos de interacción con el público/comensal que asiste al Teatro Barranco. Pero hace falta una apropiada dosificación en el ritmo de las piezas y remates cómicos mejor pautados o no tan fugaces para que las irreverentes historias de “Mesa tomada 2.0” mantengan a su audiencia a buen recaudo en un ambiente distendido que toda ciudad, por más insegura que sea, siempre ofrece.

FICHA ESCÉNICA
“Mesa tomada 2.0” de Christian Ávalos y Luisito Fernández
Dirección: Christian Ávalos
Elenco: Fernando Cáceres, Luisito Fernández, Pepe Murray, Andrea Chuiman y Christian Alden y Quini Gómez
Diseño y operación de luces: Daniel Flores
Operación de sonido: Daniel Flores
Funciones: viernes a las 8pm
Temporada: Del 04 al 09 de octubre de 2026
Lugar: Teatro Barranco (Av. Grau 701, Barranco)
Entradas: Ver lista de promos y precios en Passline y también al 993486978 (WhatsApp)
Un montaje de Krakens Producciones y La Intensa Producciones